martes, 5 de octubre de 2021

Regreso a la escuela a mis cincuenta

Si aquel día de mayo del 99 a media tarde y con sol cansino, me hubieran preguntado ¿Para qué me estaba apuntando a un máster de salud laboral? así como sin pensarlo, de improviso, como el que se compra un capitán cola en una tarde de calor, lo más probable es que les hubiera contestado que no tenía ni puta idea.

Era un máster en un 80% lleno de ingenieros, químicos, y demás estudiosos de cosas con numéricos. Ya sabéis que mi ignorancia numérica raya la impudicia, de hecho, soy de letras puras con griego (disculpen el oxímoron). Y de repente se me cruzó el aire y decidí mandar a tomar pol culo cinco años largos de oposiciones (mejor deposiciones) en un arrebato de iluminación paulista sin equino. “Hasta aquí hemos llegao bacalao” me dije de repente y sin más reflexión.

El origen del acontecer trae causa en que mi santa esposa, por entonces todavía esperanzada novieta, me había mandado a entregar la instancia de una amiga para entrar en un master que costaba una pasta pero que, si tenías la suerte de ser seleccionado, estaba subvencionado por una entidad etérea europea que hacía de mecenas del alumno. Cienes y cienes de seres humanos rellenaban papelicos de colores como actores para audición, en la sana esperanza de entrar en una de las tres maestrías a concurso.

Rellené la instancia de la amiga y al ir a entregarla (recordando mi reciente batacazo opositor) me dije ¿calidad, salud laboral, comercio internacional? ¿Y si lo echo yo también? Oiga señora yo puedo hacer este curso. La señora hoy amiga me preguntó ¿tú qué has estudiado? Derecho pero poco. ¿Sabes hablar algún idioma? Chapurreo alemán e inglés (y mi escaso francés me ha servido alguna vez para practicar la lengua francesa), esto último no se lo dije claro. Pues echa los papeles para el de comercio internacional aunque ya te advierto que es el más solicitado porque los otros son para ingenieros y cosas así. ¿Y eso de salud laboral ¿qué es? para médicos. Eso es prevención de riesgos laborales, el año pasado lo hizo uno de derecho, pero no es lo normal. Si lo quieres echar, échalo pero rápido que me atascas la fila.

Veintidós años más tarde, y a resultas de lo antedicho, sigo trabajando en aquella entidad benéfica a la que eché los papelicos de colores con la autopromesa de: como me cojan en esta loteria dejo las oposiciones. La entrevista fue un poco la antientrevista, hablamos de todo lo que te dicen que no debes hablar, política, futbol, pusimos a parir a un cenutrio que conocíamos en común el entrevistador y un servidor y ya de rebote quien me examinó de alemán sabía menos alemán que yo si cabe. (luego me enteré que solo dos dijimos saber alemán y que para eso no iban a contratar un examinador) la ruinidad que ya entonces caracterizaba a mis queridos pagadores.

Hombre, para haber opositado cinco años no estás demasiado mal de la cabeza, me soltó al final, igual podríamos intentarlo con el de prevención. Así que de súbito abandoné mis sueños togados y me ví sentado sumando logaritmos, ruidos y vibraciones. ¿Y eso que estudias para qué sirve? ¿Con derecho no tiene mucho que ver no? Me preguntaba todo el mundo. Poco, decía yo. Pues más te valdría estudiar algo que te dé trabajo que vas a cumplir treinta añicos.


 

Y esta bonita historia tiene que ver porque hoy, tras más de veinticinco años sin que mis mullidas posaderas hayan tomado asiento en sede universitaria, he vuelto a las clases cual veinteañero desnortado. Me he matriculado en un master de investigación que no tiene prácticamente nada que ver con lo que trabajo, es solo y únicamente por el placer de estudiar algo que me apetece. Sin más. Mis abnegados herederos me dicen: ¿si por hacer eso no te van a subir el sueldo para qué lo haces? Por aprender. Puajjjjjj que friki. Se te van a reír todos los compañeros como el yayo de la clase. Jajajaja.

Mi esposa me ha animado y aunque alguna maligna amiga le ha sugerido que igual me liaba con alguna jovencita, lejos de representársele como una desgracia yo creo que lo ve como una oportunidad pintiparada para librarse de mi, y puede ser que por eso haya sido mi principal valedora en esta aventurilla.

