Juan Manuel de Prada es excesivo
y desbordante en su escribir; pródigo en adjetivos, pinturero en lo descriptivo
y certero en la ironía mordaz llevada al extremo. Esto hace, en mi opinión, que
su literatura camine muchas veces en el funambulismo de la genialidad pero que
en ocasiones caiga también al vacío irremediable de lo empalagoso e insufrible.
“Las máscaras del héroe” se
encuadra sin duda en la genialidad, una genialidad ocurrente, estudiada,
voluntariamente pedante (no me molesta la pedantería si está bien engarzada),
histórica en el mejor sentido de lo histórico (no esas novelas actuales
encajadas en la Historia) y divertida, sobre todo muy divertida.
Nos cuenta la bohemia literaria de
principio de siglo en Madrid desde la visión principal de dos personajes Pedro
Luis de Galvez y Fernando Navales, unidos, contrarios; más sinvergüenzas que
literatos; más muertos de hambre que triunfadores y a raíz de ellos gentes y
gentes que entran y salen de la novela sin parar.
Los unos son personajes reales,
los otros personajes exagerados, inventados o recreados y otros como en los
videojuegos (y en la vida) simplemente npcs es decir non player charácters que
van cumpliendo su papel de rellenar brillantemente la historia sin tomar en
apariencia papel alguno. (Me viene a la cabeza también la muy brillante Clarita
de Rosa Montero pero eso será otra historia, otra reseña y otro post).
Que nadie espere un libro de
historia, ni siquiera una novela historiada como la estupenda “Apóstoles y
asesinos” de Antonio Soler en la Barcelona anarquista de los años veinte que
acabo de leer, esto es otra cosa: ejercicio de literatura, amor a la literatura
o la vida literaria en si misma como en las crónicas umbralianas de la época de
la transición. Esas crónicas que unen la tertulia de intelectuales con juegos
de baja cama; asesinatos con polvetes adúlteros, políticos con aspiraciones
junto a caraduras y carteristas sin mendrugo que llevase a la tripa (suponiendo
que los unos y los otros no sean lo mismo) y elucubraciones, muchas
elucubraciones de magín para sobrevivir en la indigencia de unas vidas
sometidas a la tiranía silábica e indigente del soneto. Muchos personajes que
viven de la poesía y muchos más que viven del cuento.
De Prada es un autor irregular,
por aquí igual lo hemos elevado a los altares que le hemos puesto como chupa de
domine, este libro se encuentra para mi entre los geniales, si no el más
genial, lo que es curioso siendo uno de sus libros primeros. Me gustó mucho La
vida invisible, me horrorizó Te hallara la muerte y me lo pase muy bien con la
trilogía del personaje Ballesteros de La tempestad, Lucia la noche o Mirlo
blanco, cisne negro; sus históricos se me han hecho bola nada más empezar, pero
no por ello los descartó sino sencillamente que no he encontrado el momento
oportuno así que se aceptan recomendaciones.
Ya sabéis de mi promiscuidad de
leer varios libros a la vez. Este es un libro gordo, muy gordo pero que no
requiere de monogamia y puedes ir alternando sus capítulos con otras
apetencias. Igual que en los libros de Antonio Soler enterarte de todos los
miles de personajes que salen no te vas a enterar, por lo que lo mejor es
seguir hacia adelante y si luego te tienes que releer un capitulo entero pues
lo lees, volverás a disfrutar.
También está bien tener a mano la
Wikipedia (o cualquier IA que manejes) que te vaya complementando quienes
fueron los personajes históricos que caricaturiza magistralmente de Prada en la
novela. (Qué curioso que nombrar la Wikipedia se haya convertido ya casi en un
rasgo ochentero). De esta manera aprendes autores que no solo nuestra “pisada”
educación actual ignora, sino que también ignoró la supuestamente laureada
educación literaria memorística de nuestro bachiller prelogse y casi
preconstitucional.
Pues nada, que tengáis este libro
en esas listas de libros que hay que leer antes de espicharla o de que el
maligno sanchez nos apague la luz o las ganas de pensar.
Otras reseñas que he escrito de JM de Prada:




