miércoles, 5 de octubre de 2022

No fue. (Un cuento en mil caracteres)

Ultimamente, andaba a diario por el parque dando mordiscos al otoño, aspiraba más fuerte que antes el aire de la tarde para llenarse de ocres y rojizos. Miraba ensimismado los arboles ralentizando la caida de las hojas para encontrarse entre tanto ruido, se recitaba versos de poetas desconocidos que descubría a veces entre los rincones de las bibliotecas y hacía esquemas mentales de tres y cinco puntos para eludir el encuentro con esa bola de borla y polvo que le manchaba el pensar como la brea que mancha la orilla.

Le vino a la cabeza Bartleby y su empeño en no hacerlo, el terrible Funes que nada olvidaba y la canción de Victor manuel de que no hay mejor defensa que cruzar los brazos. Nada le era suficiente cuando todo le era demasiado, nada le desaguaba cuando todo le desbordaba y comenzó a recitar filósofos franceses del siglo XX: Bourdieu, Foucault, Morin, Lourau y Lapassade. Memorizar como la palanquita del diferencial que todo lo desconecta.

Cuantos mares rayados con singladuras aleatorias en estos cincuenta años, cuantos rios vadeados para descubrir que al otro lado de la orilla había lo mismo que en éste; cuantos horizontes alcanzados pensando que tras el más allá habría algo distinto al más acá. Cuantas renuncias pensando en recompensas. El sacrificio es el arma del cristianismo para jodernos la vida. “El modo como se nos escapan nuestras vidas es nuestra vida”,decía Ford en el Día de la independencia.

Respiró más fuerte el enverado del anochecer y se recreó en la madurez del primer octubre. Dudaba.

Se hicieron las nueve de la noche y no fue.

jueves, 22 de septiembre de 2022

Un año y tres meses. Garcia Montero Aprendiendo a vivir sin ella (Opinión y crítica)

Luis García Montero renuncia a las metáforas para expresar su tristeza, prefiere recortes de vida en común en esos últimos días en los que la intensidad se acumula en cada vivencia para subrayarla y retenerla en los matices con billete de regreso a espacios ya imposibles. El paseo mirando el mar, la imagen que devuelve el espejo, las madrugadas de trasiego desbordadas de insomnio, la regurgitación de años de convivencia. Y sobre todo el silencio, el silencio que habla a raudales cuando se ha vivido tanto en común que se presiente al otro con solo mirarlo y saberlo. La enfermedad que todo lo mordisquea para dejarlo raido.

Duele cuando en “Los cuidados” describe como los ruidos cotidianos ahora se traducen a otro idioma de inquietud y desasosiego. ¿Cómo puede el mundo seguir corriendo? llegar guasaps de risas, hacer listas de la compra, el suspenso en religión del niño y la reunión de dirección del martes (digo del lunes con secreto) cuando sientes que todo se para y se debiera parar como en el precioso poema de Auden para contemplar tu sentimiento de dolor. (Me acuerdo de Savater en La peor parte).

La enfermedad de la persona querida en su tramo final que hace asomarte al otro lado de la nube donde todo es gris y agua; que ve al avión por la noche como un almacén de cadáveres, (muchas veces he masticado esa imagen porque no hay nada más deshumano que un avión de noche con despojos de seres dormidos arrojados y alejados de la vida y de la tierra). “Que todo esté en su sitio es el mayor desorden que pueda imaginarse”

Una forma distinta de estar vivo a partir de ahora; y luego el vacío, un vacío lleno de recuerdos,   “supongo que este modo de sentirse definitivamente hundido es una forma mia de estar enamorado”. Cuando ya ha pasado el momento de la muerte el problema es la convivencia con la ausencia, yo soy yo y nuestros futuros pendientes; yo soy yo y el largo espacio en el que tú no estás. Un dialogo que de repente se convierte en monólogo y una silla vacia. Qué bien lo describe don Luis en “animal doméstico” y la muerte desnuda de metáforas, seca en su soledad, sin cielos ni supersticiones. ¿Qué mierda es el cielo si no estás tú? “vengo de vomitar una tarde de whisky”.

Y cuando esperas que el mundo se vaya de tu lado y lo cotidiano sean pecios del pasado, te llama la secretaria del notario para repartir legados, te escribe tu jefe dándote el pésame pero diciéndote que te echa de menos, y el señor de Vodafone preguntándote por qué no te cambias de compañía tu que estas en la absoluta soledad.

