domingo, 8 de noviembre de 2020

El soldado que siguió más allá del rio Ganges. Del blog a escribir una novela. Opinión y crítica

No creo que sea nada fácil pasar de blog a novela, de escribir retazos más o menos inspirados, sueltos en esta caja tonta de luces y negros, a redactar de continuo una historia larga como “El soldado que siguió más allá del rio Ganges” con la coherencia de la narración y la dictadura de unos personajes a los que les das vida y luego te arrebatan la tuya. Es por ello, por lo que creo, que cuando los lectores del blog, con buena fe, te dicen eso de por qué no escribes una novela, no tienen del todo claro lo que supone. (A mí por lo menos se me hace imposible y admiro a quien lo hace).

Rorschach (Hermosa Decadencia) es un personaje reconocido y reconocible al que sigo con admiración desde hace años en su blog y que dice ser Mario Rodriguez en la vida 3D, no nos olvidemos de que los blogueros no existimos y que somos tan solo personajes de nuestras bitácoras. Si cuando comentaba el libro de Molinos “Los días Iguales” os contaba que la escritora del libro (Ana Ribera) tenía poco que ver con la aclamada Molinos la del blog; en este caso es todo lo contario, el libro “El soldado que siguió más allá del rio Ganges” lo escribe Rorschard, el personaje, de principio a fin. Quizás el tal Mario que lo firma se le parezca (no lo sé) o tan solo sea una creación o un trastorno disociativo de identidad que Rorschach usa para su vida desvirtual.

Y adorados seguidores del erial de la Consuelo, una cosica os voy a decir, poder contar que Rorschach, escribiendo como escribe, se ha largado 400 páginas de novela ya os tendría que alegrar hasta el infinito y más allá si sois adeptos, o como yo adictos, a Hermosa Decadencia. Pero si además os revelo que es una novela entretenida, bien escrita y, aun con algún momento de bajón, una novela que te mantiene enganchado todo el rato es más que razón para ir a amazón y que os gastéis diez euretes en comprarla.

“El Soldado que siguió más allá del rio Ganges” es a la vez Un capítulo de Hermosa decadencia, una historia de amor y libros, ¿Quién cojones eres tía?, las infancias que nos joden la vida y un final de película. Y sorprendentemente es también un viaje desde el blog a una entretenida novela de suspense (thriller dicen los pijos).

Es Madrid, 2019, el protagonista va a cumplir 30 años, el libro empieza en enero. La vida a los treinta se percibe como una llevadera decepción en el sentido de que “la felicidad consiste en no ser feliz del todo pero que no te importe demasiado”; (a los cincuenta te sigue sucediendo lo mismo, pero no se lo digáis, con la diferencia de que cambias el latex por el sildenafilo).

El trabajo de mierda de teleoperador es tan solo un paréntesis que le da de comer, su vida no es ni quiere que sea su trabajo. Renuncia a ser un niño lloricas mileurista diciendo lo injusto que es todo porque él tenga derecho a no sé qué por tener una carrera de filología, simplemente sabe que su vida es lo que es y corre al margen de su trabajo. Una vida culta, intimista, sin complejos, cambiante; vive solo, lee, escribe y ve series compulsivamente porque le apetece, vive con los auriculares puestos envuelto en música todo el día (yo creo que a veces para conectarse a la música y a veces para aislarse de un entorno idiota), su novia le ha dejado y busca follar por Tinder y redes; se emborracha con sus amigos o bebe solo la mayoría de las veces vodcas entre letras de Bukowski. Y sobre todo, renuncia a la queja y a aquella revolución imbécil y falsaria del setentismo/ochentismo donde unos acabaron de concejal corrupto, otros pinchados en un portal y la mayoría cabreados por no tener un trabajo acorde con su master guay de sostenibilidad e igualdad. “Qué soberbia más absurda creer que podemos dar un golpe de estado a esta realidad tan sucia que nos rodea” dice Rorschach en el libro.

Pero en mi opinión se sabe un superviviente en donde su cultura es su salvavidas en un entorno decadente y donde no va a renunciar a “terminar el libro ahora que aún está a mitad”; no quiere renunciar a su libertad de sus 30, ni al amor (si al amor, porque él es duro cuando le da la gana y blando cuando le pasa por los cojones, preciosos algunos polvos que relata) otra cosa es que conseguirlo vaya a ser fácil. La adaptación a las circunstancias como valor. Be water my friend.

Y entonces aparece su vecina Alicia, el otro personaje de la novela, y Mario comienza a colaborar con un librero en su negocio decaído y se apunta a un club de escritura (la literatura y la metaliteratura es una constante a largo del libro) y sus amigos se diluyen y lo que empezó en el blog de Hermosa decadencia va fluyendo hacia una novela que se enreliga en lo argumental, primero como un descubrimiento psicológico sorprendente y después como una trama de suspense.

El narrador es el mismo, él mismo, siempre en una riquísima primera persona culta, pedante, rebozando todo en citas y referencias contemporáneas a series, músicas, video juegos, en ocasiones un poco intensita, pero siempre apasionante. Alicia poco a poco se va comiendo la novela (y todo lo que encuentra a su alrededor) porque es un personaje que se triplica y todo lo inunda. Y sobre todo es una alegoría de la dificultad de conocer a los demás, descubrir los demonios que persiguen a cada uno, el sexo en abierto, la mente en cerrado, lo excéntrico colindante con la locura y sobre todo la lucha por integrar nuestro pasado en el relato de nuestra vida.

