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jueves, 20 de octubre de 2011

Novelas juveniles, novelas de jóvenes y revoluciones. Al hilo de Andrés Barba y su libro Agosto,Octubre

Uno sabe que hubo un día en el que empezó a leer y otro día, quizá más importante, en el que supo que jamás podría dejar de hacerlo.

Quizá debiera dejar la entrada con esta frase que me ha quedado redonda, pero mira por donde hoy me apetece escribir. Escribir a quemarropa en uno de esos post en los que las palabras salen solas, sin orden, y se escapan de entre los dedos sin más corrección que algún gazapo ortográfico o alguna pulsación con el muñón de dos letras al alimón.

A Andrés Barba lo conocí sin querer en el prologo de un libro de boxeo. En el libro de Mailer “En la cima del mundo” que relata el primer combate de  Ali contra Frazier y me encantó. Como he visto que por aquí no hay muchos amantes del bello arte de las 16 cuerdas, me puedo permitir el lujo de decir que me gusto infinitamente más el prologo de Barba que el libro, y que Mailer me parece un tipo sobrevalorado al menos en lo que yo he leído.  Leeros el prologo de andres Barba que habla de la revolución por los derechos civiles de los negros en los 70, es una maravilla de actualidad.

¿de actualidad? si de actualidad…En estos tiempos de 15 emes y 68 reloaded, tiempos en los que los blogueros de mi lateral toman  postura misionera y se enzarzan a discutir si son galgos o podencos, revolucionarios o perroflautas los parados movilizados en las plazas, no esta de más poner la cita de Sartre  que rompe aguas al libro y que coincide un poco con lo que pienso:

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A lo mejor nos encontrábamos muy cómodos con los mileuristas, esa generación de protestones más que de rebeldes, esa generación de reivindicadores sin compromiso a los que nos hemos permitido el lujo de insultarles y encima llamarles Tio Tom como hacia Ali cuando llamaba negro vendido a  Frazier “os teneis que rebelar contra nosotros” les ordenábamos con la boca pequeña y sabiendo que no lo harían. Esa gente con derecho a todo y sacrificio por nada, esos engatusados con títulos universitarios devaluados, esa gente que ha sido incapaz  de adaptarse al partido amañado que es la vida socioeconómica a partir de los 90, ellos nunca nos han partido la cara.

Quizá hemos pensado que todos y siempre serían así, protestones e inofensivos, hasta que de repente nuestro mayordomo nos ha dicho eso que cantaba Serrat de “discúlpeme el señor se nos llenos de pobres en el recibidor” y no le hemos hecho caso porque pesábamos que seguían siendo los dóciles mileuristas de siempre, cuando realmente eran los perroflautas que les tocan las narices frases como “Mire Vd. me trate con el mismo respeto que yo le trato a Vd.” y se han cagado en nuestro padre sin complejos y nos están metiendo petardos morales cual supositorio por vía rectal, por ahora, gracias a dios, sin llegar a mayores. Me parecería una gilipollez de niño pijo progreta apoyar estos movimientos desde mi posición (ni creo que ellos se dejaran apoyar por mi) pero a mi entender son inevitables amigo viveiro porque las válvulas institucionales que tu defiendes en tu blog  no alivian la presión de la olla expres en la que vivimos. ¿Cuánto durara? ¿Cambiará algo? ¿Es el método? ya que estamos sesenteros The answer is blowin in the wind.

En fin que no toméis esto como un posicionamiento político, más que nada porque no sé si estoy posicionado en un lugar o en otro, sino más bien como la visión de un conflicto generacional de 4 modos de pensar: los yupis progres de la transición y la movida, la nota de paso que somos los del 70, los mileuristas que nacieron tras Franco y los indignados que van pidiendo la palabra, no sé si la paz que decía el poeta.

Y dicho esto y releido me pregunto que hago yo aquí. Yo quería escribir de libros, quiero decir de recuerdos de libros. De libros que nos traen recuerdos de una juventud y de unos días que como la niña mala de Vargas Llosa nos hacen travesuras saliendo a nuestro encuentro en el momento más inesperado y atizando la brasa muerta de nuestra cotidianeidad.

Lo que yo quería decir es que no es lo mismo libros juveniles que libros de jóvenes, o sea sobre jóvenes. Y que a veces a media juventud hay un momento en el que pasas de unos a otros sin saber muy bien las consecuencias de crecer.Yo empecé con los Hollister y los gemelos Bobbsey (no me preguntéis porque yo pronunciaba blosie). Los cinco no me gustaban y los tres investigadores tampoco. De  Enid Blyton solo me leí “Seis primos en la granja” (este es uno de esos momentos en que supe que no pararía nunca de leer que decía al principio). Tampoco leí nunca el señor de los anillos, ni nada fantástico, incluso ahora no entiendo como a los jóvenes les gustan los crepúsculos y los del zagal de gafas redonditas con cara de  “tevoyadarunacollejaytevoyatirarelbocatademortadelalcharcoporpavo”.

Y después, en esos saltos solo explicables con el tiempo, uno deja los libros juveniles y se adentra en los libros de jóvenes. Y sin darnos cuenta ya estamos al otro lado. Y en esas sigo leyendo y degustando estos libros de jóvenes hasta ahora que he acabado “Agosto,Octubre” de Andrés Barba de quien trae causa este alocado post. Quizá sea, porque uno sigue estando en la edad del pavo o quizá como hemos dicho porque estos libros salen al encuentro invitando a descongelar recuerdos de entonces.

Lo cierto es que con la perspectiva de la distancia estos libros se parecen bastante entre si, aunque entonces cada vez que cerrabas uno te parecía excepcional…venga ya de perdidos al rio y al modo del entomólogo me pongo a hacer clasificaciones.

