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viernes, 4 de noviembre de 2016

DIVAGANDO sobre LOS LATIFUNDIOS y EL CAMALEON SOLTERO

He adquirido desde hace unos días el hábito recurrente y a la vez sospechoso de que cada vez que asiento mis posaderas en la loza del señor roca me hago acompañar del Camaleón Soltero. Estoy seguro de que vuestros pensamientos atrevidos y lascivos os hacen representarme junto al iguano como protagonista de alguna visión facilitadora del pecadillo de Onan, pero siento desencantaros: nada más lejos de la realidad. Así que salvaré aqui, mi ya empobrecido honor, contando una reseña a bocajarro del asunto. 

El camaleón soltero es un grupo de relatos muy divertidos: mitad constumbristas mitad choteantes que escribió un maduro y ya somardón Cela en el desaparecido diario El independiente. Siempre que recuerdo aquel noticiero veo a un compañero de facultad, con nombre de emperador y aspiraciones de postmoderno, que habitualmenter andaba con gallardía lindante a la ridiculez con dicho periódico debajo del brazo. Creo que era su único lector. 

En nuestro grupo, adquirió el mentado egresado, gran resonancia por un acontecer irrisorio de esos que se acomodan en la tradición oral intestina de los compadres; pero que, fuera de ellos generan perplejidad y desdén en el resto. Y que se manifiesta en la consabida pregunta ¿De que cojones se reirán estos imbéciles? 

Resulta que un amigo del independiente lector, y también nuestro, anduvo de viaje por las islas japonesas. A su regreso nosotros le hicimos todas esa preguntas propias de nuestra altura de miras: es decir: si las japonesas estaban buenas, si era verdad esa leyenda promiscua de las colegialas niponas y cualquier otro referente característico de nuestra suciedad de miras y bajos hábitos pornográficos de aquellos recién estrenados noventa.

Pero el zagal, lejos de equipararse a nuestros mediocres propósitos inquisitoriales y con el objetivo claro y altivo de destacar una vez más por encima de nuestra bajura, no tuvo más ocurrencia que preguntar a voz en cuello. ¿Oye en Japón hay muchos latifundios? cuestión que sirvió para que, tras ponerle todos cara de catador de vinagre y corear la lerdez a modo coral , quedara ya para siempre apodado con el pronombre caustico de El latifundios. 

Es por eso que desde aquel lejano y venturoso año 91, siempre y cada vez que a alguien le da por visitar países lejanos sean insulares, peninsulares o continentales es sana costumbre de nuestra tribu requerir al viajero sobre la existencia o no de latifundios en esas tierras visitadas. Lo cual tratándose de Arkansas pudiera tener cierto sentido pero que referido a Mondoñedo provincia de Lugo no hace sino acrecentar nuestra reiterada fama de majaretas de atar. 

No os recomiendo el libro, pero no por carecer de interés, que lo tiene y mucho, sino por no embarcaros en una búsqueda baldía y compleja para encontrar este folletín descatalogado. Sin ir mas lejos, yo solo he podido lograr. en un rastro de viejo, y en una versión añosa y pegajosa que estoy leyendo no sin escrúpulos, ya que contiene restos creo que humanos pero de sospechosa procedencia anfibia que bien pudieran ser incluso escamas del propio oviparo de Iria Flavia donde por cierto ignoro si proliferan o no los latifundios.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Cinco Esquinas Vargas Llosa Opinión y Crítica

No comparto ese común que se extiende por las redes sociales diciendo que Cinco Esquinas es un libro menor de Vargas Llosa. A mi me ha parecido un libro más que bueno. Hay que decir que soy poco objetivo y que considero que no me he leído ni un libro malo de Varguitas ni de Gabo. Contados así por encima me he zampado al menos diez de cada uno y ni uno me ha decepcionado. Otrosí digo que a mi incluso  Las travesuras de la niña mala me pareció un libro sensacional, esto como presentación, para no esconder que soy lo que se llama un forofo en toda regla de don mario.
             
El problema es que Vargas Llosa ya no está, o no quiere estar, para escribir novelones de mil paginas. Por eso, cuando este libro le empezaba a tomar cuerpo, y cuando la historia le crecía sensacionalmente bien contada entre las manos decidió conformarse y darle un bajonazo y fin, chis pun. Mirad que siempre me quejo cuando los escritores empiezan a paginear para hacer gordo un libro breve, pues en este caso todo lo contrario. La historia tenía varias vetas que sin mucho esfuerzo hubieran podido dar mucho oro del que nos acostumbra D.Mario. No sé, el amor entre los dos periodistas; profundizar más el personaje de Luciano, explicar cómo Chabela y los otros ricos llegan a su posición social. Mil cosas. Pero no, no quiso que fuera grande y se quedó nada menos que en un buen libro.

