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lunes, 17 de noviembre de 2025

No soy Enrique Vila-Matas... ni falta que hace. Un libro de Montero glez. Opinión y Crítica.

 

Así de repente (bueno la verdad es que mandé un sutil guasap como que había salido este libro a mi grupo familiar también llamado de "regaladores de libros") como digo "de repente" ha aparecido sobre mi mesilla la nueva y sensacional recopilación de artículos de mi idolatrado Montero Glez seleccionada, editada e indexada con maestría por Papelillo Editorial, recopilación que tiene el sugerente título (tocapelotas) de "No soy Enrique Vila-Matas" incidiendo una vez más en el desacato que le presta (mos) tanto don Roberto "el bueno" como un servidor a la petulante prelatura personal de Vila-Matas coincidente en muchas ocasiones con el terrible bolañismo de Roberto "el malo"  referente del intensismo impostado y babeliano en grado supremo. (De la reciente lista de los mejores cincuenta de los últimos cincuenta de El pais ya hablaremos).


Es un libro falsamente pequeño, (no voy a hablar en centímetros, por si la aclaración cuantitativa de lo pequeño pueda resultar ofensiva para algún sensible masculino) pero la cosa es que pequeño es. Y digo que es falsamente pequeño porque sin embargo es grandísimo y además expansivo, me explico: son cincuenta y cuatro artículos como si la dosis prescrita fuera uno por semana y no zamparselo de una sentada como estoy haciendo yo, pero el libro crece a través de sus citas y notas. 

Es una recopilación de artículos culturetas de Montero Glez. Músicas, películas referentes ochenteros, hagiografias de los santos a los que Montero presta adoración y una acumulación de referentes a la cara b de la movida madrileña que ya nos anticipó en La imagen secreta. Lo flamenco, versión ketamera, Pata negra, Raimundo amador y cosas así; todo ello aderezado con los orígenes del rock y el jazz extranjero. También imágenes con constantes referencias a Garcia-Alix como proveedor de rostros y recuerdos de una época y el cine quincarra no solo del sepia añejo sino del neo quinqui actual con joyas como Criando ratas de Carlos Salado que me he visto sin respirar.

Pero lo más importante, es que esta recopilación da una imagen de unidad que pocas veces logran los patchwords de artículos de cualquier autor. A pesar de jugar con una cierta nostalgia, es una fotografía general, poco idílica eso sí, de la época en donde muchos de los que practicaron el funambulismo como diversión  descubrieron al caer que no había red. No soy Enrique Vila-matas es un libro de historia a través de las historias de distintos personajes setenteros y ochenteros pero sobre todo es un libro muy bien escrito. Con la narración abierta en canal que solo algunos pueden convertir en estética como Montero (o el poeta tristemente recordado por mi, Pedro Andreu). Una recarga constante de adjetivos e imágenes que engalanan paradojicamente la pobreza que describe.

Hay que reconocer el trabajo de edición de Papelillo editorial. La selección que intuyo mano a mano con el escritor, pero también la indexación por nombres y referentes, el formato cómodo y manejable, la tipografía limpia que confiere el placer al leer. Igual yo hubiera añadido fotos o caratulas, pero imagino que el mercadillo de los derechos impide demasiado alarde, qué le vamos a hacer.

Leedlo, leedlo con un cuaderno aparte para tomar notas, con el spoty enchufado para oir discos desconocidos; con el flixole (a pesar de la súbita subida no os guardo rencor) y el yutuf en modo búsqueda y con la cabeza libre de prejuicios. Montero tiene su orientación política, lo sabemos y no la oculta, pero eso no convierte a sus artículos en panfletos, serian como mucho  alegatos libertarios contra toda verdad precocinada y la movida promovida como producto de marketing y en eso, también los que nos ubicamos a la derecha de Glez, estamos de acuerdo con él.

Leed este entretenimiento como leísteis El almanaque incendiario o La imagen secreta para disfrutar de la lectura y aprender de la historia (revisada y revisionista) que es la mejor manera de no volver a joderla.