Con la estructura “os voy a contar como era mi pandilla hasta que paso lo que pasó” hay varios libros os pongo unos cuantos de los que me han gustado y que os recomiendo si no los habéis leído ya: Los 80 son nuestros de Diosdado, Camino de los ingleses de Soler, El Jarama de Ferlosio, en este modelo también os recomiendo un libro que no sé porque no le han dado mucha voz (creo) y que a mi me encantó: El secreto de Donna Tartt y así que me venga a la cabeza  La ciudad y los perros de Vargas Llosa y del mismo Los cachorros y los jefes, y también Ultimas tardes con Teresa de Marsé . El Agosto,Octubre de Barba estaría en este grupo.

Hay otros temas comunes como que dura es la guerra para los niños De estos me gustan dos: El otro árbol de Guernica y Saco de canicas.

De entre los libros blanditos pero que me han gustado están La Brujula Loca de Luca de Tena y bueno a título póstumo Camino de Delibes. Digo a titulo postumo porque un mediocre profesor nos lo hacia leer en voz alta todos los viernes y solo años después lo he conseguido valorar en su justa medida. Bueno y…Edad Prohibida de Luca de Tena por supuesto.

Si alguien ha llegado hasta aquí con dos eggs, buscando la reseña del libro Agosto,Octubre de A.Barba ,creo que es justo una breve valoración final antes de irme a dormir y apagar mi insomnio. barab

Primera es que Andrés Barba escribe muy bien y cuenta muy bien ese momento extraño del salto desde los libros juveniles a los libros de jóvenes del que hemos hablado, ese momento de sentirse raro e incomodo con el traje vital que llevabas vistiendo desde niño.

Verse crecer: Sexo, Muerte, Padres,Trasgresión,Culpa, Clase social un poco de dios, se antojan precipicios; aparece ese vértigo  atractivo y repulsivo a un tiempo, de acercarnos al borde del abismo de lo desconocido, ese momento de estar sentado en el alfeizar de un octavo piso con las piernas colgando. Ese, justo ese momento, es el que dicta el argumento que Barba reproduce con un encanto agresivo,tajante y una voz propia que me ha hecho leerlo de un tirón, que nadie se espere blandeces (ni siquiera imágenes preciosas como en el de Marse) no las hay, va más por el camino de los libros de Vargas Llosa que hemos comentado. Es un gran libro. Se estructura en dos meses Agosto y Octubre pero lo que pasa en octubre no os cuento nada mejor lo leeis.

jueves, 25 de agosto de 2011

Si te comes un limón sin hacer muecas. Sergi Pàmies


Cuando hace unos días la librera de un pueblo con mar, me recomendó un librito delgado y amarillo y me dijo con insistencia :“cómpralo y si no te gusta te doy mi palabra que te lo cambio”, pensé que o era una estrategia comercial sabiendo que no volvería, o realmente merecía la pena llevárselo a casa. “Da igual que vengas sólo al verano que viene, te doy mi palabra que te lo cambio”.
Estaban a punto de cerrar y di un repaso rápido entre las estanterías, volví, me fijé en el autor y tras enchufar mis neuronas que estaban en modo summer, recordé el porqué me sonaba el nombre: Joder! Este es el autor catalán que me recomendó una comentarista nueva de nombre Nuria el dia de Moncada. “Uy pues si te lo han recomendado en tu blog no dejes de comprarlo bajo ningún concepto, no vaya a ser que te mueras” me descerrajó mi mujer en su ya consabida ironía hiriente antibloguera. Al pagarlo, la avezada vendedora me dijo casi en un susurro, léete el prologo que lo ha escrito Vila-Matas y es una maravilla. Sobreseí el susurrado oximoron y en consideración a la dificultad de la retroventa, seguí adelante con la transacción a pesar de la prologuez del guionizado tabarras.

Comenta el susodicho Vila-Matas, que Pamies te vende “como breve lo que en realidad es un libro interminable, infinito”. Tiene razón, el libro tiene vocación de ser releido mil veces en busca de matices preteridos. Aún diré más, Pamies te vende como veinte cuentos, lo que en realidad es una novela, una única novela, una excelente novela. “Si te comes un limón sin hacer muecas” habla de muchas cosas y de lo mismo. Lo he leído como una única historia troceada en varios actos, no como cuentos sueltos; con un personaje común que vaga y divaga entre temas vinculados por una suerte de soledad urbana y humana que se presenta brevemente con la frialdad cruel de un hachazo certero en la cerviz del lector.
Pamies habla de la familia, un poco del amor, del sexo, de la muerte (bueno, de la otra vida), habla de ella como si fuera un juego mordaz, más que un desenlace. Opera a la familia tradicional a corazón abierto, la paternidad desde el peligro acechante y el desengaño; el matrimonio desde el juguete erótico y la erótica desde la muesca en una libreta al borde del gatillazo. El aburrimiento vital desde la excepcionalidad. La vida cotidiana vista en escorzo, en definitiva, lo que podría pasarnos a cualquiera de nosotros que hemos saltando los cuarenta y alguno un poco antes. Es también, un reflejo estrábico de la caída al pozo de la desidia del dia a dia. Todo escrito sin una palabra de más (ni de menos), traducido por él mismo, en un español sin malabarismos, concreto, dibujando cuentos de cada día vistos desde el lado de una ficción  posible.
Para los que estamos cansados de cuentos sin argumento, este libro es un antídoto ideal. A mi modo de ver un cuentista debe contar cosas y no sólo jugar a lo críptico con el lector u obligarle a leer para enterarse, eruditas referencias soterradas a escritores minoritarios. Pamies cuenta historias reales con guión. así que a los que os gustan los cuentos de verdad y no a las digresiones disfrazadas de cuento, habéis llegado al lugar adecuado en “Si te comes un limón sin hacer muecas”
Parece ser que Pamies es famoso en Cataluña. Yo no lo conocía. No le pongo cara. Esto no es malo ya que, no sé porqué, tiendo a ponerle a los personajes la cara del autor: Por ejemplo para mi Mendez siempre tendrá la cara de Gonzalez Ledesma. Y como estoy escaldado de la mala experiencia de ver la cara insípida de Trapiello en el personaje de los amantes del crimen perfecto (libro que me gusta) he decidido que no quiero en este caso contaminarme averiguando quien es este buen hombre que igual he visto alguna vez por la tele, no vaya a ser que me caiga mal, y así prometo continuar leyendo sus libros en cuanto pueda.
Por cierto, no volveré a la librería a cambiar el libro, lo  tengo ya subrayado en el ciclo de relecturas con vocación de eterno retorno que he comenzado.

martes, 9 de agosto de 2011

Camino de sirga ( Moncada y Jorda ) Una obra maestra

 
Nunca pensé que vería de nuevo renacer al coronel Aureliano Buendía y mucho menos que lo haría en un pueblo zaragozano y en una historia que se inicia precisamente el año que yo nací. Camino de Sirga es una obra maestra, así, sin paliativos,!!Una obra maestra!!. Moncada, zaragozano de Mequinenza, escribió en catalán, en el catalán que él hablaba en su pueblo, un libro al que los estudiosos de las tierras vecinas incluyen entre los mejores de las últimas décadas.

