Mostrando entradas con la etiqueta Libros 2022. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros 2022. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de diciembre de 2022

El mundo de ayer de Zweig y el odio a los judios.

Stephan Zweig escribió El mundo de Ayer para dar cuenta del tiempo entreguerras y si solo hiciéramos caso a lo que nos cuenta, pareciera que todo el mundo era feliz en una ebullición intelectual sin igual hasta que llegaron los malvados nazis y aniquilaron con toda esa felicidad poco menos que por sorpresa.

No descubro nada si digo que Zweig es un sensacional escritor, además excelentemente traducido y editado en español por libros de Acantilado; tampoco tengo que descubrir la habilidad del austriaco para engarzar la profundidad de pensamiento con las etapas de su vida personal, pero Zweig nos hace varias trampas: la primera contarnos su vida como le interesa ocultando las zonas oscuras personales que le llevan a escapar de Europa (y de la vida) sin dar muchas explicaciones y la segunda que su visión es la de un niño pijo rico judío que es la cuestión a la que quería llegar.

La historia la redactan los ganadores y quienes tienen dinero para pagarla, pero eso no puede significar que todos los demás dejemos de hacernos preguntas. ¿Por qué los judíos fueron objeto de una venganza tan indiscriminada y salvaje por parte de muchos países durante la historia (incluid el nuestro) desde el siglo XV o antes ?¿Por qué la gente les tenía tanta manía al punto de que personas racionales pasan a irracionales en pocos meses (ver el libro de Kressmann Taylor Paradero desconocido) ¿Por qué se les sigue teniendo un odio poco disimulado incluso hoy en día?

 


El mundo de ayer nos da alguna pista, a pesar de que su escritor pasa, más bien de puntillas, sobre algunos temas que le afectan y le apuntan. No voy a hacer la tontería de excusarme por lo que no es y huelga decir que hacerme preguntas no significa revisionismo, ni nada parecido, pero dándole vueltas a la cabezota sobre este tema se me ocurren algunas cosas que igual pueden servir de causas sobre este odio.

1-. Causas religiosas. La narración religiosa triunfante es la católica y esa narración conlleva que unos señores malos, los judíos, matan a su dios bueno, Jesús, y le clavan en el madero. Tener unos malos a mano siempre es muy recurrente para dar sentido a toda narración pinturera e irracional y aquí no iba a ser menos; poco más que decir a una narración histórica donde al judaísmo le ha tocado desde siempre el papel de malos y asesinos de dioses.

2-.Causas políticas. Los judíos han querido constituir una nación dentro de cada nación donde han vivido. En la Europa romántica del diecinueve con una vocación de gestación nacional, los judíos han supuesto una ruptura a ese espíritu unificador nacionalista al defender su insularidad política.

A esto, que de por sí ya acarrea animadversión, añadamos que nunca estaba claro a qué lado iban a posicionarse en las peleas. Si además le unimos como el lobby judío ha sabido lubricar con dólares cualquier reticencia política a sus intereses podemos entender muchos odios. En la Europa liberal que nos cuenta Zweig los judíos mandaban y mucho aunque no fueran con gorrico y sayos a los parlamentos. El pueblo, esa masa informe (nacionanista) que justifica cualquier injuria. La defensa nacionalpopulista alemana tenía fácil enarbolar la bandera del pangermanismo contra estos indefinidos que quieren mandar de hecho con su dinero lo que no les conferían las mayorias. Más bien, depravando con sus dineros las mayorías.

3-. Causas económicas. Ya sabemos que todos los judíos no eran ricos en el diecinueve, ni lo son ahora, pero también sabemos que la narración luminiscente de los judíos de clase dirigente, como Zweig en este libro, resulta una ofensa para aquellos alemanes que tras la primera guerra mundial vivían en la sombra y la pobreza. Mientras Stephan andaba alternando esposas, asistiendo a fiestas y gozando de su intelectualidad añorada de entreguerras en salones palaciegos la gente pasaba hambre, la Europa del mundo de ayer no era la Europa de la mayoría. Alardear de riqueza no es una buena opción si no quieres ganarte odios.

4-. Los judíos eligieron la profesión de prestamistas y ese es un camino complejo para ganar simpatías. Los bancarios no caen bien, incluso creían que eran muy buenos por prestar, pero no se dieron cuenta de que se estaba generando un odio interno con vocación de salir. A los que no les daban porque no se los daban y a los que se los daban por la sensación de sufrir usura en tiempos de agobio .Si incluso hoy genera resquemor que mientras nos estén hablando de jubilaciones a los 68 veamos a empleados bancarios jubilados antes de los 60. Imagínense entonces. La lista de Schindler en la primera parte enseña mucho de eso. Y además por qué no decirlo, lo hacían bien y cada vez tenían más dinero.

