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domingo, 15 de diciembre de 2024

Kafka en la orilla. Opinión y crítica ¿Chapuza o genialidad de Murakami?

Este es el primer Murakami que leo del ciclo de los libros odiados de Murakami, porque Tokio Blues, After Dark, El niño sin color o Al sur de la frontera al oeste del sol son para mi excelentes libros íntimos, preciosos y bien escritos (y traducidos al español) en especial los dos últimos. Luego están los cuentos de Hombres sin mujeres, Primera persona del singular,  o El del elefante desaparece que depende de cada cuento pero también se dejan leer cómodamente igual que los más estándar como de qué hablo cuando hablo de correr y de escribir. (ya veis que me he leído unos cuantos).

Kafka en la orilla es otra cosa. Y a nada que navegues por la red descubres esa dicotomía característica de detractores y defensores de nuestro amigo el japonés, enzarzados a brazo partido.

Los viejos lectores de este blog recordareis que ya hice una especie de defensa de Murakami en un post antiguo, pero es que hasta entonces solo había leído los libros cómodos de Murakami, este, sin embargo, es un libro incomodo, desasogante y confuso que a ratos le hubiera puesto en mi clasificación un cuatro de excelente y a ratos un dos de regular que es lo que finalmente le he puesto (no cabe nota media). 

Es una especie de road movie de varios personajes, pero no solo por estaciones de trenes, autobuses y coches a lo largo de Japón como es habitual en nuestro amigo; sino un libro de viajes por la historia personal de los personajes y a fin de cuenta un viaje por las cuentas pendientes de nuestro itinerario vital.

Los personajes están afectados por la violencia como elemento de unión. La violencia en Kafka por via paterna; la violencia de Nakata en su experiencia infantil y la experiencia de la señora Saeki vivida en la muerte de su novio o la profesora y su marido muerto en la guerra. Un poco como aquel 2666 de Bolaño. Y luego un montón de personajes a medio hacer y a medio concluir.

Y la sangre y el sexo que se mezclan a lo bestia como en la imagen de la profesora en la excursión con los niños. Y los personajes se van duplicando entre lo real y lo imaginario como Kafka y el cuervo; como Saeki mujer y niña; como el Nakata víctima y sanguinario. Quizá porque lo sexual y lo violento, sangre y orgasmo forman para Murakami un hilo argumental que justifica la huida por el lado de la violencia y el reencuentro por la vía del mundo imaginario al que se accede por la puerta abierta.

Son personajes en huida (igual que mi añorado Pedro Andreu en el recuerdo con Datrebil) huye Kafka, huye Nakata, huye la profesora y al mismo tiempo personajes que se reencuentran en el plano de lo imaginario en esa imagen de la personalidad a medias, con media sombra, con media sexualidad como Oshima. Hombres huecos, vaciados por un pasado hiriente sin conciliar.

Personajes que se reencuentran como Kafka con su padre y su hermana, como la Sra saeki con su novio Porque durante todo el libro se produce el viaje en doble plano: el viaje de huida en lo real y el viaje de reencuentro en lo imaginario. El pasado del que se huye y el presente de encuentro que se recrea en el imaginario común de los personajes.

A Murakami sin embargo, se le escapan demasiados hilos para hacer de este galimatías un buen libro. El personaje de Sakura, de la profesora, de Hoshino acompañante del señor Nakata haciendo de sancho panza de nuestro quijote japonés, tan loco y tan cuerdo.

Qué sí, que ya sé que es una tragedia de grandes personajes con el final apuntado desde el principio como Edipo y su maldición, el destino, pero se le va demasiado, se quedan demasiados personajes diluidos enmascarados en imágenes de Warhol como Colonel de KFC o el Johnie Walker y otros que aparecen y desaparecen como Oshima y Sakura que hacen de coro al argumento sin terminar de cuajarse. Murakami cae a menudo en el onanismo mental (y físico) y ya no se sabe si es un intenso o un chapucero mezclando historias sin acabar de todo tipo.

Y después lo de siempre en Murakami (y que me gusta): frases ligeras, buen ritmo, referencias musicales y culturales y el amor al libro por encima de todo imaginando bibliotecas como remanso de paz. Sexo, mucho sexo descrito y explícito; algo de historia, mucho de geografía, gastronomía y cultura japonesa y símbolos new age que se dibujan como referentes.