Cinco esquinas es un libro de clases sociales, una visión cruel y sobre todo cínica de las clases sociales limeñas. Una visión desnuda de los barrios altos que curiosamente son los bajos (Cinco Esquinas) y por otro lado las bajezas de las casitas con verja y antejardín y polvos con olor a Chanel de los pijos más repijos de Miraflores. No creo, de verdad, que el centro de la novela sea el periodismo amarillo, como dicen casi todas las reseñas; sino más bien el poder envolvente a todos los niveles que tiene la corrupción y la tiranía sin escrúpulos.

Pero sobre, lo que a mi más me ha gustado, de Cinco Esquinas es como detalla magistralmente esos momentos en la vida en los que meter la pata está a la misma distancia que dar el pelotazo del triunfo. Tanto Juan Peineta, como la Retaquita, como Cárdenas, como Garro todos ellos a lo largo de la novela tienen esa decisión en las manos que te encumbra o te manda al infierno. Ese momento puntual de la vida en que la cagas, así sin más o te conviertes en un triunfador. O vives en Miraflores o te da pol culo un preso.

En esta novela hay mucho del Vargas Llosa de siempre: las historias desmontadas que van hilvanándose unas con otras, el lenguaje cuidado de buen escritor y la descripción de los personajes. Vargas Llosa es un genio dibujando tiranos. En muchos casos me venía a la cabeza el Trujillo de la Fiesta del chivo,esa descripción de los barrios limeños  que hacía en Conversación en la catedral, esas señoras de alta cuna y baja cama que contaba en La tía Julia y como siempre la pregunta que se hacía santiago zavala ¿en qué momento se nos jodió Perú? porque de eso va también el libro, de saber si Perú tiene remedio.

Vargas Llosa tiene a mi entender tres características significativas que lo definen no superar su fracaso político del 90, su querencia sexual estrafalaria y ser un escritor como la copa de un pino. Mientras controla las dos primeras la tercera, la de ser uno de los mejores escritores en español, toma un protagonismo deslumbrante y excepcional. El problema es cuando se deja llevar por las otras dos. Y el libro andaba bien, muy bien, hasta que la descripción de un tirano como Montesinos pasa a ser una vendetta personal contra él y los polvos lesbicos muy bien descritos se convierten en calentones raritos del autor.

A ver, que entiendo que lo de perder las elecciones con Fujimori en el 90 debe ser como que te gane 7-2 el Llagostera que o hay trampa detrás o el ridículo te dura toda la vida. Pero hombre, no puedes estar en fijación con el chino y montesinos hasta que te mueras. Los articulos políticos de mario son una tabarra inaguantable siempre con lo mismo. Y por otro lado sus querencias sexuales con tías, primas y demás seres peregrinos es más que conocido (y actual). Cuentan que Carlos Barral. al enterarse de que Mario se había echado una  nueva amante, preguntó: "¿Son familia?". Al contestarle que no, el irónico editor, apuntó: "¡ah, entonces no durarán mucho!". Es como si una relación sin algo escabroso o morboso no le pusiera a varguitas.

El libro se lee de trago, es mucho más profundo que hablar de periodismo amarillo y aunque digan que no,  te encuentras al Vargas Llosa de siempre, al impecable contador de historias y a sus personajes de toda la vida: Los periodistas muertos de hambre, las niñas malas de casa bien, las clases sociales limeñas, los tiranos en su máxima hijoputez, las putas y el sexo; el dinero; en fin todo eso por lo que nunca me canso de leer las novelas de  Don mario y sin embargo hago una pelota de papel con sus artículos políticos.

Leedlo.

martes, 2 de agosto de 2016

El bar de las grandes esperanzas. Un libro de cuentos.

