martes, 31 de julio de 2018

Pelicula La Niebla y la doncella. Demasiado libro para tan poco guión.



La verdad es que pensaba que iba a ser un truño indigerible y ya lo digo, no ha estado mal. Después de ver El alquimista impaciente y la adaptación horrorosa de La playa de los ahogados de Domingo Villar me juré a mi mismo que no volvía a ver nunca más una peli adaptada de una novela policiaca que me hubiera gustado. Y así lo he ido cumpliendo porque me la grabé a la vez que la de Domingo Villar y creo que ha pasado casi un año hasta que me he decidido a verla.

No soy muy pirata de pelis, la verdad, porque me gusta verlas en pantalla grande, pero claro si las salas de Zaragoza se empeñan en maltratarme poniendo en diez cines la misma película durante cinco meses y dejando a penas unos días la que me gusta pues me defiendo y no voy, así de sencillo. Ellos eligen su modelo de negocio y yo dónde me gasto mis euros. Y hago esta confesión porque tiene pinta de ser una de esas pelis que en el cine hubiera ganado mucho y será bonita de ver con sus paisajes y sus ruiditos misteriosos.


Empiezo diciendo que a mi es el libro que más me gusta de la serie Vila-Chamorro, por lo que ya de entrada voy bastante condicionado. Y el haberlo leído antes (bueno, el tener el B1 en lorencismo) me hace tener por un lado una cosa buena pero por otro una mala para ver la peli.

Empezamos por la cosa buena: que es saber quien es el malo y más o menos la trama porque ya lo digo desde ya, si alguien no se ha leído el libro antes que ver la peli se puede volver loco porque claridad en la trama del guión, lo que se dice claridad no hay mucha con lo que se ve. No me extraña que muchos críticos la pelen, seguramente porque no se han leído el libro y no se han enterado de nada- Pero como yo ya me la sabía eso que tengo ganado.

La cosa mala que decía, es que ese señor que dice llamarse Vila en la película no tiene absolutamente nada que ver con el Bevilaqcua de los libros. Si no lo conoces y no sabes sus rasgos, su historia, cómo habla y su manera de pensar hasta puede colar, pero si lo conoces es otro tipo distinto. No me estoy metiendo con el actor (aunque desde luego no es Sacristán) me estoy metiendo con el del casting y sobre todo con el guionista que ha dibujado un protagonista que no tiene que ver nada con el de la novela y con el que los grupis del escritor conocemos de pe a pa.

Sin embargo Aura Garrido que hace de Chamorro lo hace mucho mejor. También flojea su personaje porque yo creo que no le da tiempo a detenerse a mostrar su interior y van todos a contrarreloj para que les quepa la historia entre medio de tanta fotografía, pero sin duda está mucho mejor. Finalmente a Echegui se le va vivo el personaje de Ruth que en la novela es tremendo, hace lo que puede, pero no llega, le viene grande. Ya sabéis que a mi me gusta más el perfil de los personajes de Lorenzo Silva que propiamente la trama policiaca, pues esto es de lo que más adolece la peli; de falta de introspección en unos personajes riquísimos.

Lo mejor es el dibujo de la insularidad de La Gomera, esa vida localista y desmadrada que se intuye tras la paz, esa subtrama que se va desvelando conforme va adentrandose fotograma a fotograma. Es un poco como si la niebla se fuera levantando y se pasara a ver lo que previamente solo se trata de adivinar.

Si te has leído el libro y no tienes que estar concentrado en comprender lo que pasa, la peli se disfruta. Pero a su vez si te has leído el libro olvídate de la riqueza de los personajes literarios aquí son solo superficialidad pura y dura con interpretaciones medianas y un guión manifiestamente mejorable.

Aun así lo repito, contra mis prejuicios, la peli se deja ver.

jueves, 26 de julio de 2018

El Reino Emmanuel Carrère Opinión y Crítica



El reino es un ladrillo de libro, más de quinientas páginas con más desorden que orden y más de dialogo justificativo interior que de clase de historia. Es un libro farragoso, que en ocasiones cae en el pozo del más terrible aburrimiento, de una presunción de erudición vacua y casi siempre dudosa y que he tardado más de un año en leerme. Y después de decir todo esto ¿cómo os cuento que me ha gustado?

