lunes, 28 de septiembre de 2026

SUR de Antonio Soler Opinión y Crítica. Sensacional novela de lo urbano y lo humano

Coinciden las reseñas en que en Sur de Antonio Soler se mezclan entrelazadas distintos estilos e historias diferentes, yo creo sin embargo que todo es lo mismo: como si fuera la misma ciudad vista desde distintos balcones. Como el vocerío en día de mercado en donde convive lo fino y lo rudo; lo nuevo y lo viejo. Círculos concéntricos, algunos secantes, otros inconexos, pero todos persistentes y deliciosos. Sur, en mi opinión, es una obra maestra.

Manual de instrucciones para la lectura: hay que ir siempre hacia delante, sin demasiados retrocesos, si ahora te pierdes con algún personaje, no te preocupes ya volverá, tu sigue leyendo adéntrate en el sentido desde el conjunto complejo más que desde argumentos sumatorios. Disfruta de cada página del español escrito con sabiduría y finura, una maravilla.

Tienes que resistir la tentación de volver, para saber quién es quién de los 150 personajes que aparecen, porque todos son el mismo. Sus referencias, sus voces, sus sueños, sus fracasos, sus expectativas todos son un cóctel delicioso literario donde resulta irrelevante cuáles son sus ingredientes y en qué proporción concurren sino el resultado final. Da igual que olvides nombres y rasgos, lo más importante es que la vorágine no te eclipse el sosiego, saborear cada frase escrita con mimo, el párrafo largo que se desdobla, el mundillo en el que se teje con distintos colores, con distintos hablares, la misma labor.

No busques los enlaces que encaminen al estruendo final, no lo habrá. Esto no es un hormiguero donde el sistema enlaza individuos, aquí las vidas van cada una por su parte, coincidiendo en un mismo campo de juego o no. Lo que enlaza es el sentido (o sinsentido) de las vidas, de la vida buscando sentido y rara vez encontrándolo. La ciudad con sus convergencias y divergencias y sobre todo la decadencia, la ciudad decadente, la moral inmoral y la búsqueda de sueños que se agazapan por igual entre los ricos y los pobres, entre el chalet de niños bien y el narcopiso. La decadencia a todos los niveles en este tiempo de soledades urbanas y frustración.

Dinero, afán, sexo decadente en todo tipo de formas y posturas, vidas que aunque quieren escapar siempre toman el tren de regreso a su inmundicia, digo a su riqueza. Una extraña telaraña de sexo envuelve la novela, todo está sexuado, de todas las maneras y posturas de una forma explícita o de una manera mal llevada y decadente. Excelentemente escrita, sin renuncias, dejando que el lector reconstruya los porqués pornográficos en coherencia con cada personaje. Esos personajes que se buscan, pero rara vez se encuentran, se miran, pero rara vez se descubren, se follan pero rara vez se quieren.

Es la historia de una sociedad, de una época, de una ciudad que aquí parece ser Málaga, pero podría replicarse en otras muchas sin mar. Y yo que hasta ahora siempre imaginaba Málaga como un poema de Alcántara.

Leéroslo, que gran autor Antonio Soler. Me leí hace mil años El camino de los ingleses que recordaba muy bien pero sin darme la memoria para detallar matices. Y en ese afán último por leer novelas de listas de grandes obras contemporáneas en español caí en esta genialidad. Después y casi sin sacarla me he tragado Asesinos y apóstoles sobre la Barcelona anarquista de los años 20 que sin llegar a Sur, también me ha encantado. Seguiré con el autor.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Comeras flores Lucia Solla Sobral Opinión y crítica. Buen estilo pero todo muy predecible

En cada etapa de la vida se ven las relaciones a su manera; los años nos ponen las gafas de colores que en cada momento tocan dictando necesidades y deseos distintos en una relación. La misma situación se ve diferente según edad y, por más que nos empeñemos en ver lo mismo, se ve de otra manera: las gafas de los cincuenta nada tienen que ver con las de los treinta y cinco. Comerás Flores quiere hacer posible lo imposible con unos personajes blandos y superficiales.