Tras la enfermedad y la muerte, la tercera parte empieza con una frase de Margarit, el orfebre de la tristeza, dando paso al poema Un año y tres meses como título y epitafio de 25 poemas de lágrimas encuadernadas que te afectan incluso para los que nunca nos ha gustado en demasía Almudena.

Pero, es que yo no soy objetivo, a mí de García Montero me gusta todo menos sus politiqueces. Si soy sincero, este no me parece su mejor libro, a veces pierde el tono habitual de frase trabajada pero la carga de sentimiento compensa con mucho las arritmias de sus versos. A partir de La intimidad de la serpiente García Montero se ha quedado cansado (no solo en la vista) que no agotado pero es que debe ser muy pesado verse siempre requerido de la frase perfecta. A Montero hay que leerle tambien la prosa (Una forma de resistencia por ejemplo) porque allí la genialidad salta de pronto sin serle tan esperada como en la concreción de los poemas

En resumen, leedlo, es un García Montero distinto pero de una extremada sinceridad, casi sin impostura.

viernes, 16 de septiembre de 2022

Causalidad e Imputación. El coste de elegir. La sed de buscar culpables.

 


Cada vez hacemos más cosas, cada vez más complejas, cada vez hay más riesgos, pero cada vez hay menos resistencia a la incertidumbre. Los algoritmos y la gestión de datos que definen nuestros perfiles sustituyen la decisión arriesgada a cambio de la seguridad contrastada adecuada a nuestros gustos. Queremos elegir menos, tenemos miedo a la libertad. Que nos diga Spotify la música que escuchamos adecuada a nuestros gustos en lugar de tener que investigar y optar por lo que puede gustarnos o no. Elegir es costoso en tiempo, cansancio y dinero. Que nos diga Mercadona cual es el mejor producto y que le ponga la marca Hacendado, no necesito alternativas necesito certeza media. De qué me sirve la estantería del Corte Inglés lleno de marcas que ni conozco, ni probablemente ni quiera ni pueda probar.

Queremos que una sola causa defina un resultado, que todo daño tenga un causante concreto. Por ello no permitimos un delito sin culpable. Es la obligación de la policía atrapar al único culpable, establecer un proceso de causalidad que lo concrete, pero lo que es peor, si no puede encontrarlo, si hay muchos concurrentes, exigimos que el derecho nos diga mediante la imputación normativa quien definimos como responsables por su acción u omisión en su ámbito de responsabilidad. El empresario en su empresa, el arquitecto o el promotor en la obra, el que saca beneficio, el que arranca que no sabe parar y sobre todo el versari en re illicita. Quien infringe una norma es responsable de todos los resultados en su ámbito. Si voy borracho se me imputa el suicida que atropello. qui in re illicita versatur, tenetur etiam pro casu.


Sin embargo, el signo de los tiempos es la complejidad, la eventualidad, lo efímero. Lo globalizado, lo virtual, lo digital, lo integrado en una sociedad o en una organización donde la atribución causal al sujeto individual se hace difusa.

Lo monetario como causa y fin de todas las cosas, como parámetro contemporáneo de medición de cualquier actuación o propuesta. Lo turístico en su eventualidad y en su fotografía; captar el momento frente a vivir el momento, no tener cuidado ni ser responsable de lo que no volveré a ver. El cliente antes que el ciudadano.

El conocimiento precario de lo inaprensible desde la concepción analítica de lo emergente, la comprensión difusa y social. Una búsqueda del dato para dar razón al significado intuido en las relaciones sociales y educativas. Arrojar sobre la arena muertos los peces del mar. El concepto que desmatiza el hecho, que lo extrae de su realidad. La metáfora que refleja la vivencia difícilmente explicable desde lo cuantitativo. El coste de elegir es la renuncia al matiz. Donde hay sabiduría hay matiz, donde hay matiz hay diferencia y donde no hay diferencia hay confusión.

Queremos saber, anticiparnos a lo que pasará con una certeza cercana a la seguridad. No admitimos el error ni el riesgo. Todo debe ser previsible y previsto.

Y queremos un derecho penal que nos garantice la seguridad mediante su ampliación. Nuevos bienes jurídicos, nuevas formas de agresión exigen definir nuevos delitos. Renunciamos a la intervención mínima y a la última ratio. Cuanta más pena mejor. Redefinimos los fines de la pena, anticipamos la protección del bien jurídico a los actos de preparación cuando no a la mera ideación. Renunciamos a la causalidad a favor de la imputación normativa. Me da igual quien lo causó dime a quien se lo atribuyo.