Lo más probable es porque Carrere es un excelente escritor. Porque ha encontrado un estilo de novela propio que me gusta en el que la historia se constituye entre lo que quiere contar y una especie de make of de cómo ha venido escribiendo (y viviendo) para contarlo. El escritor como personaje y la historia de cómo ha escrito el libro como hilo argumental.

De Carrere me había leído El adversario, un libro crudo (y que me encantó) que explica como se puede convivir con la mentira de manera cotidiana, cómo se puede explicar el mal y el delito más infame desde un punto de vista externo que lo trata de entender. En España el estilo de ese tipo de autor que cuenta como escribe la novela a la vez que la cuenta podría ser Cercas. A quien le pillé mucha manía con Soldados de Salamina y sobretodo sus homilías dominicales en El Pais, pero que sin embargo luego me cautivó con Las leyes de la frontera y Anatomía de un instante.
 

El reino, según yo lo veo, se lee a tres niveles y partiendo de tres preguntas
1.- ¿Si todo es tan absurdo como es en la religión, por qué creen los que creen y participan en esoterismos de difícil digestión para cualquier persona con un grado crítico medio?
2-. ¿Es Jesús un personaje histórico contrastado cuya vida sirva de argumento a una religión con dos mil años de antigüedad?
3-. ¿Como se escribieron los textos que sirven de base ética a tantos millones de personas? ¿Quiénes fueron los primeros cristianos que escribieron y difundieron el nuevo testamento?

Y es aquí, cuando se mira a sí mismo con perplejidad del ex devoto, cuando el autor se pregunta más o menos ¿Cómo yo que soy una persona racional pude creer firmemente durante años en gilipolleces como que hay espíritus que conviven en mi casa conmigo y que los que se mueren resucitarán y que si pienso muy fuerte cerca de una estatua de escayola y se lo pido evitaré que se caiga un avión del cielo?

¿Dónde está el origen? ¿Quién fue Jesús? y quienes fueron los relatores y apostóles de su vida que consiguieron que se difundiera por el mundo hasta el punto de ser hoy una de las grandes religiones.

Carrere empieza con 100 páginas muy buenas, excelentes, contando sus dudas, cómo la religión le ayudó en medio de una crisis personal, la religión vivida en su primera persona con toda su crudeza y parte de ridiculez. Pero también con coherencia ética y moral. Le busca el sentido en Jesús de Nazaret y sobre todo en como comenzaron contando y difundieron los primeros seguidores la vida de Jesús como base de un dogma moral estructurado

Es en este punto cuando el Carrere historiador investiga a Mateo, Marcos, Juan y especialmente Lucas cuando se encasquilla y es en este punto donde hace que Pablo se convierta en personaje central como tornavoz necesario para difundir la visión del cristianismo que él tiene. Pero es esa sobrecarga de datos y libros leídos es lo que hace que el libro se le vaya de las manos. Por decirlo de alguna manera: Carrere no sabe dónde meter tantas historias como tiene para contarnos.

Es un libro de dudas, planteadas casi nunca resueltas. Es un libro abierto. Tiene la virtud de meternos en los años 50 después de cristo. En el imperio romano y la estrafalario de que en un rincon perdido del basto imperio romano nació un niño dizque en una cueva que aun muriendo antes de los cuarenta logró cambiar el mundo o que otros lo hicieran en su nombre.

PS.-Abro una carpeta y me encuentro este post escrito hace meses y sin colgar. Se me había olvidado. Empiezo a vivir en un caos bloguero absoluto. 


miércoles, 18 de julio de 2018

Los dias Iguales de Ana Ribera ¿De verdad esta señora es Molinos la del blog? crítica y opinión



Si os han contado que Molinos, la del blog, ha escrito un libro es mentira. Hay un libro fenomenal que se titula Los días iguales que ha escrito una tal Ana Ribera y en el que no sé por qué han puesto la foto de Molinos en la solapa.

Ribera se ha descubierto como una escritora de verdad, porque además de escribir formalmente impecable, como de habitual hace Molinos, ha recreado de manera genial el mundo extraño de las sensaciones y emociones personales. Vale que en este libro no son precisamente las sensaciones más agradables, pero libros futuros vendrán.

