Mostrando entradas con la etiqueta Mi Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mi Familia. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de febrero de 2021

¿POR QUÉ EMPECÉ A CONTAR CUENTOS?

A veces me pregunto en qué momento de mi infancia empecé a contar cuentos.

Mi padre murió justo antes de que tuviera capacidad de recordarlo, yo tenía menos de siete años y mi hermana aún menos, y en seguida descubrí que la gente aludía (y al tiempo eludía) mi orfandad como de puntillas, por eso de no hacerme daño (lo que, a mí, sea dicho de paso, también me gustaba evitar). Mi infancia, sin embargo, la recuerdo feliz, extraordinariamente feliz  pero, mientras en lo privado mi madre y mis abuelos trataban de rellenarnos con sonrisas los huecos de la ausencia, en lo público me contrariaba el lagrimeo en la querencia hacia lo melodramático tan característica en estos casos y que me hacía sentir raro.

Por entonces, todo era extraño, mi realidad la sentía distinta y empecé a inventarme verdades paralelas con las que convivía sin problema. Me fui acostumbrando a contarme historias en voz alta e inaugurar mi antena de radio imaginaria desde donde retransmitía las noticias de lo que me iba pasando (o quería que me pasara). ¿Estás hablando solo? Yo no inventaba para ser distinto, inventaba para ser normal.Por eso, tomé la decisión de construirme un entorno ficticio en donde no habitaran héroes sino familias ordinarias como pensaba que serian las demás.


No recuerdo en qué momento esa vida normal inventada empezó a salir de mi intimidad para pasar a lo social. Cuando alguien me preguntaba en qué trabajaba mi padre, yo me lo imaginaba en una oficina y contaba con todo lujo de detalles como era el lugar en el que trabajaba. Imaginaba como serían las tardes al llegar a casa y los veranos ochenteros en un lugar de playa. Imaginaba las conversaciones conyugales a hurtadillas de nosotros y quizá algún secreto de alcoba entre risillas cómplices de mayores.

Cuando uno crece, si es verdad que alguna vez se crece, encuentra en los lagrimeos sociales un cauce para aprovecharse de las circunstancias, pero eso lo descubrí después. Como el niño que aprovecha la estancia en el hospital de su tía josefina con la que apenas tenía trato, de excusa para no presentar los deberes del día siguiente. Pero para eso se tiene que desarrollar la doblez maliciosa o más bien interesada que caracteriza el descubrimiento del egoísmo, y a los diez años, al menos yo, todavía no tenía esa necesidad; todavía no era un cuentista interesado sino más bien un cuentista de supervivencia.

Empecé a rellenar dietarios con cuentos, realidades manipuladas y amistades ficticias que muchas veces historiaba no tanto por hacerme el especial sino más bien, y siguiendo mis inicios que os he contado, en un intento de ser como los demás. Fue un poco más tarde cuando descubrí que lo mejor no era inventar sino escribir recreando lo vivido y que lo normal no existe si no está impregnado de sueños e ilusiones. Me fuí dando cuenta de que poca gente tiene historias normales y que traspasando el zaguan de las casas casi siempre te encuentras con novelas reales que nada tienen que envidiar a las inventadas. 

 

jueves, 17 de septiembre de 2020

Crónica de un verano tranquilo.

A veces escribo de lo que leo, unas pocas de lo que vivo, otras muchas de lo que siento. Sin duda lo más fácil es escribir de esto último y de lo primero y lo más complicado escribir de lo del medio. Contar lo que va pasando requiere el esfuerzo de normalizar lo normal (que probablemente es lo más extraño) y enfrentarse a lo cotidiano como si fuera trascendente y a alguien le importara.

Este largo verano no he hecho nada, nada en su sentido más estricto, y quizá diga demasiado. Me he levantado muy pronto y sentado en mi orejero verde he visto amanecer tranquilo entre las montañas. Mis adolescentes que empiezan a encontrar los divertimentos y los peligros de las madrugadas regalaban a las mañanas las horas que les habían pedido prestadas a los trasnoches y hasta casi mediodía no daban señales de vida. Las abuelas guardaban silencio respetuoso y mi santa esposa, los días en que lo laboral le daba permiso para subir a vernos, prefería el solaz que el trasiego.