Queremos el aislamiento como fin principal de la pena y el reforzamiento de la norma mediante implementación de las penas más graves contra las actuaciones que los ponen en peligro, ni siquiera que los dañan. La confianza en el escarmiento como prevención de la reincidencia. La sobreprotección de la propiedad y la seguridad, aunque sea mediante formas insignificantes de agresión aunque reiteradas.

El concepto sistemático decae ante la aplicación concreta funcionalista. La política criminal secuestra a la dogmática; la praxis a la teoría y el derecho positivo lleno de deberes que garanticen un infractor al que achacar todos los resultados. La prueba decae ante un catalogo de presunciones. La demostración del consentimiento ante lo querido presuntamente estrafalario. Ninguna mujer en su sano juicio puede elegir el sexo contra natura o grupal.

La ideología de la presunción de delincuencia de clase. Los empresarios presuntos delincuentes para los obreros, el inmigrante (pobre) presunto delincuente para los propietarios. La recuperación del delito de clase como modernización del delito de autor. La reiteración en lo pequeño debe ser penado como si fuera grande, el que gana dinero debe ser imputado normativamente de los daños en su ámbito de ejecución. No hay persona jurídica infractora sin empresario titular culpable.

La verdad os hará libres. Cuando sabéis todo elegís como yo. ¿O quizás os hago saber lo que yo quiero para que elijáis como yo? No es posible que alguien que sepa elija el mal. La razón no solo es agredida por la opresión de los poderosos como decía Marx. La razón es secuestrada por la pasión y el pecado como decía Ratzinger, secuestrada por el subconsciente de Freud, preterida ante la comodidad del atajo intelectual que definía Kahneman, desubicada en la zona del punto ciego de Goleman. Hay que releer de vez en cuando a Silva Sanchez y su libro La expansión del derecho penal.

Todo cada vez más complejo y nosotros cada vez más acreedores de causalidades predefinidas. Anticipe mi seguridad deteniendo al que me mira mal. No puedo soportar el riesgo de que me pueda agredir a mi o a mi propiedad. Si tengo un daño deme un culpable para que lo pague su seguro.

La sabiduría es crear perplejidades ¿Por qué habrá puesto elchicodelaconsuelo un Güebo frito con hamburguesa en un artículo de filosofía?

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Juan Diego Botto Una noche sin luna. En defensa del teatro y la discrepancia.

 

Mira querido lector, me la suda, si tú, como yo, estás en contra de los subvencionados de la ceja dando lecciones de honradez, del podemismo de “verdad única” disfrazada de memoria ahistórica; de la superioridad moral de la izquierda; de aquellos que confunden ser buenos interpretes con pertenecer a la cultura, de que nos metan los huesitos de Lorca hasta en la sopa; de errores y amnesias voluntarias y torticeras sobre la segunda república. Repito me la suda si apagas la tele solo con ver a los bardem, almodovar y similares con sus lecciones morales en twitter o la sexta… pero serás un idiota de tomo y lomo, el más idiota del mundo, creo yo, si por esos prejuicios, no vas a ver y disfrutar de Una noche sin luna de Juan Diego Botto, una de las más sensacionales, estupendas, brillantes, emotivas y grandes obras de teatro y actuación que haya visto jamás en mi medio siglo de vida.

En eso consiste Una noche sin luna. En reivindicar que se alce el telón, aunque discrepes absolutamente de la moral (ina) que la obra transmite y del dramaturgo que la crea. El telón tiene que subir siempre como acto de libertad, compromiso e irreverencia en el tiempo que sea. Qué otra forma hay para echar discursos a quien no quiere escucharlos, que otra forma de decir e implicar a las minorías a viva voz.

Y es que no siempre ha sido así en nuestro país, ni siquiera lo es ahora, cuando puedes llamar capullo al rey pero no discrepar del discurso piji oficial en sus chabacanas interpretaciones históricas de la segunda república, su ecologismo de salón o sus peregrinas teorías sobre educación cooperativa pseudoigualitaria. El derecho a que el titiritero te cruce la cara es un derecho irrenunciable (creas que tiene razón o no) y termómetro democrático que conlleva de contrario, claro, que también se la puedan cruzar a él sin que seas tildado de facha.