Molinos, es una escritora amena y correcta de blogs que juega de habitual con un esquema y tono reconocible, anecdótico y exitoso, con sus característicos guiños y referencias a ese mundo propio que se ha sabido crear para su autosatisfacción y nuestro divertimento cibernético. Pero Molinos no hubiera escrito nunca que estaba tan rota por dentro que no tenía ganas de follar; puede que hubiera detallado cara a la galería su abandono del norueguismo, los empotradotes o las humedades referidas por los jugadores de balonmano. Sin embargo, no es habitual en Molinos, que pase de la epidermis entretenida para meterse al interior de una perplejidad madura cargada de un dolor personal de no tener ganas  y lo que eso significaba para ella.

Lo de follar es un ejemplo, pero lo mismo con cada cosa de su vida normal que por culpa de la depresión cambia de color siendo lo mismo. Su habitación conocida, ya no es su habitación sino que se convierte en un espacio de reclusión, sus hijas ya no son unas adolescentes con los problemas habituales de los adolescentes, sino un reto que le aflige enfrentar ni siquiera para comprarles unos plátanos para hacerles la macedonia.

Y a mi, es precisamente esto, lo que más me ha gustado del libro, la simplicidad impactante de como explica Ribera que la depresión no es un cambio de escenario o de actores. La depresión no cambia las cosas de lugar, son las mismas cosas y las mismas personas de siempre (esas que sus grupis ya conocemos del blog), pero ahora diluidas en gris, indiferenciadas, sin matices. La vida que se decolora y derrite de repente, como en esas películas que pasan del color a un gris sin perfiles (me acuerdo de Lorax y mi precioso post)  como si un duendecillo hijoputa hubiera borrado los contornos e hiciera desaparecer los detalles que hacen los días, las personas y las cosas distintas. Como si las cosas hubieran perdido los conectores que las enlazan con historias, recuerdos y proyectos pasados o futuros.


Es difícil de explicar que tumbado en la misma playa mirando el cielo azul de siempre, ese mismo cielo azul y ese mismo mar que otras veces te ha generado sueños y poemas ahora, sin embargo, te sean tan indiferentes. Una manta pesada, agria y marrón sobre lo que piensas, (sobre todo lo que piensas). La depresión te quita las gafas, ves todo enturbiado, sin siluetas, convirtiéndo todos los días en iguales y se apropia de los referentes que te evocaban cada cosa para regresar en un constante circulo vicioso a autorreferencias cenizas. ¿Quien me ha robado aquella luna que me transportaba lejos? ¿Porque ahora es tan solo un círculo blanco en el cielo? decía el poeta.

Es ese duendecillo hijoputa que te ha robado los recuerdos vinculados a las cosas: Joder, si yo antes en este bar veía el adolescente que fui porque ahora tan solo veo un habitáculo neutro. Quien me ha robado los recuerdos de las cosas. Ahora cada vez que piense en este bar dejaré de pensar en los morreos de los dieciseis y solo me traerá a la cabeza estos días de depresión. Y eso claro, genera una ansiedad insoportable.

La depresión, tal y como yo se la he entendido a Ribera, no es la ansiedad, sino la causa de la ansiedad. Es por así decirlo una enfermedad de la percepción, un daltonismo emocional que por incomprensible e inevitable genera una ruptura interior. Quizá sea por eso, por lo inexplicable, que la autora prefiere darle a la depresión rol de persona para poder hablar con ella, como si fuera un personaje: la depresión roba, habita, te cuenta, te contradice, te habla.

Es también por lo inexplicable, por lo que Ribera cambia el estilo formal de su heterónima bloguera. Y es que Molinos es escritora de símiles concretos y sin embargo en Ribera parece como si ninguna metáfora la llenara del todo, como si ninguna consiguiera atrapar con plenitud todo lo que siente. Llena cada página de mil comparaciones insuficientes, hasta hacerme pensar que en algún momento se le agotaría el listado de símiles posibles. Intentar explicar algo tan personal que resulta difícil. “…como si…” repetido hasta la saciedad.