El bar de las grandes esperanzas se vende como novela pero es un libro de cuentos. Cada capitulo tiene estructura de cuento y desarrollo de cuento. Alguno de ellos sencillamente magníficos y en otros (los menos) la cosa decae. Es un libro de cuentos americanos escrito por americanos y prioritariamente para gente americana, perdón quiero decir estadounidense, perdón neoyorquina. Con continuas referencias a escritores, cantantes, ídolos made in usa de los que la gente que conozca obamilandia sacará mucho más partido, sin duda, que los que habitamos en las orillas del Ebro. ¿Cuánta gente conoce las reglas del béisbol? ¿Cuánta sabe cómo funciona el mundo de las apuestas? Y así montones de referencias al submundo y microclima eeuu.

Y con esta introducción pensareis que no me ha gustado. Todo lo contrario, el libro es una delicia. Es un libro de recuerdos de infancia y juventud. Aquellos maravillosos años con su voz en off y su McKellar en el recuerdo puffffffff El libro evoca con una escritura cuidada (y una traducción más que digna de Juanjo Estrella) la vida y los recuerdos del escritor. Todos los recuerdos conducen al Publicans el bar que sirve de nexo entre las historias.
Es cierto que en algunos momentos pierde linealidad y estructura. Pierde el guión ordenado a favor de los sentimientos que se le agolpan. Pero creo que es y debe ser así. Los recuerdos saltan por capítulos, por episodios, como si fueran cuentos que relatan etapas. No todas las etapas, sino solo aquellas que se le quedaron con mayor fuerza en el recuerdo… y claro a veces se le quedaron chorradas y el autor nos premia, digo castiga, con partes del libro perfectamente prescindibles para nosotros, pero que deben de ser importantes para él.
El relato es fluido, entretenido, entreverado con reflexiones sobre la vida y pensamientos de lo que uno quería ser y en lo que, más mal que bien, ha terminado siendo. Representaciones de personas que fueron referentes en nuestra adolescencia y nos acompañan toda la vida. El libro las agranda o las encoje a gusto y a ratos. El sexo iniciático desde la lejanía, el desamor, el futuro prometido (falsamente) tras el título universitario, los primeros trabajos…
Y sí, alcohol, mucho alcohol, todo el alcohol. Hay cuentos que el alcohol es ensalzado, en otros mostrado con su máxima crudeza y sus efectos destructivos, pero todo el libro esta bañado de alcohol. La familia bañada en alcohol, sus amigos del bar, sus resacas contadas con pelos y señales, todo.
El libro aun siendo divertido, deja un poso de tristeza. Como si uno hubiera dado mucha importancia a personas que tras unos años terminan escapándose indefectiblemente de la memoria. Recuerdos importantes que luego se van entre los recovecos de nuestros nuevos problemas como si jamás hubieran existido. El bar de las grandes esperanzas es eso, una reivindicación de nuestros héroes infantiles, no héroes de capa y espada, sino héroes cotidianos, nuestros tíos, vecinos, primos.... Pequeños retazos de esa gente admirada de nuestra juventud, gente normal: compañeros de clase, anécdotas que nos marcan y merecen un subrayado a la edad tardía.
Quede claro, que no son ese tipo de cuentos americanos, ahora tan ensalzados, que ni empiezan ni terminan tipo Carver o Lucia Berlín. Aquí son historias completas, muchas redondas, algunas sensacionales, unas pocas cansinas, pero a fin de cuentas historias entretenidas y bien relatadas. Un muy buen libro si lo pasas por el tamiz de las americanadas que separa el grano gordo de la escritura fina.

PS-.Eso si el libro es tan americano que cae en un defecto típico que me saca de mis casillas. Lo del epiloguito contando que ha sido después de la vida de los personajes. Por favor ahórrenselo, no aporta.

martes, 19 de julio de 2016

Lorenzo Silva Donde los escorpiones. Opinión y crítica. La función del epílogo.

Si la novela Donde los escorpiones de Lorenzo Silva tuviera solo dos capítulos: el primero y el epilogo ya merecería la pena leerla. Lorenzo  Silva ha pasado de ser un estupendo narrador a ser un gran escritor, que parece lo mismo pero no lo es. Un buen escritor a mi manera de entender las cosas, es aquel del que disfrutas leyendo escriba de lo que escriba: por el ritmo, por el tratamiento orfebre de las palabras, por acertar con el adjetivo que marida con el nombre perfecto; por estirar el significado a los verbos hasta el límite de lo posible y construir personajes y espacios propios con palabras. En esto de las policiacas, para mi Garcia Pavón es el ejemplo de escritor y Lorenzo Silva pide en estos dos capítulos el visado preferente para entrar en ese club de privilegiados.