Y es que no hay nada más peligroso que las personas que tienen su pasado sin digerir. El fracasado que cree que el mundo le debe algo, el padre que abandona a su hija; la hija que se pega la vida buscando ese padre que no la quiere jodiendo a los demás, los juegos sociales en los que participamos que decía berne con B, el dialogo interno transaccional del niño con el padre y el adulto, la búsqueda de un nuevo guión cuando la vida nos rompe el relato. Los personajes que nos inventamos para sobrevivir.

Y cuando parece que va a faltar argumento, que lo psicológico hace de remora al cuento; entonces, de repente, en un momento dado, todo estalla en una borrachera de aconteceres y personajes que se acumulan, tramas que se entrecruzan, causas que concurren e hilos abandonados que se tratan de cerrar a última hora. Como la bala que se ralentiza en las películas de gánsters justo antes de que el bueno se lance por detrás para salvar a la chica, como la cuenta atrás antes de que explote la bomba en el avión, como los finales de Gonzalez Ledesma en sus aventuras de tiempos de Silver Kane o de Mendez. Y la metaliteratura que aporta la intriga de saber cómo acabará una novela que parece que se le ha ido de las manos. 

 


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Lo fácil sería decir que es una primera novela (ese tipo de comentarios me parecen siempre una pedantería y una gilipollez) sacando defectos de novicio pero qué queréis que os diga si existen yo no los he notado, para mí es un libro corregido no improvisado. El estilo es el del blog, frases no demasiado largas que dan viveza, adjetivos y descripciones contundentes, referencias culturetas constantes (muchas de ellas se me escapan dada mi provecta edad que está más cerca de Sabina que de Billie eilish y de Verano Azul que de Crónicas vampiras)

Yo creo sin embargo que donde se nota que es una primera novela es en escribir lo que le pasa por las narices, en pegar trozos de blog donde le place, en marcarse una erudición pedante porque le sale de los cojones y volcar su pensamiento “decadente” que ya conocemos del blog en muchas de las estupendas conversaciones entre los amigos. Esto hace que a veces se entrecorte con digresiones, no pasa nada. Es la primera novela que a muchos nos gustaría escribir, sin pensar en vender más o que te lea más gente, simplemente lo que te apetece.

El libro lo escribe Rorschach, ya lo he dicho, y es cierto que es más fácil leer el libro para quienes ya le conocemos. Ese sexo peligroso, contado con desgarro y complacencia, el amor por Bukowski, Murakami, Pizarrik o Panero; la querencia hacia el drama psicológico, el desprecio por una era de la mediocridad que no merece ser peleada sino contra vivida desde el desarrollo personal que se vuelca en lo literario, lo televisivo, la música, el móvil, las redes y el alcohol, los trabajos de mierda que como tal mierda no merecen receso. El sexo por el sexo y al tiempo el amor por el amor; la poesía teñida de sangre porque es como me sale: follar a horcajadas en el fotomatón y comerte el coño hasta que te deshagas, el rescate de pequeños espacios para la privacidad y los sueños (o realidades) lúbricas como país irrenunciable de supervivencia.

Es verdad que el libro a veces se buguea, se entrecorta como los juegos (que tanto refiere) cuando hay falta de conexión o pajas mentales de algún personaje, pero nunca se para; es cierto que en un momento determinado los personajes secundarios se le descuelgan y se le escapan del libro (pobre Sonia con el cariño que le cogí), y es cierto que la parte final se desmadra tratando a toda prisa de cerrar todas las ventanas abiertas y de buscar ligazones no necesarias; pero nada de ello me ha parecido demasiado grave. Yo creo que la culpa la tiene el personaje de Alicia se va comiendo en demasía el libro.

La parte final, con trazas de película, me puede gustar más o menos; pero es una opción que cierra una excelente novela psicológica. (De hecho, siempre me gusta imaginarme con que actores haría yo la película si fuera director de casting:  Alicia para mi es maría Valverde puffffffffffffffffff y Marco es Juan Bellosta) y en algún momento no sé por qué me vino a la cabeza Perdida de Gillian Flynn que dicho sea de paso me recomendó Rorchach y en el que en su final me pasó como me ha pasado en esta. Así que no será por la novela, sino que seré yo.

Lo dicho comprárosla. El soldado que siguió más allá del rio Ganges y leed Hermosa decadencia. Cuanto más al principio mejor y de allí poco a poco hasta ahora.

Puntuacion 4/5

PS-. En los comentarios escribiré algunas notas que tenía porque he preferido escribir la reseña de tirón.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Obituario para el dia de difuntos

 

El día que me muera
quisiera:
que alguien escriba
en mi honor unos cuantos poemas.

Que todas mis amantes
lloren silenciosas
en el hombro de sus parejas
y que todos mis hijos
pongan en diarios provincianos
sus nombres en mis esquelas.

Que alguien recite desde el púlpito
los versos de Auden
y que un trio de flauta y cuerda
toque canciones lentas brasileñas

Que estén mis exviudas sollozantes
y si no contratad plañideras
y que un cura enjuto y seco
ponga cara de pena
sin aludir a mi ateísmo
de ida y vuelta.

Aplausos no quiero, ni patrias, ni banderas
me gustaria
aunque quede un poco cursi
que alguien aludiera
a los crespones
de las palomas blancas
y a los guardias con guantes negros
de algodón y seda.


Que suba algún amigo que mienta
diciendo que fui un buen tipo
y que me conoció una tarde de borrachera
en un país lejano
en una ciudad cualquiera.

