miércoles, 7 de octubre de 2026

Las máscaras del héroe JM de Prada Opinion y crítica


Juan Manuel de Prada es excesivo y desbordante en su escribir; pródigo en adjetivos, pinturero en lo descriptivo y certero en la ironía mordaz llevada al extremo. Esto hace, en mi opinión, que su literatura camine muchas veces en el funambulismo de la genialidad pero que en ocasiones caiga también al vacío irremediable de lo empalagoso e insufrible.

“Las máscaras del héroe” se encuadra sin duda en la genialidad, una genialidad ocurrente, estudiada, voluntariamente pedante (no me molesta la pedantería si está bien engarzada), histórica en el mejor sentido de lo histórico (no esas novelas actuales encajadas en la Historia) y divertida, sobre todo muy divertida.

Nos cuenta la bohemia literaria de principio de siglo en Madrid desde la visión principal de dos personajes Pedro Luis de Galvez y Fernando Navales, unidos, contrarios; más sinvergüenzas que literatos; más muertos de hambre que triunfadores y a raíz de ellos gentes y gentes que entran y salen de la novela sin parar.

Los unos son personajes reales, los otros personajes exagerados, inventados o recreados y otros como en los videojuegos (y en la vida) simplemente npcs es decir non player charácters que van cumpliendo su papel de rellenar brillantemente la historia sin tomar en apariencia papel alguno. (Me viene a la cabeza también la muy brillante Clarita de Rosa Montero pero eso será otra historia, otra reseña y otro post).

Que nadie espere un libro de historia, ni siquiera una novela historiada como la estupenda “Apóstoles y asesinos” de Antonio Soler en la Barcelona anarquista de los años veinte que acabo de leer, esto es otra cosa: ejercicio de literatura, amor a la literatura o la vida literaria en si misma como en las crónicas umbralianas de la época de la transición. Esas crónicas que unen la tertulia de intelectuales con juegos de baja cama; asesinatos con polvetes adúlteros, políticos con aspiraciones junto a caraduras y carteristas sin mendrugo que llevase a la tripa (suponiendo que los unos y los otros no sean lo mismo) y elucubraciones, muchas elucubraciones de magín para sobrevivir en la indigencia de unas vidas sometidas a la tiranía silábica e indigente del soneto. Muchos personajes que viven de la poesía y muchos más que viven del cuento.

De Prada es un autor irregular, por aquí igual lo hemos elevado a los altares que le hemos puesto como chupa de domine, este libro se encuentra para mi entre los geniales, si no el más genial, lo que es curioso siendo uno de sus libros primeros. Me gustó mucho La vida invisible, me horrorizó Te hallara la muerte y me lo pase muy bien con la trilogía del personaje Ballesteros de La tempestad, Lucia la noche o Mirlo blanco, cisne negro; sus históricos se me han hecho bola nada más empezar, pero no por ello los descartó sino sencillamente que no he encontrado el momento oportuno así que se aceptan recomendaciones.

Ya sabéis de mi promiscuidad de leer varios libros a la vez. Este es un libro gordo, muy gordo pero que no requiere de monogamia y puedes ir alternando sus capítulos con otras apetencias. Igual que en los libros de Antonio Soler enterarte de todos los miles de personajes que salen no te vas a enterar, por lo que lo mejor es seguir hacia adelante y si luego te tienes que releer un capitulo entero pues lo lees, volverás a disfrutar.

También está bien tener a mano la Wikipedia (o cualquier IA que manejes) que te vaya complementando quienes fueron los personajes históricos que caricaturiza magistralmente de Prada en la novela. (Qué curioso que nombrar la Wikipedia se haya convertido ya casi en un rasgo ochentero). De esta manera aprendes autores que no solo nuestra “pisada” educación actual ignora, sino que también ignoró la supuestamente laureada educación literaria memorística de nuestro bachiller prelogse y casi preconstitucional.