En definitiva es un libro deconstruido, de final difícil o difuso, que se rehace cuando luego lo repiensas y cuando lees comentarios por ahí de distintas interpretaciones, pero que no llega a cuajar en lo compacto. Lo imaginario encaja con dificultad en lo real y todo se embarulla.

Un Murakami al año no hace daño, pero me pensaré muy mucho acometer otro libro de más de 700 páginas del amigo, seguramente o me recomendáis con pasión algún otro de los menos oníricos o en el próximo me iré por la vía de los cuentos.

martes, 27 de agosto de 2024

El extranjero Albert Camus Opinión y crítica La moral esperada.

Me contaban, no sé si será cierto, porque la mitad de las cosas que recuerdo (de derecho y de la vida) están derogadas, que una cosa es la antijuridicidad de la conducta y otra el reproche social de la conducta antijurídica. Es decir que algunos delitos aparentemente muy graves son atenuados por la sociedad que los comprende y por el contrario, en otros casos, la sociedad asigna un especial reproche por circunstancias concurrentes que agravan.

En esta sociedad acusadora en la que vivimos; en esta sociedad tan dada a levantar el dedo acusatorio al menor traspiés con el enemigo y al tiempo tan condescendiente con los desvaríos de los propios, El extranjero de Camús adquiere, en lo que yo lo veo, una nueva actualidad. La gente no tiene que actuar tanto como dice la norma sino como el juzgador espera que se comporte. Los buenos no hacen nada malo, los malos no pueden hacer nada bueno. Hablando de franceses me viene a la canción mi querido George Brassens cuando en La mala reputación decía aquello de les braves gens n'aiment pas que, l'on suive une autre route qu'eux.

Al “buen ciudadano” que llora en el entierro de su madre, odia a los enemigos de la patria, cumple como losenanitos buenos que van a trabajar aiho aiho (un recuerdo a La polla record) se les puede comprender todo incluso que descerrajen un tiro entre cejas a un cabrón que les altera la paz dominical. Sin embargo, odio eterno y ley preventiva de vagos y maleantes al que no cumple con los ritos de ciudadano ejemplar y tiene amigos inadecuados. Los ciudadanos tenemos que llorar cuando nos dice el gran hermano y sonreír cuando nos regalan cuarto y mitad de felicidad. El insensible es castigado, mejor dicho, el que no exterioriza correctamente los sentimientos que corren por dentro y agradan a la sociedad.

La sociedad prefiere el arrepentimiento público, que la exigencia de pena. Arrepiéntase por sus actos y vuelva a ser un ciudadano ejemplar. Examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda y ya si eso, cumpliremos una pequeña penitencia. Pero sobre todo golpe en el pecho y acto de contrición. Y eso es lo que no comprende el protagonista, no se revela, sino que su manera de ser feliz es una molesta apatía, una neutralidad emocional que se interpreta como un actuación antisocial. La sociedad no entiende a personajes que no elijan un dios al que rezar, un político al que adorar ni un líder al que seguir; estos elementos son sospechosos. Prefiero que adores a otros dioses y que hagas seguimiento de mi adversario a que no quieras nada y le pegues una patada en el culo al cura que te vende tres nubes de cielo. La gente odia a Bartleby cuando dice aquello de “preferiría no hacerlo”. 

No había leído nada de Camus, suegro putativo del peor presidente de la historia contemporánea de España hasta 2018, Casares Quiroga. Por cierto, que tiene una circunstancia vital muy en la onda de Mersault (protagonista del extranjero) cuando la noche del 17 de julio del 36 le dicen “señor presidente el ejercito se ha levantado” y el dice “si ellos se han levantado yo me voy a acostar” luego vinieron un millón de muertos y cuarenta años de tono gris gracias en parte a su indiferencia y apatía.

Me lo he leído porque mi querida AlmaBaires recabó mi opinión en no sé que extraña confianza en mi crítica. Seguramente le habré desilusionado. El libro deja gotas filosóficas interesantes, se deja leer y es corto, pero a mi entender sin más. Igual en francés aporta matices estéticos que yo no he sabido descubrir en español, pero ni mucho menos para tanta fama. Igual es que me cuesta comprender a Mersault, el protagonista y su particular opción en la vida. Tampoco veo por ningún lado esa filosofía del absurdo vital, más bien una visión propia de la existencia alejada de jueces morales ni obispos.