Y que…en Aragón, casi no nos da tiempo a reconocerlo ya que le dieron a Moncada el premio de las letras aragonesa tan solo unos meses antes de morir. Como en mi tierra somos como somos y la desidia nos estrangula hasta la asfixia, no he podido encontrarlo en la versión original en ninguna biblioteca pública de la ciudad. ¡Lamentable! Después protestamos de que no nos devuelvan los bienes eclesiásticos de Lérida, y no somos capaces de tener en versión en catalan una joya literaria como la que escribió su autor…zaragozano y catalanoparlante. Ahora renacen debates idiotas sobre si se debe llamar catalán a lo que se habla en Mequinenza y en Zaragoza nos creemos que somos más aragonesistas por hacernos llamar Chusé. En tanto los políticos discuten si son galgos o podencos se nos llevaran la presa como siempre, y por eso el cheso empieza a ser una reliquia y los aragoneses catalanoparlantes se les mira con desconfianza y de reojo.

Pero no hay mal que por bien no venga y así he podido leer una traducción sensacional de Joaquín Jordá. Tan genial es, que no sé hasta que punto debo achacar la genialidad de las palabras a Moncada o a Jordá. Estoy seguro, por el lenguaje selecto, que no hubiera podido leerlo de tirón en catalán pero me hubiera encantado saber si algunas de las descripciones deliciosas del libro lo son en catalán tanto como en el castellano de Jordá.

Moncada parte de la inundación y la desaparición del pueblo viejo de Mequinenza al modo en que Garcia Marquez ponía frente al pelotón de fusilamiento al coronel Buendía mientras recordaba aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Decir, como hacen muchas sinopsis, que Camino de Sirga es la historia de un pueblo que derruyen para hacer un pantano es una manera poco atractiva de presentar el libro. Moncada lo que hace es ir deslizando cuentos e historias con las palabras precisas y una dedicación artesana, y lo hace en una suerte de juego de bolillos en el que el pueblo no es sino el mundillo en el que se teje la obra. Es de esos libros en los que los personajes van y vuelven de una manera atemporal, y hay un momento en el que desistes al retrojeo empujado por el ritmo trepidante del relato que te empuja hacia delante como la corriente.

Abro y releo que aquel día de 1970 era un ”tiempo amortajado con telarañas de niebla” un tiempo del que crónicas anónimas han recreado con tonos épicos, aquellos primeros crujidos de vigas y jácenas. “Sin duda los testimonios resultaban impresionantes, ahora bien no era esta la única característica que tenían en común; compartían otra quizá insignificante pero bastante esclarecedora de lo que ocurrió aquel día nefasto: todos sin excepción eran absolutamente falsos.”

El libro adopta un tono irónico, no solo de crítica de clase, política o anticlerical que la hay y mucha, sino de crítica hacia esas creencias ancestrales y falsas que hacen que historias poco edificantes desarrolladas en los pueblos, suficientemente sazonadas y reconstruidas por los habitantes se conviertan en el abono para hagiografias de héroes de la patria y nacionalismos edificados sobre la nada.

Carlota de Torres en el salón de las vírgenes mártires, la lúbrica viuda de Salleres, los amoríos, los cuernos, los barcos y las minas, la rivalidades de clase alta junto a los relatos de baja cama. El tiempo como protagonista, las guerras de África, la republica, los bandos, la guerra civil y la postguerra y al final la tecnocracia franquista que les inundó sin respetar señoríos.
Arquimedes o Nelson son personajes entrañables, nobles, arraigados, que van montando sus recuerdos en un realismo mágico hilvanando con historias pasadas y previsiones futuras. Ellos eran patrones de los barcos que bajaban el Ebro cargados de carbón hacia tierras catalanas y que remontaban luego, como remonta la historia desde el pasado hasta el presente a través del camino de sirga.
Las frases son exquisitas, las palabras ciertamente rebuscadas, pero nunca en un tono pedante sino ubicadas en el lugar exacto. En cada página descubres verbos nuevos, sustantivos retraidos, adjetivos que nunca empalagan. El cielo, las estaciones van cambiando “el cierzo áspero y efímero” “las nieblas densas, las lluvias frias” van cambiando el telón de fondo dirigido de una manera trágica hacia el final conocido de un pueblo destruido que desaparece bajo las aguas del pantano.
Leedlo os lo recomiendo encarecidamente, a mi me ha recordado cien años de soledad, y no es una exageración, echare mano de mis amigos de iberlibro y lo conseguiré en catalán para tenerlo. Pero el texto en castellano de Jordá es de una brillantez que me ha dejado en estado de shock y eso que el libro anterior fue “Ultimas tardes con teresa” que me encantó y del que aun os debo una reseña.


PS_: Agradecimiento a miedos libres: De cómo descubrí el libro

Un día, hace tiempo, comentaba en no sé que blog, que me gusta el catalán en poesía, creo que alguien había escrito algo de Magarit que es un autor que me encanta, podría igualmente haber sido Espriu que también me gusta (fue en el barullo de suso). Tras una profusa investigación entre blogs viejos en esta cansina y febril tarde veraniega, también he descubierto que fue en el blog de Teresa cuando de forma primaria e injusta desdeñaba como penosa la prosa catalana en general, ciertamente para ensalzar de nuevo la poesía. Como meter la pata no es una tragedia, sino una oportunidad para sacarla, pedí perdón por mi ignorancia y me apunté las sugerencias que a modo de colleja me facilitó miedoslibres sobre la mejor narrativa en catalán: Entre otras Camino de sirga.