Pues nada, que tengáis este libro en esas listas de libros que hay que leer antes de espicharla o de que el maligno sanchez nos apague la luz o las ganas de pensar.

Otras reseñas que he escrito de JM de Prada:

Lucía en la noche

Me hallara la muerte

viernes, 2 de octubre de 2026

LA GRAZIA de una ansiada vida pausada. Otra obra maestra de Sorrentino.


Hace falta pausar, renunciar, ganar levedad como Servillo en La Grazia. Ser capaz de que el pasado no encadene el presente. No tanto el olvido como la convivencia con la duda, sobrevivir al reproche y al rencor como carga de debilidad y despojarse, de toda decisión trascendente en cuanto se pueda. Preferiría no hacerlo.

Es la convivencia con la complejidad, la liquidez y la incertidumbre como marca definitoria de estos tiempos. Esa complejidad que enmaraña y desenmaraña, retando a combinaciones de infinitas variables entre lo subjetivo y lo contextual en un intercambio de influencias inabarcable que diluye la decisión y la responsabilidad. “Somos islas de certezas entre océanos de incertidumbres” decía el sabio Morin recién fallecido a los 104 años. Y entre medio la duda y la decisión individual, la opción moral que embrida el acto, la emergencia del conocimiento que surge del caos, la inspiración que aviva la norma.

El protagonista que decide sobre leyes que enfrentan con su ética, las decisiones sobre salvar o condenar a un ser vivo, el ansía por descubrir la verdad sobre la vida de su mujer fallecida o la opción de convivir para siempre con la duda. Qué gran película de Sorrentino si no tuviera tantas magnificas.

El detalle y el paisaje; lo concreto y lo genérico, el primer plano y el infinito; el orden, siempre el orden en lo visual; el ahora jugando con el recuerdo en cada mirada serena que se apodera de la cámara y el plano. Y tras todo, un ansia por el recogimiento, por la interioridad, por dar la vuelta a la puerta de lo público y quedar a solas con los fantasmas y las sonrisas de lo íntimo. El difícil engarce entre lo público, lo privado y lo íntimo de la que hablaba el maestro Castilla del Pino.

El gran Sorrentino en esencia, con sus excesos de estética y sus profundidades. Los problemas de lo moral y lo publico a un paso de lo personal y lo íntimo; el peso de la biografía sobre el presente y siempre la música que va enlazando imágenes y postales como en un rap inserta la improvisación en el orden de la rima.

lunes, 28 de septiembre de 2026

SUR de Antonio Soler Opinión y Crítica. Sensacional novela de lo urbano y lo humano

Coinciden las reseñas en que en Sur de Antonio Soler se mezclan entrelazadas distintos estilos e historias diferentes, yo creo sin embargo que todo es lo mismo: como si fuera la misma ciudad vista desde distintos balcones. Como el vocerío en día de mercado en donde convive lo fino y lo rudo; lo nuevo y lo viejo. Círculos concéntricos, algunos secantes, otros inconexos, pero todos persistentes y deliciosos. Sur, en mi opinión, es una obra maestra.

Manual de instrucciones para la lectura: hay que ir siempre hacia delante, sin demasiados retrocesos, si ahora te pierdes con algún personaje, no te preocupes ya volverá, tu sigue leyendo adéntrate en el sentido desde el conjunto complejo más que desde argumentos sumatorios. Disfruta de cada página del español escrito con sabiduría y finura, una maravilla.

Tienes que resistir la tentación de volver, para saber quién es quién de los 150 personajes que aparecen, porque todos son el mismo. Sus referencias, sus voces, sus sueños, sus fracasos, sus expectativas todos son un cóctel delicioso literario donde resulta irrelevante cuáles son sus ingredientes y en qué proporción concurren sino el resultado final. Da igual que olvides nombres y rasgos, lo más importante es que la vorágine no te eclipse el sosiego, saborear cada frase escrita con mimo, el párrafo largo que se desdobla, el mundillo en el que se teje con distintos colores, con distintos hablares, la misma labor.