He leído ensayos de temas conocidos y libros largos. También algún clásico que tenían que leer mis hijos y alguna recomendación pendiente como la de Auster. Lo mejor El jinete polaco que se me había atragantado en anteriores intentos y me ha gustado bastante y varios libros de la segunda república ya en nivel avanzado. He preferido antes andar por los caminos que emprender excursiones, aunque es cierto que he subido al Ibon de Acherito que año tras año aplazaba para el siguiente y al fin lo he conseguido. He comido de manera desmedida (y muy bien) hasta el punto de ver peligrar la cifra del medio. (Sin perder mi atractivo cuerpo, por supuesto).





He intentado ver la tele lo menos posible para no sucumbir al odio contra los que nos gobiernan y no se merecen ni mi atención. Desconfianza es la palabra, mentira, descrédito, manipulación, ineptitud ¿Cómo podremos explicar a nuestros nietos que siendo los peor gobernados del mundo no haya pasado nada? ¿Qué tiene que suceder, acaso que mueran 50000 personas? Uy no, que eso ya ha pasado; ¿Que en una pandemia mundial tengamos los peores datos? Uy eso también. ¿Que se dejen de dar datos de evolución porque la gráfica quede fea? ¿Qué salga alguien en la tele diciendo que los 50000 muertos infectados se han podido morir por accidentes de tráfico? Todo eso ha pasado mientras las teles daban sálvame de luxe, una serie turca de amor o cómo el Zaragoza perdía una vez más la posibilidad de subir a primera. Circo, mucho circo, mientras resonaban todavía aplausitos desde el balcón y médicos protegidos con bolsas de basura.

Cansancio, un fuerte cansancio sin reporte de haber llegado. Como cuando paras a mitad de camino para tomar aliento y ves la cumbre lejos y la bajada complicada. Un verano entre paréntesis borracho de lentitud. Una apacible lentitud preludio de lo desconocido y la incertidumbre de lo que falta por llegar. Si a mi se me diera bien el andar por los caminos, hubiera andado mil leguas en línea recta, pensando, solo pensando, sin aspiraciones ni reproches. Algo parecido debe de sentir la gente que sabe meditar. Una felicidad vacía, sin aconteceres, sin anécdotas. Que sea más fácil escribir en el blog lo que siento  que lo que vivo.

He dejado el teléfono de trabajo enchufado conscientemente por si alguien podía requerir mi ayuda, como así ha sido, o tan solo porque alguien necesite hablar un rato y desaguar en tiempos de tormenta, que también. No es una cuestión de buenismo, sino de que la paz a veces también requiere de autocomplacencia y de poder estar satisfecho de uno mismo.

También he dejado a mis hijos hacer más o menos lo que querían (dentro de un orden, claro) y que mi mujer utilizara su tiempo sin programas ni obligaciones autoimpuestas típicas de época estival. Cada uno a su bola estando juntos cuando queríamos y disfrutando también de un silencio compartido. Respirar, necesitamos respirar. Todos juntos cada uno por su lado.

Los últimos días han sido de playa porque sin mar me muero. Me he bañado al anochecer, cuando ya solo quedaban sombras de colores pastel apenas diferenciadas tras mi  creciente miopía e intuyendo el sol morir en naranja. Este año hemos ido menos días porque en la playa la gente era bastante desobediente, pero suficiente como para quitarme el mono.

También me he cambiado el móvil que ya era hora, regalo de mi familia. Una vez más ha quedado postpuesto mi viaje a Nueva York. Cada vez que quiero ir pasa una tragedia por allí. Quizá la sabiduría de la edad sea eso, saber que determinadas cosas ya no las harás y que no te importe demasiado. 

Bueno que no os lo he dicho, pero es que este verano he cumplido 50 años.

viernes, 5 de junio de 2020

Una mañana de teletrabajo. Aquellos dias de coronavirus (7)