Por razones de trabajo, he viajado bastante por la provincia de Zaragoza. Zaragoza es la cuarta provincia por superficie de España para hacerse una idea de las dimensiones: desde Mequinenza al Monasterio de Piedra hay casi 250 kilómetros y tres horitas de viaje y, por seguir hablando de pantanos, otras tres horitas de Artieda a Caspe que puede ser un eje norte-sur. No puedo decir que me la conozca pero sí que he hecho todo lo posible para conocerla. Es una provincia con muchos pueblos (293 es la cuarta de España que más pueblos tiene)  cada uno con su historia. Cual mi sorpresa ignorante cuando descubrí que el libro recomendado poe el amigo bloguero tenía como marco Mequinenza un pueblo que había  visitado y en el que tengo algun que otro amigo. 
El periódico de mi pueblo sacó este año una edición de autores aragoneses y me enteré de que camino de Sirga estaba entre ellos. Reconozco que fue un flechazo cuando lei la primera página y ya me quedé enganchado. Mire el traductor: Joaquin Jordá. Intenté infructuosamente buscar una versión en catalán y pero también pensé que es una lástima que algunos traductores queden en segundo plano.

miércoles, 8 de junio de 2011

Domingo Villar : La playa de los ahogados y Ojos de Agua

No se desvela argumento

Cuando estudiaba oposiciones y me imaginaba destinado en un lugar lejano, un lugar donde la gente pensara diferente a mi, donde me sintiera raro y donde pillara complejo de doctor en Alaska (pufff Maggie O'Connell recurrente) , no sé porqué pero siempre me imaginaba en Mondoñedo. Ya sé queridos lectores gallegos que no es un pueblo tan pequeño, pero entendedlo como la referencia a un lugar imaginario donde me podían suceder todo tipo de aventuras, dichas y desdichas. En definitiva, si para mi como aragonés hay un grupo de gente que de entrada pueda parecerme raro, muy raro, en sus costumbres, ese grupo son los gallegos.

Pues este exordio trae causa en la lectura casi  olvidada de los dos libros de policías de Domingo Villar: La playa de los ahogados y Ojos de Agua. (El primero lo acabe por Enero y el segundo hace un mes y pico). Y cuento todo esto, porque estos libros hay que leerlos un poco en clave regionalista, como una manera local de ver la vida del autor. Y como me pasaba a mi pero a la inversa, a Villar le debe ocurrir con los aragoneses que también le debemos parecer raros. Y así va construyendo el mundo de Leo Caldas y de su compañero Estevez uno frente al otro, uno contrapunto del otro mientras resuelven el caso. Y a mi eso me pareció entretenido, y el rasgo más característico no sé si del autor o del personaje o de los dos.

Este libro tiene cosas de las que me gustan de los libros de polis: un policía con un protagonista trabajado en lo personal y una ciudad que más que como marco actúa como personaje. (la Barcelona de Carvalho o Méndez, el Tomelloso de Plinio, aquí es el Vigo de Leo…y eso, me gusta). Pero eso, que ya digo que me gusta en su justa medida, hay veces que a Villar se le va de las manos y cae en topicazos que empalagan. Hay que corregir.

ojosDomingo Villar, el gallego, diría él hasta la saciedad, es un escritor que nos regalará muchos libros más y él lo sabe. Deja vetas sueltas del personaje que nos promete atar en próximos libros, va a ser un poli de largo recorrido por lo que habrá que estar atentos y la cosa no pinta del todo mal por ahora.

Ojos de Agua es un libro que a mi entender se le queda corto, como si hubiera tenido prisa. Es como un boceto de lo que luego será La playa de los ahogados. Va presentando a los personajes, nos cuenta sus vidas, el porqué de las cosas, incluye rasgos de una crítica social no estridente, un suspense moderado y clásico, escribe bien, describe mejor, pero la trama cae en la obviedad y decae con estrépito al final. Pero bueno, es un libro que se puede leer, aunque sobre todo hay que leerlo antes que La playa de los ahogados porque si no, se convierte en un libro flojete comparado con el segundo. (yo lo leí después y me pasó eso).

La playa de los ahogados ya es otra cosa, el autor gana en peso al mismo tiempo que gana en peso el personaje Leo Caldas, Estevez le sale un poco menos pegón y más hecho, juega con el lector acercándolo y alejándolo del desenlace, ahonda en los rasgos personales y familiares e incluso divaga sobre la vida y el ser. Que nadie espere una escritura de arabescos ni adornos, no lo es; pero si una lectura suelta, tranquila entretenida y ordenada. Leo es un personaje que está más en la línea del Bevilacqua de Lorenzo Silva que de Mendez, Carvalho o de Petra Delicado. No es tan profundo como Plinio, pero tampoco tan mordaz o estridente como Mendez.

Me gusta ese oficio secundario de su programa de radio, la relación ambidiestra con su padre,playa la sombra del personaje femenino, sus recuerdos mirando el mar, su afición gastronómica y musical como en las mejores novelas de polis. Me cae bien Leo, no lo puedo evitar. Me gustan sus preferencias musicales y ese saberse en medio de un camino vital  en el que ha dejado atrás muchas cosas “No se madura Leo, sólo se envejece” le dice su padre.

El libro tiene un ritmo tranquilo, y cuando la novela adormece, cuando se ralentiza en exceso, Domingo Villar de repente pone en marcha el motor y la acaba esta vez de manera estelar comiéndote las últimas páginas organizando el desorden aparente y definiendo un final certero. Me encantó el cierre.

