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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Muérete Ahab, maldito cojo chalado!!

Maldito Ahab, cojo de mierda ¿A dónde nos has llevado? ¿A dónde has conducido esta nave? ¿Con que ridícula alegría te han seguido Stubb y Flask? ¿Con que suicida sumisión han rendido su voluntad a tu locura como si estuvieran representando su libertad valiente y no su esclavitud ridícula en cada remada a tus órdenes? Nos engañaste a todos con tu historial de marino viejo, cuando solo representabas la imagen decrépita de tu propio egocentrismo herido por arpones de otros tiempos. Ahab_by_Kanyn
Dibujaste un dios al que derrotar y le pusiste nombre de ballena y como falso creyente trataste de demostrar de manera imposible su existencia para hacer correr el tiempo y dar argumento a tu fracaso y tu ateísmo. Tú viviste para derrotar a un dios ausente y a tus sombras. Ya lo decía el gran sabio cordobés que en algunos casos el Delirio es un error necesario, el delirio es la venda que en su fantasía neurótica permite ocultarnos de la verdad que nos acecha y de la que huimos.
No me aguantaste la mirada cuando me enfrenté a ti en tu camarote, porque eras un cobarde acosado por tus derrotas y tu vacío vital de los últimos años… quizá porque veías en mi al rebelde que tu nunca fuiste, luchando contra tus diablillos de papel, tus falsos demonios, tus supuestos enemigos piratas que no fueron sino compadres de latrocinios simulando estar en otra bancada.
Tú siempre has jugado las cartas marcadas de capitán con patrono ausente, entreteniendo a la tropa, regalando monedas por divisar tus pesadillas vestidas de cetáceos. No te preocupes, nosotros nos subiremos a la cofa, nosotros calafatearemos barcas, nosotros tensaremos jarcias mientras tu, vago aprovechado, rumias y rechinas con tu pierna nueva de marfil la soledad de a quien todos besan y nadie quiere.
Solo mosén Mapple desde el púlpito te dijo aquel día lo que todos los marinos pensábamos: que tu no buscabas nada, tan solo huías de ti mismo,y que tu vida ha sido una huida disfrazada de búsqueda, años y años de engaños para acabar en nada.
Un entretener el tiempo antes de jubilarte o suicidarte que hubiera sido más sensato en lugar de embarcar en tu neurosis a jóvenes de viudas prematuras. Haber hecho como Ferrater y si eras valiente haber anunciado tu suicidio una tarde de verano para antes de los cincuenta, haberte arrojado al mar como otros marineros cualquier noche en la que lo inmenso te inundara el desasosiego. Sin embargo, preferiste hacerte mayor a nuestro lado amargándonos la existencia con tus caprichos, tus frustraciones y tus locuras disfrazadas de dios o de ballena. Más vale dormir con un caníbal sobrio que con un cristiano borracho como tú.
Descansa viejo Ahab, muérete puto Jonás, te maldigo por haber dejado de tu barco solo un ataúd al que me agarro en medio del mar oscuro. Ojala nunca haya un Ismael que haga de ti un personaje de leyenda, ojala ningún interprete confundido pueda pensar que fuiste un héroe en lugar de un viejo cojo egocéntrico y chalado que solo pensaba en su propia salvación y en tapar con su delirio la verdad de una vida vacía. Ya hago de más, viejo Ahab, premiándote en mi blog con esta diatriba.
Starbuck

domingo, 24 de noviembre de 2013

Carlos Castán. La Mala Luz (Opinión y crítica de un cuento largo que no llegó a novela)