 


 

Otras reseñas mías a libros de Montero Glez

Cuando la noche obliga

Polvora Negra

Carne de sirena

El carmin y la sangre

La vida secreta de Roberto Bolaño





martes, 11 de noviembre de 2025

Llámame pingüina Elena Laseca. Opinión y crítica: Aquellos inviernos de cada verano

Parece ser que los pingüinos recurren con frecuencia a la monogamia, encontrándose con la misma pareja cada temporada reproductiva. Sin embargo, pueden tener relaciones con otros durante el periodo entre temporadas o incluso en la misma temporada reproductiva. Es decir, lo que hemos hecho toda la vida pingüinos o no, los meses de verano con el rollico estival y las distintas concurrencias colaterales. Y esa es la ocurrente idea que ha encontrado Elena Laseca para escribir dos libros en uno: el de la pingüina estival y el de la pingüina de invierno que intenta con dificultad ser la misma.

Había unos veranos, esto lo cuento yo de mi mismo, en los que el discurrir del tiempo tomaba su propia vida: eran veranos inmensos, intensos e interminables, como si entre uno y el siguiente no hubiera invierno, como si el paréntesis perteneciera a otra vida. Y sin embargo en aquellos veranos, nos inventábamos entretiempos que hacían de nexo a nuestras superficiales vidas adolescentes.

Los veranos contados, por su parte a nuestros amigos de invierno, no eran verdad, por supuesto, no tenían por qué ser verdad, eran una identidad soñada, imaginada que tan solo podíamos envolver en realidad en aquellas conversaciones tibias y nocturnas a la orilla del mar engalanadas con salitre, brisas y miradas. Era una verdad incierta, sin duda, que se recreaba ajena a lo que pudiéramos saber los unos de los otros, un relato sin validación posible que representaba un baile entre tules sugerentes y enigmáticos.

Ese juego de medias verdades entre el verano y el invierno hace también de mundillo al juego de bolillos con el que nos entretiene Elena Laseca. La vida es contada verano a verano (o más bien invierno a invierno) a saltos de año. Por una parte, los veranos en Conil de la frontera junto al tal Ian, personaje nefasto del que luego hablaremos o no, y de otra los inviernos madrileños como una crónica personal e interesante primero de los ochenta y que va avanzando llegando al 2000.

Elena jalona los años invernales con episodios de la transición que recuerdo con una década de desfase (yo soy del 70 y por entonces tendría apenas siete o diez años) y lo sazona con recortes de periódico de la época mezcla de lo social y lo político. Es un relato un poco Cuéntame, no he visto ni un solo episodio de la serie, más bien diría This is us, aquí he visto todos pero es americana; También Los añosnuevos de mi querido Sorogoyen, y un poquito de It´s a sin; esto lo digo así de resbalón sin ganas de espoilear como hizo el premio de las letras aragonesas en la peor presentación de un libro que he visto en mi vida y que me ha obligado a retrasar la lectura hasta que he logrado olvidarme de todos los spoilers que contó para presentar la novela.

Como os decía, Llámame pingüina no es un libro sino dos: el uno interesante, invernal, lleno de recuerdos recreados y personajes reconocibles de los ochenta a través de una historia familiar en ese proceso de emancipación (y ya que hablamos de pajaricos: del intento de salir del nido). El otro el estival, en mi opinión perfectamente prescindible con independencia del gracioso símil de los pingüinos y su retorno recurrente al parejo follamigo a tiempo parcial (más bien fijo discontinuo).

El libro se me ha quedado escaso y excesivo a un tiempo. Excesivo en lo que afecta a Ian, tan intenso, tan misterioso, tan sobrante… en fin que le he pillado bastante manía. La edición no ayuda en esa necesidad de paginear constantemente con una letra tan grande y tan espaciada que hace de una hoja tres y que en su parte de Conil he ido empujando, a duras penas, para reencontrarme lo más pronto posible con el personaje de Candela en Madrid que sí que me ha atrapado.

Me encanta la manera de crear personajes de Elena, lo hace en La hija del italiano, lo hace en la colección de postales de Ropa tendida y lo hace aquí. Y digo que aquí se me hace escaso porque algunos personajes son a la vez apasionantes pero efímeros. Personajes que entran y se escapan a medio hacer. Me fastidia el tiempo que gasta en el pingüinismo del Kiwi y su vida presuntamente apasionante mientras demora un montón de hilos con los que podía seguir tejiendo el interesante relato de invierno.