5-. Causas territoriales Si lo anterior no era poco de repente se les ocurre pedir un territorio basado en unos derechos históricos difícilmente justificables. Zweig trata de lavarse las manos de su relación con Herzl, pero le resulta dificil. Los ingleses les regalaron una casa que podría ser históricamente suya, pero estaba ocupada por otros inquilinos, los árabes, así que en seguida se constituyó las filias y fobias en cadena, los amigos de mis amigos desahuciados y los amigos de mis enemigos opresores. Todo ello unido a una militancia incomprensible promusulmana de la izquierda europea en cuyo pecado lleva la penitencia. Sin llegar a extremos como Huellebecq en sumisión la izquierda debería replantearse su posicionamiento como defensor de ideologias con restricciones intolerables de libertades. Lo de la lubricación de causas izquierdosas por iraníes aunque afecta a muchos otros igual explica algun odio antijudio.

5-.Y en fin causas psicológicas. Envidia y Generalización. Búsqueda de culpables. De vez en cuando la modernidad necesita un Goldstein a quien odiar aunque sea dos minutos. Y si además el Goldstein se empeña en secretear y urdir se lo pone en bandeja a los amigos de conspiraciones y corrientes subterráneas. Digamos que siempre viene bien tener a un rico judío al que odiar y al que atribuir los males que nos amargan la vida.

Pues así a bocajarro me he largado esta reflexión sin más base que esa querencia mia a intentar explicar, que no justificar, la maldad de los malos y mi proclividad hacia la escritura a arrebato. 

 

viernes, 11 de noviembre de 2022

La llama de Focea. Opinión y Crítica. Lorenzo Silva con cara de Murakami

 

Vila nos vuelve a traer esa imagen, para mi atrayente, de que cualquiera podemos ser un criminal si en el momento determinado giramos a la izquierda en lugar de a la derecha, si aquella noche de verano hubiéramos bebido cuatro cervezas de más antes de coger el coche o si hubiéramos decidido hacernos pareja de aquella moza que acabo rayada en un rincón. Todos menos Bevilaqua, que siempre optaría por la mesura, el bien y la legalidad en esa asepsia respecto al crimen que le hace flotar sobre las aguas procelosas de la delincuencia. Pues mira que no. Llega Lorenzo y se nos desmarca en este libro contándonos que también Ruben “el guripa santurrón” tuvo ocasión de vagar por los infiernos allá en su tierna juventud. Jódete y baila que dicen en mi pueblo.

Vamos a ver, tampoco nos vengamos arriba. Todos sus grupies sabemos que a Silva describir lo morboso se le da regular. Ósea, que nadie espere aquí un truculento pasaje de sexo salvaje y prohibido, un esnife de polvitos sobre el tricornio o arrancarle las uñas en un interrogatorio a un etarra hasta que cante el caralsol. Nada de eso. Pero sí que nos regala trozos de su juventud iniciática en el gremio y un cierto funambulismo entre el bien y el mal que podría haberle hecho caer en el lado oscuro.

La llama de Focea es la segunda parte de El mal de corcira y si te gustó aquel como me gusto a mi, te gustará este; si por el contrario Vila te pareció un monsergas y un intenso tirando a viejuno te puedes ahorrar este absolutamente. Cada cosa que le pasa hace una reflexión de tres párrafos sobre la vida y la existencia, si le saluda un niño rollete que me casco sobre la infancia, que le saluda un abuelo, página que te endiño sobre la senectud.. pero así es él y así le queremos.

Y todo ello trufado de erudiciones resabiadas sobre literatura, música de jazz, héroes mitológicos y poemas de battiato; por un momento me he apuntado en un ladillo que ha Lorenzo Silva se le estaba poniendo cara de Murakami. (que nadie lo entienda como demerito, a mi me encanta el japonés). Pero también un poco tonillo de Richard Ford en ese deseo de contar la historia de América, aquí la de España, a través de su personaje. En El mal de Corcira nos comparó el país vasco de entonces con el de ahora y aquí en La llama Focea el nacimiento inexplicable de la radicalidad catalana originaria en cotejo constante con los actuales niñatos de Pujol y Puigdemont quemando contenedores en la via layetana, que mandan güebos.