Castán es un genio esculpiendo frases redondas. Es un genio dibujando imágenes urbanas (digo humanas) de esas que todos hemos imaginado alguna vez en los momentos personales de cuesta abajo: el bar de carretera con luces de neón, el tren en marcha, una joven solitaria leyendo a Bukowski a media tarde, emigrar, escapar con lo puesto, recitar a Vallejo bajo la lluvia en un Paris sin Cortazar o follar la noche entera con una mujer desconocida que solo lleve en su bolso un condón y un revolver.la_mala_luz_color_definitiva
En sus cuentos, Castán hilvana desde una frase inicial perfecta, un recorrido preciosista que en unas historias nos recrea con una trama bien construida de nudo y desenlace y en otras, sin embargo, olvida el argumento para caer sin demerito, incluso creo que voluntariamente, en el verso impecable disfrazado de prosa. Cuando uno termina de leer los cuentos magistrales de “Solo de lo perdido”, o en menor medida de “Museo de soledad” o “Frío de vivir”, no puedes por menos que soltar un juramento, y lamentar que este tío que escribe tan cojonudamente bien ponga tan pronto el fin al relato y no continúe con una novela de doscientas páginas más.
Pues bien ese deseo, que nos ha asaltado a los seguidores del escritor cada vez que terminábamos sus cuentos, ese deseo de que Castán escriba una novela de una puñetera vez, se ha visto cumplido y hoy he concluido La mala luz, primera (dicen que) novela de Carlos Castán Andolz. Pero lo he decir desde ya, me he quedado con un sabor de desilusión y gatillazo.
Un cuento, cuando tiene vocación de novela, te lo imaginas creciendo en páginas que sumen tramas tras el final. Quieres que siga porque se te queda corto. Sin embargo Castán en La mala luz no lo consigue, porque este cuento se ha hecho novela no por añadir páginas al final, sino por hacerlo en medio. Como si insertara entretenimientos en medio del relato, hiciera más largas las descripciones o hubiera rescatado historias e imágenes a medio hacer que ha reciclado para conseguir rellenar 200 páginas más. Lo que en un cuento eran tres líneas aquí se convierten sin problema en tres hojas, pero son lo mismo, el mismo cuento sin aportar nada más.
Todos los que hemos leído a Castán (y apreciamos su literatura) sabemos que a veces se le va la mano en las evocaciones de imágenes de postal interior, pero en un libro de cuentos no tiene mayor problema que saltar al cuento siguiente. Sin embargo, leer a Castán en novela tiene el serio problema de que no puedes pasar de cuento cuando el autor arrebatado de lirismo (cuestión que le ocurre a veces), se torna en una intensidad empalagosa. Aquí, en La Mala luz, el trozo que te guste menos no se pude compensar con otro que te guste más porque no son libros separados sino uno solo y no vas a dejar una novela medio mordida sobre la mesa.
Entendedme lo que quiero decir, no es que La mala luz sea un mal libro, no lo es. Tampoco lo podéis entender como que Castán ha hecho como el alumno vago de BUP y ha pegado fotos en medio del trabajo de literatura para currar menos; es solamente que, esto no es una novela sino un cuento estirado. En Polvo en el Neón si que pega fotos…(muy bonitas por cierto) para hacer del cuento un libro, pero no le llama novela y lo deja claro. Aquí sin embargo intuyo que por política comercial de la editorial Destino se quiere vender como “primera novela”, algo que no lo es. Lo de la reseña de la solapa es un poco de delito, describir este libro como “frenética investigación del asesinato de su amigo” es engañar, y a mi me jode que me engañen, qué queréis que os diga.
Pero resaltemos también lo bueno: este libro es un apasionante viaje interior, un viaje a lo que hemos querido ser, la huida de un argumento preescrito del que escapamos y un resumen de las historias que no hemos podido o sabido vivir. Es encararse con los miedos que reviven fantasmas que teníamos escondidos en el armario de nuestro olvido (también de nuestro más intimo deseo)… en fin de lo que suele escribir siempre Castán. Pero eso mismo, creo yo, nos lo podía haber contado con cuatro cuentos independientes de 30 páginas y no con 220 de presunta novela. Es un libro para fanáticos de Castan, pero nadie se va a enganchar por él, es más apostaría mi patito de goma y mis discos de los Hombres G a que más de uno que pudiera estar interesado en su más que recomendable narrativa, dejará de estarlo con este libro.

miércoles, 10 de julio de 2013

La Hora Violeta. Sergio del Molino (opinión del libro) Desaguando lágrimas.