Me gusta la capilla dos
la que tiene el cuadro de val ortego
a la izquierda
con las jóvenes semidesnudas
como si la muerte les pillara de regreso
tras haber follado la noche entera.

En lugar de incienso, poned trozos de mar
para que huela
a Cambrils,  a Sancti petri
o a un puerto viejo cualquiera
con sus jarcias y sus velas
donde marineros derrotados
calafateen sus barcos
y remienden las redes las abuelas

Quemad mis códigos derogados
todas mis banderas rotas
mandalas a la mierda,
y mis lápices de minas del 0.7
dadselos a quien los quiera.

De mis textos viejos
   tan solo guardad los que se entiendan.
Y de mis blogs, si no los cierran,
os quedáis vosotros de guardianes,
o bueno,
solo quienes comentan.

martes, 13 de octubre de 2020

Me cae bien el nefasto Simón. El reportaje con Calleja

 Ya me cayó bien Fernando Simón cuando lo conocí en persona hace un lustro. Tampoco es que hablara mucho con él, pero sí lo suficiente durante toda una mañana para intuir a un tipo interesante. Luego, amigos comunes por el Mar de Aragón no han hecho sino ratificarme la impresión mía de aquel día. Buena gente, deportista, con un especial sentimiento familiar y de la amistad, dándose poca importancia y apreciando las cosas normales, cuestión en la que solemos coincidir quienes hemos perdido las cosas importantes demasiado pronto. Será el espíritu del “güerfanito” que prioriza la necesidad de adaptación a las nuevas circunstancias aunque estés jodido a quedarse lloriqueando por siempre el progenitor perdido como si la vida no volviera a tener sentido.

Me cayó bien Fernando Simón en el documental de Calleja. Me gustó esa capacidad de perplejarse por la grandeza de la naturaleza, por preguntarse el porqué de la necesidad de perturbar el entorno con su presencia y la humildad ante la belleza escondida confeccionada por los siglos de una cueva submarina. Me gustó, además, porque hacía de contrapunto con el aventurero leonés, y mientras Calleja manifestaba su voluntad ambiciosa de llegar a un objetivo cada vez más lejano, cada vez más alto, la ansiedad egoísta de poner el pie donde nadie previamente lo haya hecho; Simón estaba más feliz que una perdiz saludando a los campeones de escalada o yendo en globo.

Pero…  la labor de Simón ha sido nefasta en esta crisis. Le ha venido grande; como el portero suplente y bien pagado que piensa que nunca llegará a saltar al campo y de repente se lesiona el titular y tiene que ponerse a la vista del público sin esperarlo. Si uno tiene un sistema de alarmas y se entera de que tiene un ladrón cuando lo pilla merendando en el salón, es evidente que la alarma no ha ido bien. Si un país es de los peores (creo que el peor) del mundo es que el que manda lo ha hecho muy mal. Vamos, que no hace falta ser muy listo para ver esto, ya discutiremos luego si otros lo hubieran hecho mejor, pero lo indiscutible es que eres el peor.

Y luego ya vienen las torpezas teñidas de mentiras (no sé si estas son consecuencia necesaria para ocultar aquellas): “Habrá un caso o dos como mucho” es una osadía (sea lo que sea lo que se pronostica) cuando no una sandez. Si quien dice un día que no hace falta mascarilla, a los seis meses encarcela a quien no la lleva o es un torpe o un mentiroso y si llevas seis meses con una curva  de datos de personas fallecidas y de repente rompes la evolución dejando de dar datos, todo el mundo va a creer que tienes algo que ocultar (o cincuenta mil algos). Ignoro por qué, alguien cabal en este concurso de incompetentes, no tiene diez minutos de reflexión para hacer algo tan sano como irse a su casa o simplemente dar un paso atrás y que hablen los gestores. A mi me da la impresión de que lo han amenazado (o insinuado que queda más fino) “solo te salvamos de sentarte en el banquillo si permaneces con nosotros imperturbable. Si te quedas, unes tu destino al nuestro, pero el que salta ahora de este barco a la deriva se ahoga porque no le tiraremos el flotador". La tipica hijoputez del especimen que preside nuestro gobierno.

Y digo todo esto (lo de los dos primeros párrafos pero también lo de los dos segundos) porque me jode esta manía española de mezclar lo personal con lo profesional y sobre todo en hacer trincheras con argumentos ad hominem remontados hasta la infancia. Yo creo que lo que diferencia a los españoles, aunque vivan treinta años fuera, es esa manía de la dicotomía simplista juliaoterista de que los buenos (ósea los mios) no pueden hacer nada malo y los malos (ósea los otros) nada bueno. Y me da igual de un lado o del otro, y para decir que Simón lo ha hecho del culo (que lo ha hecho) tengan que sacar si era pijo o no; si iba a cole del opus o de las dominicas descalzas y si tenía pasta o era pobre de solemnidad. A mi me toca los güebos si es socialista, si su mujer es la sobrina de Romay Beccaria, si le pone los cuernos con Eulalia Reguant o si de pequeño les tiraba a sus amiguitos el bocadillo de mortadela al charco. Me la suda. Porque puede ser una excelente persona y hacer las cosas malísimamente mal; o ser un malvado y un excelente gestor. En fin os pongo un par de artículos izquierdoso  y otro derechoso contra Simón para tratar de explicarme. 