Un servidor que durante sus dos primeras décadas de vida se pegaba tres meses al año por la Cataluña puyolera tiene su propia opinión (ya la he puesto por aquí) . Y he de decir que en mucho coincidente con la del autor en un filocatalanismo que me ha causado más reproches que alabanzas. Discrepo, sin embargo, de tanto rollete con el seny y la rauxa y tanta historia medieval sencillamente inventada y creo que el origen de lo que pasa hoy está más cerca de la historia del Fill del xofer de Amat que por otra cosa.

El nacionalismo catalán tiene, en mi opinión, mucho de económico detrás. Y así lo entiende también don lorenzo. Mucho pijo aburrido queriendo hacer revoluciones y pillando cacho y mucho tonto haciéndoles seguidismo; pero lo mismo que Silva en ocasiones también me perplejo. Nunca me hubiera creído que alguna amiguica mia que por entonces solo follaba con condones Pierre Cardin andaría ahora señera en mano y dándose el pico con los que para ella, de entonces, eran piejosos cuperos, y hoy lideres de la liberación; pero así son las cosas y quien siembra lluvia recoge tempestades. En algún momento alguien reflexionará sobre la tragedia que ha sido para Cataluña el filldeputa de Pujol.

Lo dejo porque me va a pasar lo que a lorenzo Silva que en algunos momentos del libro está tan encasquillado en explicar el catalanismo que se olvida hasta de la muerta y de la benéfica Chamorro que la ha dejado en Galicia con cara de Cybill Shepherd en Luz de Luna esperando a su Bruce Willis de verde.

Como en su anterior libro Lorenzo Silva nos hace jugar con su maestría habitual a tres pistas: una en Galicia (que bonito el cameo que le permite a mi querido leo caldas), otra en la Barcelona actual con la sargento Salgado en papel estelar (puffffff) y una tercera hace treinta años en la Barcelona olímpica en la que Vila ya de regreso de las provincias vascongadas se hacia personaje de policiacas en la ciudad condal mientras se adentraba en la Barcelona costera de la prostitución y los polvitos de la risa. Sensacional los cambios de secuencia de uno a otro lado.

También juega arriba y abajo. Los delincuentes de organización internacional (Lorenzo, no creo que el embajador ruso te invite a cenar) en contrapunto con los raterillos del camino de Santiago. El juego al despiste típico de las policiacas de Silva, los sensacionales interrogatorios a las familias de las victimas que es cuando Vila hace su mejor papel, sus guiños y sus collejas a la política, la prensa y a la judicatura; su tradicional baboseo al tricornio y su blandez amorosa característica, (solo con recordar su música para feos se me escarpian las pelosidades) pero todo en el marco de la ortodoxia lorenciana que tanto nos gusta a muchos.

Igual que sigue con alguno de sus ramalazos, en este libro se ha corregido otros. Salvo un capitulillo no se amuerma demasiado haciendo una guía Lonely planet de la ciudad donde está; en lo de detallar el escalafón militar en cada frase también se ha controlado más y como comentaba yo mismo (modestia aparte) en alguna reseña de sus libros anteriores, Lorenzo Silva ha pasado de narrador a gran escritor. Escribe muy bien. Aunque en mi modesta opinión sin argumento policiaco que agüe la intensidad, los libros no policiacos que he leído de él se le apelmazan en demasía. Así que a seguir con los polis que se le da mejor.

Este es un buen libro en la línea de El mal de Corcira, hay capítulos estelares y aunque a veces se entretiene demasiado en divagaciones políticas, el resultado final es excelente. Continuamente hace referencias a libros anteriores que sus fans apreciamos en cuanto nos da una patina de gente experta en chamorrismo. Y saltea la historia con músicas y literaturas que siempre es de agradecer en una mezcla con ensoñaciones, polvos pasados, recuerdos y divagaciones. En definitiva Lorenzo Silva con cara de Murakami.

Leedlo.

Otras reseñas que he escrito de libros de Lorenzo Silva

 

 

jueves, 22 de septiembre de 2022

Un año y tres meses. Garcia Montero Aprendiendo a vivir sin ella (Opinión y crítica)

Luis García Montero renuncia a las metáforas para expresar su tristeza, prefiere recortes de vida en común en esos últimos días en los que la intensidad se acumula en cada vivencia para subrayarla y retenerla en los matices con billete de regreso a espacios ya imposibles. El paseo mirando el mar, la imagen que devuelve el espejo, las madrugadas de trasiego desbordadas de insomnio, la regurgitación de años de convivencia. Y sobre todo el silencio, el silencio que habla a raudales cuando se ha vivido tanto en común que se presiente al otro con solo mirarlo y saberlo. La enfermedad que todo lo mordisquea para dejarlo raido.

