sábado, 15 de junio de 2019

Cuatro canciones celtas


Perdimos la partida en el momento en el que sacamos a los paises y las naciones del continente de los sueños, perdimos la partida en el momento en el que los metimos en marjales embarrados de políticas e intereses. Justo entonces, algunos se apropiaron de canciones universales y las hicieron suyas convirtiendolas en himnos y lacerando con sus proclamas y sus monsergas nuestros reinos simbólicos y nuestras repúblicas de poemas.
 
A Mary Black la descubrí en una cinta de casette que tenía un amiguete veraniego que había estado por Irlanda y que de tanto pedirsela prestada me la termino regalando. A Capercallie en un programa nocturno de esos que solo escuchamos tres, luego vinieron a Zaragoza y por supuesto fui a verlos  "anda chico, vete tu solico a ver esas musicas tan raras que las disfrutarás mejor que conmigo" dijo la malvada nuera de la consuelo esquivando el trance. The chieftains vinieron de la mano de la hermana de mi amigo N, el de los NGH, "yo os hago de intermediario para el intercambio de vuestras cintas pero por favor no me hagais escucharlas" y finalmente a Caledonia he llegado a través del maravilloso algoritmo de spotify que nos propone atajos para divagar por el territorio de nuestras intuiciones acertando siempre.

Reabrimos la tan olvidada etiqueta de músicas minoritarias disfrutadla y disfrutad del sábado.


Caledonia: Dougie MacLean








Chieftains: Red is the rose






Schooldays over: mary black


Capercaille:


miércoles, 12 de junio de 2019

El gordito Andy y los líderes de cristal. Un post de Boxeo y Filosofía



Cuenta Carol S Dweck en su libro Mindset, como determinados jóvenes atribuyen a cualidades innatas sus triunfos y sus fracasos; mientras que otros creen que un examen evalúa y encomienda más bien la capacidad de esfuerzo y mejora. Mientras los logros de unos reciben un continuo elogio a su inteligencia: “eres muy inteligente”, para otros el elogio suele ser: “has trabajado muy duro o deberías de haber trabajado más”.
El problema de ser un triunfador temprano es que no desarrollas las habilidades defensivas ante el fracaso. El peligro de acostumbrarse al éxito sin aprender a recibir reveses conlleva convertirte en un líder de cristal. Mientras tanto quienes reciben alternativamente fracasos y logros en su infancia desarrollan la capacidad de aprendizaje ante las adversidades. Estos desarrollan una confianza en las propias capacidades y en la posibilidad, aun remota, de lograr algo para lo que se les suponía negados. Hay quienes de tanto recibir desencantos han encallecido y saben que el logro no siempre es un reporte a las capacidades sino también a la resistencia y el aprendizaje en la derrota.

Joshua es un boxeador británico, con un palmarés envidiable de 22-0, mide 1,98 y 115 kilos de peso y una musculatura estilizada y admirable. Tras los doce años de reinado en el peso pesado del ucraniano Vladímir Klichkó y su hermanico mayor, se ha ersin discusión en el nuevo rey mundial de los pesos pesados de todas las organizaciones. También os quiero presentar a otro boxeador Andy Ruiz, nacido en trumpilandia pero mexicano de origen, lengua y pensamiento. Es… como os diría, lo más parecido al gordito de Up. Dice él de sí mismo que es chaparro (según como se mire ya que mide 1,88) y pesa 125 kilos aunque dice haber llegado a los 170.