Y dicho todo esto igual lo anterior no tiene sentido y me cae bien porque me tiene que caer y porque los humanos tenemos esa peculiaridad perversa de sentirnos atraidos por lo más estrafalario y lo más contradictorio.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Comentarios que nunca llegan a ser post: Castilla del Pino, Miguel D´Ors y la LOAPA

Veo tras el verano un cierto sentimiento blogueador que nos apesadumbra y nos deprime autoflagelándonos por nuestra sequía creativa. Algunas de mis bitácoras de referencia y por qué no, también un servidor de ustedes, nos hemos dicho eso de no puede ser, hay que poner solución a esto de no escribir de la única manera posible que es escribiendo.

Creo que mucha culpa de mi agrafía patológica estival (y anterior) proviene de que he caído en el pecado del onanismo petulante de autosatisfacción bloguera de solo querer publicar los posts que me autocalifico de buenos. Parezco pensar que mi altísimo nivel no puede decaer publicando el primer bajonazo a volapié que se me ocurra. Porque es así y ole y yo me lo merezco. Tontadas, ni son especialmente buenos, ni nadie viene a un blog a leer obras magistrales sino a pasar el rato.

He descubierto, sin embargo, un hecho peculiar: que es que el zagal de la consuelo, que como sabéis peca de borrachera palabril, se queda sin embargo mudito como el "amigo entrañable" de Blancanieves (ahí había rollito fijo) cuando se planta ante el editor de blogger, pero sin embargo despliega locuacidad torrencial al comentar tanto en diarios propios como ajenos.

Para que veáis os paso una compilación de mis ladrillos con los que he castigado solo en los dos últimos días a mis pacientes seguidos y seguidores. Por eso, con el firme propósito de dejarme, a partir de ahora, de remilgos manospajillas, voy a ir subiendo a bocajarro lo que se me vaya ocurriendo sin tanta corrección ni leches (como si fuera un mero comentario) porque de lo contario esto va a parecer un erial vacio de post y lectores.

Os los dejo en todo su gafotismo arrebatado:: 

 

Castilla del Pino y el Humanismo imposible. (del blog de Di Vagando)

Hay un libro (pequeñico) de tu colega Castilla del Pino que como sabes de otras veces es uno de mis referentes intelectuales máximos que se llama precisamente "El humanismo imposible" y que me has hecho releer una vez más con tu post. En algunos puntos se le quedó viejo (propio de la mezcla de su momento freudiano de entonces y su marxismo que nunca abandonó), pero en su mayoría sigue en el debate que plantean tus personajes:

Por una parte plantea si es posible el humanismo cristiano en esa especie de juego de suma cero (esto lo digo yo) entre lo humano y lo divino. Por otra parte como tus personajes se ensaña con la metafísica convertida en nueva religión (él la paga con Heidegger y su diferencia entre ser y existir) y finalmente plantea una duda sobre el humanismo encaminado indefectiblemente al individualismo, el individualismo al liberalismo y el liberalismo al capitalismo consumista y competitivo.

Llega a una conclusión pesimista y reivindica un nuevo humanismo como hombre relacional (hay que enmarcar lo que significa la comunicación en castilla del pino) de manera que el hombre o es relacional y comunicativo o pierde su esencia humanista.

Yo creo que D. Carlos sí que da así una opción posible y plausible al humanismo social y no cae en la contradicción de otros autores neomarxistas como Biung Chul Han en donde la defensa del individuo se hace difícilmente comprensible con sus posiciones promarxistas prototipo (también lo digo yo) de doctrina contraria al individuo.

Disculpe el rollete. Me he enganchao. Besis

 

Descubriendo a Miguel D´Ors (En contestación a Rorschach)

Miguel D´Ors es uno de mis poetas favoritos y en un blog de libros que leo que sigo desde mi prehistoria bitacoriana y donde vengo entablando con su autor conversaciones bibliofilas muy enriquecedoras para mí, me recomendó conseguir un libro que había salido de su obra completa. Así que dicho y hecho, recopilé todo el dinero que me habia ahorrado pirateando codigosdavinchis y trilogiaspolicicas varias para invertirlo de una tacada en un todo al rojo con esta joya de libro.

Pero cual mi sorpresa cuando mi esposa se puso a husmear mi carpeta de deseos (donde guardo los libros que me quiero comprar) y me lo regaló de su pecunio en tiempos de cuarentena. "hala maño que vaya libros raricos que te pides, ha sido la leche conseguirlo; esto solo leees para dar la nota y ponerlo en el blog, que por cierto bien abandonado lo tienes" ¿Pero no decías que no lo lees?

Este libro antológico de D´Ors me lo vengo dosificando. Puse como obra maestra Manzanas Robadas porque es más reciente (del 2017) pero podía haber puesto e igual pongo alguno más como Hacia otra luz más pura que es de 1999 Una buena reseña de este libro De este libro es Aniversario una poesía matrimonial apasionante y demoledora que tiene como verso final "La felicidad consiste en no ser feliz y que no te importe demasiado", que coincide en mucho e inspira el último parrafo de este post y en buena parte el post entero. (Me refiero al post Un verano tranquilo)

La antología de D´Ors El misterio de la felicidad es también un buen primer encuentro con el autor. http://ojosdepapel.com/Index.aspx?blog=984

Abrazos

 

Inicio de un post sobre Miguel D´Ors a medio escribir.

D´Ors escribe como un hombre que se va encontrando y reconciliando entre lo que quiso ser y lo que ha llegado a ser al irse haciendo mayor. 