No quiero cambiar de trabajo, todavía me soportan y me pagan a fin de mes con cierta dignidad y desgana; y como Tarzán, al final uno sabe que vive en la selva pero termina haciéndose amigo de los cocodrilos.

Entonces, digo, dándole al magín sobre aquella ocurrencia de una tarde de mayo del 99 por la que pasé gracias a mi irreflexion de estudiar la apriorística incriminación genérica de los delitos culposos a la ficha de seguridad de los epis en trabajos en altura; y como desde allí la vida o la suerte me llevó sin esperarlo a mi actual dedicacion de confesor espiritual de casulla y alzacuellos, que ejerzo, no sé si con mucho éxito pero si garantizando mi alimentación desde hace más de veinte años. 

Entonces, digo, no dejo de preguntarme, si mi ángel de la guarda antes de abandonarme y darse al alcohol y al sexo de pago, no habrá hecho otra de las  suyas y dejandome fluir al albur de mis arrebatos formativos, no habrá provocado que como entonces, estudios inútiles pongan brújula inesperada a mi desorientado deambular por la cincuentena. ¿Quién sabe?

 

jueves, 30 de septiembre de 2021

Instagram para no pensar

Tengo dos cuentas de Instagram, tres de twitter, una de Facebook y el linkedin a cara descubierta. Mi cuenta de youtube preferida es la del blog porque es allí donde voy guardando interpretaciones rarunas que cuelgo y escucho en la tele cuando no hay mejor cosa. He conseguido entrar a Instagram por dos sitios distintos y así no me confundo entre la de curro y la de diversión que es la más importante.

No soy de subir mucho, alguna fotillo de vez en cuando, pero he descubierto el placer de tener un Instagram bonito a más no poder. En tuiter me entretiene ver como se guantea la gente como si les fuera la vida en ello y también sigo a amiguitos del blog que han abandonado sus bitácoras pero que todavía usan la red del pajarico. .

Lo de mi istagram es otra cosa, es guapura porque sí. Ya sé y admito la acusación de cosificar a la mujer por seguir a señoras de buen ver. No es que siga a cualquiera que pose en postura de esguince cervical o con bikinis sobaqueros, pero es cierto que me gusta ver a mis famosas favoritas bien guapas y lustrosas. Bueno lo de famosas según se vea porque muchas de ellas son casi de gusto privado. Os cuento.

Es verdad que sigo a la Winslet, a Cindy, Charlize a Heidi Klum, a Kira o a Elsa Anka y a su hija (que siempre nos provoca en mi grupo de amigos fiera discusión sobre cual de las dos está mejor si la madre o  la hija), de las españolas a Mar Saura o Patricia Conde, de italianas a la Bellucci... hasta aquí normal Pero también es cierto, como sabéis mis seguidores de antiguo, que tengo inclinación por las presentadoras de la tele como Marta Fernandez (tengo en el estante su libro de cine por leer), Leticia Iglesias, Cristina Saavedra o Patricia Betancort  (de la que molinos me consiguió una foto dedicada que guardo con mucho cariño y que no os puedo subir porque va con mi nombre de mentira o sea de verdad.).

Ulltimamente voy incorporando novedades: me encantan los ojos de Lorena Garcia y las piernas de Blanca Benlloch. Mis amigos dicen que Raquel Meroño es una pavisosa hapifloguers, pero a mi me cae simpática y me parece muy atractiva en sus videos que queréis que os diga, (según se ve, salió en un programa de esos de cocinillas y la gente le cogio mania) pero como no me gustan pues para mi siempre será la guapa de al salir de clase.


Últimamente hemos hecho una lista de las cincuenta mayores de cincuenta en el grupo de guasap de los nocturnos y ahí tenemos a makoke, a mascó, a sabrina o a Catherine Fulop incluso a Melania o a la mismísima Sharon que rebasa brillantemente los sesenta. Todas ellas andan por mi insta. Un día igual os cuelgo la Excel con las puntuaciones.

Ahora que ya he bajado el nivel del blog os puedo decir que también estoy enganchado a pintores del XIX si no los conocéis os recomiendo los marinos de Aivazovski o los paisajes americanos de Bierstadt (cuando lo vi en el tyssen ya me quedé pasmao de bonito) o los de John Atkinson Grimshaw en sus noches sugerentes (a este no lo tiene colgado la baronesa, no sé por qué si está en la coleccion). 