Tanto Sergio Peris-Mencheta (director) como Juan Diego Botto (Autor y actor) ya demostraron que juntos son unos genios con Un trozo invisible de otro mundo obra sencillamente maravillosa que pudimos ver a esta orilla del Ebro hace años; lo de ayer con Una noche sin luna fue todavía mejor, si cabe. Una actuación magistral en una obra ya de por sí magistral. Si somos sinceros por muy gafapasta que seamos ver a Lorca tira para atrás. (Incluso adaptaciones geniales como La novia a ratos se intensa) pero esta no es una obra de Lorca sino sobre Lorca y sobre todo sobre el teatro y vida de Lorca y por encima de todo ello sobre el teatro en general y su defensa en estos tiempos de imagen efímera siliconada. Y sobre todo de libertad.

Juan Diego Botto juega solo, en un reto cara a cara con el público, con una obra milimetrada en su aparente espontaneidad. Que genialidad los minutos iniciales en los que pasa sin solución de continuidad de botto a lorca, ver como se va amanerando como cambia el ahora por el entonces, como sube de la platea al escenario, como modula la voz hasta hacerse otra cosa, cada gesto, cada mirada. Y una hora después lo mismo, pero en inverso con la misma brillantez.

Una puesta en escena aparentemente sin nada, pero con todo. Llena de simbolismo en cada elemento que aparece y desaparece, cada tabla que se retira, cada objeto que surge desde lo profundo como la realidad de las cosas, como las verdades que se desentierran al cabo de los años. La iluminación y el sonido sincronizados de manera perfecta con la emoción de cada momento, con cada silencio, con cada paso esquivando pozas y cunetas. Metaliteratura y poesía en carne viva teñida de actualidad e historia. Metateatro, que habla del teatro

En muchos momentos me recordó al Brujo, en su excelente obra Dos tablas y una pasión de la que ya hablamos aquí, pero esta obra tiene más peso, más hilo, todo más atado, no como subyugado sino como más repensado, argumentado. Aquí nada es improvisado ni hay hilván suelto, todo está cosido, armado, previsto encajado a la perfección detallista del ensayo mil veces repetido.

Lorca, juan diego, nos cuenta porqué lo mataron en el 36, por qué le censuraron sus obras, porque le llamaban maricón y señorito cuando él quería ser obrero del campo. El mono de curro tendido, las botas desenterradas, su amaneramiento remarcado para subrayar lo que reclama y declama en la libertad de ser suave porque le da la gana serlo, escribir poesía, dar discursos. Granada, el ruralismo mal entendido, el españolismo de bandera pero no de corazón, la hipocresía con alzacuellos, el derecho a besar a quien te plazca. La libertad en tiempos de entreguerras y fanatismos.

Reta a los espectadores a implicarse a aplaudirle, casi a afiliarse a sus ideologías cuando sube al cajón y arenga. Y sin que nadie se dé cuenta nos da el cambiazo para dejar de ser Lorca y vuelve a ser Juandiego y hablar de hoy, de sus ideas del siglo xxi y hasta nos convence que es justo que los actores y directores de su chupipandi guarden sus ahorros en un offshore en Bahamas. Qué grande, que brillante. En varios momentos he tenido esa sensación de emoción de saber que estaba viendo una interpretación sublime como pocas.

El teatro es la palabra a quemarropa, el tiempo de escena sin red. ¿Qué pensaría usted si los que mandan no le dejaran ver esta maravillosa obra? ¿Hasta dónde llegaría su pasividad de feliz espectador ante la injusticia? La obra se cierra como se empieza, cuestionando, provocando, cogiendo de la pechera al espectador para que no olvide lo frágiles que son sus derechos.

El teatro es más teatro cuando se posiciona, el teatro en toda su razón de ser, agitando conciencias, facilitando discrepancias, ha habido un imbecil entre el público que se ha levantado insultando al actor por militante; bueno, igual era un actor también o igual juandiego desdoblado. No me extrañaría que mañana fuera al juzgado o escribiera una carta al director como grupo de ofendidos.

No dejéis que nadie baje el telón, defended las buenas obras con las que discrepáis, y aplaudid como esta noche hemos hecho los zaragozanos durante casi quince minutos a Juan Diego Botto y su obra Una noche sin luna.

Gracias al Teatro de las esquinas que hace de mi pueblo un lugar más teatral o sea un lugar más libre.

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