En el debe, le pongo que el libro se queda sin final, sin desenlace (espoileo: la prota sale de la depresión). No sé, pero yo me estaba leyendo el libro como si fuera una novela y esperaba ese capitulo en el que la terapeuta volviera a poner los conectores en su sitio, volviera a pintar contornos a las figuras y colores a los fondos y eso no pasa. La conclusión parece ser que a la depresión se llega porque se tiene que llegar y se sale porque se tiene que salir y a mi eso aunque sea verdad (que no lo sé) no me ha gustado. Hace muy poca referencia a la terapeuta y cuando lo hace lo pinta de un tono anecdótico y bloguerista. El proceso de curación se cuenta poco.

El libro por lo demás, esta sensacionalmente editado, es un libro precioso con blancos, subrayados y amarillos. Está editado por Next Door Publishers de los que no tenía ni la mas remota idea pero que, cuando me haga mayor, quiero que me trabajen el libro de memorias que escriba. Es de ese tipo de libros que cuando pasas las páginas el papel te huele al autor. En cuatro días te lo podrás bajar como todos, pero os aseguro que no será lo mismo.

Los días iguales es un libro intimo, pero en absoluto intimista. Pone mamparas de cristal a un año de depresión, nos muestra capitulo a capitulo con cámara oculta a esos seres que ya conocemos del blog, pero vistos de otra forma, pixelazos por la depresión o puede que al contrario, desvelados por ésta. Sin embargo no es un libro impúdico. En una de sus visitas a mañilandia, Ana me contó que se había divorciado, cosa que todavía no había puesto en el blog. Es que allí- arguyó- escribo cosas que me pasan pero no todas las cosas que me pasan. Aquí que quede claro, tampoco lo hace. En fin, pienso que quizá Molinos, lleva demasiado tiempo escribiendo hacia afuera y para sus descerebrados grupis entre los que me encuentro. Ribera ha escrito arrebatadoramente y preciosamente hacia adentro.

Tenía en mi cuaderno de anillas un listado largo de apuntes de los que escribir pero he empezado a divagar y se me ha ido la olla: la depresión no tiene nada de bueno, nada de catártico, no tiene causa, se ha frivolizado la depresión, no es una tristeza melancólica, el momento del reconocimiento de la enfermedad mental es esencial,¿Qué post escribió mientras le pasaba esto?, hablar con la depresión, daltonismo emocional, los demás en la depresión, el egoismo salvaje, el triste problema de mirar el cielo, lugares propios sin conectores que se convierten en lugares prohibidos, la depresión difumina… En fin creo que esperaré otro post para detallar todo esto o mejor os leéis el libro y lo descubrís con vuestros propios ojos y mejor escrito que por mi.

domingo, 24 de junio de 2018

Reseña intensa del After Dark de Murakami



La ventana a la noche desde el día, la ventana a los sueños desde el otro lado de la televisión, la visión de nuestra película desde detrás de la cámara, el narrador con una cámara en travelling sobre nuestras andanzas secretas, la ventana al pasado desde el presente.

La frágil línea que nos separa de lo delictivo con esa puerta atractiva que deslinda la rutina ordinaria y la maldad que siempre estamos a medio paso de abrir. La fina frontera entre de lo cotidiano y lo excepcional. Las fronteras inexistentes de Shengen y el muro palpable de vergüenza en un Mediterraneo hecho foso lleno de cocodrilos para segregar nuestra burbuja elitista de otros mundos. Fronteras, todo lleno de fronteras oníricas. La China llena de putas al otro lado del Japón de neón.

Lo venial de un encuentro callejero que desemboca en un torrente desmedido. Jo que noche pero sin risas. After Hours de Scorsese, After dark de murakami, ¿Quién no ha caído alguna noche en un pozo oscuro? Los ojos de las Vacas de Medem Alicia al otro lado del cristal. La cordura y la locura compartiendo medianil. Nuestras vidas de misionero rodeadas de paredes de tul donde intuimos vidas peligrosas sin nombres para los pecados que soñamos cometer.


Lospersonajes de Murakami siempre están en el anden de la estación que les lleva lejos, que les saca de la pesadilla o les introduce en ella. El viaje de ida y vuelta entre ser una luchadora famosa y el olvido de ser portera de puticlub. El sexo efimero, el encuentro eventual, la vida misma.