Duele cuando en “Los cuidados” describe como los ruidos cotidianos ahora se traducen a otro idioma de inquietud y desasosiego. ¿Cómo puede el mundo seguir corriendo? llegar guasaps de risas, hacer listas de la compra, el suspenso en religión del niño y la reunión de dirección del martes (digo del lunes con secreto) cuando sientes que todo se para y se debiera parar como en el precioso poema de Auden para contemplar tu sentimiento de dolor. (Me acuerdo de Savater en La peor parte).

La enfermedad de la persona querida en su tramo final que hace asomarte al otro lado de la nube donde todo es gris y agua; que ve al avión por la noche como un almacén de cadáveres, (muchas veces he masticado esa imagen porque no hay nada más deshumano que un avión de noche con despojos de seres dormidos arrojados y alejados de la vida y de la tierra). “Que todo esté en su sitio es el mayor desorden que pueda imaginarse”

Una forma distinta de estar vivo a partir de ahora; y luego el vacío, un vacío lleno de recuerdos,   “supongo que este modo de sentirse definitivamente hundido es una forma mia de estar enamorado”. Cuando ya ha pasado el momento de la muerte el problema es la convivencia con la ausencia, yo soy yo y nuestros futuros pendientes; yo soy yo y el largo espacio en el que tú no estás. Un dialogo que de repente se convierte en monólogo y una silla vacia. Qué bien lo describe don Luis en “animal doméstico” y la muerte desnuda de metáforas, seca en su soledad, sin cielos ni supersticiones. ¿Qué mierda es el cielo si no estás tú? “vengo de vomitar una tarde de whisky”.

Y cuando esperas que el mundo se vaya de tu lado y lo cotidiano sean pecios del pasado, te llama la secretaria del notario para repartir legados, te escribe tu jefe dándote el pésame pero diciéndote que te echa de menos, y el señor de Vodafone preguntándote por qué no te cambias de compañía tu que estas en la absoluta soledad.

Tras la enfermedad y la muerte, la tercera parte empieza con una frase de Margarit, el orfebre de la tristeza, dando paso al poema Un año y tres meses como título y epitafio de 25 poemas de lágrimas encuadernadas que te afectan incluso para los que nunca nos ha gustado en demasía Almudena.

Pero, es que yo no soy objetivo, a mí de García Montero me gusta todo menos sus politiqueces. Si soy sincero, este no me parece su mejor libro, a veces pierde el tono habitual de frase trabajada pero la carga de sentimiento compensa con mucho las arritmias de sus versos. A partir de La intimidad de la serpiente García Montero se ha quedado cansado (no solo en la vista) que no agotado pero es que debe ser muy pesado verse siempre requerido de la frase perfecta. A Montero hay que leerle tambien la prosa (Una forma de resistencia por ejemplo) porque allí la genialidad salta de pronto sin serle tan esperada como en la concreción de los poemas

En resumen, leedlo, es un García Montero distinto pero de una extremada sinceridad, casi sin impostura.

viernes, 2 de septiembre de 2022

LOS DETECTIVES SALVAJES Roberto Bolaño. Opinión y crítica. Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto.

 

Recuerdos, solo somos recuerdos que se evaporan cuando nos olvidan. Cada uno tiene derecho a construirse su pasado, a rehacer su historia intranscendente para convertirla en épica y en creerse protagonista de hechos memorables cuando no son sino anécdotas triviales de juventud, esa etapa borracha de sueños a flor de piel, ganas de follar y ansias de transcendencia.

Y es que cuando no seamos nada solo seremos, y quizá no por mucho tiempo, lo que cuenten los demás que fuimos y no quedará de nosotros sino un apellido confundido en una lápida de Sonora, un libro perdido en la mudanza, el relato de un arquitecto loco en una casa de orates, o el personaje desconocido de una foto en una guerra tribal en Liberia. O sea, nada. Y de esto (y de otras muchas cosas, pero sobre todo de esto) van Los detectives salvajes de Bolaño.

El argumento es sencillo: una relación de recortes y recuerdos de distintos personajes los unos sobre los otros y que todos en conjunto dibujan un cuadro más abstracto que figurativo de lo que fue un presunto movimiento literario de los setenta en Mexico llamado realismo visceral. Las cosas como son: con este argumento, hay que echarle muchas, pero que muchas ganas para engullirse 600 páginas con párrafos de hoja y media y veinte nombres por página de gentes que aparecen y desaparecen sin saber cómo ni por qué.