lunes, 15 de julio de 2024

La innombrable Lorenzo Silva y Noemí Trujillo Opinión y crítica

Hay dos cosas que no se deben hacer al leer la saga de la poli Mauri Martinez: una es jugar a detectar qué cosas escribe Silva y qué cosas su señora Noemi Trujillo (si lo firman los dos, lo firman los dos y santas pascuas; los dos asumen las críticas buenas y malas) y la segunda es compararlo con la saga de Bevilacqua y Chamorro (porque no tiene ni comparación; es como comparar el pan de pueblo y una baguette precocinada) que sí, que a veces te apetece una baguette ligerita y que estos panes de rapidillo tiene sus defensores (incluso yo, en ocasiones) pero es que no tienen nada que ver, aunque a las dos cosas se les llame pan o novela policíaca.

Me gusto bastante el primero de la saga titulado “Si esto es una mujer”, me pareció bastante mejorable “la forja de una rebelde” ; y el otro día me compré en papel este de “La innombrable” como alternativa para un findesemana de calor y mente fluida. Y en fin, que sí pero no.

La innombrable es un libro desordenado, más bien amontonado. Da la impresión de que es imposible que le pasen tantas cosas en tan poco tiempo a esta pobre inspectora. “La innombrable” es un libro sin reposo, acelerado, a saltos y un tanto forzado. Hubiera podido ser y lo digo sin desdoro un buen libro de aeropuerto; esos libros de aventurillas que se compran para leerlos rápido, de moraleja entre líneas y pasar un buen rato (mi adorado Gonzalez Ledesma, tiene varios de ese tipo y me parecen sensacionales), aquí sin embargo el argumento se desparrama y la estructura se confunde entre el dialogo con el hijo y la narración de los hechos, la introspección y los sueños; el más aquí y el más allá; la investigación y la homilía sobre la prostitución.

Y el caso es que el tema está bien centrado. La posición,compartida o no, de ilegalizar la prostitución y señalar a los clientes; la despersonalización de la mujer entendida por estos tipejos como objeto de uso follable, sin nombre, innombrable;  asumir el valor de la justicia aun con sus errores; la disyuntiva entre la vida laboral y familiar… pero sin embargo se echa de menos la habitual sutileza de Silva (que sí, que siempre ha sido un poco “abuelete consejitos”, le conocemos y le queremos) sin embargo, aquí gasta demasiadas páginas en cosas que ya se desprenden del argumento y quedan, en mi opinión, “una miaja tostón”.

Las últimas cincuenta páginas son un despropósito. Como esas películas que acaban, pero no acaban, que esperas el fin y le pegan tres tiros a no se sabe quién apareciendo de la nada un personaje desconocido (qué narices pinta este tipo aquí) de querer cerrar el círculo a la fuerza; de dar explicación al título con peroratas interminables y a tanta referencia cruzada con otras obras del autor sin mucha razón para ello, no sé, un poco como los cameos porque sí de Torrente con sus amiguitos. Lorenzo Silva, de siempre, me gusta más por la estructura que por el verbo florido (si alguien quiere policiacas de escritura deliciosa le recomiendo las de Plinio o las de Eduardo Mendoza) por eso el desorden de La innombrable me ha molestado tanto.

Sin embargo, me resisto a ponerle un 2/5 porque tiene 150 páginas de la escritura atinada habitual de Lorenzo Silva. El personaje femenino de la inspectora Mauri me resulta atractivo (no a la altura de Petra Delicado de Bartlett ni de la Jueza de Marco de Guelbenzu), pero muy atractivo. Excelente la lucha dialéctica con la abogada, excelente la descripción de la vida policial con su equipo, excelentes los interrogatorios, una vez más. Y el tema mujer que empapa la novela; no solo por la prostitución femenina, sino por la fuerza de Manuela en su vida personal y su trabajo y los excelentes papeles de las actrices secundarias, incluidas la víctima.

Diálogos realistas, interrogatorios de sobresaliente, rigor en lo judicial y en lo policial… a veces suena a repaso del procesal de cuarto, pero vamos, muy bien. Es más, se lo iba a recomendar a mi heredero mayor que anda por el meridiano de Derecho con aspiraciones policiales, ya que la descripción de los roles judiciales es de subrayado y estudio, pero, me he arrepentido, por la escasa paciencia de la juventud para superar las zonas de sopor que aquí abundan y que lleva a que todo este rollete que os he metido, mi sintético y amado churumbel lo resumiría en un demoledor: “sin más”. O sea, que sí pero que no.