No busques los enlaces que encaminen al estruendo final, no lo habrá. Esto no es un hormiguero donde el sistema enlaza individuos, aquí las vidas van cada una por su parte, coincidiendo en un mismo campo de juego o no. Lo que enlaza es el sentido (o sinsentido) de las vidas, de la vida buscando sentido y rara vez encontrándolo. La ciudad con sus convergencias y divergencias y sobre todo la decadencia, la ciudad decadente, la moral inmoral y la búsqueda de sueños que se agazapan por igual entre los ricos y los pobres, entre el chalet de niños bien y el narcopiso. La decadencia a todos los niveles en este tiempo de soledades urbanas y frustración.

Dinero, afán, sexo decadente en todo tipo de formas y posturas, vidas que aunque quieren escapar siempre toman el tren de regreso a su inmundicia, digo a su riqueza. Una extraña telaraña de sexo envuelve la novela, todo está sexuado, de todas las maneras y posturas de una forma explícita o de una manera mal llevada y decadente. Excelentemente escrita, sin renuncias, dejando que el lector reconstruya los porqués pornográficos en coherencia con cada personaje. Esos personajes que se buscan, pero rara vez se encuentran, se miran, pero rara vez se descubren, se follan pero rara vez se quieren.

Es la historia de una sociedad, de una época, de una ciudad que aquí parece ser Málaga, pero podría replicarse en otras muchas sin mar. Y yo que hasta ahora siempre imaginaba Málaga como un poema de Alcántara.

Leéroslo, que gran autor Antonio Soler. Me leí hace mil años El camino de los ingleses que recordaba muy bien pero sin darme la memoria para detallar matices. Y en ese afán último por leer novelas de listas de grandes obras contemporáneas en español caí en esta genialidad. Después y casi sin sacarla me he tragado Asesinos y apóstoles sobre la Barcelona anarquista de los años 20 que sin llegar a Sur, también me ha encantado. Seguiré con el autor.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Comeras flores Lucia Solla Sobral Opinión y crítica. Buen estilo pero todo muy predecible

En cada etapa de la vida se ven las relaciones a su manera; los años nos ponen las gafas de colores que en cada momento tocan dictando necesidades y deseos distintos en una relación. La misma situación se ve diferente según edad y, por más que nos empeñemos en ver lo mismo, se ve de otra manera: las gafas de los cincuenta nada tienen que ver con las de los treinta y cinco. Comerás Flores quiere hacer posible lo imposible con unos personajes blandos y superficiales.

Me parecen personajes idiotas , deslocalizados, personajes inmersos en mundos aislados que como presos entre rejas buscan infructuosamente la manera de comunicar con la celda de al lado. No me ha gustado y eso que la escritora escribe muy bien, a ráfagas como un continuo sin comas, un estilo propio que promete cosas mayores, pero lamentablemente a este libro le falta argumento.

La novela plantea una idea lírica y abierta: que el amor no es único ni normativo, sino que puede adoptar múltiples formas, rostros y edades (encarnarse en "mil amores distintos"). El lector espera una exploración profunda, quizás valiente o diferente, de una relación intergeneracional pero acaba en una previsible relación toxica y sin sentido y una dicotomía buenos malos tan evidente como poco fundamentada. Aun siendo una novela corta se hace larga y esperable.

Es bonito al comenzar con esa idea de que el amor se puede encarnar en mil amores distintos cada uno a su manera; sin embargo, todo queda en superficial. Esperamos la profundidad en la protagonista, pero cuando profundiza en el yo todavía es peor y pierde ligazón, convirtiéndose más una amalgama desordenada de impresiones que en una vivencia.