8.15 suena el despertador. Puffffffffffffff un poco más. Me arrebujo. Poner la mente en blanco. Contar hacia atrás. ¿Qué hay que hacer hoy? ¿nada y todo? Se me pegan retazos de vivencias descolgadas del día anterior. Es una sensación rara, con sabor a incertidumbre y continuidad. Todo difuminado
8.23 ¿Me levanto o no? ¿Quién me obliga? Ya pasaron esos momentos iniciales del coronavirus en los que te ves obligado a levantarte para aparentar. Cierro los ojos para pensar más fuerte, para ser tan leve que nada te afecte. No soy nada, el aquí y el ahora.
8.30 Suena el pitido rítmico y penetrante. El sudor en los oídos me hace de tapón. ¿Los levanto o les dejo dormir? Al fin apago el despertador y al mismo tiempo subo la ventana para saludar al día.
8.45 Voy al baño, echo una mirada al móvil. Un seguidor ficticio en el Twitter del trabajo, un cumpleaños en facebook de una chica estupenda que conocí en un canapé, tres notificaciones de futbol, un nuevo Instagram de juanradiablo y otra precioso amanecer de desgraciacidito desde Prosperidad.
9.00 Abro el ordenador me meto en classrooom, esa especie de Facebook para profes con ganas de trabajar. Esta llena de tareas pendientes de mi hijo pequeño. Abro Outlook y me meto en el campo de minas del trabajo donde tan pronto sopla la brisa como el huracán que se lleva al mundo.
9.15 Todo se enreda y la primera luz de la mañana se mezcla con un móvil lleno de gracietas, cochinadas, política y trabajo.
9.25. Entro en la habitación de los críos, a oscuras, y los miro durmiendo ausentes. En esa adolescencia actual en que todo es efímero e intrascendente. Casi nada importa: ni la preocupación de su padre, ni su madre trabajando desde las seis, ni los muertos convertidos en aplausos, ni un gráfico de barras donde se juega con muertes y resurrecciones amañadas.
9.30 Menos veinticinco, me decido a despertarlos. Seguramente están soñando felices con los partidos que quedan de liga para que suba el Zaragoza, series de Netflix y cantantes de reggaetón con canciones lascivas y odiosas. Subo las ventanas de golpe como hacía mi madre y desperezan entre protestas como hacía yo. ¡Venga Arriba! que a las diez tenéis una videoconferencia en el classroom.
9.45 Me propongo ducharme para borrar una noche llena de incertidumbres: soñada más que pensada, porque los sueños acunan y los pensamientos desvelan.  No me ducho porque me engancho a mirar correos de curro y titulares de una prensa edulcorada con millones de euros. Los mails, los guasaps nos enredan aislándonos del tiempo en un espacio ficticio y virtual.
10.00 Oigo de refilón las lecciones virtuales de profesores, luchando para que los padres no dejemos de pagar el recibo que les mandaría al desempleo. La Logse pierde sus patas sin experiencia y queda como un reptil informe esperando la muerte.
10.15 Me rebotan desde el trabajo la llamada de un usuario que no sabe si preguntar, proponer o llorar. Le contesto lo que sé durante media hora y me cuenta como empezó con su negocio hace diez años, con todo su esfuerzo y como se ve a hora. Miro al tiempo las nuevas normas que vomita compulsivamente un gobierno noqueado por la realidad que atropella su mediocridad.
10.45 Sigo leyendo normas improvisadas, incoherentes, que dejan mares de dudas e inseguridad cuando la gente solo quiere un tablón de seriedad al que asirse tras el naufragio. Tenemos un gobierno de aficionados y cuñados, pienso.
11.00 Leo todo el listado de cosas que debería hacer y que en circunstancias normales ya hubiera hecho en la oficina a las once. Sin embargo prefiero hacer un listado de tareas pendientes del cole de mi peque. En cuanto acabe me pongo con el informe que tengo que terminar antes de comer.
11.15 Reflexiono y me doy cuenta de que en esta enseñanza que nos han vendido tan centrada en el aula, tan llena de ejercicios, con tanta experiencia y autoconocimiento del niño es quizá cuando el trabajo en casa es más necesario. Me inculpo por no haber estado. Al mismo tiempo les inculpo por una docencia tan llena de evaluaciones y tan vacía de contenidos. Calculo a ojo que están aprendiendo un 40% de lo aprendíamos nosotros a su edad. Me sigo inculpando por no haber estado.
11.30 Papa que me pongo a desayunar que a las 12.00 tengo otra classroom. Joder, no me he duchado, no he hecho las camas, no he recogido. Voy desbrozando el desorden sobre la marcha para que al menos la casa tenga apariencia. Papaaaaaaa no abras todas las ventanas que me yelo. Mordisqueo un trozo de pan y un trozo de mañana mientras abro los dos ordenadores para reagrupar documentos que me ayuden en el informe.