Y es que al final queda esa sensación de desorden tan poco habitual en Lorenzo Silva, de temas por desarrollar, de querer amontonar eventos de la vida de la inspectora, de capítulos por escribir y a la vez de otros prescindibles, de elipsis evitables y a la vez de retornos sobre lo mismo que dejan en mediocre algo que tenía tendencia hacía lo notable. Pues eso, bien, pero “sin más”.

 

martes, 18 de junio de 2024

Sé mía. Richard Ford. Opinión y Critica El penúltimo viaje de Frank Bascombe

 “Cuando acabas un libro ¿cómo sabes que lo has acabado? Nada de lo que he hecho ha tenido nunca un final” le dice Eddie a Frank en Francamente Frank. Bascombe le responde: “Me pregunto si tengo algo más que decir”. Yo creo que Frank todavía tiene bastante que decir para dar por terminada esta saga de 5 libros y casi 2500 páginas.

Y es que el mundo, el mundo estadounidense especialmente, está lleno de periodistas deportivos, compradores de casas en Wyoming como logro de sus vidas e hijos de puta que en cualquier momento pueden reventarte la cabeza para robarte un mierda coche.

Tras Día de la independencia y Acción de gracias la tercera onomástica pudiera haber sido “El día de san valentín” la efeméride más cercana al evento deportivo, los regalos por compromiso, la alegría de anuncio de televisión, el amor de neón, el frio febrero en Dakota del Sur tras visitar la clínica Mayo con tu hijo con ELA y haber dejado en el camino setenta y pico años de vida.

El evento deportivo como paradigma de la superficialidad llevada a la  trascendencia. Las casas como alegoría del sueño americano. La casa junto a la costa que representa la estabilidad, el “haber llegado” y que, sin embargo, se lleva por delante, el día menos pensado, el Huracán Sandy cuando creías que habías llegado al Periodo de estabilidad de tu vida allá por los cincuenta y pico.

El viejo desván de la casa en venta con recuerdos personales de los viejos propietarios que pensaban residir allí para siempre. El regreso a la casa de tus padres donde construiste tu infancia y que tuviste que abandonar sin posibilidad de retorno después de los disparos. Estas preparada para unirte con tu Dios, le dice en la primera página (Acción de gracias) el asesino a la profesora a la que va a reventar la cabeza de un tiro. Es que esto es todo amigos.

Sé mía cierra el ciclo, la vuelta al Periodista deportivo, vivir como sobrevivir sin más, (digo nada menos); la vida como una cadena de eventos sin buscar grandes razones a lo que nos pasa, sin la mística del destino, sin la utopía de los cielos “la manera en que se nos escapa la vida es la vida” dice Frank en el Día de la independencia, en ese otro viaje que nos contó con Paul adolescente.

Algo tan ridículo como ir a visitar Rushmore fuera de temporada con tu hijo enfermo terminal. El descubrimiento del camino, no para confesarse grandes verdades sino para reiterar la manera de ser de cada uno en esa extraña relación que ya nos contaron en El día de la Independencia. La cara de los cuatro presidentes americanos expresión de lo grandilocuente sin fondo como objetivo ridículo de un viaje profundo y también símbolo de ese pensar "made in iuesei" ya un poco derogado (o no).

Richard Ford vuelve al road movie, a la conversación en la cabina, al viaje sin sentido que da lugar a la conversación larga y profunda (interna y externa) como en el Día de la independencia. Llevarle una almohada a tu ex con parkinson ya le había dictado a Bascombe páginas de una intensidad apasionante en Francamente Frank. (Para mi unas de las mejores páginas del personaje.) Cuando Ann quiere buscar la causa, la esencia de una vida absurda y superficial ya en la residencia y Frank renuncia a buscar las causalidades de las desgracias sino sobrevivir a ellas. Un majareta con escopeta, algo tan inexplicable como un ELA, la casa en la que fundiste tus esfuerzos y tus renuncias y que se lleva la tormenta.” La felicidad es lo que no es infelicidad”

La felicidad como el arte de ser consciente de lo eventual de ir viviendo, de disfrutar de la irrelevancia sin buscar permanentemente la causalidad o el argumento mitológico o religioso que subraye. “La vida como arte de convivir con las desgracias. La capacidad de olvidar, junto a la capacidad de sentirme bien cuando no hay nada bueno que sentir es un talento que tengo” dice Frank en Sé mía.

