martes, 9 de octubre de 2018

Desengaño



Ya sabemos que el liberalismo tiende directamente al oligopolio y que la dictadura del proletariado se convierte en dictadura sin proletariado y la mayoría de las veces contra el proletariado. Quizá porque el ser humano siempre confía en que lo peor no llegue nunca, se acostumbra a vivir en el camino y cree por ello en el liberalismo imperfecto o en revoluciones populares totalitarias como en esas zonas en el pródomo de sus sueños y utopías pero lejos, muy lejos de las pesadillas de degradación de su propia ideología. Porque malo es sufrir las paranoias ajenas pero mucho peor es caer en la dictadura proletaria o liberal que uno fue el culpable de instaurar.

Cómo podremos, cómo podrá sobrevivir esa clase media bancaria con ínfulas de liberal la sorpresa de verse en la calle por los mismos que amamantó en defensa de la libertad de empresa y la flexibilidad laboral. Cómo se puede pasar hambre en pos de la revolución del pueblo cuando esos comités proletarios asamblearios y participativos compuestos de universitarios manos pajillas que no saben hacia qué lado gira un destornillador te quieren expropiar la bici para comprarse su porcshe. Cómo plegar señeras cuando los mesías de la patria tienen casa y finca en Torremolinos con vistas al mar rojigualdo de pescaito y tablao.

No hay signo de madurez más alto que asumir el desengaño, oración más mística que la apostasía, ni aventura más atractiva que matar a los héroes que creaste y en los que creíste en momentos de pensamiento virginal. Al final siempre llueve hacia abajo y los primeros que se inundan son los sótanos mucho antes que los áticos con terraza exterior. Ante el desengaño hay quienes se pasan al otro lado pero ahora en su extremo, hay otros que quieren inundar su frustración con titadine y amonal, unos pocos tan solo soñamos con cruzar los brazos y conseguir un espacio personal de sombra en los ribazos de la autopista acelerada.

Pongo las mismas fotos que hace unos días, pero es que me ronda violenta la imagen de trabajadores peleándose entre sí pintadas en las paredes del barrio oliver de mi pueblo.

lunes, 8 de octubre de 2018

Robando palabras a Lorca y a Camarón.

Recuerdo aquella noche hace años cuando, tras follarnos como animales de madrugada, jugamos desnudos a deconstruirnos los versos de Lorca con ritmo de Camarón. La vida consistía en poner las palabras en otro orden, en poner los sentimientos en verso; en hacer frases como sueños invertidos y en darle a nuestros jadeos argumento:



Qué miedo me da el azul del yelo
parece el filo que corta el tiempo
el grito que despierta el sueño
Qué miedo me da el azul del yelo

qué miedo me da el azul del cielo
qué esconde entre el infinito
las semillas de tu cuerpo
qué miedo me da el azul del cielo

Quien sutura la cicatriz del agua
quien rellena los huecos de tu miedo
quien siembra el campo de anemonas
quien rompe el fanal del duelo

Qué espesura de gemidos al alba
cuando me adentro tras los muros
de tu desaliento
cuando robas el silencio a la noche
qué espesura de gemidos al alba
cuando te deshaces entre mis dedos
flotando como un velero.



martes, 2 de octubre de 2018

Matices y diferencias


¿Y si fuera cierto que se agotan las palabras? Al final parece que tenemos un catalogo de verbos limitado con voluntad de conjugarse, de sustantivos que aciertan con dificultad a nominar las cosas, de adjetivos reincidentes que desgastan su uso de tanto tratarlos como pincel. 
A veces me leo y es como si siempre hubiera escrito la misma frase mil veces. Mi compadre Abulafia pintó con números las palabras en su gematría. Después pensó, como la jota, que jesús nació a las orillas del Ebro y no en Belen y se reencarnó en el ordenador del pendulo de Umberto donde el azar escribe más poemas que la métrica y la rima. 
Ya lo soñó el visionario argentino en su Biblioteca de Babel, ya lo consiguieron los pornofilos que de tanto mezclar agujeros y apendices de dos en dos o de tres en tres empiezan a agotar en su peliculas las combinaciones posibles de coyundas y jodiendas. 
¿Y si no fuera imposible escribir sin plagiar? cada vez se parecen más las canciones pop entre sí y cada vez las tesis aportan menos innovación y más afan recopilatorio. Quizás también se agoten las caras y las fisonomias se repitan. Hay personas que o son muy comunes o cunden muchisimo porque siempre me parece verlas.
Todo asemeja repetirse, las vidas, las mañanas, las lágrimas derrochadas, las tardes de futbol, los domingos en común. Y cuando ya parece que la rutina lo va a devorar todo con sus fauces de desidia amnésica, aparece la diferencia, el matiz, el tono; el verso que con las mismas letras te arranca un suspiro nuevo; la profundidad y la cadencia que estimula tu orgasmo como si te acabara de conocer; la mirada distinta que se torna desigual cuando la sientes y las luces del otoño que cambia los colores de tu calle como si fuera de repente de otra ciudad insinuante y desconocida.
Que sabiduría serena la que acierta poner matices a las cosas iguales