No es solo un amor de veintitantos (de ella) sino que además es una persona sin hacer. Nada que ver con la Mónica de Crematorio (la de la novela) que asume perfectamente la relación en la que se mete y su visión de la relación. Mónica en Crematorio es una mujer joven, sí, liada con un viejo, sí, pero con un pragmatismo feroz y actual. Mónica sabe perfectamente qué cartas juega Rubén Bertomeu (el constructor maduro) y qué cartas juega ella misma. No hay engaño ni sumisión invisible: hay un intercambio explícito de estatus, juventud, ambición y protección. Ella entra en la relación con los ojos abiertos, aceptando sus propios claroscuros morales. Su visión de la relación es madura dentro de su cinismo. Sin embargo, la Marina de “Comerás flores” no "asume" la relación, sino que es succionada a través del autoengaño y la manipulación sutil.

Demasiado bombo babeliano, demasiada cumbre en las listas para tan poca historia. Un muy buen estilo propio destacable de la escritora peor muy desaprovechado en una historia que suena a leída. Esperaremos a su siguiente.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Un dia volveré Juan Marsé Opinión y Crítica

Los niños de Marsé siempre sueñan y construyen realidades paralelas, se imaginan héroes que viajan a países lejanos, vengadores que regresan; los niños de Marsé buscan explicaciones a la realidad dura e inexplicable de postguerra, como antídoto contra la pobreza y la derrota en la que viven. Se inventan futuros confundidos con recuerdos en los templados y viejos recodos barceloneses de los cuarenta y de los cincuenta. Recrean y añoran viajantes, sueñan con duros boxeadores que retornen para hacer justicia.

Marsé construye con éxito historias de perdedores, novelas negras llenas de espacios grises y sepias. Malos muy malos, hijos de puta, castrados, depravados despreciables junto a mujeres hermosas y contundentes que se ganan la vida en la última fila de los cines de sesión continua. Un día volveré hace puente en este sentido con Si te dicen que caí o El embrujo de Shanghái.

Marsé habla de muchos y de todo; habla o así lo he entendido yo, de un país, y algún personaje, que quiere olvidar la tiranía sanguinaria de la que es responsable a traves de una monotonía vulgar, alcoholica y sesentera. Un país que anduvo  de la depravación al oprobio y que en una irremediable desmemoria prefiere vivir en un presente continuo carente de responsabilidad y lleno de vergüenza temerosa a que regresen los que se fueron.

“Algún día volveré” es un conflicto entre el olvido y el recuerdo con esa prosa precisa y preciosa que describe lo crudo de los tiempos de postguerra. Marsé dibuja la vida, tan igual y tan distinta de la lucha de clases, osea de cada una de las clases que pueblan el franquismo. No admite los héroes en ninguna de ellas y subraya lo decadente tanto de vencedores como de vencidos. Desmitificando esa idea de que los perdedores son siempre los buenos.

Como Vargas Llosa en Cinco esquinas aquí Marsé dibuja una burguesía barcelonesa despreciable en sus hábitos y creencias (no sé si distinta a la actual) en esa neutralidad indiferente ante la injusticia mientras les guarden sus privilegios. Pero, tambien hay que verlo, acusa a una izquierda falsaria; una izquierda que mezcla y disfraza de política la vulgar delincuencia, intentando revestir de lucha izquierdista lo que es egoísmo, traición y bellaquía. Ser perdedores no les convierte automáticamente en buenos ni en héroes.

Es siempre una delicia leer a Marsé mezclando su historia con las historias que cuentan sus personajes, esas historias recreadas los unos de lo otros; ese estilo esdrújulo y ensortijado de los contadores de aventis que resulta tan complejo y que quizás tan solo Montero Glez es capaz de intentar recrear hoy como heredero marseliano.

Leedlo, leed siempre a Marsé. Leed este lujo de novela negra e histórica en la mejor versión de lo histórico y siempre en ese dejar huecos a medio llenar propio de Marsé que confiere al lector la potestad de construir su final.