La traducción de Sé mia me ha parecido floja, no tanto por la traslación sino por la escritura en español (empezando por el título que no he entendido, "San Valentin" hubiera estado mejor). Nada que ver con el buen español de Zulaika en Canada o Incendios o Antolín Rato en el día de la Independencia. Pero es que no es fácil traducir y editar estos libros, si se hace bien. ¿Cómo transmitir al lector español los matices de cada referencia anclada en lo estadounidense? Podría ponerse al final un listado de notas con las explicaciones, pero haría imposible la lectura. Quizá sí sea posible en un futuro, una relectura o una edición especial.

No nos engañemos, no es un libro redondo como Acción de Gracias o El día de la independencia; a veces se disipa, otras se ensortija en viejas fobias pseudopolíticas, tampoco destila lo esencial de Bascombe como he leído en alguna crítica de corta-pega. Para mi “la nueva normalidad” en Francamente Frank expone la esencia del personaje mucho mejor que aquí. Pero llegados a este punto, tampoco queremos otra cosa que reencontrarnos con el personaje, con el viejo amigo. El amigo al que tanto denosté al principio confundiendo su filosofía vital frente a la desgracia con su indiferencia por las cosas.

Tendría que escribirle otra carta a Frank como desagravio por la que le mandé en 2010 cuando la afamada Molinos me introdujo en el mundo fascinante de Richard Ford. Qué días aquellos de 2010 cuando yo tenía una edad parecida al Bascombe del Periodista deportivo y no ahora, que estoy, o casi, en las puertas de Acción de gracias. Otro recuerdo para NaN que abrió aquí interesantísimos debates al hilo de Bascombe enriqueciendo como siempre los blogs que leía.

Pues eso, que a mi me parece que esto no puede acabar aquí como parece decir todo el mundo (incluido el autor). El “Periodo por defecto” “lo que nos queda” puede  significar “lo que nos queda tras lo vivido” pero también “lo que nos queda por vivir”. Yo seguiré esperando, al menos, un par de cuentos más de Richard Ford, digo de Frank Bascombe.

Otros post que he escrito de Frank Bascombe 

El periodista deportivo

El dia de la independencia

Acción de Gracias

domingo, 14 de abril de 2024

Ropa tendida. Elena Laseca. La delicia de escribir en corto, Opinión.

Ropa tendida de Elena Laseca es un libro de inicios, una colección de primeras páginas, una relación de promesas de novelas excelentes por escribir.

En cada entradilla, tras la acuarela, te imaginas que pudiera venir una historia larga llena de frases ensortijadas, barrocas y colombianas en el sentido más macondiano de la palabra y sin embargo te encuentras con la sencillez de tres páginas muy bien escritas que quedan en un esbozo, nada menos, de lo que podría ser o que será cuando la escritora quiera convertirlo en novela. No lo entendáis como reproche, más bien como una alabanza de un estilo sencillo, pulcro, concreto tan ajeno a mí. Tres páginas por historia, no más.

Elena nos regala un libro de sugerencias y aprovecha pequeños matices del día a día para convertirlos en historias insinuadas: la ropa del vecino en la luna comunal, los amores adolescentes colgados del pueblo de verano, la soledad inspiradora descubierta tras la reclusión de pandemia y los polvos que dejamos de echar por no prever la oportunidad a tiempo o descubrirla a destiempo.

Cuando me jubile e intente contar las historias vividas de las que me habré olvidado, rescataré para inspirarme este libro de insinuaciones a medio hacer y cosas sencillas. Elena enuncia, abre, regala la historia en su estilo sin alharacas, en frases cortas tan lejos de mi borrachera de subordinadas y desmesura adjetival. Es como si nos dijera: aquí a lo que estamos, ni un regalo pinturero, ni una frase de más, pero al mismo tiempo mucha insinuación y tentaciones por consumar.

Lo más curioso es que, a pesar de cortas, son historias con final que es como me gustan a mí los cuentos, nada de digresiones sin estación de destino. Quizá demasiado tristes, quizás demasiado rotundas, pero siempre con final; ese final que podría venir tras muchas páginas después pero que aquí te lo encuentras de sopetón e inesperado casi al punto de empezar en toda su contundencia. Por lo demás un rumor reivindicativo que siempre acompaña a los temas de los que escribe Elena: Mujer, justicia social y compromiso con su entorno (nuestro entorno) tanto de vida como de ciudad.