11.45 Llegan correos como en una lluvia fina que entretienen los cuartos de hora, procastinación le llaman. Llegan los guasaps con mensajes llenos de política y desasosiego. No contesto, solo me cabreo con esos que me echan la bronca por cabrearme y quieren que salga a la ventana a aplaudir al arcoíris. Con cuarenta mil muertos no me sale, lo siento.
12.00 Suena el teléfono ¿Pero tu te acuerdas de que tienes madre? Me dice la Consuelo. Pero si me dijiste ayer que te levantabas tarde porque no podías dormir. Me doy cuenta de que muchas veces echar la bronca es una menera de reivindicar la existencia y le doy la razón y me callo.
12.15 A la ducha que me voy. Y el agua cae tan abrasadora como la realidad. Pienso, pienso mucho en estos días en los que los cincuenta cercanos te hacen escéptico y sarcástico como la desilusión. Papaaaa solo era para dudas y yo no tengo dudas así q dejo la conferencia. Ponte ahora mismo en el classroom o no ves la play en un mes.  Vaaaaaaale. En el cuarto del mayor oigo charlas distendidas de adolescentes dándose importancia ¿vosotros estudiáis o estáis comentando la vida? Un poco las dos cosas.
12.30 Suena el teléfono. Llamadas de médicos sin fronteras y otras organizaciones varias queriendo hablar con mi mujer para recomendarle obras sociales todavía sin financiador. No me gusta el telemarketing social, qué le voy a hacer, y educadamente les indico el riesgo que tiene que no solo no les compre nuevos trozos de cielo sino que revenda al pormayor los pocos que ya he comprado. Me entienden la indirecta y piden disculpas. Da igual mañana volverán a llamar como vienen haciendo todos los días. Les entiendo, pero no me gusta.
12.45 Hablando de acción social me mandan un “pdf bomba” de la organización de niños en la que participo. Anda leete el pdf, son cuatro líneas (pdf bomba es un pdf de más de 50 folios enviado como cuatro lineas) , tu que eres abogado y estas tocándote los guebos de teletrabajo. (sic guasap) Me dices que opinas. No soy abogado. Bueno pero has estudiado derecho. Anda leetelo que son cuatro líneas y me dices (el presi de la fundación). Vaaaale.
13.00 Suena el teléfono. ¿Pero tu te acuerdas de que tienes mujer? Ni se te ocurra dejarles la play después de comer. ¿Cuando vuelves?. A las siete o así. A las siete de ayer que fueron las ocho o a las seis de antesdeayer que fueron las nueve. Oye que yo estoy trabajando y tu estás en casa. Por eso. Bueno ni se te ocurra dejarles la play que tu eres muy blando y te toman el pelo.
13.15 Ostras la una y cuarto tengo que escribir el informe. Papaaaaaaaaa me ayudas con svt? Nos han puesto un quizzz que es muuuuuy difícil? Y eso del quizzz qué es?? Un examen. Hazlo tu solo y yo lo reviso. No se puede porque cada pregunta tiene tiempo. Veeeenga va pero luego me dejáis tranquilo que tengo que entregar una cosa. Papaaaaa tu crees que Suarez se quedará. Ni de coña está cedido al zaragoza. Y compraremos alguna tele donde echen el futbol. Ya veremos. Bieeeeeen papa dice que sí. (eres muy blando, eres muy blando eres muy blando).
13.30 Suena el teléfono. ¿Tu te acuerdas que tienes suegra? Cllaaaaaro querida suegra. Bueno que opinas de lo que están echando en la tele? Lo siento no veo la tele, estoy acabando un informe. Como no vas a verla? El tipo ese de los pelos que dijo que habría dos casos como mucho no tiene vergüenza, van para cuarenta mil muertos, claro los viejos no le importamos a nadie, por ejemplo tú ni me llamas y estas todo el día en casa,  y el de los pelos sin dimitir. Anda pásame a los chicos. Ponte duro con ellos que tu eres muy blando y te toman el pelo.
13.40 Papaaaaaaa la Bretaña es una isla? Eso es Gran Bretaña. No me sueltes rollos es una isla o no? Es un quizz? Nooooo es el programa de preguntas de la tele. Vas a hacernos la comida son casi las dos. Hacerosla vosotros que es solo calentar el tupper. Jo estas todo el día con el informe y ni nos haces la comida.
14.05 Guasap. Mandame el informe, lo que tengas que hay que mandarlo ya. Mi jefe. Corta pega, corta pega. Te lo envío ya mismo.
14.15 Llamada. Han comido ya? Seguro que han estado escuchando dos tontadas en internet y te han contado que han hecho todos los deberes, que tu eres muy blando. Van muy retrasados y tienes que aprovechar a estar con ellos que cuando empieces a trabajar no podrás . Perdona, estoy trabajando. Bueno sí, pero un rato les podrás dedicar, por cierto llama a tu madre y a la mia que bien poquico te cuesta. Ya he hablado con ellas. Y que querían. Que me pusiera a Federico para escuchar poner a parir a Simón. Volverás pronto? A las seis o así. Ya.
14.30 Llamada. La play ni se te ocurra darsela. Jodeeeeeeer que sí.  Chico que mal caracter se te está poniendo. No sé si es el coronavirus o las pastillas del colesterol. ya te cuelgo si te molesto tanto.
14.40 Envío un refrito ilegible a mi jefe.