En estos dos capitulos se describe con maestría el submundo de la droga en Madrid, la cañada real, el sentimiento de vergüenza admitida que se encuentra cuando ya te crees por encima de todo y metes la pata. El dialogo y el aprecio entre dos polis viejos. La descripción de un submundo acuartelado a tres paradas de metro del centro. Un espacio que a modo de burbuja vive aislado del entorno La casa cuartel en medio del pais vasco de los ochenta, la base militar en el centro de Afganistán, el barrio residual.

Y en ese submundo, en ese lumpen madrileño, en esas burbujas de pobreza en medio de la opulencia, rigen normas propias, jerarquías locales, personajes grandes y respetados como la Jessica sin más galón que su propio prestigio, nada menos. Por eso, las afrentas que más allá de sus lindes quedarían en mera controversia, dentro de este microcosmos se agigantan y son causa de reto a muerte. Y es que, hay que saberlo, en las zonas límites no se reta a primera sangre, sino a muerte. A la puta se le puede follar pero no se le puede humillar, si te dice que no le des pol culo, no le des, puedes pactar unas cachetadas pero si le das una hostia te ubicas fuera del contrato y en el plano de la humillación. Y hay personas que eso no lo saben y así les va.

También habla de ese momento, justo al otro lado del meridiano, en el que uno deja de tener como objetivo cambiar el mundo y tan solo ansía quedar en paz con su conciencia resolviendo sus obligaciones de cada día. Solucionar los problemas cercanos y dejar para los sueños la revolución pendiente. Os creéis que arregláis algo, no tenéis ni puta idea. Les dice la Jessica. Os empeñais en querer arar el mar.

Lorenzo Silva habla también de vidas malgastadas en la espera, de las vidas erradas que decía el maestro Castilla del Pino, de los tiempos vacíos entre las batallas, de las milis de tres años sin guerra. En los padres jubilados en el coche que aguardan silenciosos y a la espera la llegada de su hijo a caballo o en camello por el Gallinero de la droga. Giovanni Drogo y Kavafis jugando a cartas mientras llegan los barbaros que den sentido y razón de ser a su vigilancia armada. ¿Quiénes son los bárbaros los invasores o los invadidos? El aburrimiento del entretiempo, el ocio folloso en Herat, la partida media entre la apertura y el inicio de la batalla que llevará al jaque mate.

Y para rematar una cita de extremoduro, mejor de Robe Iniesta, uno de los filosofos contemporáneos más brillantes de este pais. Que grandisimo el ultimo disco en solitario: Yo que pensaba, yo que creía firmemente en el amor, hoy ya sé que no. Que ya no importa y que a la vida hay que buscarle otra razón, y busco en los colores del atardecer y no la encuentro. No es esta cita es otra de la misma canción  pero esta me golpea con la crueldad de lo real.

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-          Oye, por cierto, nos hablas de dos capítulos magistrales ¿y el resto del libro?

Pues el resto del libro entra en la mediocridad. Muy por debajo de la Marca del meridiano y Los cuerpos extraños por citar dos de los últimos buenos libros de Vila, perdón quiero decir de Silva. Sin embargo el envoltorio (los dos capítulos a los que me he referido) da todo el sentido a un caramelo jauto. “Donde los escorpiones” tiene razón de ser porque se prologa y se epiloga con la maestría de dar sentido al sinsentido con una literatura de primer nivel.

No sé en el tuyo, subteniente, pero en mi mundo no hacen falta muchos motivos. A veces las cosas pasan sin más.

Es como cuando ves una peli, te parece una sosada, y tienes un amigo cinéfilo que te la cuenta dando profundidad a lo superficial y terminas preguntándote si el valor esta en la película o en tu amigo, que ha utilizado la peli para contarte estupendamente algo en lo que el director ni se paró a pensar.

Vamos a ver:

1-. Puedo comprender que Lorenzo Silva se haya convertido en el cronista y defensor  de la guardia civil, a mucho orgullo por su parte. Pero debe entender que aunque a él le guste mucho encandilarse páginas y páginas con interioridades de la benemerita a los demás se nos hace un poquico pesado. El relato pierde frescura con un abuso de las páginas publicitarias sobre la guardia civil. Alguna vez creo que debería poner una R de esas que ponen en los periódicos para identificar la publicidad. Es como de Prada que hable de lo que hable siempre habla del vaticano.