Bueno señores pues tenemos personaje, hay que pulirlo un poco más, hay que darle argumento, no hay que abusar de tópicos que empalaguen, hay que darle vida a Estevez más allá de un personaje pegón. Que nadie espere, eso sí, un libro más allá que entretenido…pero cuando saque una nueva novela estoy seguro que me la compraré y con la saturación que tenemos ahora de autores policíacos yo creo que ya es una buena señal.

PS-. Venga Domingo ya sabemos que Estevez es aragonés pero no hace falta nombrarlo mil veces como “el aragonés”, queda pesadico. Y no me lo hagas tan pegón, venga esto hazlo por mi. Otro consejillo que alguien te cuente lo que es el humor somarda, que le pega mucho. Y una miaja más de tensión sexual tampoco vendría mal.

lunes, 16 de mayo de 2011

No he querido leer, pero he leído Corazón tan blanco de Javier Marías...

(no se desvela argumento)

Lo primero ya desde el principio es decir que es un libro que hay que leer. Igual que creo que hay que leer la Tia Julia y el escribidor, Cronopios y famas, El amor en los tiempos del cólera o Bartleby y compañía, (…incluso los Detectives salvajes)…ojo, no digo que me gusten, sino que son libros que descubren literatura española con distintos disfraces. Cada uno tenemos nuestras preferencias; para mi de los anteriores hay varios que no me gustan nada, pero es enriquecedor experimentar con otros sonidos y otras estructuras que no sean las habituales. La pregunta de  porqué para un montón de gente Corazón tan Blanco de Javier Marías es uno de sus libros preferidos, ya es para mi un reto que me empuja a empezarlo, Y lo hice.

Corazón tan blanco, me resulta un libro fatigoso, cansino, la prosa de Marías se demora bordeando lo flácido y sus digresiones te empujan a caminos de difícil retorno. Leer corazón tan blanco es una lucha constante contra la disipación. Su prosa se deshilacha en divagaciones muchas veces inútiles. No estamos hablando de los arabescos barrocos de De Prada en La vida invisible (que me guste este libro sé que es minoritario), ni en los jugueteos lingüísticos de Cabrera Infante en La habana para un infante difunto (ambos libros me han venido a la cabeza por razones distintas mientras he leído este), las frases de Marías son frases desmedidas, largas, pero además planas, lo que en mi pueblo llamarían sin rasmia, eso sí, esculpidas con un detalle de orfebre, impecables desde la corrección. Voy pisando páginas llenas de hojarasca en el camino que me debería llevar al contenido y cada página es una tentación para tirar la toalla y abandonar el libro. Pero no lo hice.

¿Por qué no lo hice? Porqué me tope sin esperarlo, con uno de esos momentos lentos, de esos que te ralentizas en medio de la noche, de esos que lees despacio sin más pretensión que avanzar páginas, sabiendo que es probable que nunca acabes lo que lees, pero sabiendo también que quieres leer todas las frases de cada página. Son momentos en los que lees sin prisa, no te disipas y consigues que la cabeza no se despiste en pensamientos paralelos. Te concentras leyendo palabra a palabra por muy monótona que sea y en un silencio propio te metes en la lectura a ralentí. Por fin consigues que el palabrerío de Marías no te diluya y descubres significados y te identificas con las imágenes y sin quererlo te lo terminas en una sentada de cuatro horas y media en el lobby de un hotel en una madrugada de mayo.

portada-corazon-tan-blanco_grandeQue pase todo eso es difícil, pero si lo consigues, descubres que el libro es un buen libro. Para mi no es una obra maestra, pero si un buen libro. Formalmente es tan desesperante, que comprendo que muchos hayan desistido…vamos y de no haber confluido ese momento de silencio nocturno estoy seguro de que yo también lo hubiera dejado en un estante alto. Pero bueno no fue así.

El libro es un conjunto de cuentos hilvanados: El suicidio de una recién casada, las conversaciones tras la pared de una pareja de amantes, la vida matrimonial en sus orígenes, la historia de un falsificador de arte, un gitanillo que canta molestando bajo la ventana y un enamoramiento juvenil de la tendera del barrio; la vida de un traductor viajero, una vieja historia en Cuba y unas citas a ciegas por agencia en la época precibernética. Y con ese trabajo minucioso de artesano fino, que hay que reconocerle a Marías, el autor va ligando los cuentos entre si con un cierre brillante que redondea el trabajo.

En las solapas y reseñas dicen que el libro va de un secreto…bueno puede ser, pero para mi es más sugerente desde otro punto de vista: ¿Qué es peor sospechar o saber? el libro refleja, por lo menos para mi, nuestras existencias en burbujas individuales, el yo incomunicado que convive con sus propias reflexiones, frustraciones, miedos y tragedias. Las personas somos privacidad, somos casas cerradas a cal y canto. Y los que están fuera solo pueden intuir lo que pasa en nuestro interior, escuchar a través de las paredes como escuchan los protagonistas en el hotel de la Habana.

El libro es un constante juego de curiosidad, tener dudas de levantar o no los visillos, no saber si quieres sabe. Esperar a pie de calle preguntándote que sucede arriba. Esa es la imagen de la espera incierta de Juan cuando esperaba en Nueva York a subir a casa de su amiga, como la mulata esperaba a su amante, como el tratante de arte esperaba a las puertas de Luisa. Una espera que quiere saber lo que pasa en el interior y solo puede cuando el de arriba abre el balcón para hacerle la señal de que entre. Querer entrar en la burbuja del otro.

Pero por el contrario esta el juego del que posee la información. Un juego de señales difusas. Lo que dejo ver y lo que escondo. Como le enseñó la amiga parte de su cuerpo al pretendiente en las cintas de video. Y es ese juego interpersonal el que me ha gustado del libro, el celo con que preservamos nuestro yo con sus miserias, esa verdad intuida entre visillos, esa espera celosa a las puertas del otro. Ese traductor que hace de intermediario mentiroso entre dos yoes cercanos pero incomunicados. Ese espacio para la sospecha que genera la conversación a medias y ese miedo a conocer al fin, lo que habita en el interior de la persona con la que convivimos. ¿De verdad queremos tirar las paredes finas que nos separan de la persona amada?