Si empezamos diciendo, como he leído en otros sitios, que La hora violeta de Sergio del Molino va de la enfermedad de un niño, este libro no se lo leería nadie. Y sería una pena, porque es uno de los libros más interesantes y mejor escritos que me he leído últimamente. Pero es que además, sería mentira porque el libro, a mi entender, no va de eso, o por lo menos, no solo de eso.
La hora violeta es un diario en primera persona, una descripción del yo desde la perspectiva más profunda del dolor personal (disculpad el arrebato de intensidad, pero lo veo así), día a día, hora a hora, en donde se ve como el autor toma sendas paralelas con “entretenimientos”, válvulas de seguridad que permitan desaguar tanta tristeza, a través de la descripción de libros, músicas y anécdotas que se unen para poder soportar una cotidianeidad cotidianidad en carne viva, un relato que te abre heridas en cada página, que te arrasa los ojos en un pleamar de lagrimas con cada línea que lees.
Es un libro egoísta, egocéntrico a más no poder, cuenta lo que siente él, solo él, sin disculpas, sin concesiones al lector, puede hablar de pajas, de putas en medio de la descripción de la enfermedad porque le da la gana, porque le sale de los cojones, porque el libro es su manera de llorar y nadie llora con los ojos de otro. Su mujer, su hermano, sus amigos toman una posición voluntariamente tan secundaria que en algún momento pensé si estaba separado. Y no, no es que los desconsidere, sino que aquí no caben, escribe de él, solo de él, solo en primera persona, en primerísima persona.la hora violeta
El libro cuenta el cambio de su vida, una vida culta (a veces cultureta) de intelectual y escritor en gestación, de reportero en el periódico de mi pueblo, hasta que esa vida da un giro de la noche a la mañana cuando le comunican que su hijo de un año tiene leucemia. Cuenta lo que va corriendo por su cabeza de padre de treinta y pico noche tras noche en la planta de oncología o en la soledad de su casa esperando a que amanezca.
Y a partir de la primera página el libro toma tono de tragedia, de final irremediable, (no spoileo lo cuenta al comenzar) y a veces es como cuando no queremos oír algo y nos tapamos los oídos y gritamos aaaaaaaaaahhhh eludiendo el tema hablando de otra cosa y a veces sin embargo hablamos sin pudor y a borbotones profundizando en la enfermedad con datos minuciosamente médicos (la profundidad no deja de ser una manera también de huir hacia adentro, una manera de no topar con lo más cruel de la enfermedad a fuerza de detallarla técnicamente) y todo ello con un lenguaje precioso no preciosista, sensible no sentimental, de quien sabe escribir muy bien y que además sabe que escribir es la única rendija que le queda para tomar aire (no para escapar porque el nunca escapa).
Ya sé que llegados a este punto, conociendo como conocéis mi hipocondría enfermiza, os estaréis preguntando ¿pero que hace este tío leyendo este libro? él que nos puso a parir por leernos El Matrimonio feliz, él que no perdona el uso de niños que mueren ni en las policíacas de González Ledesma, el que es capaz de escribir un post sobre los moluscos contagiosos y un poema sobre la gripe… pues la culpa la tiene mi santa esposa que se empeñó en leerme en la cama las páginas que le gustaban como se le lee a un niño (contradictoriamente) un cuento (de terror) para que se duerma.
Ya sé que no te lo vas a leer, pero escucha por lo menos, que te leo una página, “lo urgente nunca deja tiempo para lo importante…pero lo urgente es todo aquello que nos permite desatendernos y seguir vivos. Somos nuestras tareas. Somos los platos sucios, los artículos sin entregar, las casas por barrer, los polvos por echar y los recados por cumplir. Somos los plazos de nuestra hipoteca, la declaración de la renta y la llamada al fontanero para que repare la caldera. Somos lo urgente, sin ello quedamos reducidos a mera carcasa conceptual.(…) Lo urgente es también este libro. Con su escritura esquivo lo importante. Encaro la pena con palabras, y mientras resuelvo problemas de estilo, depuro el lenguaje y estructuro sus páginas, evito ser tragado por lo importante. “
Y escuchaba, y se me iba pegando el ritmo de las frases, y mi cabeza, como guareciéndose de las pesadillas que me causaban algunos párrafos, se iba desconectando y cayendo en un duermevela que me hacía olvidar y recordar a un tiempo que en la habitación de al lado dormían llenos de salud mis dos hijos. Y me apagaba. Y por la mañana al despertar, las últimas frases se asomaban agazapadas en los claroscuros de las historias mal soñadas y me lanzaban súbitamente a darles a los críos mil besos… al punto que creo que pensaron que su padre había perdido definitivamente el juicio. Nunca se besa tanto a los hijos como mientras se lee este libro, os lo aseguro. Y así fue que empecé a leerlo poco a poco y no pude dejar de hacerlo, Y en dosis diaria adecuada lo fui engullendo y me fui enganchando a él como a los amores dañinos, con una mezcla de atracción irrefrenable y el deseo de que acabara de una (puñetera) vez.
Leedlo, sin ninguna duda. No me vengáis con que ahora no estáis para leer sufrimientos. Leedlo. Dejaros de que ya habéis leído Paula de Allende o Mortal y Rosa de Umbral, esto es otra cosa, aunque es también su heredero. Leedlo.

Del mismo autor también tengo comentado en otra reseña La mirada de los peces 

Además el libro tiene banda sonora porque la música va acompañando coherentemente a los capítulos… Me he entretenido haciendo una lista del spotify con todas las canciones que salen (la verdad es que no conocía casi ninguna pero me han gustado)… os la pego. Y si queréis os pongo también enlace a su blog.


Perdonad la inmodestia, pero este cruce de tweets con el autor me ha hecho ilusión Así que los pego por aquí.
Ya se cuadrilla de malvados que alguno/a va a poner la frase de Mr Lobo, pero me da igual. Me ha hecho ilusión y ya está.
del molino tweets

domingo, 23 de junio de 2013

Me hallara la muerte… y el aburrimiento. Juan Manuel de Prada. Crítica y despelleje