Me parecen personajes idiotas , deslocalizados, personajes inmersos en mundos aislados que como presos entre rejas buscan infructuosamente la manera de comunicar con la celda de al lado. No me ha gustado y eso que la escritora escribe muy bien, a ráfagas como un continuo sin comas, un estilo propio que promete cosas mayores, pero lamentablemente a este libro le falta argumento.

La novela plantea una idea lírica y abierta: que el amor no es único ni normativo, sino que puede adoptar múltiples formas, rostros y edades (encarnarse en "mil amores distintos"). El lector espera una exploración profunda, quizás valiente o diferente, de una relación intergeneracional pero acaba en una previsible relación toxica y sin sentido y una dicotomía buenos malos tan evidente como poco fundamentada. Aun siendo una novela corta se hace larga y esperable.

Es bonito al comenzar con esa idea de que el amor se puede encarnar en mil amores distintos cada uno a su manera; sin embargo, todo queda en superficial. Esperamos la profundidad en la protagonista, pero cuando profundiza en el yo todavía es peor y pierde ligazón, convirtiéndose más una amalgama desordenada de impresiones que en una vivencia.

No es solo un amor de veintitantos (de ella) sino que además es una persona sin hacer. Nada que ver con la Mónica de Crematorio (la de la novela) que asume perfectamente la relación en la que se mete y su visión de la relación. Mónica en Crematorio es una mujer joven, sí, liada con un viejo, sí, pero con un pragmatismo feroz y actual. Mónica sabe perfectamente qué cartas juega Rubén Bertomeu (el constructor maduro) y qué cartas juega ella misma. No hay engaño ni sumisión invisible: hay un intercambio explícito de estatus, juventud, ambición y protección. Ella entra en la relación con los ojos abiertos, aceptando sus propios claroscuros morales. Su visión de la relación es madura dentro de su cinismo. Sin embargo, la Marina de “Comerás flores” no "asume" la relación, sino que es succionada a través del autoengaño y la manipulación sutil.

Demasiado bombo babeliano, demasiada cumbre en las listas para tan poca historia. Un muy buen estilo propio destacable de la escritora peor muy desaprovechado en una historia que suena a leída. Esperaremos a su siguiente.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Un dia volveré Juan Marsé Opinión y Crítica

Los niños de Marsé siempre sueñan y construyen realidades paralelas, se imaginan héroes que viajan a países lejanos, vengadores que regresan; los niños de Marsé buscan explicaciones a la realidad dura e inexplicable de postguerra, como antídoto contra la pobreza y la derrota en la que viven. Se inventan futuros confundidos con recuerdos en los templados y viejos recodos barceloneses de los cuarenta y de los cincuenta. Recrean y añoran viajantes, sueñan con duros boxeadores que retornen para hacer justicia.

Marsé construye con éxito historias de perdedores, novelas negras llenas de espacios grises y sepias. Malos muy malos, hijos de puta, castrados, depravados despreciables junto a mujeres hermosas y contundentes que se ganan la vida en la última fila de los cines de sesión continua. Un día volveré hace puente en este sentido con Si te dicen que caí o El embrujo de Shanghái.

Marsé habla de muchos y de todo; habla o así lo he entendido yo, de un país, y algún personaje, que quiere olvidar la tiranía sanguinaria de la que es responsable a traves de una monotonía vulgar, alcoholica y sesentera. Un país que anduvo  de la depravación al oprobio y que en una irremediable desmemoria prefiere vivir en un presente continuo carente de responsabilidad y lleno de vergüenza temerosa a que regresen los que se fueron.

“Algún día volveré” es un conflicto entre el olvido y el recuerdo con esa prosa precisa y preciosa que describe lo crudo de los tiempos de postguerra. Marsé dibuja la vida, tan igual y tan distinta de la lucha de clases, osea de cada una de las clases que pueblan el franquismo. No admite los héroes en ninguna de ellas y subraya lo decadente tanto de vencedores como de vencidos. Desmitificando esa idea de que los perdedores son siempre los buenos.