Candela es un personaje entrañable, escrito en el estilo directo de Elena con pocas concesiones al barroquismo y muchas a la historia interior en el contexto de una época todavía por discutir. Leo desde hace tiempo un cierto ajuste de cuentas con la movida madrileña, no tanto un desprecio, como reconocer un desajuste entre los Almodovar con perricas en Panama y los que abandonaron este mundo con el brazo banderillado de heroína y el cerebro reseco para siempre. Y es que igual la movida y el sobrevalorado Tierno no fueron tan guays y los ochenta no fueron tan nuestros.

Aparece de nuevo, como en La hija del Italiano, el personaje de la tía, riquísima en matices aprovechables, en contraposición a los padres y hermanas en una vida media de clase media no por ello menos interesante. Candela se hace mayor a través de los desencantos como una transición no solo política sino también personal. Una transición al mismo tiempo prometedora y dolorosa como aquellos ochenta que yo viví entre algodones y la protagonista y otros en un funambulismo vital sin red.

Elena Laseca trae una vez más en Llamame pingüina una reivindicación de la mujer que crece y se va haciendo; una mujer que reivindica su libertad en un contexto poco favorable lejos de un idealismo  ochentero. Cerca de la lucha agridulce cotidiana de la mujer y lejos de la autofelación pinturera de la movida promovida por el ayuntamiento.

A mi entender, a Llámame pingüina le sobran páginas. Ian aporta poco y la maquetación menos. (Señores Imperium porfa, vuelvan al formato de la Hija). Sin embargo, es una lectura placentera que recuerda agradablemente a su anterior novela que tanto me gustó. No es ningún secreto decir que Elena Laseca es ya un referente en las letras aragonesas de los últimos años y que aunque en está novela hay cosas que me han gustado menos sigo considerándola una escritora a seguir.

Por cierto no os perdáis la banda sonora que alimenta toda la novela, está en spotify; (de la inclusión de la canción de Quique Gonzalez me siento orgullosamente un poco culpable pero no se lo digáis a nadie), os la pongo.

 


Otros posts que he escrito de libros de Elena Laseca:

Ropa Tendida

La hija del italiano

sábado, 6 de septiembre de 2025

En defensa de Maria Pombo

 

En esta moda de opinión precocinada en la que nos movemos, leo con tanta estupefacción como desidia, un debate sobre unas declaraciones de una señorita de rasgos agraciados y vestir estiloso, menospreciando la ocupación de leer. 
La susodicha treintañera, de la que no tenía mas noticia y cuya manera de ganarse la vida desconozco, vino a decir nada menos y que los dioses babelianos la perdonen: "No sois mejores porque os guste leer, hay que superar que hay gente a la que no le gusta."
 
 
Y como en este país a cada paso te encuentras doctorandos de barra de bar y potenciales sustitutos de mi adorado Simeone, se ha liado la de dios es cristo y le han repartido hostias como panes ante tal osadía.
Sabido es que el churumbel de la Consuelo que rellena este blog, últimamente con mas vacíos que prolificencias, se suele tragar anualmente entre cuarenta y cincuenta libros, lo que a priori me haría formar parte de la tribu de ofendiditos aludidos por la insigne pensadora, pero va a ser que no.
Haciendo calculo generoso el 30% de lo que leo lo alisto entre lo regular, lo malo, sin olvidar lo rematado con recomendación comercial; es decir que en mi opinión podría haber prescindido de ellos sin mas problema. 
Dado que estoy encantado de conocerme y que soy tan guay que como el rey del glam me creo que leo ajeno a las modas que vienen y van, me imagino cuantas excrecencias tienen que leer los pobres mortales coprofagos que planeta tras planeta sucumben a recomendaciones de los hacedores oficiales de opinión.
Os reconozco que si la opción es ver, a una mano, bellas señoritas contorsionistas de instagram (cambiese el genero a voluntad del lector/a/e que proceda) o leer según que basurilla encuadernada, no tengáis duda de que la primera posibilidad será objeto de mi elección y por ello disculpo a la mentada influyente por el exabrupto proferido.
A lo mejor en lugar de rasgarnos las vestiduras, decapitar instagramers, fomentar granjas de escritores de ganaderías editoriales y encarcelar a usuarios de ebiblioteca y epublibros, deberíamos centrarnos mas en la formación de lectores, construir criterio lector y habito crítico (en jóvenes y adultos) para que no nos vendan como alta literatura las memorias del yerno de Sabiniano escritas por su negro de cabecera (diosito, diosito separa de mi lúbricos pensamientos).
 