Un hombre que quiere conciliar su vivir cotidiano y su asombro de vivir; sus creencias religiosas y sus mitos de antaño. Para ello pone en común una poesía clasicista y naturalista con (a la vez) referentes modernos como brutagueño o los western A mi modo de ver supera con mucho a de Cuenca o Wolfe, en el estilo actual, no digamos a los poetas del twitter (que siempre he aplaudido pero que juegan en otra liga menor). 

Su manera conformista de entender y ver la felicidad cotidiana me engancha tremendamente y me divierte su ironía como cuando juega a manosear poemas de otros poetas haciendo de ellos un “spin off” propio.

 

La LOAPA o como joder la Constitución tras tenerla acordada.

Las comunidades autónomas que fue una solución ocurrente y esperanzadora se fue a la mierda cuando al principio se usó la diferente vía de acceso (rápida y lenta) entre el  143 y 151 para convertirlo en comunidades de primera y de segunda. La constitución habla de distintas vías de acceso a la autonomía y se convirtió en distinto tipos de autonomías.

Yo escuche en directo en la facultad de derecho de mi pueblo decir a Roca (por entonces asociado del clan de los pujoletti) justificarlo al decir que era injusto el café para todos porque ellos eran una nación y habían luchado contra el centralismo franquista (tal cual escuchado por estas mis orejas ahora engomadas tras la mascarilla), los demás para ellos por supuesto no. (Sería por entonces cuando gestaron el binomio castellanos-franquistas)

Tras el engaño del 143 y 151 cerrado por un acuerdo impresentable entre PSOE y UCD (en Aragón hubo algún conato de enfurruñamiento pero duró, como siempre, lo que duró una consigna de Madrid a la que todos acataron en mayo del 81 sin rechistar) recordemos que era un par de meses tras el tejerazo que les había servido de excusa para aprobar dislates por aclamacion.

Pero ya en 83 llegó la puntilla al amoroso estado autonómico que habían dibujado los padres constitucionales con la sentencia del tribunal constitucional contra la LOAPA que venía a sobrevalorar los estatutos sobre una posible ley armonizadora. En la práctica supuso restringir la potestad del estado para dictar normas coordinadoras entre CCAA.

Y de esos polvos vienen estas pajas (que diría un amiguete mio) y por eso ahora, entre otras cosas,en estas situaciones de interés estatal, en lugar de una normativa coherente supraautonomica tenemos a cada reyezuelo meneándosela por su lado (sigo con el simil) y al ridículo que nos gobierna en madrid cantando la tarara por las esquinas.

Me sabe malo esta corriente violacea antitransición que nos embarga, cuando el texto constitucional no estaba mal, lo que lo jodió fueron algunos mequetrefes que vinieron luego. Igual un dia me extiendo en esto en algún post, por ahora ya es bastante chapa. 

Abrazos.

jueves, 17 de septiembre de 2020

Crónica de un verano tranquilo.

A veces escribo de lo que leo, unas pocas de lo que vivo, otras muchas de lo que siento. Sin duda lo más fácil es escribir de esto último y de lo primero y lo más complicado escribir de lo del medio. Contar lo que va pasando requiere el esfuerzo de normalizar lo normal (que probablemente es lo más extraño) y enfrentarse a lo cotidiano como si fuera trascendente y a alguien le importara.

Este largo verano no he hecho nada, nada en su sentido más estricto, y quizá diga demasiado. Me he levantado muy pronto y sentado en mi orejero verde he visto amanecer tranquilo entre las montañas. Mis adolescentes que empiezan a encontrar los divertimentos y los peligros de las madrugadas regalaban a las mañanas las horas que les habían pedido prestadas a los trasnoches y hasta casi mediodía no daban señales de vida. Las abuelas guardaban silencio respetuoso y mi santa esposa, los días en que lo laboral le daba permiso para subir a vernos, prefería el solaz que el trasiego.

He leído ensayos de temas conocidos y libros largos. También algún clásico que tenían que leer mis hijos y alguna recomendación pendiente como la de Auster. Lo mejor El jinete polaco que se me había atragantado en anteriores intentos y me ha gustado bastante y varios libros de la segunda república ya en nivel avanzado. He preferido antes andar por los caminos que emprender excursiones, aunque es cierto que he subido al Ibon de Acherito que año tras año aplazaba para el siguiente y al fin lo he conseguido. He comido de manera desmedida (y muy bien) hasta el punto de ver peligrar la cifra del medio. (Sin perder mi atractivo cuerpo, por supuesto).





He intentado ver la tele lo menos posible para no sucumbir al odio contra los que nos gobiernan y no se merecen ni mi atención. Desconfianza es la palabra, mentira, descrédito, manipulación, ineptitud ¿Cómo podremos explicar a nuestros nietos que siendo los peor gobernados del mundo no haya pasado nada? ¿Qué tiene que suceder, acaso que mueran 50000 personas? Uy no, que eso ya ha pasado; ¿Que en una pandemia mundial tengamos los peores datos? Uy eso también. ¿Que se dejen de dar datos de evolución porque la gráfica quede fea? ¿Qué salga alguien en la tele diciendo que los 50000 muertos infectados se han podido morir por accidentes de tráfico? Todo eso ha pasado mientras las teles daban sálvame de luxe, una serie turca de amor o cómo el Zaragoza perdía una vez más la posibilidad de subir a primera. Circo, mucho circo, mientras resonaban todavía aplausitos desde el balcón y médicos protegidos con bolsas de basura.