 

Hay una serie de pintores contemporáneos Vicent Giarrano, Nigel van Wieck, Michele del campo, Fabian Perez, Jack Vettriano, Simon Pasini, Lushpin (hacen cuadros de ciudad de los que podría escribir un cuento de lo que cada uno me sugiere) cada enlace  me va llevando de unos a otros en una borrachera de belleza cibernética enlazada. Tengo muchos más, pero ya os los iré pegando por aquí y por allá.


 

También os sigo a vosotros los blogueros de siempre y los nuevos de hace poco. Y está muy bien que entre cuadros decimonónicos y señoras de la tele me vayáis saltando vosotros con vuestros versos y vuestros paisajes; vuestras recomendaciones y los más valientes vuestras fotos. Eso hace que desconecte de casi todo como en este post que es una excusa para no hablar de una ansiedad que me carcome no sé si por la edad creciente o por este entorno de tristeza que me mordisquea los guebos sin razón aparente desde hace meses.

 

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Garci, el del oscar, un excelente escritor.

 

Si alguno conocéis a Garci (a José Luis Garci el cineasta) y creéis que es un mal tipo, que esconde a un señor infame bajo su aspecto amable, que su conversación es impostada y pedante en lugar de fluida y entretenida como parece; si alguno de vosotros piensa eso y está seguro porque lo conoce, le ruego que se lo guarde para sí mismo y que no me lo cuente jamás.

Para mi Garci es y ha sido muchas de las cosas que a mí me gustaría ser. No tanto lo de director de cine que me parece de una complejidad imposible, sino todo lo demás. Alguien que, en un momento determinado y todavía joven, da el salto de la abulia pseudofuncionarial para dedicarse en cuerpo y alma a lo que le gusta. Alguien que ha tenido a su disposición las madrugadas de una radio lenta para hablar, contando cuentos, historias personales, tertulias con sus amigos en aquellas asignaturas pendientes a las dos de la madrugada en aquella antena3 deradio que puso voz a mis días ochenteros.

Le gusta el boxeo como ya nos gusta a pocos, es cierto que discrepo, quizá porque a mi me gustan más los perdedores de los setenta como Joe Frazer que el invicto Rocky Maciano de los lejanos cincuenta. Pero es lo de menos, como el barbero de El Crack me encanta soñar con los recuerdos de un Nueva York pugilístico imaginado que en mucho coincide con el Nueva York leído a Mendoza tiempo después.

Garci, por si no lo sabéis es un sensacional escritor, casi tanto o mejor que director de cine. Es cierto que a veces se le enreda la sabiduría con los recuerdos y los mitos con las realidades y todo se entremezcla entre metáforas personales y su manera de ver el mundo. Pero es una delicia leerlo. Si no habéis visto Asignatura Aprobada, conseguidla como sea porque escribe parecido a como hablaba Jesús Puente en aquellas historias de la radio recitadas a capela mirando el mar de Gijón. Tremenda por cierto Victoria Vera en esa película con unos deliciosos treinta y tantos.

Y esa es otra, porque independientemente de si son buenas o malas actrices, las mujeres salen guapísimas en sus pelis: Elsa Pataki, Cayetana, Lidia Bosch, Victoria Vera, Maria Adanez, Belen Lopez, Ana Fernandez… hasta Fiorella me gusta enseñando las tetas en asignatura pendiente. Y es que Garci también aparenta tener un encanto especial entre ellas. Un "aguililla" diría mi hijo pequeño.

En el último mes me he leído tres de sus libros (Insert coin, Beber de cine y Querer de cine) y me he comprado tres más que me voy a dosificar. Si tenéis que empezar por uno, leeros Beber de Cine donde cada coctel es un viaje a ciudades lejanas y atractivas, a historias imposibles con mujeres fatales, a películas donde se bebe y se fuma en bares de trasnoche, a pecados inconfesables soñados y vividos por eso de que el cine es la mentira más real que existe.


Me encanta como usa y abusa de los actores sin gastarlos. Landa para mi siempre será Areta, Agustín Gonzalez siempre será el hostelero Gervasio de Volver a empezar, Fernan Gomez El abuelo, Casanova la esposa de Las verdes praderas y Fiorella el cigarrillo tras el polvo de Solos en la madrugada (Ferrandis bueno Ferrandis siempre será chanquete, pero da igual Alcántara se lo perdona).