Las ganas de saltar al otro lado aunque solo sea una noche. La frontera del suicidio paseando borracho por el alfeizar de la planta diez. La noche de Datrebil de Pedro Andreu, los poetas muertos abiertos en canal. Las imágenes cautivadoras, hirientes y ajenas de la ciudad tras el sol. ¿Somos una vida o el relato de un dios caprichoso y cachondo que nos recrea?

¿Quien está en coma, la doncella que alimenta onanismos ajenos o quienes viven de forma aletargada los días por pasar? Blancanieves a la espera del principe azul, luchar contra los elementos, naufragar en la  vida contra el muro del tiempo, lo mejor de sus vidas ha quedado yendo detrás del maldito El Dorado. Que cantaba Goñicuando todavía le quedaban balas en la recamara de su revolver.

Un parentesis en la zona oscura de las madrugadas insomnes. Todos huimos aun sin saberlo de alguien que ha puesto precio a nuestra cabeza y que tenemos en la moto de al lado mientras regresamos borrachos a casa en taxi. Que raros somos todos, quizá como esa mujer de Hopper en la cafetería de una noche cualquiera esperando a sus sueños en una ciudad por despertar Dejémoslo aquí Haruki no me conviene leerte más.

lunes, 18 de junio de 2018

Lo que aprendo gracias a Twitter: Pinturas y pintores



De un tiempo a esta parte, mantiene el personal que Twitter se ha convertido en un estercolero fétido donde defecan sus inmundicias mentales todos los frustrados, castrados, malfollados que en el mundo habitan. Y yo no estoy de acuerdo del todo con ello, por lo menos no en mi “tuitlain”. Siendo que uno amiga a quien quiere amigar y que los amigos se parecen entre sí, quienes mantienen la anterior teoría dicen muy poco de sí mismos o de su criterio para seleccionar amistades.
También es cierto que la red del pajarico es un patio de recreo donde muchos se meten (nos metemos) para divertirnos y pasar el rato troleando un poco: Bien, todo se admite. Pero sí eso lo haces con nombre propio corres el riesgo de que te hagan un Maxim y una cosa es que a mi, que soy un mindundi, me pillen comentando Un príncipe para corina o valorando (machistamente, lo ) las agraciadas virtudes de alguna presentadora del telediario (Sandra Golpe o Lorena García en mi recuerdo, pufff) y otra es que pongas como chupa de domine a cualquier tipo que te desagrade mentándole a sus progenitores en el mejor de los casos o la integridad sexual del cónyuge o conyuja, hijo o hija en el peor..
En el lado contrario están los que se lo toman la cosa demasiado en serio: el corifeo de palmeros de una determinada ideología política o el autor literario en busca de buenrollismo como ejemplo. Yo a los primeros directamente les unfollogueo a la que puedo, es cierto que los indulto cuando sus diatribas son graciosas, pero de lo contrario al bote de la papelera que van por tabarras y me da igual que sean de diestras, que de siniestras.
Los autores son otra cosa. Yo lo reconozco: me encanta cuando comento o posteo el libro de un autor (para bien o para mal) y el autor me contesta (ya sé que la mayoría de las veces son los comunity managers o la editorial, pero yo me hago ilusiones y ya está, me da igual). He hablado en mayor o menor medida con Lorenzo Silva, Montero Glez, Sergio del Molino, Pedro Andreu, García Montero entre otros. Lo hablaba una vez (on line) con Lorenzo Silva que hay que ser muy valiente para dar opiniones a cara descubierta siendo un personaje famoso. Con ellos no tuiteo de política, sino de literatura, porque de lo contario corro el riesgo de encabronarme falsamente y enturbiar mi impresión literaria por la meme(z) más o menos afortunada que ese autor espute en las redes sociales.
Hace unos meses se encabronó Lorenzo Silva y salió de tuiter porque decía que de allí ya no sacaba nada o casi nada positivo. Yo creo que fue un error, que lo que quizá hacía mal es entrar a todos los trapos y contestar sin cribar, una cosa es el buen rollismo de hacerte amiguete de los lectores y otra es entrar en batallas suicidas con anónimos. A mi la verdad me encantaría que volviera (si no lo ha hecho ya de anónimo) y que se mantuviera en un nivel de intensidad media como hacen @pedroandreu o @monteroglez (ninguno de los dos caracterizado precisamente por su neutralidad política pero entrando solo al trapo que quieren entrar).
Dicho lo que precede y volviendo a lo que quería decir en un principio antes de enrollarme como político explicando su dimisión, me gustaría mostraros varias joyas de pintura de las que no tenía ni idea y que solo conozco gracias a que tuiter. Tan solo con este listado ya merece la pena abrirse una cuenta pajarraca: 
Si pulsais en el nombre del autor os enlaza a más obras o saber quién es y de paso veis distintas webs recopilatorias de arte que están muy bien. 
Y después he montado un momento de twitter con estos tweets guardados de pintura que refieren a las obras que pongo aquí. Me imagino que sabeis lo utiles que son los momentos en twitter para ordenar, si no os lo cuento otro día. Disfrutad