Cansancio, un fuerte cansancio sin reporte de haber llegado. Como cuando paras a mitad de camino para tomar aliento y ves la cumbre lejos y la bajada complicada. Un verano entre paréntesis borracho de lentitud. Una apacible lentitud preludio de lo desconocido y la incertidumbre de lo que falta por llegar. Si a mi se me diera bien el andar por los caminos, hubiera andado mil leguas en línea recta, pensando, solo pensando, sin aspiraciones ni reproches. Algo parecido debe de sentir la gente que sabe meditar. Una felicidad vacía, sin aconteceres, sin anécdotas. Que sea más fácil escribir en el blog lo que siento  que lo que vivo.

He dejado el teléfono de trabajo enchufado conscientemente por si alguien podía requerir mi ayuda, como así ha sido, o tan solo porque alguien necesite hablar un rato y desaguar en tiempos de tormenta, que también. No es una cuestión de buenismo, sino de que la paz a veces también requiere de autocomplacencia y de poder estar satisfecho de uno mismo.

También he dejado a mis hijos hacer más o menos lo que querían (dentro de un orden, claro) y que mi mujer utilizara su tiempo sin programas ni obligaciones autoimpuestas típicas de época estival. Cada uno a su bola estando juntos cuando queríamos y disfrutando también de un silencio compartido. Respirar, necesitamos respirar. Todos juntos cada uno por su lado.

Los últimos días han sido de playa porque sin mar me muero. Me he bañado al anochecer, cuando ya solo quedaban sombras de colores pastel apenas diferenciadas tras mi  creciente miopía e intuyendo el sol morir en naranja. Este año hemos ido menos días porque en la playa la gente era bastante desobediente, pero suficiente como para quitarme el mono.

También me he cambiado el móvil que ya era hora, regalo de mi familia. Una vez más ha quedado postpuesto mi viaje a Nueva York. Cada vez que quiero ir pasa una tragedia por allí. Quizá la sabiduría de la edad sea eso, saber que determinadas cosas ya no las harás y que no te importe demasiado. 

Bueno que no os lo he dicho, pero es que este verano he cumplido 50 años.

lunes, 7 de septiembre de 2020

El Jinete Polaco de Muñoz Molina. Opinión y Crítica

El jinete polaco es la historia de una semana echando polvos. Dicen, porque no me lo he leído que En busca del tiempo perdido de Proust es un torrente de hojas y palabras derivadas tan solo de una magdalena y su olor, pues aquí, en El jinete polaco el narrador se busca y se encuentra en una semana perdido en la pasión amorosa, encerrado en un apartamento de una ciudad americana. Pensando quien soy, de dónde vengo, a qué he tenido miedo hasta llegar aquí; y al mismo tiempo un descubrimiento de la persona amada, también con sus vacíos y sus frustraciones; sus sueños y sus desesperanzas. Claro que para explicar eso se remonta a tres generaciones antes que ya es remontarse. Como si para explicar la historia de la zagala con la que estás refocilando te obligara a remontarte a sus bisabuelos y a los tuyos.

Decir que Antonio Muñoz Molina escribe sensacional es decir una obviedad, el libro está compuesto por frases larguísimas que requieren toda la atención para seguir su curso. No cabe salirse del barranco a mitad de camino, no vale poner la cabeza en automático. Y no porque exista una densidad conceptual difícil y alambicada sino porque existe una densidad estética que solo alcanza su plenitud poniendo todos los sentidos en cada palabra, en cada frase durante casi 600 páginas. Javier Marías que también usa y abusa de frases interminables a mí me satura, ya lo sabéis; sin embargo, en Muñoz Molina es una delicia dejarse llevar en frases de página entera. Lo que en Marías me suena a petulancia en Muñoz Molina me suena a humildad y sencillez.

El Jinete Polaco pertenece a esa lista de los mejores libros en español que se publicó en 2007 y que tengo como objetivo engullir antes de que el colesterol me engulla a mi. Y este es uno de los libros de esa lista que más me ha tirado de siempre para atrás. Creo que mucha culpa la tienen las reseñas de contraportada que son más disuasorias que atrayentes en la mayoría de los casos y el título, que se refiere a un cuadro que hace el papel de elemento continuo en el pasar del tiempo; pero como elemento de marketing, la verdad, no dice mucho porque no sabes si te enfrentas a una novela histórica, contemporánea o de qué. (Prefiero la portada de seix barral que la de planeta, porque dice mucho más de lo que va el libro)

El Jinete Polaco es una historia actual; bueno, de fin de siglo XX, pero que como va remontándose hacia atrás, en momentos se centra en el inicio de la guerra civil y en otros en la llegada de la transición, pero que esto no os repela como a mi pensando que es un libro de “la tribu de los almudenas” tan empalagosos con el temica de la guerra y la postguerra. Y para que os voy a engañar es una historia contada en triste, no significa que sea una historia de truculencias, que no lo es, pero si que deja un poso de infancia en sepia, transición en gris y adultez de desasosiegos y frustraciones. Pero también de esperanza que se inicia ya en la primera página con revolcones de los protas que siempre da buen rollete inicial  ¿o qué?

El protagonista es un traductor que está en la habitación con su novia y que nos quiere contar su vida y la de ella en un marco determinado, Mágina en el libro, (Ubeda en la vida real) que es el pueblo de Muñoz Molina y del prota. El hilo del libro es la relación con su pueblo y su intrahistoria genialmente contada por Muñoz Molina. Por una parte, las ganas de salir del ambiente claustrofóbico de la insularidad rural de su infancia, por otro lado el deseo de regresar cuando se está lejos en un exilio que mitifica los recuerdos y finalmente con ese choque que se produce al reencontrarse los sueños de cuando te fuiste con las realidades de cuando regresas.