Juan critica de manera feroz la concepción del matrimonio como una unidad, como una casa de puertas abiertas entre los cónyuges, esas parejas “que son una sola persona” esa pérdida de individualidad por el hecho de compartir almohada. Refleja la irremediable necesidad de soportar la incertidumbre, de la sospecha entre dos personas que viven juntos, oímos solo a través de la pared las voces interiores del otro, de nuestro cónyuge, de la persona a la que queremos, y cuyos silencios respetamos, vemos las luces del dormitorio encendidas desde la calle e interpretamos, sospechamos, intuimos su sufrimiento y sus razones, sabemos del otro solo por el traductor tramposo que es el lenguaje, solo en la parte que nos quiere enseñar con su cámara de video. Pero es imposible llegar a su interior porque seguimos siendo dos personas separadas, distintas, diferentes.

¿Qué es peor sospechar o saber? En el Delirio un error necesario, Castilla del Pino nos cuenta varias historias de sus pacientes en donde la incertidumbre de infidelidad era tan fuerte que el paciente prefería construirse una mentira paralela, falsa y neurótica pero para él cierta, en la que sostenerse, antes que una realidad insatisfactoria frustradora de sus sospechas y de su representación imaginaria. El delirio como racionalización que permite sobrevivir con la convivencia lacerante de la incertidumbre.

Somos una habitación cerrada en la que convivimos con nuestras culpas, nuestros miedos ¿Qué hubiera pasado si le hubiera manifestado el amor a la tendera? Las dudas que jalonan nuestra biografía y los miedos que construyen lo que somos, el dinero, la falsificación, la ética de comprar la vida de los demás para garantizar nuestra comodidad como compró Juan el silencio del músico callejero. A veces, solo a veces nos asomamos al balcón para ver y dejar ver, solo a veces mostramos parte de nuestro yo a desconocidos en cintas de video, solo a veces permitimos ver nuestra cojera y nuestras cicatrices. Otras veces sin embargo nos cerramos con llave para preservarnos del peligro de la verdad difundida. por eso, a veces, nos arrepentimos de airear nuestros fantasmas sucumbiendo al atractivo de liberar nuestra culpa.

Estos personajes encerrados, esas paredes que separan verdad y sospecha, la verdad intuida, la ventana abierta de golpe, la espera incierta y desconfiada hacia el otro, lo que conocemos, lo que desconocemos de quien amamos. Esos yoes que el matrimonio no unifica, la duda de lo que hubiera pasado, el miedo de lo que ha pasado, el delirio que compensa la angustia, y la duda entre saber y no saber…no he querido saber pero he sabido que una de las niñas,cuando ya no era una niña…

Si sois capaces de soportar el estilo insufrible de Marías…leeros el libro.

jueves, 7 de abril de 2011

Cuentos de amor …vagamente (García pavón)

No soy objetivo, ni moderado lo sé, pero cuando me leo un libro de cuentos como este no puedo serlo. Soy un fanático, un exaltado, me ha entusiasmado. García Pavón escribe como si dictara cada palabra para que encajara perfectamente en la frase que imagino, rebuscadas, inventadas, en la tibia frontera entre la pedantería y la palabra añeja.vagamente
Cuenta historias de pueblo, algunas que le han sido dichas de crío, otras deconstruidas, reconstruidas por su memoria; mezcla a sus personajes de siempre con su familia propia; a medio camino entre el juglar y el cronista… a veces también, como el tío cansino que va del pueblo a la capital para un funeral y aprovecha a contar aventuras reoidas, pasadas y pesadas pero tan bien dichas que los niños se sientan a su alrededor para escucharlas. “Cuentos de amor vagamente” es un recreo para quien degusta la lectura lenta y pausada, a veces tan quieta, que el tiempo parece que se deja correr en un solanar de pueblo. 
Lo he pillado en la biblioteca, como siempre por sorpresa, edición antigua, difícil de conseguir. He buscado en iberlibro que es mi recurso de lecturas en desuso y cadáveres de letras, y lo he encargado para comprarlo.
Ya sabéis que Garcia Pavón es el papa de Plinio y Don Lotario un referente de todo aquel que diga escribir novelas de polis. Original, difícilmente comparable. Su marco es Tomelloso donde nació el autor y sus libros saben a vino recio y a queso manchego:“Plinio y Don Lotario, según costumbre en las atardecidas inanes, raboteaban por el Paseo del cementerio con las manos en la espalda y el verbo suspendido. De rato en rato echaban ojeos a los árboles enclenques ya con sienas otoñales, a los coches que iban y venían por la carretera paralela al paseo, y al sol caidón y ya tintado de brasa.”
Ganó el Nadal con “Las Hermanas coloradas” Estaba en casa olvidado, es el típico libro que anduvo en peregrinaje de balda en estante sin compaña que le diera sentido. Unos días junto a las predicciones de Nostradamus, otros junto a Arriba y Abajo y al día siguiente entre los tomos que antaño regalaban las cajas de ahorros el día del libro, cuando las cajas y sus obras sociales pensaban más en sus clientes que en patrocinar el equipo de hockey del hijo de la querida del defensor de los impositores. (Disculpas a mis lectoras del gremio pero es que la frase me había quedado redonda). Un día, me puse a leer aquel libro y desde entonces todo lo que he leído de él me ha parecido sublime. Sin reparos, como a mi me gustaría escribir.
Manosea las palabras a su gusto, deja que los personajes hablen sobre el tiempo que pasa (el tren que no conduce nadie) placeres y ausencias del mundo rural. Habla de política (hiriendo pero sin hacer sangre), de la dictadura tardía, habla de amor, de un amor conyugal y de alcoba, a veces furtivo, más susurrado que jadeado, pero igual de insinuante cuenta leyendas viejas, habla de la gente, de las banderas rotas, de sabios en sus discursos, de las monjitas en sus oremus y de los maestros de gabán raido y embozos resudados,. Este es para mi García Pavón, sólo siento que ya me queden pocos libros suyos como para darme nuevas sorpresas como la de este libro que termino y os recomiendo vehementemente.