miércoles, 13 de junio de 2018

Lejos del Corazón Lorenzo Silva Mi opinión ,despelleje y desilusión.



Seamos sinceros: los lectores hemos pasado directamente a un segundo plano igual que los gilipollas que pagamos la entrada por ver un partido de futbol en el campo. En lo último que piensan los directivos es en la gente que decide sacarse un abono de 500 euros para ver un Zaragoza-Tudelano a las diez de la noche un lunes a tres bajo cero. La pasta la da la tele, donde lo importante es que haya muchos partidos aunque sean malos, vender muchas camisetas de niño a setenta euros pantalón aparte y en el peor de los casos lo que se gana en las apuestas por dejarse hacer un Llagostera. El colmo de la desvergüenza es lo que ha hecho mi adorado Zaragoza. Tras pagar todo el año por ver una mierda, cuando por suerte llega algo bueno y juega la promoción, deciden cobrarte diez euros de más, por ver dos partidos de los que uno no se celebra. Son así, tan despreciables como nos desprecian.

Nos envuelven libros viejos en tapas distintas de colores como si fueran nuevos y serían capaces de vendernos libros sin hojas. Las distribuidoras se llevan un 58% del PVP porque todo (mal) editor sabe que el aval para vender mucho, no es que el libro sea mejor o peor sino que la tienda del triangulito verde decida poner un título de un determiando autor en cabecera de lineal. Creamos autores-marca que venden escriban lo que escriban y por eso les obligan a escribir un libro al año (o más) nos dé lo que nos dé. Escritores con teórica garantía de top ten pero luego convertidos en tertulianos en autopromocion a 1300  la parrafada. En fin que hay mucho escritor alardeando de  curriculum de postín pero con más peligro que la Cifuentes en el Eroski. Como ya sabeis de mi admiración por Silva, nunca le he incluido en los escritores-marca de esos que publican cada dos dias recopilaciones, de las compilaciones de articulos dominicales simplemente cambiando la tapa como si fuera un libro nuevo, pero hay cosas que me empiezan a poner nervioso.

A mi sinceramente, que alguien me quiera vender a diez euros la sombra de grey, a cinco el  diablo del follet, y a tres la cartomancia de la bruja Lola en recetas del masterchef me da absolutamente igual. Ya sé lo que me espero y sé lo que me compro. Lo que me fastidia es que gente que escribe de maravilla me dé gato por liebre. Esto me ha pasado en varios microcuentos de mi adorado Luis Sepúlveda vendidos como libro a 20 euros por Tusquets cuando no deja de ser un relatillo de animales de quince carillas. Y con todo mi pesar me empieza a pasar con algún libro de la serie vila-chamorro como Lejos del Corazón.

A ver Lorenzo, puedo entender que hayas pillado la veta de la guardia civil y que sus reivindicaciones y problemas sean una constante de tus libros. Puedo entender que en España haya más de 80.000 guardias que con sus parejos y parejas hagan el doble y que ellos sean potenciales compradores de tus libros, pero los que somos y hemos sido vehementes defensores de tu prosa nos merecemos algo más, porque si no, me haces sentir como al espectador de campo de futbol ultrajado un lunes a las diez de la noche pasando frío y que no deja de ser sino un actor secundario de la fiesta que celebran otros desde la tele. Ya sabes que me voy a comprar todo lo que publiques, pero dile a tu gente que no se aproveche de ello.