Joshua es un ganador nato ha mandado a soñar a 22 tipos con recetas de cloroformo desde su atalaya de casi dos metros; se guarece bien, le entran pocos golpes y martillea con unos jab directos y secos que al mismo tiempo le sirven para marcar distancias con el contrario hasta que acierta con su técnicamente impecable croché; no ha necesitado de muchos golpes para ganar y eso como decíamos al principio es bueno y malo. Joshua ha encajado poco, muy poco, y con sus gacheto brazos a veces golpea desde su casa como decían de Foreman. Siendo pequeño, o eres un temerario tipo el torete Frazier (que medía 1,82) o es imposible llegarles, y claro como te descuides te mandan a la lona en el segundo asalto como le pasó a mi adorado smoke en Jamaica.
La cosa es que Joshua va defendiendo sus títulos. Los actuales aspirantes naturales (Fury y Wilder) son dos boxeadores duros del tipo cantamañanas lo que no significa que sean malos. Cualquiera de ellos retaba al campeón pero, por estas extrañas cosas del boxeo, su manager el tal Earn prefirió una pelea amable previa (yo creo que para ir haciendo caja). Le encuentran contrincante pero va y le pillan dopado y no le dejan pelear ¿Qué sucede? Que recurren a ese gordito mexicano con más pinta de bebedor de cervezas que de boxeador para que haga de sparring al british elegante y le aguante algún asalto.
Algo tendríamos que habernos temido de lo que iba a pasar viendo la pelea del 2017 Joshua vs Klichkó que justo echaron y vi en Gol hace poco. En ella el ex campeón ucraniano, ya mayorcete fue a la lona, se levantó pero le encajo un golpe, solo uno, que dejo fumao al inglés durante dos asaltos. Solo le salvo que Klichkó no supo rematar y que nunca ha sido un buen encajador (Sanders y Brewster en el recuerdo) y no aguantó un combate largo.
Volvamos. Nuestro amigo el gordito salió al ring más contento que si a un infantil le dejan jugar en el Wanda. La pinta era de: “amigos me la suda el mundo y estoy más contento que chupillas solo de estar aquí, así que voy a disfrutar”. Twitter quemaba con comentarios burlones de todo tipo contra él, pero este hombre lleva toda su vida siendo el gordo comerrosquillas del que todos se reian y sufriendo todo tipo de vejaciones, sabía que solo siendo inteligente podía aspirar a algo y que lo normal era que ni aun así aguantara cuatro asaltos.
El combate empezó con dos asaltos de tanteo y en el tercero Joshua unió una combinación de dos golpes secos al mentón que mandaron al gordito al suelo de culo. La gente tiene mala memoria y empezó a recoger las cazadoras olvidando el combate que os he dicho antes. Andy Ruiz se levantó con esa cara de bonachón y de que no pasa nada, que más golpes da la vida. Joshua que pensaba optimista que ya había ganado el combate, en mi opinión se acercó más de lo debido, y de repente le llovieron en ese mismo asalto, una serie de golpes desaforaos del cervecero concluidos por unos guantazos que podríamos describir de “hostia orejera” tan falta de técnica como llena de efectividad. Un poco como los guantazos a mano abierta de Bud Spencer y que mandaron al inglés a la lona.
Así es el boxeo amigos, el 2.10 del tercero se pensaba ganador en el 1.50 se había comido las primeras que le llevaron a la lona y en el 55 y en el 10 estaba soñando con los angelitos solo salvado por la campana ya en el suelo. Yo creo que en ese momento se le representó el fantasma del ucraniano resucitado. Dicen los cronistas sabios que bajó la guardia desafiante, pero yo creo que en ese momento igual que en 2017 se le cayeron los brazos y se le nubló la vista. Y nuestro amigo el lorcitas, vio delante una cara como una luna o como una rosquilla y se la comió.
Los siguientes asaltos no fueron de control como dicen. Ruiz demostró que un ganador también se hace encajando y se comió sin rechistar varios golpes del gigante ya cansado que bien le pudieron mandar a rezar. Pero no fue así y llegamos al séptimo con el campeón en una de sus clamorosas pájaras que le hacen descolgar los brazos y boquear cual barbo de riachuelo. Y en el 2.30 le llovieron en serie variada de las heterodoxas hostias voladoras del mexicano que le pusieron las neuronas de gorro y las orejas del revés. Es curioso porque la mano que golpea va muy por arriba suyo pero le da, claro que le da. Y con eso y un par de rectos lo mandó a merendar El resto fue la lucha contra la evidencia. Joshua con menos aire que el pulmón de Calamardo le pidió al árbitro que parara un ratico a ver si revivía. Pero amigos en el boxeo eso no cabe y el de largo y pajarita dio la cosa por concluida y a nuestro amigo como campeón.