domingo, 13 de febrero de 2011

Biblioteca en modo aleatorio: Los patitos feos

Ya he contado que a veces voy a la biblio y cojo libros porque sí, nadie me los ha recomendado, no conozco al autor y en ocasiones ni siquiera me interesa el tema. Casi siempre vuelven sin haber leído ni una sola palabra.
El viernes fui con los peques a la de mi barrio, y dentro de la parte infantil, hay una estantería sobre educación. (creo que no debería estar ahí entre medio de pocoyos y los tres cerditos, pero en fin...) Mientras mi hijo mayor veía un libro de animales y hacia animaladas mi pequeño, eché una ojeada y me tope con este libro.clip_image002
Esta madrugada lo he empezado a leer y me he quedado absolutamente atrapado. Lo he empezado de una manera extraña que es haciéndolo a la vez por el principio y el final; es decir, me he leído la introducción y la conclusión; pero a modo de acordeón estoy empujando las páginas hacia el centro con la fuerza y el vértigo de engullir cada frase con el denuedo y la voracidad de leer lo que te gusta.
«Se dirigió entonces hacia ellos, con la cabeza baja, para hacerles ver que estaba dispuesto a morir. Y entonces vio su reflejo en el agua:el patito feo se había transformado en un soberbio cisne blanco... » 
Hans Christian Andersen (1805-1875) El patito feo
Mirad  que explicación más impresionante de la libertad y las rejas mentales que nos atenazan cuando desaparecen las cadenas reales:
“Un día, el niño Michel consiguió escapar del sótano al que le arrojaba su padre tras darle una paliza. Al salir al exterior, le extrañó no sentir nada. Se daba perfecta cuenta de que el buen tiempo hacía que la gente sonriese, pero en lugar de compartir su dicha, se sentía extrañado por su propia indiferencia. Una vendedora de frutas fue la encargada de reconfortar al niño. Le ofreció una manzana y, sin que llegase siquiera a pedírselo, le permitió jugar con su perro. El animal se mostró de acuerdo y Michel, en cuclillas bajo las cajas de frutas, inició una afectuosa riña. Tras unos cuantos minutos de gran deleite, el muchacho sintió una mezcla de felicidad y crispación ansiosa. Los coches corrían por la calzada. El niño decidió rozarlos como roza el torero los cuernos del toro. La frutera le lanzó mil denuestos y le quiso corregir llenándole la cabeza con unas explicaciones tan racionales que en nada se correspondían con lo que sentía el niño
El hecho de abandonar los campos de concentración no significó la libertad. Cuando se aleja la muerte, la vida no regresa. Hay que ir a buscarla, aprender a caminar de nuevo, aprender a respirar, a vivir en sociedad.”

…en esta otra cita, habla del doble concepto de trauma: por una lado el golpe físico provocado por el dolor de la herida o el desgarro de la carencia y luego el golpe consiguiente de representarse el resto de tus días, lo que ha sucedido:
“Para curar el primer golpe, es preciso que mi cuerpo y mi memoria consigan realizar un lento trabajo de cicatrización. Y para atenuar el sufrimiento que produce el segundo golpe, hay que cambiar la idea que uno se hace de lo que le ha ocurrido, es necesario que logre refor­mar la representación de mi desgracia y su puesta en escena ante los ojos de los demás(…) Pero lo que va a costarle mucho tiempo com­prender al patito feo es el hecho de que la cicatriz nunca sea segura. Es una brecha en el desarrollo de su personalidad, un punto débil que siempre puede reabrirse con los golpes que la fortuna decida propinar.“
Hace unos años hice un curso accidental sobre resiliencia, no lo tenía previsto, pero por cierta obligación laboral lo concluí con diplomita y todo. Mis amados lectores ingenieros definirían el concepto de resiliencia como la propiedad de la materia que se opone a la rotura por el choque. Sin embargo aquí lo definen como “el arte de navegar entre los torrentes”, que igual no es tan técnico, pero me parece precioso.
El libro tiene 240 páginas, si contamos desde el principio he llegado a la 50 de tirón y si contamos desde el final a la 180. Más de cien páginas sin respirar y tomando notas. Sigo leyendo, y ya os contaré más cuando lo acabe.
PS-. También pillé “educar a la pantera comprender y corregir la conducta antisocial de los mas jóvenes” de Ignacio garcia-valiño. y Poder y Comunicaión de Castells… sospecho que volverán esta vez sin leer.