lunes, 13 de abril de 2020

Aquellos dias del coronavirus (5): Gente corriente y el chino Cudeiro.

Tres semanas más la semana santa, hacen cuatro semanas desde el 16 de marzo. En este tiempo he bajado como mucho cuatro o cinco veces a comprar el pan y un par a la farmacia, otra vez porque, para evitar desplazarme, le pedí a una compañera que me acercara unas carpetas a la puerta y poco más. La nuera de la consuelo como es esencial (en todos los aspectos faltaría más) cuando vuelve del trabajo compra víveres para sus leones y todos esos caprichicos que hacen de nuestra reclusión más llevadera.

Cosas que llevo mal es darme cuenta de cuanto necesitan mis hijos que les ayude con los estudios. no me refiero a ahora, más bien a cuando no es ahora. Casí siempre les he echado la culpa a ellos de que estudian poco, pero en estos dias me percato de que realmente tienen que estudiar mucho. Al oirme diría la Consuelo, también tú tenías que estudiar mucho y yo no te ayudaba; puede ser, pero no puedo por menos que darme cuenta de cuanto me necesitan y las pocas veces que estoy para el tema de estudios. El hábito de estudio no se genera con la bronca del fin de semana sino con la vigilancia cotidiana y llegar tarde a casa casi todos los dias no ayuda mucho. También es cierto que los profes están sacando al escaparate sus méritos y que, como tampoco saben por donde puede desaguar esto, están especialmente hacendosos. Todo dicho de paso con materiales (salvo excepciones) muy bien currados y presentados por ellos, las cosas como son. Tras momentos de desasosiego ya me voy acostumbrando a la mecánica de plataformas, descargas compartidas, videoclases y demás. Lo que ratifica mi idea de que para aprender lo más importante es tener necesidad.

Tampoco me he desmadrado mucho comiendo por lo que si bien sigo sobrepasando Europa FM todavía no llego ni a radio Ebro ni a Kiss FM.(Para los que no sois de mi pueblo esos es moverse entre el 100.5 y el 105.2 Manera que tenemos con un colega de referirnos a nuestra abundancia de físico para nuestro solaz y perplejidad de los que nos escuchaban sin entender nada. A este paso llegas a radio maria chaval!). Pues eso que no me paso. Tambien es cierto que mi umbral cervecil siempre está muy alto por lo que los porcientos cuando estás en máximos resultan inapreciables. (seguro que esto tiene algun nombre matemático).

Hablando de estadisticas esa es una de mis aficiones caseras en mi reclusión. Un servidor que es de letras puras con griego (disculpen el oximoron) encuentra de un tiempo a esta parte una extraña adicción al tema estadístico y sus sesgos y celadas. La culpa la tienen Kahneman y Tverski con su ejemplo de los coches rojos y verdes en Pensar rápido, pensar despacio. Un testigo está al 90% seguro de haber visto un coche rojo en una ciudad en la que hay un 10% de coches rojos y un 90% de coches verdes matriculados.Pues aunque parezca mentira no es una probabilidad de 9 de 10. Yo que soy mu tonto y por lo tanto me lo tengo que explicar muy facil a mi mismo me lo he traducido como el caso del terrorista chiita. Es decir, sabiendo que un detector de bombas tiene la certeza del 80% y estando yo al lado toca el pito donde estaria más tranquilo en España (sin a penas terroristas) o en Irak. Cambien eso por certeza de test del virus y ahí que estoy aplanandome las meninges peleando con Bayes.