Garci es futbolero, también atlético como el que suscribe, que es una manera peliculera de ser futbolero. En sus propias palabras “ser atletico es una mezcla de romanticismo y cine negro” Bueno, es atlético de segunda ocupación porque Garci por ascendencia familiar es del Sporting como yo soy del Zaragoza (siguiendo con los símiles una película de terror que no puedes ver y al mismo tiempo no puedes dejar de ver).

Otra cosa que me gusta un montón de Garci es su capacidad para juntarse en tertulias con buenos amigos que hablen de todo, que sepan de todo, que beban de todo, (pero siempre bueno) montando esas tertulias desordenadas que empezaron en antena 3 con Santiago Amon, o ahora en los Cowboys de Luis Herrero en es radio. Que delicia era escuchar a Gistau con estos maestros. (Ahora Alsina monta su sucedánea cultureta que no está mal pero no es lo mismo). Por cierto que estupendo es el libro Gente que se fue de David Gistau, me lo estoy acabando.

Que delicia poder rodearse de gente que sepa hablar y escuchar; qué delicia debió ser conversar con el poeta malagueño Manuel Alcántara al que he descubierto en el sublime prólogo a Beber de cine. Lo mismo con el malcarado Landa, con el genial Sacristán, con Torres-Dulce o Luis Alberto de Cuenca del que me gusta tanto escucharle como poco leer sus poemas que no me gustan nada de nada.

El cine de Garci es lento muy lento, reconocible. Con diálogos que parecen cuentos y paisajes con rincones que parecen relatos. De Garci me gustan hasta las que dicen que son malas, estos días al tiempo que leía sus libros me he marcado un revisado de las pelis que había visto menos como Watson, Tiovivo 1950 o La Herida Luminosa y a mi me han encantado como si fuera la primera vez que las viera. (Las de siempre ya les he visto tantas veces que de vez en cuando me pillo trozos al azar para recrearme) Mi favorita es Asignatura Aprobada que me consiguió la afamada Molinos y que guardo como oro en paño en copias y recopias y por supuesto El Crack. (Yo creo que solo me falta por ver esa en la que sale Paula Echeverria).

En el cine de Garci la cámara vaga y divaga lentamente hasta centrarse en la cosa. Otras veces se convierte en un cuadro fijo que aguanta impasible hasta que van entrando los persoajes poco a poco como con vergüenza. Muchas veces la voz antecede a la imagen, otras veces queda colgada al final de la escena que transiciona o se funde en negro hacia la siguiente. Esos fundidos en negro tan lentos y característicos que funcionan como su firma.

Los personajes hablan mucho, filosofan sobre España y sobre el ser, incluyen marcas comerciales que sirven de muescas temporales, también remiten a películas e idolos deportivos. En las pelis de Garci los personajes hablan de cine y de boxeo y de Nueva York y de sueños... sobre todo de los sueños que se tienen al principio y que la vida va desgastando a la espera de una segunda oportunidad que permita aprobar asignaturas pendientes y enlazar en sesión continua hasta volver a empezar. 


 Las pelis de Garci hablan de secretos, de viejos amores, de viejas rencillas también; de esa normalidad recién estrenada de la transición con botes de Colón y televisores Telefunken. Hablan del amor, un poco de la muerte. Las pelis de Garci hablan de matrimonios y adulterios, hablan de paternidades difíciles y de infancias por curar; de amores pendientes, de besos por saldar y de la dificultad que supone el ir viviendo entre emociones y desidias de la gente normal. 

Hay fotografias sepia, algunas en blanco y negro; conventos y hospitales, escuelas con pupitres, detectives con pistola que juegan con las tres eses de sexo, sentido social y suspense. Da igual que se encuadren en el Madrid de postguerra, que a principio de siglo XX o que la trama pase en la idealizada Transición setentera porque Garci siempre habla de lo mismo y al mismo tiempo habla de todo. Me olvidaba la música como un personaje más. La música clásica como escenario utilizada o reinventada. Que preciosidad las bso de Balboa en El Abuelo, Canción de cuna o La herida Luminosa.

Bueno me paro que si no seguiré escribiendo hasta la hora de despertar. Garci para mi es escribir, cine, beber, digo vivir, quedar con los amigos, hablar un poco de todo, tener un programa de radio de madrugada, boxeo, futbol, libros, compartir detalles, nueva york, la transición, las tertulias de sabios, cine clásico, regalar recuerdos rodados en blanco y negro. 

Pero, en fin, muy importante, si alguno lo conoce y no es así, que no me lo cuente.

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