sábado, 5 de febrero de 2011

Miguel Labordeta

De vez en cuando, cojo y releo algún libro de Miguel Labordeta que me prestan en la biblioteca del barrio. Me emborracho de su lenguaje triste de burgués de postguerra en su capital de provincias, la mia, sedentaria y cansina sin otoño ni primavera.
“Yo también tuve veinte años y un corazón vagabundo, yo también tuve alegrías y profundos desengaños.” También recorrí embriagado cafés y tertulias por calles de sombras estrechas, en la vana esperanza de encontrar sentido al desamor y al espejo. Y por eso, comprendo que en ocasiones, no quede más remedio que escribir palabras a borbotones como él, emparejadas con adjetivos abundantes descreídos, decaídos y decadentes.
Es cierto, algunas noches de febrero, con el frío húmedo de la niebla, se demora la vida de esta ciudad naranja y adormecida y parece como si nunca más fuera a despertar.
Son poemas henchidos de adjetivos precedentes, que a veces se alargan en demasía, con pinta de estar más tachados que corregidos y más prosados que rimados. Y sin embargo, al leerlos, transmiten la extraña tristeza invernal del vaho tras la ventana del aula y del último examen de secundaria en viernes por la tarde. “A veces me pregunto que hago yo aquí enseñando aquello que recién aprendí” que cantó después su hermano. “Una tarde parda y fría de invierno los colegiales, estudian, monotonía de lluvia tras los cristales.” que contó D.Antonio.
A veces suenan a verso aburrido del maestro que fue, que repite la lección, que aprovecha el silencio del ejercicio para escribir en un folio arrebatos de sinceridad desbridada.
Desgarrado, influido, recuerda a Ruben, influyente resuena luego en las canciones de José Antonio en ese recitar somarda y sobreadjetivado del cantautor de la desidia y el tiempo inmóvil, de esta ciudad resacosa de mares y corsarios.
“Quieta en la orilla del río, espantada al tiempo sujeta al desvarío, loca de calles locas, solitaria con plazas deslumbradas, y paisajes al borde del silencio. Madrastra, madre inútil, invierno de un estío brutal sin primavera, y ese otoño dulcísimo que afila las paredes de tus viejas murallas, cayéndose por todas tus ventanas. Vieja tumba crecida a mis espaldas,¿a qué hora abandonas el mundo para huir con nosotros hacia la hermosa mar tan dulce y tan lejana?” J.A Labordeta.
Lo que ellos no vieron, es cuando esta ciudad despereza ausente de versos y cargada de mañanas. Deconstruida, reconstruida, irreconocible, rayada por vías nuevas que se convierten en venas abiertas y salteada por un semáforo cada dos metros que demora tendencias de premura laboral. La ciudad que levanta las persianas metálicas, que espera en las esquinas el bus poligonero arrebujada en las primeras luces del amanecer.
Esa no es ciudad para poetas ni profesores…ni gentes como yo que solo vemos amanecer cuando se alargan las horas y apuramos la madrugada en entradas de blogs que permitan renacer a poetas muertos y olvidados.
No es de mis favoritos, pero algunas noches de Febrero tengo la imperiosa necesidad de releerlo.
ANEXOS:
Vida de Miguel Labordeta: wikipedia y la GEA
Una canción de su hermano que llevo tarareando todo el post
Y un poema de ejemplo. Otros dias iré poniendo más.
RETROSPECTIVO EXISTENTE
Me registro los bolsillos desiertos
para saber dónde fueron aquellos sueños.
Invado las estancias vacías
para recoger mis palabras tan lejanamente idas.
Saqueo aparadores antiguos,
viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,
estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato,
pero nadie me dice quién fui yo.
Aquellas canciones que tanto amaba
no me explican dónde fueron mis minutos,
y aunque torturo los espejos
con peinados de quince años,
con miradas podridas de cinco años
o quizá de muerto,
nadie,
nadie me dice dónde estuvo mi voz
ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía
esculpida en presurosos desayunos,
en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,
mientras los otoños sedimentaban
de pálidas sangres
las bodegas del Ebro.
¿En qué escondidos armarios
guardan los subterráneos ángeles
nuestros restos de nieve nocturna atormentada?
¿Por qué vertientes terribles se despeñan
los corazones de los viejos relojes parados?
¿Dónde encontraremos todo aquello
que éramos en las tardes de los sábados,
cuando el violento secreto de la Vida
era tan sólo
una dulce campana enamorada?
Pues yo registro los bolsillos desiertos
y no encuentro ni un solo minuto mío,
ni una sola mirada en los espejos
que me diga quién fui yo.

jueves, 20 de enero de 2011

Oz, La caja negra: Amando dragones.

caja negra Hace años, lo juro, las cartas se echaban en un buzón y tardaban días en llegar; entre medio rogabas no haber dicho lo que dijiste, no haber insinuado lo que deberías de haber mostrado, ni arrepentirte de los silencios abiertos entre palabra y palabra.

No te extrañe que la gente se comunique por folios interminables en lugar de por migajas de 140 caracteres. @molinos He terminadOZ La Caja Negra. Dinero, sexo y dios...y algo que me gustaría no llamarle amor ni amistad. Estoy repasando, digo reposando ideas…

“No te amé a pesar de tu crueldad. Yo amaba al propio dragón.” A veces despedazamos al que queremos, bien para sacar lo bueno de un ser detestable, bien para sacarle peros a un ser excepcional. Queremos y odiamos a pesar de algo, sin saber que nadie es por nada, que todo es por algo, que no cabe causa sin consecuencia, ni resultado sin proceso.

Los masones decían: “Lo que haces te hace” y simbolizan el proceso de autoconstrucción personal de los arquitectos, Oz ha conseguido unos personajes en proceso de autodestrucción y reconstrucción constante… (¿O es a la inversa?)  quizá el cristianismo nos ha acostumbrado a buscar al bueno para subrayar al malo, el ejemplo a emular frente al detestable sin justificación posible. La culpa como protagonista. el fin que justifica los medios. ¿Quien es aquí culpable de quien? Al final cada uno ha construido su propia historia, de una manera terrible, perdón terriblemente libre, absolutamente esclava.

Garcia Andrade “de la estirpe de cain”: La vida se nos da, pero no se nos da hecha, de tal manera que cada individuo debe elaborar su propia vida al tiempo que desarrolla su propia historia.

Alex, Boaz, Ilana, Zakheim, Michel Sommo y como telón de fondo una sexualidad inquietante, mal digerida (¿o dije herida?, maldito cabrera infante) una religión embalsamadora de hombres, un dinero embalsamador de éticas, un sexo embalsamador de odios, un odio que impide identificarnos con alguno de ellos.

Los personajes pendulan en redondo entre lo heroico, lo paradójico, lo detestable. Y además solo se dejan ver entre folios que a modo de puzzle y tesela a tesela constituyen un mosaico final. Se recomienda leer sin intentar tomar partido, pero al mismo  tiempo confieso que en ningún momento lo logré, caí en una cierta admiración por Alex, una cierta excitación con Ilana ama y esclava y un cierto desprecio por Sommo que me recuerda a  Margaret Dumont en las películas de los hermanos marx. Ese abogado Ese, es el protagonista de nuestras dudas del otro día sobre si merecía la pena ser abogado.

En fin… hacía mucho tiempo que no engullía un libro de manera tan voraz, desperdiciando la reflexión a cambio de adelantar a saltos de carta en carta, leyendo del remitente al destinatario, devorando las fechas con la incredulidad de lo imprevisible. La belleza de una visión de la ética rota, zurcida a su manera por cada uno, para hacerse todos ellos un traje que les haga presentables en público.

Leedla.