Leeros este libro de cuentos breves, ni siquiera llegan a post, es una delicia para los que os guste la escritura de frases cortas hablando de lo cotidiano. Más Pamies que Carver, más Zaragoza que Nueva york. A mi Elena Laseca me gusta mucho cuando escribe en corto, ya lo de dije en un post laudatorio de La Hija del italiano, que no sé si era novela breve o cuento largo, excelente en cualquier caso y que me encantó. No puedo hablar de sus novelas largas, porque aunque me miran desde mi estante, no me han conseguido todavía enganchar; de todas formas para qué, si disfruto tanto con sus escrituras en corto.

Se me ha olvidado contaros lo bien editado que está el libro. Imperium. Letra amplia, legible, con títulos bonitos simulando manuscrito y una acuarela final de cada cuento a color de Mercedes de Echave que tiene la genialidad de condensar en un dibujo toda la historia.

Lo dicho compradlo y leerlo.

domingo, 10 de marzo de 2024

Montero Glez "La vida secreta de Roberto Bolaño" Opinión y crítica

 

Los libros de Montero Glez como los buenos polvos piden volver a empezar en un segundo intento nada más acabar. Un segundo intento sin premura y sin ni siquiera tener la certeza de poder terminar, ¿para que vamos a ir con fantasmadas? Recrearse en el placer sin prisa y sin objetivo, detenerse en los detalles que la pasión inicial nos hizo pasar por encima. El embeleso de lo actual convertido en incierto; recrearnos en la lectura pura sin tiempo ni contratiempo argumental que despiste.

Juan Manuel de Prada tiene un libro recopilatorio reciente que me he leído y me ha gustado bastante que se titula “Tipos raros como yo” en su primera parte (la mejor porque luego decae mucho)  repasa escritores bohemios de principio de siglo en Madrid. La vida secreta de Roberto Bolaño es también un poco eso: tipos raros como él, como Montero Glez y otros como los que no quiere ser. Autores inventados, mejor dicho, autores reales invitados a formar parte de los cuentos que se relatan en una noche de borrachera larga con viento de poniente. Qué más da lo cierto o lo incierto si está tan bien contado. Metaliteratura en carne viva. Borroughs, Kerouac, Vila Matas o el empalagoso de Bolaño como protagonistas. Suprimir fronteras, abreviar el estrecho entre autores y personajes, como si entre Tanger y Tarifa no hubiera mar.

Montero Glez escribe un libro de literatura a través de cinco relatos, todos distintos todos enlazados, con el amor a la escritura y a la lectura como punto de encuentro. La vida de autores, pintores, cantantes de madrugada en el Madrid de los noventa. Montero disimula poco entre los que le caen mal y los que le caen bien. Marías, Bolaño, Vila Matas son de otro equipo; incluso Cercas y Reverte (Marsé es del suyo, claro, como lo es del mío). No penséis en agresiones, pensad en digresiones malvadas al hilo del cuento. “A Bolaño le faltaba el calambre de la metáfora”; “Marías escribía mucho para no contar algo”… ¿adivinad quien dice que es el hijo bastardo de Hemingway? Me parto. No es obligatorio coincidir con don Roberto para leer este libro con entusiasmo, hacedme caso. A mi Fiesta, por ejemplo, me encanta y a él parece que no.

A este libro se puede llegar por dos caminos: teniendo una base de cultura literaria, artística e incluso política ochentera bestial, que no es mi caso; o como he hecho yo, para qué engañaros, tras hacer una lectura inicial sin paradas, acometer una segunda lectura Wikipedia en mano. Montero Glez nunca escribe sin porqué, nunca inventa sin vivencia, otra cosa es que luego se recree en la tendencia hacia sus lugares comunes: el Madrid post transición, tan lejos de los reyes del pollo frito y tan cerca de los ceesepes, Garcia Alix, Ouka Leele y demás “tipos raros” que ya conocimos en “La imagen secreta”; en fin, la cara B de la movida promovida por el ayuntamiento; la cultura en los márgenes que no es lo mismo que la cultura marginal. Decía que regresa a sus lugares comunes en el sur del sur. “La vida secreta de Roberto Bolaño” nos miente desde el primer momento; bueno antes, porque nos miente desde el título y nos reencuentra con viejos conocidos sureños como el cuentista Luisardo en Cuando la noche obliga convertido en Chukri esta vez en Tanger en lugar de en Tarifa.