A mi me ha recordado mucho a un libro que me apasiona como es Camino de Sirga de Jesús Moncada (Ver post reseña); con la visión retrospectiva en el marco de un pueblo, donde se relata el porque las actuales relaciones son lo que son y cada personaje haciéndose en el transcurrir de la historia con sus frustraciones y sus sueños; sus vidas y sus aburrimientos. Porque quizás, para comprender las fotografías es necesario explicar mucho más. Imaginaos que sacáis una lata antigua de fotos añosas y empezáis a explicar quien es quien a alguien que los conoce ahora. Este es fulanito el hijo de la menganita que ahora es el tendero de la esquina, tan seco ahora y tan estupendo entonces… pues así.

La construcción de los personajes es estupenda, tienen pinta de ser en su mayoría reales y si no lo son, lo parecen. Por ejemplo, uno de los protagonistas, el jefe de la policía municipal, es el padre de Joaquín Sabina también natural de Ubeda. (Uno de los personajes del libro que más me han gustado, por cierto). En todo el friso de personajes cada uno va tomando cuerpo propio, relacionándose con los otros, y relacionándose a su vez con los fornicantes de nueva york que dan origen a la historia.

El narrador va contando su infancia y adolescencia que habita en sus recuerdos y que viaja al presente a través de las fotos de un baúl viejo y el cuadro de un jinete que observa como espectador cómo pasa el tiempo. El verdadero protagonista es también Magina, como el Macondo de García Márquez o el Mequinenza de Moncada contado con detalle y sentimiento, con el amor-odio de alguien que es de allí y tuvo que irse y a la vez quiere volver.

Por último, El Jinete Polaco también es metaliteratura, metalingüística en esa profesión de traductor simultaneo que juega con las palabras sin ser protagonista de ellas. Esa figura del traductor simultaneo que ya ha dado otros personajes literarios riquísimos como en Las travesuras de la niña mala de Vargas Llosa o Corazón tan blanco de Marías y al que tantas veces hace alusión Mendoza en carne propia. Se habla de los idiomas como puente para salir del pueblo. Ese trabajador de las palabras ajenas, el recuerdo de las palabras de las canciones en inglés como ventana a la modernidad en su adolescencia. La profesión como argamasa de la novela que ya usó Muñoz Molina en el pescatero de Plenilunio y que adquiere la genialidad en el Bascombe de Ford.

Los planetafobicos olvidaros que ganó el premio en el 91 porque también ganó el nacional de literatura que es más fiable. Bueno pues os dejo mis mejores referencias de este buen y largo libro que me he zampado en verano pero que tienen olor a tarde otoñal de noviembre cuando los días acortan para disfrutar sin prisa de la lectura de la preciosa lentitud de las historias bien contadas.

Otras Reseñas en este blog de libros de Muñoz Molina: Todo lo que era solido

lunes, 13 de julio de 2020

El mal de Corcira. Lorenzo Silva Opinión, crítica y recuerdos sin curar


El que tras leerme de un trago 540 páginas de El mal de Corcira la principal crítica que se me ocurra sea que me ha sabido a poco y que Lorenzo Silva ha dejado demasiados filones por explotar dice mucho a favor de esta novela. Es como si los dos libros anteriores (el de los escorpiones y el de los bitcoins)  hubieran sido nada más que esos asaltos flojos a mitad de pelea que no sirven para nada y en los que los boxeadores solo quieren coger aire para afrontar el final del combate.

Cuando digo filones por explotar, entendedme, no estoy diciendo cabos sueltos (eso es impensable en Lorenzo Silva) sino personajes que son oro y que han estado bien trabajados pero que al final aún les quedaban varios pases más por recibir para lograr la faena histórica que tenía a su alcance. Y es que aunque que se merezca de largo dos orejas y tres vueltas al ruedo no deja de darme rabia que haya estado tan cerca del rabo (como dijo jenna jamesson) y de ser una de las obras para recordar de la novela policiaca de los últimos años cosa que aun así está en condiciones de serlo.
¿Cómo perdonar que deje sin detallar una entrevista final con la madre de Igor? ¿Cómo perdonarle que Haizea no se demore con Vila en conversaciones largas y lentas sobre el amor y la guerra? ¿Por qué se reserva a Sopelana para el final y no mete por medio un capítulo en la carcel? ¿A dónde está llegando Chamorro en su vida personal ya cercana a la “la marca del meridiano”?  ¿Hasta me da rabia no saber más del asesino de la primera página y su historia? Esfuerzos ímprobos hago para que no se me salte ni una gota de spoiler de este buenísimo libro.