Como Vargas Llosa en Cinco esquinas aquí Marsé dibuja una burguesía barcelonesa despreciable en sus hábitos y creencias (no sé si distinta a la actual) en esa neutralidad indiferente ante la injusticia mientras les guarden sus privilegios. Pero, tambien hay que verlo, acusa a una izquierda falsaria; una izquierda que mezcla y disfraza de política la vulgar delincuencia, intentando revestir de lucha izquierdista lo que es egoísmo, traición y bellaquía. Ser perdedores no les convierte automáticamente en buenos ni en héroes.

Es siempre una delicia leer a Marsé mezclando su historia con las historias que cuentan sus personajes, esas historias recreadas los unos de lo otros; ese estilo esdrújulo y ensortijado de los contadores de aventis que resulta tan complejo y que quizás tan solo Montero Glez es capaz de intentar recrear hoy como heredero marseliano.

Leedlo, leed siempre a Marsé. Leed este lujo de novela negra e histórica en la mejor versión de lo histórico y siempre en ese dejar huecos a medio llenar propio de Marsé que confiere al lector la potestad de construir su final.

 

¿Hay alguien ahí? estoy de vuelta

Me asomo a la ventana. Desde fuera la luz juega con las sombras de la mañana y un resol madrugador despierta el día. Primero pongo las manos en el alfeizar, asomo el flequillo ¿Hay alguien ahí?

Después, poco a poco, saco la mirada en esa sensación tan habitual en la vida en la que pensamos que no te ven porque no les ves y me quedo avergonzando, como si volver fuera no haber estado nunca.

Parece que no hay nadie, lo último escrito se remonta al mes de marzo que hacía frontera con un mes de abril sin aguas mil, ni versos achubascados. Todo desprende una sensación de casa solariega abandonada, una recurrente sensación de desapego y un ansia mal disimulada de levedad.

Sopla un viento sin nombre, o mejor, de nombre desconocido porque todos los vientos tienen un nombre con el que reiniciar un escrito. Me encantan los nombres de cualquier aire: garbí, mistral, cierzo, marinada que parecen llevarnos a mares lejanos en un sur imaginario. Me encantan los nombres de los vientos y los olores como en los paisajes costeros, sugerentes y sedentarios de los libros de Pla. Hoy, por ejemplo, huele a septiembre, con ese viento terral postrero que entibia amaneceres en las playas desiertas antes que desperece la hojarasca que todo lo embrutece.

Duelen, todavía duelen, las cicatrices blandas de los arañazos del desasosiego, los insomnios sangrantes y fríos, la espiral hacia lo oscuro de antesdeayer; la ausencia de palabras, lo que se va sin dar tregua como lo hace el tiempo. Qué virtud la de no darse importancia, la dulce irrelevancia de la intrascendencia, qué virtud la del olvido sin rencor; qué miedo, sin embargo, dan las nubes tras la tormenta.

Me asomo a la ventana ya con la cabeza fuera, respirando fuerte ¿hay alguien ahí? y abro el cajón donde se acumulan papeles no publicados, cuentos sin personajes,  narraciones sin final, y me doy cuenta de que no han sido meses sin palabras sino de palabras expectantes en una espera acomplejada y escondida. Un semestre en el que el reinicio se ha pospuesto como se procrastinan las visitas desconocidas en el zaguan de espera cuando andas cansado. Leer solo leer de manera bulímica, leer para irse, leer para volar, leer para ocupar, leer para olvidar.

La premura en confusión con la importancia, los cuadernos de trabajo salteados de versos en los ladillos, las pantallas que se tragan los bosquejos a lápiz y una estúpida creencia de que dando mil vueltas salen mejores versos. Escribir tan solo escribir, una vez más como boya en mares inciertos. ¿Hay alguien ahí?