Ya lo sé, tiene cara de niño repelente
derechón repeinado de colegio de Fomento,
y te dan ganas de quitarle el bocadillo de mortadela  me-hallara-la-muerte
y tirárselo a un charco.
Sus artículos dominicales
no llegan ni a homilía de cura de sotana raída
y desprenden un tufillo rancio
a columnista a sueldo vaticano...
Pero qué queréis que os diga,
a mi me gusta como escribe novelas.
Si solo hubiera sido La Tempestad
la cosa hubiera quedado en un planeta agraciado,
pero es que después escribió
La vida invisible
y eso son palabras mayores,
Se me ganó el corazón
y el magín lector
para siempre
y desde entonces,
por ese miedo a la desilusión,
no lo he vuelto a leer...
no fui capaz de avanzar con El séptimo velo
ni quise ir hacia atrás leyendo Coños.
Ahora publica
Me hallará la muerte
me lo han traido los Reyes… ya os contaré.
Eso fue hace unos meses (en el blog escondido) ya me lo he leído y os cuento…
Así en general, Juan Manuel de Prada es alguien que domina el lenguaje y las palabras, difícil de pillarle en renuncio, escribe bien. El problema es cuando lo ensortijado termina por estrangularle y la cosa no avanza rizando el rizo del arabesco lingüístico pedante y se encandila en la borrachera de metáforas hasta la desesperación. Las metáforas las carga el diablo y las páginas abarrotadas de “comos” se convierten en una retahíla de ocurrencias sin más emoción que averiguar cual será la siguiente semejanza estrafalaria con la que nos disparará el autor en su verborrea desbocada.
No me gustan mucho las novelas históricas, es verdad, quizá porque no he tenido la suerte de encontrarme en el camino con buenos personajes históricos (no del mío ubicados en otros tiempos, que no es lo mismo). En esta amalgama de páginas encuadernadas (me cuesta llamarlo novela) el autor nos cuenta una historia que pasa en la Rusia de la división azul como podría pasar en cualquier otro sitio, los personajes no son históricos sino puestos allí, en la historia, en una especie de atrezzo sin razón.
“Te hallara la muerte” se compone de varias partes: antes de alistarse, en Rusia y a su vuelta. No destripo el libro que para eso ya está la reseña de la cubierta (incluso el título…mandan guebos). Parece como si tuviera escritas varias novelas y por una decisión del editor (o de algún fabricante de papel, el libro tiene 700 paginas) las hubiera pegado a la fuerza con una mixtura de mortero palabrero con la única finalidad de rellenar las junturas que deja la desconexión del argumento.
Los personajes no tienen una continuidad de comportamiento ni de carácter, van dando saltos en su pensar y no identificas al de una parte con el de la siguiente. Lo peor a mi modo de ver, es lo de sacarse personajes de la chistera. Es decir, quien tiene un papel de figurante durante 400 paginas y no sabes ni quien es, ni casi como se llama, de repente asume un papel protagonista y tienes que volver para ver si realmente era tan importante cien páginas atrás.
Lo de la moraleja política de los dos franquismos: el tecnócrata y el falangista queda un poco pinturero y de esterotipo y hasta un poquito empalagoso,durante toda la novela. Sobre esto escribe de manera cruel (…y muy bien) Embajador en el infierno un blog que me gusta bastante. Y si os interesa este tema (y contado en serio) os recomiendo que os leáis a mi profe de político Manuel Ramírez España 1939-1975 régimen político e ideología es un libro pequeño, apasionante pero intenso en el buen sentido.
En fin que casi me da miedo releer alguna página de La tempestad o de La vida invisible, por si se me rompe, ya que ese libro lo guardo en la balda de mis lecturas favoritas. Quizá, pienso ahora, porque no solo sea la balda de mis lecturas, sino también la de los recuerdos de mis lecturas y empiezo a pensar que en ella están, no solo los libros sino al mismo tiempo, los recuerdos de los momentos en los que los leí, allí, pegados a las páginas. Me da miedo, porque aquel libro, La vida invisible, me gustó mucho y en su trama no se veían las costuras de un traje hecho de varias piezas como en este. También la tempestad (que ganó el planeta) me gustó. Pero Me hallara la muerte no, ni de coña.
No os lo leáis.

