miércoles, 10 de abril de 2019

Dolor y Gloria, Opinión fanática de la nueva peli de Almodóvar


Almodóvar me gana por la estética, por la imagen, por el encuadre, por la forma, por el simetrismo y los colores, por cada cosa en su sitio exacto con ese sello tan personal, por saber poner la cámara tan cerca que se mete dentro, por saber ganarse las miradas de los actores y actrices recitando vidas y escondiendo secretos. Por todo ello. Pero en esta historia (como en otras muchas, no todas) también me ha ganado por el fondo y la estructura.
Un juego de distintos planos y distintas capas de su vida que se entrelazan en un guion magistral. Quizá hay un momento en el que pierde el tempo narrativo atrapado en las drogas, pero enseguida lo recupera.
Primero la narración excelente de la infancia con un olor a ropa blanca y lavanda, teñida de pobreza y tristeza, en unas postales que durante toda la cinta pensé que eran de película italiana, con una Penelope a la que de habitual soporto con dificultad (excepto en jamón jamón) y que sin embargo en este caso remite a la belleza de la Sofia Loren en Dos mujeres de deSica puffffffffff. Esta unión estética me parecía uno de mis habituales onanismos mentales hasta que para la conclusión de esta historia elige una música italiana (Come sintonia de Mina), momento en el que casi me levanto a aplaudir en medio del cine. 
La segunda cuestión a la que me remite la película es al dolor, el dolor entendido como ese atajo para encontrarse con el yo de cada uno en su esencia, el momento de saberse en el pliegue de la existencia sin quererlo admitir, el cajón de las consecuencias y los excesos del primer tramo de vida al que llamamos juventud. Quizá porque me lo acabo de leer, pero el libro Clavícula de Marta Sanz me ha venido a la cabeza hablando de lo mismo. (por cierto libro que me ha gustado poco o nada). Tus dolores son tu historia y Almodovar cuenta su vida a través de sus dolores, sus adicciones y sus miedos. (mi yo hipocondriaco de nuevo monopolizando mis opiniones). La manera en la que lo cuenta es peculiar mezclando primeros planos personales con imágenes y murales de pop-art. Bordea el exceso, pero es que, si no, no sería Almodóvar.
El tercer momento es el de la soledad. La soledad que, como con el dolor del anterior párrafo, también se expone como consecuencia. Esa soledad injusta con los que se tiene cerca y que sin embargo busca teléfonos de amores viejos en las agendas olvidadas. Esa búsqueda de reencuentros añejos trufados por el recuerdo y el azar: el azar de ver el cartel de una obra de teatro que te hace entrar, de un retrato perdido, el azar del reencuentro inesperado, el azar de la memoria caprichosa que une presentes y pasados en el tamiz tramposo y torticero de solo recordar lo mejor de lo malo de entonces. Y sobre todo la soledad de la fama mal digerida, que como al propio Almodovar le lleva a ser esclavo de la caricatura de su propia publicidad.
La estructura es una caja de zapatos usada como caja de recuerdos. Van saliendo fotografías, el rosario de cuentas derogadas, el huevo de zurcir; la inexistencia paterna, la sobreexistencia materna, el primer descubrimiento de la homosexualidad. Las acuarelas de la infancia, las viejas historias de amor que alguien se niega a cerrar, los rencores sin vendaje y las banderas rotas y ajadas que nunca llegaron a ondear. Todo uno dentro de lo otro. La historia descubierta en el boceto de una obra sin terminar, la obra que incluye a los personajes de un pasado por indagar, que a su vez se representa en el presente aludiendo a la infancia que se cuenta y todo ello que se encaja en el rodaje de la nueva película en el andén que le insufla nuevas ganas de vivir al protagonista recuperado y cansado de la historia.

Banderas está estupendo imitando gestos y poses del director, Asier Etxeandia sensacional actuando en una homosexualidad no estridente y al mismo tiempo creíble y actuando de actor que me parece de una dificultad de nivel superior. Difícil es actuar bien, pero más difícil es actuar actuando como si actuaras regular. (la nuera de la consuelo aporta un puffffffff propio a Asier Etxeandia) y finalmente el papel corto e intenso de Leonardo Sbaraglia (que pueden apuntar a mi lista de “señoresquemeatraen”). Ya he comentado que Penelope está muy bien dentro de su aparatosidad habitual que me supera. Quizá la madre de mayor, interpretada por julieta serrano rebaja el papelón de Penelope; pero lo mas seguro es que la culpa sea mía porque esta señora me llega de siempre tirando a poquico. Y en un papel segundón más que digno Nora Navas.
Los detractores del manchego dirán que siempre hace lo mismo, que se recrea en sus filias, que es insoportable el divismo egocéntrico que acompaña a la distribución de sus películas y que sus guiones a veces aparecen mordidos por su emborrachamiento de forma, pero a mi, qué queréis que os diga: me encanta. Y en esta película Dolor y Gloria especialmente.


miércoles, 3 de abril de 2019

He saludado en persona a Luis Sepulveda, mi autor favorito.


Luis Sepúlveda tiene la cabeza llena de cuentos, le rebosan sin aliviadero, le salen tan a borbotones que no escucha, y vuelca sin mesura historias de su infancia, de su país, de sus libros que lo inundan todo adueñándose de su discurso sin más orden lógico que la narración pura.
Nos cuenta la historia de los hermanos Arencibia que fueron sus primeros editores y de como creían que el peor defecto de un escritor era regalar sus libros y por eso le adelantaron la publicación de sus "malos" poemas de “crepúsculo de tristeza” a cambio de que cuando los vendiera retornara a saldar la deuda.