Esto no es un capitulo de Policías en acción o Comando actualidad. Os vamos a enseñar lo duro que es ser guardia en el estrecho con las planeadoras lijándonos los morros. ¿Cual es el tema que está de moda? Los delitos informáticos; pues os endiño al hilo, cien páginas sobre la historia del bitcoin. Sí teniente, a sus órdenes mi subteniente, cuádrese guardia primero. Que ya, que sí, pero que no.


Lejos del corazón es una historia vacía que sostiene un publireportaje. Lorenzo Silva se demora cansinamente en algo que ni la mitad con suerte de sus lectores entiende, y que ni siquiera les importa como son los bitcoins. Entre medio, pega un par de guantazos a los piratas informáticos (que conste que yo me he dejado 20 euros en comprarlo) y sermonea sobre los delitos sin víctima y los ciber “robinjuds” que no se sienten culpables porque roban a los ladrones.

Cuando Silva escribía sin focos, la moraleja se desprendía sola y sutilmente de la trama.En este sin embargo es tan evidente que cansa. Vila se ha convertido en un moralinas y en un sermonero. Los hijos sin padre es una figura que atraviesa el libro en muchos de los personajes y que cuando ya vas por el tercero te dan ganas de decirle “que sí que sí, que ya lo he pillado”.

Los secundarios tienen un papel residual en este libro en detrimento del excompañero del pais vasco que no dice nada de nada y sale todo el rato (que si eso ya me he comprado el libro de Sangre, sudor y paz del país vasco, pero ya). Olvidaros de las conversaciones deliciosas con López en el libro de los escorpiones. Olvidaros de las reflexiones de aplauso cuando habla con la Consuelo en la Marca del meridiano. De los interrogatorios de los Cuerpos extraños. Nada de nada. Mira que daba juego el encontronazo de Inés con los malos. Pues nada. Capotazo, bajonazo y a corrales.

Las policíacas que me gustan aprovechan el entorno, el barrio, la ciudad como si fuera un protagonista más. La Barcelona de Mendez, el Tomelloso de Plinio, sin embargo aquí el sur gaditano parece tan solo un recorte gélido de sucesos de informe semanal. Sin rasmia, sin pasión. Tengo que decir que yo tenía en la cabeza el sur tarifeño de Montero Glez: Luisardo, pichita. La huella jonda del heroe, Iam Fleming y su Gibraltar putero y contrabandista, Manteca colorá. Pistola y cuchillo. Ya sé que esperar de Silva las frases desgarradas de Montero es como esperar que maria dolores pradera cante barricada, pero hombre un poco más de implicación. Cada uno es bueno en lo suyo, pero joder un poco de tensión en lo que se escribe.

Y ya para rematar la historia de Vila con Chamorro. El morreo está pegado como bolsillo de plastón de traje de payaso. Disculpen el espoileo pero coño que llevamos diez libros esperando algo entre ellos y no se puede solventar así en dos folios inexplicables  e inexplicados. Sin ir más lejos en La niebla y la doncella se generó ese clima especial donde el firteo cuaja solo y el polvete venía dado. Igualmente al final de otros libros cuando se separan. Pero ¿aqui? yo es que no le encuestro sentido alguno, ni siquiera me parece momento. Más bien se queda en una suerte de rollete adolescente ante el sol de la tarde que me parece de lo peor.

En fin, que quede claro que sigo siendo un lector incondicional de Silva. Su libro Todo por amor (por ejemplo) debería ser lectura obligatoria de cómo escribir relatos. Pero como esta industria quemaautores sigue pidiendo partidos (digo libros) todos los días de la semana, de vez en cuando nos endiña un gatillazo como este. Señores de Destino, los lectores preferimos poco y bueno que mucho y regular. Si este libro te lo bajas del epublibre y lo lees como ves un partido mientras cenas, no pasa nada, si te has gastado la entrada yendo al campo a las once de la noche la critica mesurada no aguanta ni tres lineas y te sale un despelleje como el que os acabo de endosar.

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