 
Lamento joderles el negocio y el mantra compralibros de que lo bueno es leer mucho (lease comprarse mucho libro) mientras nos dan gato por liebre o Belen Esteban con portada de Heidi Klum. 
Cada uno se entretiene como quiere... y le dejan. Por ello entiendo a la cuqui pensadora y su arrebato contra tanto subidito cultureta que menosprecia su oficio de vendecremas mientras ellos se desempeñan, sin ápice de vergüenza, como vendedores de papel.
Reconozco que a mi me gusta mas ver a mi Real Zaragoza luchando contra el Melillense desde mi ventoso palomar en la nueva microromareda que un análisis sobre bóvedas tabicadas de Guastavino en Nueva York. Llámenme inculto, pero igual, si alguien se hubiera molestado en formar mi ojo arquitectónico ahora preferiría al valenciano que refunfuñar por ver segunda división hasta que Abalos se haga seminarista.
Dejen pues, a la chavaleta en paz con sus mimos y posturitas y como en otros placeres recuerden que mas vale poco y bueno que mucho y misionero.
Amen.

martes, 4 de febrero de 2025

Así pasan los dias esperando marzo. Libros y pelis de hibernación.

 

Todavía tenemos el frio guardado en los bolsillos para unas cuantas semanas y eso es cosa importante en esta tierra en la que nos escondemos entre las bufandas la mitad del año para desnudarnos en pelota viva la otra media. Son tiempos, los de febrero, de poco paseo y viento gélido del noroeste; tiempos en los que se aprecia más un rincón tibio de carajillo que mil mañanas de escarcha.

Leer, como vicio particular para procastinar suspensos y ausencias. Libros que van hilvanando las tardes de siesta de un viernes con los insomnios de sábado. Empecé casi sin querer Panza de burro que recomendó pseudo en su blog enjuto y hambriento de letras. Es un libro especial, casi desde antes de empezar, cuando la editora regala el making of tan bonito como el propio libro. Raro, muy raro, escrito en una voz personal, sin pulir, no sé si de manera consciente o inconsciente, insular, poligonera, rural, hablando de esa edad iniciática que los british llaman teens y aquí de manera más bonita llamamos adolescencia de tanto como duele.

Leyendo reseñas dicen que Panza de burro de Andrea Abreu es un libro impostado, mal escrito pero a mi me ha encantado. Te lleva de la mano desde lo doloroso a lo hilarante, desde lo familiar a lo solitario, desde la historia personal al ahora mismo. Cada época tiene su libro adolescente: El Jarama de nuestros padres, Edad prohibida de Torcuato, Los ochenta son nuestros y también aunque menos famoso Agosto, octubre del grandiosamente irregular Andres Barba. Quizá demasiado sórdido o igual es que la vida es así y quienes vivimos a este lado de la frontera no nos damos cuenta. Por cierto, y sobre lo mismo, también he leído Agostino de Moravia, buen libro.

De repente y a sobresalto me vi un Garci You´re the One una película que se cae de lenta, en blanco y negro, con una foto de mujer guapa como solo sabe sacar Garci. (Victoira Vera en asignatura aprobada; Paula Echeverria en Luz de Domingo ; la Pataki de Ninette y por supuesto Faltoyano de asignatura pendiente o Santana en La herida Luminosa) La cámara se encandila con una Lidia Bosh guapísima, pero mejorable en lo artístico (no es una gran actriz) y es que nunca ha estado más guapa ni ha actuado mejor que en Mi hermano del alma. Considerar You are the one como una película solo para adictos.