miércoles, 12 de junio de 2013

Todo lo que era solido. Muñoz Molina. Excusatio non petita…

Lo primero que hay que decir es que el libro está muy bien escrito (lo que hoy día no es decir poco). Es cierto, como comentaba ND, que en algunos puntos recuerda a Enric Gonzalez en Historias de NY entremezclando opiniones políticas con recuerdos y vivencias personales de un Nueva York que les encanta y del que se pegan medio libro buscando argumentos para hacerlo acorde a sus ideas (cosa obviamente imposible).
Pero matices aparte, las opiniones se van desenvolviendo suavemente, con corrección, una detrás de la otra y con una tierna añoranza a los tiempos de la transición.Yo creo que AMM muestra el desengaño de los cincuentones que está uniendo a gentes de ideologías diversas pero coincidentes en la necesidad de mandar a la mierda a la mediocridad política que nos gobierna. Y de eso fundamentalmente va el libro.todo-lo-que-era-solido-9788432215445
Pero eso es complicado amigos, ya os lo digo ¿Cómo convencer a las elites que están ganando una pasta gansa en la empresa privada a tomar las riendas cobrando la mitad y compartiendo escaño con trepillas iletrados de partido que les van a hacer la vida imposible? Hasta hace poco, el decir que en los altos puestos políticos debían estar los mejores, y decir que ahora están asaltados por mediocres (descamisaos o niños pijos de gaviota, me da igual) quedaba de elitista conservador, parece que ahora que lo dice Muñoz Molina queda un poco menos mal. Pero en eso estábamos y en eso estamos.
En fin que no sé porque el libro suena a constante excusa no pedida como diciendo “Escuchadme amigos, que yo no soy de ellos eh? que yo no soy de los de la ceja, que no todos los que hemos cobrado de El País somos coparticipes de esta tropelía en la que vivimos. Todos los de derechas son malvados de derechas, pero los de izquierdas no necesariamente somos abobados progresistas de ZP, que lo sepáis”
El libro me ha gustado mucho (se lo agradezco a los gafotas que me han empujado a leerlo), está muy bien escrito, se lee rápido, aunque te deja una acidez de estomago de esas que no cura el omeprazol. No obstante, no sé si os ha pasado igual, al final tienes la impresión de que te impacta más por quien lo dice que por lo que dice… y eso que dice mucho y bien. He ido apuntando 30 notas y no puedo estar más de acuerdo, os las enumero:


  • La nostalgia de un tiempo de posibilidade que nadie supo apreciar
  • Un tiempo de dinero y pelotazos
  • Los “profesionales de la política” contra los “profesionales en la política”
  • Las “ilegalidades legales” o cómo desactivar los mecanismo de control
  • La invasión de la administración y sus cargos medios por la mediocridad política
  • Los entes vampiros satélites de la administración y la desadministrativización
  • La política basada en las inauguraciones
  • La administración que paga más de lo que es oportuno y revienta los precios
  • Opio: Iglesia, fiesta, folklore y deporte
  • Patriotismo, nacionalismo, localismo y victimismo
  • La desfiguración de la historia para conseguir su uso narcisista por los pueblos
  • El menosprecio de la tibieza política ¡Hay que machacar al enemigo!
  • La definición política basada en dejar claro contra quien estás. Mi enemigo me define
  • La política del evento y la palabrería de tertulia
  • El periodismo de partido
  • La penalización de la discrepancia interna, la disidencia está mal vista
  • Los que critican internamente son unos aguafiestas y unos pagados del enemigo
  • El mal vicio de leer periódicos antiguos
  • La movilidad geográfica: La critica a los que se van
  • ¿Cómo nos ven los extranjeros?
  • Un comunista en su admirado Nueva York
  • 23F la noche en que se acallaron los ruidos de sables
  • Los derechos que se consideran consolidados pueden desaparecer de la noche a la mañana
  • La corrupción a nivel particular ¿Todos somos corruptos a nuestra escala?
  • El mito de la inercia de la normalidad. El mañana no está escrito podemos cambiarlo
  • Nuestra posición en el ranking de pobreza: No estamos entre los más ricos pero tampoco entre los más pobres.
  • Un poquito de autoestima por lo español.
  • Necesitamos un pacto basta de palabrería
  • Lo que cambio el 11M: El desprecio por los políticos como personas.
  • Responsabilidad personal, ciudadanía y disposición para llegar a acuerdos
    ALGUNAS PRECISIONES A MODO DE POSDATA
    Precisión 1 De Muñoz Molina he leído Invierno en Lisboa. Yo creo que intenté leerlo demasiado joven. No me gustó. He intentado leerme El Jinete Polaco unas seismil veces y me pasa igual que con Octubre Octubre de Sampedro, que se me hace bola en la página 100 y nada, que no puedo tragarlo. Sin embargo aprovecho este otrosi para recomendaros con entusiasmo un librito de este hombre que se llama Los misterios de Madrid el protagonista es Lorencito Quesada que ya sale en el Jinete y que es un personaje entrañable que juega a policía. Muuuuuuy bueno y muuuuy desconocido. Plenilunio me acuerdo ahora que también me gustó.
    Precisión 2 Señor Muñoz Molina, ya sé que no es necesario saber derecho, incluso créame en muchos casos es recomendable no saberlo. Pero Vd patina en la cita del Estatuto de Aragón de la pagina 90. La alusión al derecho foral aragonés no es una reminiscencia onírica a mitos medievales sino la alusión a unos de los pilares democráticos (derechos fundamentales) más importantes del constitucionalismo español moderno. El fuero de Jaca como primer paso de los derechos de ciudadanía (que Vd propugna en otra parte), el “nos que valemos tanto como vos” frente a la dinastía, la sacrosanta reverencia a los pactos y los acuerdos resumidos en el “pacta sunt servanda”… en fin que se equivoca de cabo a rabo cuando equipara el derecho foral aragonés a la verborrea narcisista del nacionalismo basada en sentimientos y creencias ancestrales.
    Precisión 3 Pagina 78 “No tengo nada contra el nacionalismo igual que no tengo nada contra la religión. Allá cada cual con sus creencias. Tan solo prefiero que las leyes me protejan para que los partidarios de cada una de ellas no tengan la potestad de imponérmelas” Y en esta frase querido Antonio, te traiciona el subconsciente de tu derecho natural imperativo (o sea igual que el cristianismo que denostas). Las leyes no son una entelequia contra el asalto de las creencias, sino que son el resultado de ellas, es decir o admitimos que una mayoría de idiotas pueden imponernos unas leyes idiotas o nos creemos titulares de unos derechos por encima de las leyes que ninguna democracia nos puede arrebatar. La democracia tiene ese punto débil y aun así la prefiero por encima de los defensores de los “sólidos” derechos inexpugnables. Prefiero que me gobierne una mayoría de idiotas a un dictador con razón. Algo comentaba hace tiempo el amigo Viveiro sobre Aristocracia y democracia.
    Precisión 4 Echo de menos algunas alusiones. ¿Por qué no habla de la oligarquía artística y cultural de este país en los últimos años, esa oligarquía que veta,engulle y monopoliza toda subvención que se mueve en torno a la cultura y que esta amparada por “institutos” públicos y medios de comunicación? ¿Por qué no habla de determinadas regiones que han hecho de la subvención un modo de vida, con subvenciones específicas para una determinada parte del país excluyendo a otras, eso también es nacionalismo PER-done que se lo diga.