2-.”Donde los escorpiones” entrará en los manuales de policiaca como ejemplo de Macguffin. El autor nos entretiene aquí y allí contando cosas que no llevan a ninguna parte y que nada aportan a la trama. La historia, de por si, tarda 140 páginas en llegar a lo interesante y cuando llega a lo interesante, que además luego es esencial para el  desenlace, se lo quita sin embargo de un plumazo sin a penas profundidad.

3-. Pasa, ya hemos terminado- le dijo garcia y se volvió al teniente: llévalo si quieres a hablar con el sargento Bernabé.
 Si te parece mi comandante, yo me retiro_dijo Pardo. Creo que es mejor que el subteniente esté a solas con el sargento.

Será porque uno es objetor y no está familiarizado con la nomenclatura castrense, pero me he hecho un lío de tomo y lomo durante todo el libro sobre quien en quien por esa manía de identificarlos con el rango y no con el nombre. Abusa de ello, sin más.
Vila cae en un error, a mi entender, que es de primero de policiaca, que es el no definir claramente los rasgos de los personajes para que el lector se aclare cuando se desarrolla la trama. Y es un error en el que nunca cae Silva, quien en sus novelas siempre pinta con rasgos definidos e identifica muy bien a cada uno. Aquí no, hay veces que como en el parrafo que pongo todo termina siendo un galimatías de comandantes, tenientes, brigadas y cabos sin saber quien es quien.

4-. En algunas partes me ha recordado españoles por el mundo. El escritor estuvo allí y lo quiere contar. Perfecto. Que haga un libro de viajes y como Silva escribe de puta madre y está un rato leído pues nos detalla lo que es Afganistan, su historia y pobladores y le aplaudimos y ya está. Pero esto es una novela policiaca y tiene que tener ritmo. Está muy bien lo del libro ese de los rusos y además luego es útil para explicar el cuento del escorpión que da nombre y razón a la novela pero muchos otros detalles están de más y suenan más a reportaje “Mi vida en Herat” que a nuestros amigos Vila y Chamorro.

5-. No sé si os acordáis esas películas de los cincuenta en los que “echaban un coito” y luego la señora se envuelve en la sabana porque no quieren enseñar las tetas. Pues hay una parte del libro que juega a eso. Si estamos hablando de cosas truculentas de carácter sexual, y que además son importantes, hay que contarlas con pelos y señales. No se puede pasar por encima envuelto en la sábana para hacer la peli de todos los públicos.

6-.Entramos en mis filias y fobias. No entiendo el ensalzamiento del niño Arnau, que me cae de culo, porque quien verdaderamente tiene una actuación genial consiguiendo la clave del movil del muerto es Inés Salgado. Cada vez me cae mejor esta tipa, incluso a ratos mejor que la Chamorro que se nos está convirtiendo en una cuarentona casacarrabias que ya no puede soportar más estar con Vila sin que le dé “un apretujón” de una puta vez. Yo creo que Virgi le dirá a Silva: o me dejas echar un casquete al subteniente en el próximo libro o me largo y que sea protagonista tu prima. Y después es pasion lo que tengo por Lopez, yo creo que se merece un spin off. Con que señorío le echa la bronca a Vila, con que tacto trata a Jesssica… Me parece un personaje por explotar.

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Hasta aquí la parte de despelleje (creo que merecida) y enchufo de nuevo la admiración que siento por la saga y su autor. Hasta para contar mal hace falta escribir bien. Y Lorenzo Silva ha pasado al rango de escritor con mayúsculas. Escribe muy bien y creo que cada vez mejor, con mucho de poeta agazapado tras el novelista.
Además es un autor profundamente ordenado. En este libro quiere contar lo de los barbaros, las grietas, la fabula del escorpión, el momento predivorcio, el micromundo que se genera en los acuertelamientos, Afganistán y su historia, el honor y la humillación, los efectos psicologicos de la situación ridicula de las guerras sin guerra; el papel de la mujer y su maltrato de distintas formas según las culturas (también la nuestra), quiere contar la espera a que vengan los barbaros.
Y todo esto que podía generar un galimatías resulta sin embargo perfectamnete ordenado, las referencias a Buzzati, como lo enlaza con la vida y expectativas de los militares, las frases de extremoduro y bebe , los personajes que entran y salen aportando las piezas del puzle que faltan. Y todo esto, además, recobra su sentido en el epilogo final que da una compostura de historia dentro de la historia. Pero no nos equivoquemos lo de Herat es la fabula que explica lo de la Cañada real no al revés. Lo importante es el primer capitulo y el epilogo, lo del medio es solo una fábula para contarlo.
Por eso digo que el caramelo se revaloriza por el envoltorio. La anécdota toma sustantivo en el marco del mensaje filosófico y psicologico que siempre tienen las novelas de Silva. Sobre todo ese detallar genialmente la madurez del hombre y su paso del meridiano, esa suerte de punto medio entre el desencanto por los viejos ideales no alcanzados y el reencuentro con la vida en el último tercio a la que se quiere dar sentido con el cumplimiento de las obligaciones de cada día. La satisfacción de lo cotidiano aunque sepamos que no podemos arar el mar. 