En el cine me he visto Cónclave (que quiere ser Sorrentino, pero no le llega a la suela del zapato, perdón de la sandalia del pescador) y a Sorrentino en Parthenope que quiere ser él mismo en La gran belleza, pero eso es complicado. Es un poco más el Ripley de la preciosa y gaseosa serie del Netflix que te engatusa en su bonitismo etereo sin nada debajo pero muy agradable de ver.

Y si queréis ver un peliculón. La casa en llamas por supuesto vedla en catalán; no me conozco los actores, pero es imperdonable no ver la actuación de la madre en original. Hasta mi mujer tan reacia a los lenguajes orientales sucumbió a la evidencia de verla con letrericos. Divertida lindando con lo dramático; realista del verbo constumbrista, o sea familiar; estéticamente impecable y perfectamente ordenada en lo argumental. Muy bien.

Y así pasan los días esperando marzo.

PD-. Por cierto la estupenda actriz de casa en llamas es Emma Vilarasau de la que podría mentiros pero no tenía ni idea de su existencia hasta esta peli.

sábado, 11 de enero de 2025

¿Por qué leo y escribo reseñas? Listas, listos y listados de libros.


Para escribir una reseña de libros se tienen que dar dos cosas: la causa y la circunstancia. Disculpen la intensidad. El mejor libro no siempre es causa para el mejor post si no acompaña la circunstancia para el que lo escribe. La inspiración, el reflujo placentero y doloroso del burbon sin rebajes, del libro recién bebido, digo leído. Recordar, recordar como si lo que hubieras leído se convirtiera en vivido. Lo que lees te instruye y te construye, te hace distinto siendo el mismo o igual te consolida como el mismo aunque aparentes ser otro en ese barco de Teseo al que nos enfrenta la edad.

Los libros tienen vocación de regreso como la mujer que te dejo hace treinta años y de repente la reencuentras en la parada del bus trayéndote al presente con nostalgia todos los polvos que dejasteis por echar. Los libros son intemporales, sueños distintos que al final se hacen uno y se mezclan como sombras en la neblina de una tarde de febrero. Para eso sirven las listas para ubicar en el trasiego, para identificar en la mezcolanza como los montoncitos de piedras en el camino de regreso. 

Los libros se convierten en hitos y referentes que deslindan el pasado. Quien era entonces cuando me encontré con Gabo, cuando leí de tirón de una tarde y una noche entera El amor en los tiempos de colera mientras los apuntes de jueces esperaban en su magnitud indigesta un preludio de fracaso. ¿Qué parte de aquel día con Juvenal y su puto loro me han hecho lo que soy? ¿cuántas palabras me regaló Garcia Marquez para traducir lo que me pasaba y me pasa por dentro?

Muchas veces, cuando te haces cotidiano de algún autor recuerdas con añoranza el primer encuentro, aquel momento en el que virgen e inexperto te enfrentaste por vez primera a su manera de contar y de decir. Cuando te adentraste temeroso en el bosque oscuro de sus palabras que ahora reconoces como la palma de tu mano. La tia Julia en el primer Vargas Llosa, el primer Montero Glez Cuando la noche obliga o el primer Sepúlveda de La sombra de lo que fuimos. Y ahora tan cotidianos, tan normales en las palabras que usas prestadas de sus libros en el día a día escritor.

Y es que los personajes se convierten en compañeros cuando aparecen y reaparecen libro tras libro en las sagas policíacas. Cómo echo de menos a Chamorro y sus dudas, a Bevilacqua y sus homilías dominicales, a los secundarios que Silva tiene secuestrados para novelas pendientes. Dónde esconderá Muñoz Molina el cadáver de Lorencito Quesada el de los misterios de Madrid. Los viste novicios, a medio hacer y ahora son tipos hechos y derechos que te miran desde el final de su historia como Bascombe en la tarde de san Valentín, como la hija de tu mejor amigo que tuviste en brazos y ahora te hace un like desnuda y aparente en las fotos de Instagram.

Por el contrario, hay libros como islas en la corriente que cantaba Dolly y el barbitas, libros que aparentan únicos en la inmensidad de las hojas impresas, libros que piden a gritos la relectura antes de acometer nuevos retos como el Camino de Sirga de Moncada, como La habana para un infante difunto del infante cabrera como El cuaderno gris.