Y entramos en esa pseudo religión llamada bolañismo en el que el chileno es dios y Vila-Matas su profeta y que hace que uno vague por sus libros creyéndose gilipollas por no terminar de verle toda la gracia a tanta borrachera de frases e intensidad literaria. Historias y relatos amontonados, despedazados, tortilla deconstruida que el lector va montando a su antojo para pillarle el gusto, como los informes de las maquiladoras asesinadas en 2666. Literatura mucha literatura hablando de sí misma, onanismo intelectual, gente viviendo del cuento (bueno de la poesía) en países lejanos y polvetes por aquí y por allá de todos con todos. Bueno, es cierto, también hay reflexiones buenas, pero en este como en 2666 todo parece un exceso en el que la torrentera de palabras impide el baño tranquilo.

Entre los cuarenta o cincuenta personajes hay cuatro que parece que se repiten más: García Madero, Ulises Lima, Arturo Belano y una poetisa desaparecida a la que idolatran estos zagales llamada Cesarea Tinajero. A mitad de libro me enteré, no sé dónde, que Arturo Belano era más o menos el propio Bolaño y que el rarito de Ulises Lima era un, dicen que, poeta mexicano al que no leía ni su prima. Me enteré de que toda la peña de los realistas viscerales son una cuadrilla de poetillas mexicanos con ínfulas iconoclastas que se daban importancia llamándose infrarrealistas en la vida real (o pseudo real) y que odiaban a Octavio paz (sic) con la misma intensidad que idolatraban a poetisas desconocidas.

Mira por dónde, cuando supe que era una especie de medio biografía ilustrada de los juveniles amiguetes de Bolaño me empezó a gustar más. Y es que el chileno no sé por qué me cae simpático y empecé a ver que detrás del onanismo mental que abarrota el libro, existe también una carga de ironía, autocrítica y cachondeo sobre estos presuntos revolucionarios de la poesía que querían mover el mundo y quedaron en nada, como tantas banderas rotas olvidadas en los altillos.

El que yo no sea devoto, ni mucho menos, del bolañismo no lleva a que no le reconozca cierto mérito a la cosa. Es un poco como el profe que dice: joder, con lo que se lo ha currado este chaval que me ha metido una chapa de 600 páginas no voy a suspenderlo ahora, pero el libro no fluye. Como puse en el blog de la Dtra Di hace años “con Bolaño hay que estar todo el rato empujando la lectura porque por sí sola no corre” y entonces es complicado pillarle el ritmo y conseguir acabarlo se convierte más en un empeño que en un disfrute.

Ya sé que el libro hay que leerlo disfrutando de las distintas voces sin buscar la linealidad, igual que en 2666 eran las distintas voces de la violencia aquí lo es de la literatura como vida, tan importante para los protagonistas en su día y tan trivial cuando nada queda. Me ha gustado mucho esa manera final de matar a los mitos tanto el encuentro con Octavio Paz como el encuentro con Tinajero, donde los odiados y los amados adquieren forma humana cuando están cerca y pierden toda la intensidad de amor y odio para hacerse cotidianos y mortales.

Y sobre todo el olvido en donde nadie recuerda del todo, pero nadie olvida del todo y donde nadie es albacea exclusivo de los recuerdos de los demás, ni puede imponer como se les recuerda a los demás. Qué ironía cuando al fallecimiento de Bolaño (esto en la realidad) su viuda y madre de sus hijos emprende batallas judiciales contra todos los que recuerdan y ponen por escrito que Bolaño tuvo otra pareja los últimos años de su vida. Se querella contra críticos, contra editoriales que dan carta de validez a la existencia de esa pareja (no es la típica pelea por derechos económicos que nadie discute), más bien la ironía final que contradice los detectives salvajes en la que alguien quiere hacerse con el monopolio del recuerdo colectivo, con la “memoria histórica única”, en lugar de con un calidoscopio de visiones. Y es que eso que ahora se llama “memoria histórica oficial” está llamada al fracaso porque la vida y la historia no deja de ser como en los detectives salvajes una acumulación de relatos inconexos de unos y otros y la verdad oficial solo la defienden los dictadores y los idiotas.

Le recomiendo este libro a los que les gustó 2666 y a los lectores de Vila-Matas al resto de mortales que quieran conocer a Bolaño mejor que empiecen por “Estrella Distante”.