He de decir en mi beneficio que soy una persona de entretener sencillo y ambiciones básicas tirando a misioneras. "Le das un libro y ya no hay chico" que decía mi madre. Por ello con desaguar la bilis en algun post contra el patán de moncloa, ser "de algún versillo autora auque ya no este de moda" que decía la cantautora y engancharme a la lectura (o conclusión) de libros pendientes soy más feliz que una perdiz. Mi problema es que me engancho con facilidad y es mu dificil el pararme. Ayer, sin ir más lejos, me leí Tiempos Recios de Vargas Llosa de dos sentadas (la final de diez de la noche a ocho y media de la mañana del domigo de resurrección sin solución de continuidad que decimos los pijijurídicos). Me he terminado el de Miguel littin de Garcia marquez que no me ha gustado nada, Carreteras Secundarias de Mtz Pison que me ha gustado mucho, repiqueteo El camino del Corazón del neotuitero Dragó que no me está disgustando y tengo en estado avanzado de gestación El mapa y el territorio de Huellebeq y Entre dos aguas de Plinio Apuleyo Mendoza, sin contar ensayos que mordisqueo. Entre mis gilipolleces nemotécnicas estoy en el aprendizaje de los presidentes americanos (que no sabía que el año electoral coincide con el año olimpico), Estados eeuu e hitos significativos en ellos y gobiernos en el periodo de Alfonso XIII. Tambien a raiz de un libro de Townson estoy profundizando en el estudio del partido radical en España.

Trabajar trabajo aunque parezca lo contrario. El problema es que como los "vectores de socialización" (perdón gobernantes y sus voceros), tan pronto tienen diarrea legislativa como "constipation" nunca se sabe si ese día vas a estar zampando melonadas del BOE o por contra morirás de inanición. Igualmente son los subidones de euforia de la señora Montero que nos quiere sacar de casa mañana como los bajonazos y depresión del triste de Illa que nos vaticina comernos las uvas en soledad. (Por cierto y con todo mi cariño a los andaluces que pueblan mi blog a esta señora yo que soy de orillas del Ebro no le entiendo una palabra, no sé vosotros, o me la subtitulan o casi prefiero intuirla por la interprete de signos). Y esto de la incertidumbre es un problema (no sé si buscado) porque tan pronto una mañana te dicen que lo que tienes que entregar tiene de plazo seis dias como en la siguiente llamada te lo empujan hasta junio. Así que en esas estamos haciendo del "chino cudeiro" de humor amarillo intentando pasar por la cornisa estrecha mientras cuatro josdeputa te tiran pelotazos. (por favor leeros la entrevista a la que os enlazo sobre el chino cudeiro de Juan Herrera que es sensacional).

Pues en esas estamos, lo peor de esta broma es que no es una broma. Nos venden la cosa como si fuera el Got talent del balcon, la payasada del guasap y el cine de barrio made in USA de antena3 cuando nuestros jóvenes están (estamos) viendose en el paro y nuestros yayos están acojonados que ni ganas tienen de tontear. La cosa no está en que se nos vayan los muy mayores que todos sabemos que si no es una mala gripe será una caida en el portal. (Mi yaya se murio hacé un año a los 95 con la bondad en las manos y la cabeza llena de paja) y doy gracias de que se fuera entonces y no ahora; no por ella que vivia en su felicidad al margen, sino por mi madre que no hubiera podido soportar que se fuera sin poderla despedir.
La cosa como decía son los medio-mayores, los de setenta para adelante con la cabeza lúcida para reflexionar y la pistola de la ruleta rusa en la mano en forma de bichito cabrón. A nuestros mayores no pueden contarles gilipolleces de la sextanoche con actores vestidos de tertulianos; ellos que han peleado mil guerras saben que cuando las cosas se hacen bien a veces salen mal, pero si se hacen mal tienen todos los números para salir peor. Llamo a mi suegra que es el ejemplo del anarquismo singular (osea hago lo que me sale de los güebos) y ahora la veo cobijada en casa obediente como perrico apaleado, llamo a mi madre y me dice que no sabe si alguna vez les dejarán ya salir (y se me cae el alma a los pies) y me cuenta todos los programas de ordenador que está aprendiendo para hacer video conferencias con sus amigas y que eso de la "uve doble y la equis" que le puse (lease word y excel) que lo va a quitar porque no le sirven para nada a ella ahora, lo que le gusta es lo de ver a sus amigas por el video (... y piratear peliculas en el emule eso no lo dice).

Pues nada así van yendo las cosas a la gente corriente. "Y nada más, entiéndeme, todo lo mismo con unos años más, más pesimismo" que decía Labordeta.