    Tengo alguna más pero lo dejamos aquí.
  • jueves, 17 de enero de 2013

    El animal moribundo. Philip Roth El polvo y el tiempo

    Como de costumbre, siento cierto reparo en comentar cuando un libro traducido es bueno o malo, ya que nunca sé si hablo del escritor o del traductor. Quizá por eso es raro que, como en este caso, comente libros de autores extranjeros. philip
    Al Animal moribundo, llegué porque mis admirados amigos del club de los gafotas tuitearon que tenía poco más de cien páginas y como ya sabéis que las mil doscientas páginas, es mas o menos el rito iniciático de los gafotas; aproveché este relajo en el rigor, para echar instancia al gafotismo de una manera facilona. Así que, sin más dilación, me puse a leer el librico y la verdad, me lo zampé en dos sentadas.
    Tras leer las sabias críticas de los titulares del club podemos decir como resumen que lo han visto como “sordido”, “desordenado”, “sexo insipido” y personaje odioso… !! pa que narices lo elegisteis entonces majetes!!!... +
    veamos lo que pienso yo:
    1-.La sordidez: Sostienen mis amigos  que es un libro sórdido, ND lo explicita en una cita menstrual. Yo creo que lo sórdido está en la poca gracia de cómo lo cuenta Roth, la misma escena en Cuando la noche obliga de Montero Glez (recientemente comentado) toma unos rasgos poéticos que gusta incluso a un chico recatado y de colegio opusiano como yo.
    2-.Desorden: El libro es un monologo y los monólogos tienen o deben tener, el arte de contar de una manera desordenada y al final dar sentido a la historia, y eso no es fácil… Sin darle muchas vueltas se me ocurren Cinco horas con Mario, El último encuentro de Sandor Marai o la virgen de los sicarios tantas veces citada aquí, como ejemplos de monologos y diatribas exitosos. El problema es que en el Animal moribundo el núcleo argumental tiene poquica sustancia y entonces el tempo del libro se hace cansino, pero es porque está mal escrito, no solo por lo desordenado.
    3-.Sexo soso Llegados a este punto me viene a la cabeza la frase de mi tio el libanés “estamos tan acostumbrados a hacer de todo que ya no nos sorprendemos de nada” y me viene, porque escribir de sexo muchas páginas y de manera original lo veo complicadísimo (otra cosa es un polvete suelto al hilo del guión que es mas fácil), me cuesta recordar un libro monosexuado que me haya gustado…quizás Anais Nin y “Delta de Venus” pero poquico más. El animal moribundo en algunos casos tiene pinta de una biografía a través del polvo…hay gente que escribe la biografía a través de los libros que ha leído, de películas que ha visto o los viajes que recuerda pues aquí es una biografía a través de los polvos que ha echado.“No importa cuánto sepas, no importa cuánto pienses, no importa cuánto maquines, finjas y planees, no estás por encima del sexo. Es un juego muy arriesgado. Uno no tendría dos tercios de los problemas que tiene si no corriera el albur de la jodienda. El sexo es lo que desordena nuestras vidas normalmente ordenadas”.
    4-.El odioso personaje. En este punto no dejo de acordarme de mi amigo el periodista deportivo Bascombe (debe ser también por que la gafotas Bich, lo ha venido citando durante todo este tiempo). Gente sin compromiso y que solo habla con los vecinos por encima del seto. te faltaron redaños para permanecer en el mundo académico y ser una persona seria. No has sido serio ni un solo día de tu vida. Sin embargo Bascombe, con todo lo cretino y superficial que es, casi nunca adopta ínfulas de trascendente… en tanto que el aguelete este, dicta cátedra desde su púlpito del sesenta y nueve (entiendase año y no postura). Y enlazo aquí con lo que a mi entender es el verdadero núcleo del libro
    5-.El mito del sesenta y nueve y su revolución. Si la primera parte del siglo XX giró en torno a la palito palito guerra mundial, la segunda ha girado, en mi opinión, en torno al mito del 69 y de la generación que presuntamente la lideró para salvarnos.-En el otro lado están  los que la han (hemos) despellejado como una de las farsas contemporáneas más grandilocuentes. Intentaba excusarte, intentaba comprenderte. Pero ¿los años sesenta? Aquella explosión de infantilismo, aquella regresión colectiva vulgar e insensata… ¿y eso lo explica y excusa todo? ¿No se te ocurre una coartada mejor?