viernes, 28 de septiembre de 2018

Adios amigo.




Me siento como si se me hubiera muerto una década entera.
Desde que supe que estaba enfermo, he escrito en mi cuaderno muchas páginas de recuerdos vividos con él y alguna recopilación de sensaciones en ripios versados. Las páginas de recuerdos las he guardado en el cajón de la intimidad (ese espacio propio que solo se puede y se debe compartir con uno mismo). Algunos de los versos, los subí al blog como las lágrimas silenciosas y necesarias que se derraman a media noche sin que nadie lo sepa y como si nunca se fueran a desvelar.

Hay mañanas en las que te dan noticias
que te parten el alma
te rompen la luna
te llevan a la infancia y al antesdeayer
y piensas
en liarte a patadas con el mundo y la vida.


Te traen de golpe
todos los ratos y risas a su lado
aquellos días
todas las palabras, los sueños compartidos;
novias vividas a medias, juergas a enteras
veranos de playa y tardes de futbol
sobremesas de tour con perico
y la extrañeza de verse crecer.   
 
Luego largos paréntesis uno por cada lado
y últimamente reencuentros 

que nos permitían acompañarnos sin tener que decirlo
a aquellos tiempos pasados.

Es imposible escribir ahora de golpe todas las cosas que pasamos entre los trece y los diecinueve juntos; imposible recordar sin romper cristales. Imposible describir aquellos días compartidos en los ochenta sin desgarrarme por dentro con cada palabra que intento escribir.
La vida corría entonces borracha de felicidad, se recreaba en un precioso aburrimiento estival que facilitaba intercambiar nuestros sueños y deseos adolescentes frente al mar. En tres meses lentos daba tiempo de sobras para imaginar la vida entera, esa vida futura que hoy, precisamente hoy, se representa tan corta. Inventábamos cada uno nuestra historia pero también la que visualizabamos a través del otro, todos tus logros ya de entonces, que yo seguía con orgullo, toda mi vida apacible y provinciana. Cómo empapaba luego la lluvia de estío las tardes de invierno en los domingos de regreso desde el futbol.
Esos días nuestros de entonces, aquellas conversaciones, se me han asentado en la memoria como si fueran pilares que definen mucho de lo que soy.  Por eso hoy, al irte, se me han rasgado los ochenta, se me han velado todas las fotos que conservo llenas de risas; por eso hoy me siento como si se me hubiera muerto una década entera. Hoy te has ido sin irte; para mí, para siempre, siempre serás parte de lo que seré.


martes, 25 de septiembre de 2018

Hojas vacias, paredes llenas

Escribo un poco para decir que existo, para saber que existo, también para escucharme e intentar que la desidia no se me coma los huesos. Para reconocerme dentro de un tiempo cuando vuelva por estos paisajes yermos como quien deja su firma y una fecha en un mural en construcción.
Ordeno los años, desde hace tiempo, en un cuaderno de anillas: tal año viajé a la India, en tal otró me enrollé con menganita, cuatro años después me casé y este otro cambié de trabajo... y de repente sin saber por qué se extienden lustros como eriales, páginas vacias.
También para eso sirve el blog, para poner post it como marcapaginas en los meses de un calendario olvidado en la falsa del recuerdo. Muchas veces releo cuatro versos escritos al vuelo y aunque no digan nada me llevan a momentos concretos, otras sin embargo se funden palabreando frases redondas sin ningún sentido mientras se agolpan en la etiqueta de escribir en vacio.
Vivimos driblando lo efimero, las noticias de obsolescencia programada, las relaciones de quitaypon y los sueños que se escapan con el duermevela de cada mañana de otoño. Hay una belleza que insulta desde su eventualidad en un diagnóstico certero de tiempo finito. Sin ir más lejos el domingo pasado me dí una vuelta con mi mujer por el barrio oliver para ver los murales del Festival Asalto un lujo del que disponemos en mi pueblo y al que no estoy muy seguro de que le hagamos mucho caso. La belleza sale a la calle sabiendo que el tiempo la atropellará con el derribo como la rutina a los besos.
Disfrutadlo y los lectores de mi pueblo (si aun quedais alguno por ahí) id a verlo.