Y ahora que recopilo tantas causas, tantos libros, me topo con las circunstancia del hoy y el ahora en este cuaderno de reseñas a mitad de camino como obra inconclusa que se ve en el polígono desde la autovía, como ese café pendiente entre tu y yo que nos permita el examen de reválida como Fiorella y Sacristán.

Antes del blog solo está la infancia lectora, la adolescencia, los locos veinte, los idealizados treintaytantos los años nuevos de Sorogoyen que saltan a la memoria con la elipsis del tiempo intermedio, como el sexo confuso de entonces sin personalizar. Aunque solo fuera por darme excusa para ir recopilando por escrito lo que leo ya tendría sentido este vicio infantil y solipista, de autofelación sin costilla flotante que son los blogs.

Por todo esto me he embarcado este principio de año en actualizar mis listas de lecturas que estaban ancladas en tiempos prepandemia como el casco del barco herroso que muere en la costa y no se puede desencallar.

De momento os pongo dos:

Las de las reseñas (94 nada menos) que he escrito en el blog, me parece increíble

y los 542 libros desde 2010 puntuados del 1 al 5

Después ya subiré los autores más leídos, los libros mejor puntuados, las más de 100 policíacas que ya tengo casi terminadas. En fin, este arte de procastinar sin utilidad o con la utilidad que solo veo yo.

Feliz año y feliz lectura

jueves, 9 de enero de 2025

Mis 94 reseñas de libros escritas desde que tengo el blog

A

H. Abad Faciolince

El olvido que seremos (Abad Faciolince)

 

Pedro Andreu

El secadero de Iguanas (Pedro Andreu)

 

 

Datrebil (Pedro Andreu) 

 

Fernando Aramburu

Patria (Fernando Aramburu)

 

 

 

B

Andres Barba

Agosto,Octubre (Andres Barba)

 

Roberto Bolaño

2666 (Bolaño)

 

 

LOS DETECTIVES SALVAJES Roberto Bolaño.

 

 

 

C

Andrea Camilleri

La paciencia de la araña (Andrea Camilleri)

 

Albert Camús

El extranjero Albert Camus

 

Carrere Emmanuel

El Reino (Emmanuel Carrère)

 

Carlos Castán

Frio de Vivir (Carlos Castán)

 

 

La mala luz (Carllos Castán)

 

Cela Camilo José

El camaleón soltero (Camilo José Cela) 

 

Chandler

El sueño eterno. Chandler

 

Coetzee

Verano (Coetze)

 

 

Desgracia (Coetzee)

 

Conde Jose Antonio

Palabras Rotas Jose Antonio Conde.

 

Boris Cyrulnik

Los patitos feos (Cyrulnik)

 

 

 

D

Patricia de Blas

Sostika Patricia de Blas

 

Sergio del Molino

La hora violeta (Sergio del Molino)

 

 

La Mirada de los peces Sergio del Molino

 

Juan M. de Prada

Me hallara la muerte (Juan M. de Prada)

 

 

Lucia en la noche (Juan manuel de Prada)

 

 

 

 

Elifio Feliz de Vargas

El viaje del anarquista. Elifio Feliz de vargas

F

Marta Fernandez

Te regalaré el mundo (Marta Fernandez)

 

Richard Ford

El periodista deportivo (Richard Ford)

 

 

El dia de la  Independencia Richard Ford

 

 

Acción de gracias (Richard Ford)

 

 

Sé mía. Richard Ford.

 

Espiro freire

Mileuristas (E.Freire)

 

 

 

G

Garcia Pavón

Cuentos de amor vagamente (F. Garcia Pavón)

 

García Montero

Un año y tres meses. Garcia Montero

 

Gimenez Bartlett

Hombres desnudos (A. Gimenez Bartlett)

 

 

Un barco cargado de arroz (A. Gimenez Bartlett)

 

Gonzalez Ledesma

Peores Maneras de morir (Gonzalez Ledesma)

 

Belen Gopegui

El padre de Blancanieves Gopegui.