    Son esos defensores del 69 los que adoptan una posición de superioridad con sus padres y al mismo tiempo un desprecio hacia sus hijos…ellos son guardianes de la vida libertaria y los demás son todos unos idiotas y conservadores… ¿También tú necesitas el sermón sobre el infantilismo del emparejamiento? Pues claro que es infantil. La vida familiar lo es, hoy más que nunca, cuando la actitud vital la crean en gran parte los hijos. Incluso es peor cuando no hay hijos. La vida de pareja y la vida familiar hacen que aflore cuanto hay de infantil en cada uno de los involucrados. ¿Por qué tienen que dormir en la misma cama una noche tras otra? ¿Por qué tienen que hablarse por teléfono cinco veces al día? ¿Por qué han de estar siempre juntos? La deferencia forzada es ciertamente infantil.
    6-.El paso del tiempo. Este es a mi modo de ver, la mejor reflexión que saco del libro: el tiempo. Ese tiempo que corre de manera distinta para los que están en estados Unidos y los que están en la isla; el tiempo que corre distinto para los jóvenes que para los viejos, los polvos de juventud y los polvos de la edad tardía, la alteración del tiempo del que sabe que va a morir por enfermedad y el que se va viendo envejecer. Esa bronca que le echa a su hijo por desaprovechar su tiempo, el tiempo del joder libertario y sin compromiso.
    Estamos nadando, sumergidos en el tiempo, hasta que al final nos ahogamos y desaparecemos. Esta nadería convertida en un gran acontecimiento, mientras Consuelo está aquí y padece el mayor acontecimiento de su vida. El Gran Final, aunque nadie sabe el final de qué, si es algo, y desde luego nadie sabe qué es lo que comienza.
    Sólo Consuelo lo sabe, porque ahora Consuelo conoce la herida de la edad. Envejecer es inimaginable excepto para quien envejece, pero esto ya no es así para Consuelo. Ella no mide ya el tiempo como los jóvenes, mirando atrás, al punto de partida. El tiempo para los jóvenes siempre está constituido por lo pasado, pero en el caso de Consuelo el tiempo es ahora el futuro que le queda, y ella no cree tener ninguno. Ahora mide el tiempo contando hacia delante, contando el tiempo por la proximidad de la muerte. La ilusión se ha roto, la ilusión metronómica, el pensamiento consolador de que, tictac, todo sucede a su debido tiempo. Su sentido del tiempo es ahora el mismo que yo tengo, acelerado e incluso más desesperanzado que el mío. De hecho, se me ha adelantado. Porque yo aún puedo decirme: «No voy a morir durante cinco años, tal vez diez años. Estoy en forma, me siento bien, incluso podría vivir veinte más», mientras que ella…
    El cuento de hadas más encantador de la infancia es el de que todo sucede en orden. Tus abuelos se van mucho antes que tus padres y éstos mucho antes que tú. Si tienes suerte, las cosas pueden salirte así, la gente envejeciendo y muriendo en orden, de modo que en el funeral mitigas tu dolor pensando que esa persona ha tenido una larga vida. Ese pensamiento no hace que la extinción sea menos monstruosa, pero es el truco que empleamos para conservar intacta la ilusión metronómica y tener a raya la tortura del tiempo:
    Fuera cual fuese el motivo, él no gastará un centavo en ello. No dedicará un minuto a pensar en ello. ¿Por qué habría de interesarse Castro, el revolucionario, por un festejo que nos da la sensación de que comprendemos algo que no comprendemos? El paso del tiempo.
    7-.Resumiendo:
    a) Roth usa una biografia con polvos como hitos, “mi biografia a través de la jodienda” para contar otras cosas, pero lo cuenta mal, lento, el sexo resulta soso y con unas pretensiones de transgresión y de sordidez que a mi entender en ningún momento alcanza el más mínimo interés y están más cerca de la cutrez.
    b) Es interesante esa lucha generacional entre padre y el hijo, ¿cómo no? a través de una comparativa ridícula de quien folla más satisfactoriamente y quien le ha puesto a su mujer los cuernos con más gracia. Pero bueno, es salvable ver como el hijo apalea a esos estandartes de la revolución sexual del padre que decaen al pozo de lo ridiculo. Y como a su vez el padre machaca al hijo con esa manera pusilanime y culpable de liberarse del matrimonio.
    c) A mi la última parte si que me ha gustado, esa posición del último de la fila que va cambiando a lo largo del libro. Ese Castro que no muere antes que sus opositores, esa joven que no muere antes que los viejos, el querer aferrarse a la memoria para no olvidar como era antes su cuerpo. El querer aferrarse al fornicio para no reconocer el envejecimiento, la renuncia a cualquier compromiso que le ate al discurrir del tiempo.