Compradlo y leedlo. 


Añado cruce de tweets con L. Silva que indistintamente de si le pongo bien o mal es de agradecer que siempre contesta a este humilde pasapáginas. La verdad es que es alucinante la cantidad de visitas que tienen los post de los libros de Vila y Chamorro.


































Añado también cruce de tweets sobre mi reivindicación de dedicarle más protagonismo a Lopez. Cuestión que es apoyada como veis por otros lectores y no solo es ua ocurrencia mia.















lunes, 20 de junio de 2016

El secadero de iguanas Pedro Andreu Opinión sin aliento.

¿Queréis saber de qué va este excelente libro de Pedro Andreu? Nada, tranquilos, yo os lo cuento:

El libro va de lo nomada y lo peremne. Del tiempo que no pasa. Una carretera y un motel. Un secadero de lagartos al sol. Un Benares reptil a donde se va a morir.Un erial olvidado donde se va a nacer. Una borrachera sorda y sensual de orgasmos y silencios. El sol seco, la tormenta de arena. Preferir el arte de la musica al dinero caduco;el recuerdo inservible como los muertos hediondos q desecan en el bar abandonado. Alcohol viejo, masturbaciones al sol, sexo humedo, sudoroso, incestuoso. El coño adolescente sediento de ansiedad y tierra. El fuego q todo lo quema, el vacio que yere. Pedro Paramo y su puta madre. Hijo de la luna y de los tres soles, el salto mortal de ir viviendo en el trapecio de cada dia,otro dia, todos los dias. El estrepito de los cuerpos contra el suelo al caer, la quietud de los lagartos bajo el sol de agosto. Y buscar al otro, a cualquiera, aunque solo sea para follar como perros. Los años que van pasando sin quitar el cartel de cerrado por defuncion. Un retronasal al Montero Glez de cuando la noche obliga, al knockemstiff de ray pollock, a la puta madre de Rulfo y sus muertos que vienen y van (esto ya lo he dicho).Y los libros que arden a cuatrocientos cincuenta y un grados, mientras se escuchan las cabezas de los muertos golpeando los peldaños y los jadeos de jovenes al desvirgar. El libro que se escribe a si mismo como en la novela de marta fernandez. La carcel a donde va y de donde viene la gente. La casa de donde se quiere y no se quiere escapar. La soledad, mucha soledad, toda la soledad. La busqueda alocada de seres humanos en el erial de los pueblos deshabitados, osea como nosotros cada día. La busqueda infructuosa de la esencia que soy cuando ya no soy nada. La muerte al otro lado de la carretera. La carretera sin destino. La malaventura, la cruz de navajas, el suicidio por agotamiento. El hedor a muerto, los gallinazos que cohabitan con la casa como en el inicio del otoño del patriarca pero incapaces aqui, de remover con sus alas el tiempo estancado en el interior; porque el tiempo pasa, bueno más bien el tiempo se cae, como van cayendo las frases de una poesía genial que abre en canal, que destroza y esparce los sesos como un tiro a quemarropa, la poesía de Pedro Andreu nada menos. Y ahora si teneis guebos os leeis el libro.

Actualización: Disculpad la inmodestia pero ya sabeis que esto de que me contesten los escritores aludidos por mis posts me hace ilusión. 

jueves, 26 de mayo de 2016

Alicia Gimenez Bartlett Hombres desnudos opinión y crítica. Buen Libro

Quizás se han empeñado en vendernos En la orilla de Chirbes como el gran libro de la crisis, pero para mi era tan evidente que me resultó cansino, tan incisivo que derivaba en lo reiterativo y tan parcial que se hacia monotemático. Porque al final, la crisis no es que todo sea una mierda sino que la mierda solo les cae a unos cuantos en la cabeza, mientras que a otros nunca les llega y se siguen comprando condones fucsia de Chanel y visten a su perrita de Dior. Y la crisis se define por la diferencia y porque al final a unos siempre les sale cara y a otros siempre les sale cruz... hasta que nos damos cuenta, joder, de que su moneda siempre tiene dos caras y la nuestra siempre dos cruces. Y de eso va el excelente Planeta (disculpen el oximoron) escrito por Gimenez Bartlett. De eso va Hombres desnudos.