El libro habla de la Eta y lo que fue el País vasco de entonces visto desde ahora, pero habla también de toda una época: músicas , recuerdos, referencias de aquellos finales de los ochenta y principios de los noventa. No solo habla de vascos, también habla de nosotros que estábamos en la universidad, de los primeros conatos políticos, de militancias improbables, de ideologías medio crudas a las que faltaba el horneado que dan las lecturas contradictorias, los viajes y la edad; de aquellos sexos universitarios en donde confundíamos las masas con las nalgas que cantaba el maestro Aute. Y este es a mi modo de ver una de las grandezas del libro: ver los mismos hechos desde dos tiempos distintos.
“Con lo que hemos sido y a lo que hemos llegado” suelo decirle a mi amigo N  “No te engañes nunca fuimos nada” siempre me contesta. Y esa es la lucha: Por una parte, la tentación de idealizar aquellos tiempos (para bien o para mal)  y por otra el jarro de agua fría y realidad que siempre arroja Vila sobre las cosas de manera excelente. Igual hace mi amigo “Éramos unos gañanes, más vale que no te recuerde todas las banderas que ondeaste y estupideces que pensabas cuando te arrullabas con cervatillas de uno y otro extremo político” me dice N cuando en un ataque de nostalgia me pongo mimosín y estupendo quizá recordando alguna Haizea vasca con ojos color tierra.
También de eso va el libro de la estupidez de los extremos, de los trozos de vida que nos vamos dejando en nuestra juventud defendiendo idioteces. (No puedo dejar de acordarme de esta brillantísima intervención de Fernandez da igual donde estéis políticamente escuchadla sin prejuicios) 


Es cierto, la política está detrás del libro y aunque no lo quiera Silva está condenado a que se plantee un combate Silva de Vila vs Aramburu de Patria. En mi opinión en lo literario gana don Lorenzo de calle, (ver mi reseña de Patria) pero es que en lo político hablan de cosas distintas o al menos desde distintos puntos de vista. Aramburu critica la equidistancia y la hiriente neutralidad mientras Silva critica el extremismo; Aramburu se centra en el nacionalismo del árbol y las nueces y Silva se centra en los rizomas y en las hierbas malas que se reproducen descontroladamente esquilmando el suelo que colonizan en un sitio y en el otro. Lo que tenemos que tener claro es que El mal de Corcira es una excelente novela pero no porque estemos a favor o en contra de los que dicen sus protagonistas sino porque está cojonudamente bien escrita, emocionante en su trama y estructurada con habilidad, adoptando unos personajes que vienen de lejos (con su historia) lo que la hace aún más difícil y a la vez más interesante para los fieles.

Yo en algunos trozos he discrepado mucho de Vila (o de Silva, no sé quién es quien). Estoy seguro de que Silva no quiere jugar a la equidistancia ni a la neutralidad (sus gruppis verdes no le dejarían), pero a veces sorprendentemente se le escapa y cae en la trampa del vocabulario de guerra como si hubiera dos bandos. Discrepo hasta del título ¡qué guerra civil ni que leches es que unos neguríticos forrados y jesuitas meapilas socialicen a una generación entera en el odio y en el nacismo aranista! (No entiendo que los curas no tengan más que tres líneas en todo el libro) ¡Qué mierda de guerra civil es que unos descerebrados con tricornio vayan de salvapatrias torturando y enterrando en cal viva por muy afectados que estén ! Y es en este punto de la doble crítica donde me reencuentro con Vila y comprendo lo que quiere decir y a lo mejor no discrepemos tanto.
No fue una guerra civil, fue un grupo que se creyeron que su verdad les permitía matar y que fueron  inconscientes de la ridiculez de las guerras  Fue el silencio de muchos de nosotros ¿cómo podemos criticar el peneuvismo por mirar a otro lado y a la vez justificar el gal y jugar a las ecuaciones sin X? Yo particularmente no les concedo, como sí que hace Bevilaqua,  ni siquiera esa presunta ideología de revolucionarios de corchopan mamada en libros sesudos de marxistas decrépitos.
                                             
El estilo y los trucos nos traen al Silva genial que conocemos de siempre (también con algunos de sus vicios incorregibles): El inicio trepidante, el segundo capítulo (y alguno mas) sobre la filosofía de la vida, la llamadita de Pereira para mandarlo de viaje, el muerto complicado, la guía lonly planet que se empeña en endiñarnos de cada ciudad (y que cansa un poco), las varias posibilidades que se abren muy bien planteadas, el Mc Guffin de marras, los brillantísimos interrogatorios, el visionado de videos, en esta ha moderado notablemente el repasar en cada frase la escala de la guardia civil. (Referirse por el nombre resulta más cómodo al lector de verdad Lorenzo), las moralinas en las que ya no se sabe si es Lorenzo o Ruben quien habla, la legalidad buenista (a veces merengona, déjelo hacer algo malo alguna vez, hombre. Igual mi esperado Lopez (Atienza) sabe algo de él ocultable) las referencias literarias y musicales (a veces muy gafotas) y esa tensión Luz de Luna que en mi opinión después del piquito o más de Algecirás no ha sabido (o querido) solventar en esta novela. Rosas, Joseba, Alamo, Pereira, Vila y detrás esa pelea entre el delincuente nato y esa creencia de Vila de que cualquiera podemos caer en el delito si se dan las condiciones concretas de orgullo, interés o miedo. 

El mal de Corcira tiene la grandeza de unir punto a punto de 25 años de personajes con una impecable normalidad, como si esta novela la hubiera escrito al principio y el resto de los libros hubieran venido detrás. Nada desencaja y hasta me he molestado en releer alguno de los últimos que hubiera querido olvidar y todo cuadra perfectamente como si los personajes no fueran inventados sino reales sin esos saltos tan raros que daban en Patria y que tan poco me gustaron sin ir más lejos.

Puede que tenga algo que le sobre (quizá tanta moralina) y como he dicho al principio quizá también algo que le falte (terminar del todo algún personaje) para ser en mi opinión una obra redonda, pero la verdad es que si no lo es, está muy cerca de serlo. Leedla.

Otras reseñas que he escrito de libros de Lorenzo Silva

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