martes, 31 de julio de 2018

Pelicula La Niebla y la doncella. Demasiado libro para tan poco guión.



La verdad es que pensaba que iba a ser un truño indigerible y ya lo digo, no ha estado mal. Después de ver El alquimista impaciente y la adaptación horrorosa de La playa de los ahogados de Domingo Villar me juré a mi mismo que no volvía a ver nunca más una peli adaptada de una novela policiaca que me hubiera gustado. Y así lo he ido cumpliendo porque me la grabé a la vez que la de Domingo Villar y creo que ha pasado casi un año hasta que me he decidido a verla.

No soy muy pirata de pelis, la verdad, porque me gusta verlas en pantalla grande, pero claro si las salas de Zaragoza se empeñan en maltratarme poniendo en diez cines la misma película durante cinco meses y dejando a penas unos días la que me gusta pues me defiendo y no voy, así de sencillo. Ellos eligen su modelo de negocio y yo dónde me gasto mis euros. Y hago esta confesión porque tiene pinta de ser una de esas pelis que en el cine hubiera ganado mucho y será bonita de ver con sus paisajes y sus ruiditos misteriosos.


Empiezo diciendo que a mi es el libro que más me gusta de la serie Vila-Chamorro, por lo que ya de entrada voy bastante condicionado. Y el haberlo leído antes (bueno, el tener el B1 en lorencismo) me hace tener por un lado una cosa buena pero por otro una mala para ver la peli.

Empezamos por la cosa buena: que es saber quien es el malo y más o menos la trama porque ya lo digo desde ya, si alguien no se ha leído el libro antes que ver la peli se puede volver loco porque claridad en la trama del guión, lo que se dice claridad no hay mucha con lo que se ve. No me extraña que muchos críticos la pelen, seguramente porque no se han leído el libro y no se han enterado de nada- Pero como yo ya me la sabía eso que tengo ganado.

La cosa mala que decía, es que ese señor que dice llamarse Vila en la película no tiene absolutamente nada que ver con el Bevilaqcua de los libros. Si no lo conoces y no sabes sus rasgos, su historia, cómo habla y su manera de pensar hasta puede colar, pero si lo conoces es otro tipo distinto. No me estoy metiendo con el actor (aunque desde luego no es Sacristán) me estoy metiendo con el del casting y sobre todo con el guionista que ha dibujado un protagonista que no tiene que ver nada con el de la novela y con el que los grupis del escritor conocemos de pe a pa.

Sin embargo Aura Garrido que hace de Chamorro lo hace mucho mejor. También flojea su personaje porque yo creo que no le da tiempo a detenerse a mostrar su interior y van todos a contrarreloj para que les quepa la historia entre medio de tanta fotografía, pero sin duda está mucho mejor. Finalmente a Echegui se le va vivo el personaje de Ruth que en la novela es tremendo, hace lo que puede, pero no llega, le viene grande. Ya sabéis que a mi me gusta más el perfil de los personajes de Lorenzo Silva que propiamente la trama policiaca, pues esto es de lo que más adolece la peli; de falta de introspección en unos personajes riquísimos.

Lo mejor es el dibujo de la insularidad de La Gomera, esa vida localista y desmadrada que se intuye tras la paz, esa subtrama que se va desvelando conforme va adentrandose fotograma a fotograma. Es un poco como si la niebla se fuera levantando y se pasara a ver lo que previamente solo se trata de adivinar.

Si te has leído el libro y no tienes que estar concentrado en comprender lo que pasa, la peli se disfruta. Pero a su vez si te has leído el libro olvídate de la riqueza de los personajes literarios aquí son solo superficialidad pura y dura con interpretaciones medianas y un guión manifiestamente mejorable.

Aun así lo repito, contra mis prejuicios, la peli se deja ver.

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