No sé si recordareis al Pijoaparte y ese devenir entre la sirvienta Maruja y la señorita Teresa; No sé si recordais a mi amigo el Charolito hijo putativo de Montero Glez, si hombre si, ese que solo se fiaba de su polla porque era lo único en el mundo que jamás le daría por el culo. Pues el Ivan tiene mucho de ellos, pero tiene mucho más. Sabe quien es, cuales son las reglas del juego y nunca se cree algo distinto de lo que el destino le ha dado. Ahora bien, eso que le ha dado lo explota al máximo y a lo bestia. En su mismo nivel está Genoveva alguien de la otra orilla, de la de los ricos, de los pijos, que también saben quienes son y lo que quieren, parece distinta, pero para mi es tan honrada, tan hijoputamente honrada como el Ivan. Justo lo contrario que Javier e Irene tan educados, tan suaves que repelen... ricos que quieren jugar a pobres; pobres que quieren jugar a ricos que para el caso es lo mismo.

Y os preguntareis y ¿por qué sabes todo esto?. Porque Hombres desnudos podría titularse hombres (y mujeres) transparentes. Me explico: Gimenez Bartlett apuesta por un juego magistral de las voces de la novela. El narrador es cada uno de los personajes en primera persona; como si todos ellos fueran traslucidos y todos contaran la película desde su punto de vista dejando ver lo que sienten en cada frase. Hacer esto con la genialidad estilística que lo hace Gimenez Bartlett ya merecería mi admiración y sería más que suficiente para leer el libro.

No vamos a descubrir ahora a Alicia Gimenez Bartlett. La creadora de Petra Delicado. Y lo buenísima escritora que es. Tiene ese estilo de frases cortas que imprime velocidad y ritmo a lo que cuenta. Juega con un circo a cuatro pistas que hace que cuando estás entusiasmado con un personaje, te cambie de canal y te pase al otro y estés deseando terminar éste para retomar al anterior y así sucesivamente (truquitos de las policacas). Yo me lo lei de un trago, en sesiones de hasta cien páginas. No digo más.

Y como dirían en los avisos mojigatos de la tele “Este libro contiene sexo explícito” que parece que no pero también le da su punto a la cosa. Hay sexo, mucho sexo. No es un sexo pornografico guarro, sino más bien una película de Erika Lust. Ya sé que aquí mis adorados lectores/as discrepáis sobre si es acertado la denominación de “porno femenino” a lo que hace Erika Lust, pero al menos lo pretende que es lo mismo que pretende (yo creo que con más éxito que Lust) las personajes de Hombres desnudos.

Como crítica decir que es bastante previsible y que en algunos momentos entra en bucle reiterando cosas que ya están claras, contando una y otra vez lo mismo y lo que piensan de lo mismo. A mi entender le sobran páginas y sobre todo en mi opinión les sobran las cincuenta últimas. Yo hubiera dejado a  Irene bañándose en la fuente y fin (tranquis no es spoiler). Pero esto de los finales es un poco para gustos y como buena escritora de policíacas a Alicia Gimenez les gusta más jugar con los finales que a un tonto un lápiz.

Leérosla sin duda. Lo de menos es el argumento, lo de más como se ve la crisis desde cada lado, desde cada orilla, no En la Orilla.

PS-. La foto del David la he hecho yo, a mi me encata, modestia aparte. Pero esa será otra historia y otro viaje.

martes, 29 de marzo de 2016

La fábrica del Emprendedor Jorge Moruno Opinión, reflexión y crítica.