Nos habla de la asignatura de historia del arte, que era una asignatura que solo servía para cuadrar medias y a la que solo asistían cuatro gatos para escuchar a un viejo profesor enjuto y tedioso que nada aportaba. Hasta que cambiaron de profesora, una exultante y bella señorita recién egresada, (que como la maestra de brassens, esto lo digo yo) atrajo a su clase a los púberes despistados como la abeja al panal. Contaba el maestro Sepulveda, esta tarde en la DPZ, que en aquella clase tenía un colega comerciante por naturaleza (vendía desde bolis hasta chuletas) que no tuvo mejor ocurrencia que ofrecerle un próspero negocio: tú Sepúlveda, que sabes escribir muy bien, me tienes que perpetrar una narración subidita de tono con la profesora Camacho de protagonista y yo te daré una parte de lo que saque. Así que ahí vemos al jovencito Sepulveda empapándose de literatura promiscua para dignificar un relato que tuviera como protagonista a la profe, con el avieso fin de ir arrendando el texto a los compas para facilitarles sus poluciones a cambio de unos escudos. Enterado de la tropelía el director del centro, llamo al joven Sepulveda y dado su carácter benefactor le ofreció saldar su pena de expulsión a cambio de trabajos a la comunidad materializados en trabajar para la radio local escribiendo guiones sin cobrar un duro (digo un escudo) ya que las propinas de su literario oficio irían destinados al liceo que regentaba el buen director. (nada se sabe si la profesora jamona participó en la plusvalía del reconvertido negocio o que hizo el director con los textos confiscados). La cosa, sigue don Luis, es que se vio obligado a una literatura por encargo (me recuerda a Gonzalez Ledesma escribiendo policiacas para pagarse el insti)  a lo que mi venerado escritor achaca el que se le “soltara la mano” (en este caso la literaria no la onanista) y escribiera a granel inspirado en nuestra Corin Tellado alcanzando el tono de escritor que solo la cantidad facilita antes de lograr la calidad.
Pues cosas así de divertidas ha contado esta tarde mi adorado Luis Sepulveda en el excelente ciclo Conversaciones con el autor que organiza la diputación provincial de mi pueblo y que me tiene como uno de sus fieles seguidores. De poco serviría decir que no ha contestado absolutamente a nada de lo que le han preguntado los moderadores, de poco que ha mezclado política con retórica y libros con paisajes en un hermoso caos sin orden ni concierto; de poco que he seguido su intervención bobiplático dijera lo que dijera y de mucho menos que casi no he podido articular palabra cuando al finalizar la exposición me he acercado a saludarle y a pedirle que me firme La sombra de lo que fuimos mi libro favorito de los suyos. (Y después me rio de mi pequeño churumbel cuando se atora al pedirle hacerse una foto a algún futbolista).

Otros post sobre Luis Sepulveda en este blog: 

miércoles, 20 de marzo de 2019

Aires cotidianos

Seguimos andando por el proceloso mundo
de la insignificancia.
Vadeamos corrientes y rios sin agua
con la esperanza torticera
de llegar a la otra orilla
que no es sino la misma en inverso
de ésta que habitamos.

A veces la calma,
a veces ese viento súbito y borrascoso
disfrazado de galerna;
a veces el cierzo del noroeste
que hiela el alma y empuja los dias.
A veces nada.





viernes, 15 de marzo de 2019

Foro colaborativo y participativo para la defensa del bien común


Hace unos años fui a una junta del barrio donde se había convocado una clásica mesa institucional para debatir de los problemas del nuevo urbanismo en mi calle. La disposición era la de una mesa presidencial con cinco puestos todos con sus papeles ordenados y logueados y abajo unas cuarenta sillas a modo de teatro. Arriba estaba un concejal de barrio o algo así, el presidente de los comerciantes que tiene una ferretería, un abuelo de la asociación de jubilados, la presentadora, y un zagal joven con jersey de Lacoste y pitas del PP. En las cuarenta sillas a penas había ocho personas: la administrativa de la asociación que le habían obligado a ir y que venía con su novio intuyo que para hacer bulto, dos chavales de la peña que querían pedir un nuevo local, el charcutero que representaba a los del mercadillo contrario a la asociación de comerciantes y una señora que había ido a devolver un libro a la biblioteca y sin querer se había metido en la sala sin saber el para qué.

La cosa es que hace unos días, más por obligación que por devoción, asistí a un Foro participativo y colaborativo para la definición de los presupuestos para el bien común del barrio (o algo así). Donde estábamos llamados todos los ciudadanos y ciudadanas para romper el monopolio representativo de la casta privilegiada de representantes del barrio. Ya no había mesa presidencial y las sillas estaban dispuestas en forma de circulo (lo que hacia que la gente dejara los papeles en el suelo desperdigados y de malas maneras). Había de pie tres chicas con pantalones bombachos que luego me enteré de que eran las dinamizadoras contratadas como expertas en metaplan que nos repartieron rotuladores y post it. 

Reconocí a mi amigo el charcutero, al del jersey ahora más mayor y con una carpeta naranja con una C, al ferretero que seguía presidiendo la asociación de comerciantes, un abuelico un poco más desmejorado que el de la última vez (la gripe de este año ha sido una putada), el chico que me dijeron que era el nuevo presidente de la peña, tres jóvenes que por el grado de confraternización con las de los bombachos intuyo eran sus parejas o parejos y ya se me calló el alma a los pies cuando entró una señora preguntando si era el curso de Personajes Ilustres y la hicieron sentar diciéndole que sí. 

Hicieron por supuesto una foto (todos tenemos que presentar memorias) y empezaron comentando que era un logro para el barrio que por fin se les diera voz a todas y todos los ciudadanos y ciudadanas y que se permitiera que el barrio expresara por fin su voz directamente y sin intermediarios.

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