    miércoles, 9 de enero de 2013

    Montero Glez Cuando la noche obliga. Un chupito del mejor güisqui a palo seco.


    Hay un momento de despiste en el que entra una mano
    seca,dura,irrebatible
    al rostro...
    el boxeador va hacia atrás123918073_amazoncom-cuando-la-noche-obliga-when-the-night-
    sin saber siquiera por donde le ha entrado
    desarma la guardia
    y tras la primera, una tras otra
    le van lloviendo una serie de golpes seguidos
    que le dejan grogui en la lona.
    Eso me ha pasado en la biblio
    cuando perdiendo el tiempo
    antes de buscar a los críos
    he abierto y leído las primeras páginas de
    Cuando la noche obliga
    de Montero Glez
    Empezar diciendo que Cuando la noche obliga de Montero Glez es un libro difícil de leer, aunque sea cierto, es una pedantería fuera de tono; como si os dijera que yo soy muy listo porque lo he leído y me ha gustado muchísimo (pero muchísimo) y como si insultara a todos los que no les ha gustado.
    Pero es que es cierto: estamos hablando de otra cosa, es cierto que estamos demasiado acostumbrados a un modo lineal de contar historias, quizá porque eso nos permite despistarnos y dejar la cabeza leer en inercia y es cierto también que así no hay manera de leer a Montero Glez. Este libro se lee de noche y se degusta en soledad, con una copa cargada de alcohol y recuerdos de polvos pecaminosos. (Y si no los ha tenido, haga como Luisardo invénteselos, pichita)
    Hasta ahora, Conversación en la catedral o La fiesta del chivo eran mis genialidades en desordenado favoritas, incluso Mazurca para dos muertos de Cela; Fernando Vallejo también vomita frases rasgadas, agolpadas y contundentes en la Virgen de los Sicarios, o Cabrera Infante de una manera más merengosa en Habana para un infante difunto. En algunas reseñas que he leído se habla de Bukowski, pero yo creo que no… tampoco es el estilo pestilente (y genial) de Ray Pollock…porque en Montero hay poesía, mucha poesía, palabras elegidas para darte en el rostro con violencia y al mismo tiempo acariciarte con la palma de la dulzura …comento esto no para parecer el más gafotas de los gafotas sino para pintaros o intentar pintaros como escribe Montero Glez, que por peculiar es de lo más distinto que he leído hace mucho.
    Cada frase es un chupito de burbon o absenta a palo seco que te abrasa la garganta y al tiempo, te endulza el corazón y las frustraciones. Describe polvos sórdidos de puticlub, con la fuerza de cada palabra descarnada y al mismo tiempo con la misma erótica acaramelada que describiría a dos amantes follando en la playa al atardecer.
    Cada frase se pinta en escorzo, el argumento se va inventando sobre la marcha, porque el libro es una conversación entre dos cuentistas, dos mentirosos compulsivos que no dudan en echar mano de la inventiva cuando la realidad no les gusta. Es como esas historias al alimón en el que uno dice una frase y el otro sigue el hilo tomando la vez y así sucesivamente.
    Cuando la noche obliga es una novela negra, de muertes, de putas, de asesinos a sueldo, de burdeles de carretera y bujarras sodomizados por moritos descapullados; persecuciones, perseguidos, felaciones baratas y chantajes onerosos. Pero también de sueños relanzados por el viento de Tarifa y los cafes de lo viejo en Madrid.
    Con Montero Glez se descubre un nuevo idioma, un idioma que estás seguro que nunca llegaras a  poder practicar, un idioma sin complejos ni concesiones al despiste o la indiferencia. Es un libro que al terminar, te deja sentado en el rincón con la cara magullada, sangrando por las narices pero con una estúpida sonrisa en la boca como diciendo !!Pero como escribe este hijoputa!!

    PS-. Post sobre Polvora negra de Montero Glez