Cada vez estoy más seguro de que nos han ganado la partida. Lo laboral ha invadido nuestro espacio personal, nuestro cuarto silencioso, la privacidad e incluso la intimidad de nuestras vidas. Primero nos pidieron motivación, luego lograron nuestra implicación, ahora nos exigen militancia. Diluidas las fronteras usurparon nuestro espacio y cualquier dia se sientan en nuestro sillón y se acomodan en nuestra cama con o sin nuestra mujer dentro.
También nos han ganado en el leguaje.Utilizamos palabras llenas de balances, activamos sueños, apalancamos futuros, maximizamos frases optimizadas. Tenemos amigos con un target definido y segmentamos amantes de cara a una implementación de estrategias de desarrollo sostenible que nos garanticen beneficios netos homologables a las ratios de referencia.
Y de esto va La fábrica del emprendedor de Jorge Moruno: de la invasión de la vida personal por parte de lo laboral. De la renuncia a la libertad personal a través de la sumisión al endeudamiento y al contrato de trabajo de plena disponibilidad. De la concepción de la ciudad como un gran escaparate; ya no somos ciudadanos, somos clientes; ya no vienen viajeros vienen compradores, ya no desarrollamos nuestra personalidad sino que debemos tener una marca personal que incremente nuestra empleabilidad “visualizada” en el mercado de trabajo.
Y al final de todo y sobre todo, tenemos que ser emprendedores (emprendeudores). Ese espacio difuso y perverso en el que “somos empresarios todo el dia” cuando desayunamos, cuando dormimos, cuando tenemos un gatillazo con la parienta (o la vecina) por culpa del patrón opresor (sic), cuando tomamos una cerveza con la tarjeta en la mano. “nunca se sabe donde puede conocerse a un nuevo cliente”. El guasap de trabajo, mezclado con el personal, la foto en bolas de Kate Upton que nos manda nuestro proveedor financiero junto a la actualización de los tipos de interés y el escandallo de la nueva linea de productos.
Y esto es el resumen con mis palabras de lo que en esencia se cuenta en el libro. 

El libro no esta bien escrito, el tal Moruno no es ni mucho menos Garcia Marquez, ni siquiera está bien estructurado, pero, a pesar del torrente verborreico de esta gente que les hace muy cansinos en la forma, es cierto que lo que se expone nos obliga a darle al magín, que no es poco, respecto al contenido de la invasión de la vida personal por lo laboral-empresarial. Lo malo viene cuando pasa de la correcta e incisiva descripción del problema a sus peregrinas propuestas de solución.
El libro cae en la narración simplista de la mercadotecnia podemita, en donde los problemas solo tienen una causa y el argumento ad hominem hace que los malos nunca hagan nada bueno y los buenos (o sea nosotros) nunca hagamos nada malo. Utiliza la estrategia de generar un discurso narrrativo, adornardo de referencias historicas (discutibles aunque nunca discutidas en el libro) y se ahonda con valentía en territorios de conocimiento de los que tiene nociones vagas cuando no sencillamente erráticas.
Pero bueno, tampoco hagamos de eso un drama, ya que es el rasgo actual de nuestro estado de “apología de la divulgación” mucha navegación poca profundidad y poner al mismo nivel la opinión y el estudio sesudo. Todo se explica en el mundo efimero y sencillo (digo simple) de los 140 caracteres y la tertulia de luxe del sabado noche en la sexta “mireusteddejemeterminarqueyonoleheinterrumpido”

En el libro “El método podemos” de David Alvaro y Enrique Fonseca que me lei en verano, explican muy bien este marketing podemita: Cojamos actuaciones malas e indicutibles de seres odiosos y corruptos. Expliquemos la crisis actual con una única causa (solo una) y hagamos de ella un único reponsable (solo uno) que será el malvado al que hemos descrito antes y sus amigos. Ni una pizca de autocrítica, la culpa la tienen (siempre) ellos.El que nos lleve la contraria es de ellos.Y luego pintemos un principe azul (perdón morado) con rasgos, similares a los nuestros, que vendrá de manera mesiánica (y asamblearia) a liberarnos de las garras del mal. O sea nosotros seremos vuestros heroes.

Pues lo dicho, un libro muy interesante que da que pensar si eres capaz de pasar por el tamiz que separa lo sociológico (esto si que domina el autor) de lo económico-politico (donde el mitin se come a la narración). Y sabiendo que incurre en lo que achaca, ya que se construye un marco conceptual propio (Lakoff y su elefante en el recuerdo) donde el emprendedor es sólo, lo que él dice que es. Yo al menos veo y conozco a emprendedores y empresarios donde el sacrificio y la iniciativa superan con mucho la descripción grotesca que hace de ellos Moruno.

Compradlo, aunque en el epublibre está colgado por si quereis hacer una lectura colectivizada y gratuita para no enriquecer a las malvadas editoriales que encadenan y fagocitan la plusvalia intelectual del escritor libertario que firma el libro comentado.