Es un libro iconoclasta, contra todo autor convertido en mito a fuerza de babelizarlo. Es un libro de libros que al mismo tiempo se separa de esos autores que hacen de su vida un libro o lo que es peor de sus novelas manuales ficticios de literatura. Hay libros que nacen minoritarios y este es uno de ellos. Nos dice Montero que “nunca quise ser escritor, tan solo quise escribir”. De eso va este libro de la pasión por escribir sin la etiqueta sobrevalorada de ser escritor. Un poco lo que os contaba en este post de hace años.

martes, 6 de febrero de 2024

No te veré morir. Muñoz Molina. Opinión y crítica

 

No te veré morir de Muñoz Molina tiene la extraña cualidad de que la mitad del libro se te hace largo porque te explica todo tan ralentizando que llegas a la desesperación y la otra mitad se te hace corta porque quedan tantas cosas colgando que te parece increíble que solo te queden ocho o diez páginas para terminar.

El libro empieza con una sola frase de setenta y tres páginas, como lo oís, con una sola frase que se va en religando página tras página (ríete de Marías) y a la que disculpen mi tontuna no le encuentro la mínima utilidad más allá de pasar al campeonato mundial de frases largas.

Muñoz Molina siempre escribe bien, pero no siempre escribe entretenido y esta es una de esas ocasiones en las que la diversión no concurre. A mí me gustan mucho El jinete polaco y Plenilunio y muchísimo Los misterios de Madrid que siempre los sabios del babelia la relegan a libro de segunda cuando es un librito entretenidísimo y excelente. Sin embargo, El invierno en Lisboa se me hizo bola como se me ha hecho ésta, no es que esté mal escrito, es que no es entretenido, sin más.

Y no es que el libro no toque asuntos para darle a la mollera. Muñoz Molina tiene un especial arte para tratar con mimo y profundidad los temas que toca (leed Todo lo que era sólido).  Me imagino que cuando se llega a los setenta que tiene el protagonista (incluso cuando estas en los 50), va de sí reflexionar sobre todas las vidas que te has dejado por el camino voluntariamente o no. La vida que te haces y la vida que te hacen o te han hecho. Una vida que se vive como si alguien la hubiera preparado para ti y no hubieras tenido valor para cambiarla. La vida que se elige a fuerza de renuncias. Y un día te vas de Madrid y de repente han pasado cuarenta y siete años y has triunfado en lo laboral y en lo familiar pero en lo personal convives con tus añoranzas inconclusas para siempre. Esta novela podríamos decir, en plan intenso, que es la novela de la elipsis. Unos zagales que a los veintitantos están enchochaditos, pero que él se va a los eeuu y pasan cuarenta y tantos hasta que se reencuentran.

Muñoz Molina nos presenta un libro de apariciones y desapariciones sorpresivas. Cuando se cree que el padre no va a aparecer más, resulta que aparece tras la guerra y sin embargo ese “hasta pronto, enseguida volveré”, se convierte en un hasta siempre sin terminar de explicar el porqué. Y el que espera desespera, como el narrador del segundo capítulo que cae en la desidia vital. Y la convivencia necesaria con los recuerdos, a veces, es el signo de cobardía de los que no se han atrevido a revivirlos para repararlos.

Las voces del narrador se aparentan tramposas en no te veré morir, a medias testigo, a medias omniscente. Unas veces desde la primera persona y otras en contrapunto a través de la narración que de mí hace una persona que me conoció (Coetzee hacía algo así en Verano). Y lo más chocante a mi modo de ver, cuando te das cuenta de que la manera de recordar a veces se convierte en una manera mentirosa de reconstruir el pasado. No os creáis del todo al narrador, por muy ilustre y confiable que resulte, porque a veces, solo repintando la memoria se hace ésta soportable. Y muchas veces, las más de las veces, las cosas no tienen más explicación que la escusa de no haberlo hecho y repensar es rayarse la cabeza sobre todo cuando difícilmente hay una vuelta atrás.

Hay más temas como la contraposición entre el Madrid sesentero y los eeuu soñados de entonces. El coñazo de la vida académica y universitaria, la vacuidad de la filantropía a gran escala y el aburrimiento de los salones de té en casa del señor embajador.

En fin un libro que como esos exámenes de séptimo de EGB el profesor te ponía un seis y luego te decía no es que no te merecieras un notable pero tu puedes hacerlo mejor.