 

 

 

H

Eduardo Halfon

El boxeador polaco. Eduardo Halfon

 

Helene Hanff

84 Charing Cross Road (Helene Hanff)

 

 

 

J

David Jimenez

El Director

 

 

 

L

Miguel Labordeta

Obra Completa (Miguel Labordeta)

 

Elena Laseca

LA HIJA DEL ITALIANO Elena Laseca

 

 

Ropa tendida. Elena Laseca.

 

Donna Leon

Sin Brunetti y Muerte en la Fenice (Donna Leon)

 

 

 

M

Sandor Marai

El último encuentro (Sandor Marai)

 

Jesús Marchamalo

Tocar los libros (Jesús marchamalo)

 

Javier Marias

Corazón tan Blanco (Javier Marias)

 

Luis Mateo Diez

 LA FUENTE DE LA EDAD. Mateo Diez

 

Mishima

El rumor del oleaje (Mishima)

 

Melville

Moby Dick (E.Melville)

 

Eduardo Mendoza

Tres vidas de santos (Eduardo Mendoza)

 

 

El rey recibé. Eduardo Mendoza.

 

Jesus Moncada

Camino de Sirga (Jesus Moncada)

 

Montero Glez

Cuando la noche obliga (Montero Glez)

 

 

Polvora negra (Montero Glez)

 

 

El Carmín y la sangre Montero Glez

 

 

Montero Glez, Carne de sirena

 

 

Montero Glez "La vida secreta de Roberto Bolaño"

 

JR Moehringer

El bar de las grandes esperanzas (JR Moehringer)

 

Jorge Moruno

La fábrica del emprendedor (Jorge Moruno)

 

A. Muñoz Molina

Todo lo que era solido (A. Muñoz Molina)

 

 

El Jinete Polaco de Muñoz Molina.

 

 

No te veré morir. Muñoz Molina. Opinión y crítica

 

Murakami Haruki

¿Pero qué cojones os pasa con Murakami?

 

 

Kafka en la orilla.  Murakami

 

 

After Dark (Murakami)

 

 

 

N

Justo Navarro

El alma del controlador aereo (J.Navarro)

 

 

 

O

Amos Oz

La caja negra (Amos Oz)

 

Antonio Orejudo

Un momento de descanso (A.Orejudo)

 

 

 

P

Sergi Pamiés

Si te comes un limon sin hacer muecas S.Pámies)

 

Ramiro Pinilla

Solo un muerto más (Ramiro Pinilla)

 

 

 

R

D. Ray Pollock

Knockemstiff (Donald Ray Pollock)

 

Ana Ribera (Molinos)

Los dias Iguales de Ana Ribera 

 

Mario Rodriguez (Rorschach)

El soldado que siguió más allá del rio Ganges.

 

Philip Roth

El animal moribundo (Philip Roth)

 

Isaac Rosa

El vano ayer (Isaac Rosa)

 

 

 

S

Luis Sepulveda

La sombra de lo que fuimos (Luis Sepulveda)

 

 

Desencuentros e Historias de aquí y de allá

 

John Steinbeck

Cannery Row (John Steinbeck)

 

Lorenzo Silva

Donde los escorpiones (Lorenzo Silva)

 

 

Los cuerpos extraños (Lorenzo Silva)

 

 

La estrategia del agua (Lorenzo Silva)

 

 

La marca del meridiano (Lorenzo Silva)

 

 

Música para Feos (Lorenzo Silva)

 

 

Carta Blanca Lorenzo Silva

 

 

Lejos del Corazón Lorenzo Silva

 

 

El mal de Corcira.

 

 

La llama de Focea.  Lorenzo Silva

 

Silva y Trujillo

La innombrable Lorenzo Silva y Noemí Trujillo

 

 

 

T

Mara Torres

La vida imaginaria (Mara Torres)

 

 

 

V

Fernando Vallejo

La virgen de los sicarios (Fernando Vallejo)

 

Domingo Villar

La playa de los ahogados y Ojos de Agua (D. Villar)

 

Vargas llosa

Cinco esquinas (Vargas Llosa)

 

 

 

Z

Pedro Zarraluqui

Te espero dentro (Pedro Zarraluki)

 

Zweig

El mundo de ayer de Zweig