Y de esa manera el hombre que no tuvo ocasión de aprender a perder, perdió y el que poco a poco aprendió a ganar, ganó. No fue suerte, no fue una mano suelta como aquella con la que Marquez le marco la bandera de mexico en la jeta al  prepotente de Pacquiao, aquí había oficio y  en frente, es cierto, un líder con la mandíbula de cristal. En las entrevistas a Andy se le ve más feliz que una perdiz. Durara lo que dure, parece pensar, pero que me quiten lo bailao.


Os dejo Enlace al video del combate
Otro al libro muy interesante de  Carol S Dweck: Mindset
Y finalmente a la teoría de la atribucion causal 

Otros post de Boxeo Filosófico. El gran Frazier

sábado, 1 de junio de 2019

Una mañana tranquila entre Humet y Serrat

Ya sé que no toca. Que en estos tiempos de sequía bloguera hay que espaciar las inspiraciones y programar las entradas para que dé tiempo a leerlas. Pero en esta mañana de sabado, de repente, he escrito algo en ese otro blog a capela en el que pinto y cosa rara, me ha gustado. Por ello, como los grupos mediaticos que ponen anuncios a un tiempo en todas sus teles a la vez, he decidido copiaros aquí, también el cuento que os cuento: 

Solo soy un ser un ser humano cantaba el gran Humet, solo soy un ser social influenciado e influyente en los demás; que manda y es mandado generando vinculos de poder y referencia. Me decido ir al dentista se me cuela una señora, le dedico una mirada inquisidora y me da con la revista. La amenaza que precede a la violencia, la agresión disfrazada de legitima defensa, todos encontramos razones que justifiquen el empujon con fines egoistas para colarnos en el metro a las nueve menos cuarto.
¿Quien nos hará más tibio el frio? ¿Quien nos protegera de las brujas cuando nos arañen los despertares de invierno? ¿Quien nos preparará el cafe negro que nos alivie los adentros? ¿Quien respondera los guasap del trabajo en esas mañanas en las que la resaca deja bolsas de infierno en el cerebro? A menudo yo me siento tan cansado como si de todas partes apuntaran hacia mi.
Algunas mañanas de este estío recien parido querría vivir al margen, que nadie requiriera mi toma de postura, que nadie demandara mi voto, que les fuera indiferente si anduviera recto o curvo, que perdiera los apellidos y el cargo. Dejarme llevar por la marea y que en el metro me metieran y sacaran al azar de estaciones con nombres sugerentes de la linea rosa: pinar del rey, mar de cristal y cosas así.  
Piensa en mi cuando no te llegue el sueldo a fin de mes, recuerda lo barato que nos salía la felicidad cuando follábamos en el suelo frio de tu casa por amueblar y sin embargo ahora exigentes queremos piltra de latex con dosel. Recuerda como quedaba envuelto el coche en el tul de nuestros alientos y tu sexo relamido por mis labios incomodo y receptivo en el asiento de atrás.
Creo que estamos tan vigilados que nos hemos hecho transparentes, tenemos tanto miedo a que nos tachen de extravagantes y delictivos que nos hemos hecho homogeneos. Somos demasiado condescendientes a que el Estado que vela por nuestros sueños instale cookies en nuestras cartas de amor. Todos somos presuntos delincuentes que entramos a robar calcetines en un supermercado del Rosellon, todos somos chivatos delatores de las sisas de los pobres y condescendientes con la comisión de mantenimiento de la cuenta corriente.
Entro en el quiosko, una vieja irreverente le monta un pollo a una joven dependienta con contrato temporal. O se larga de aqui inmediatamente,señora, o le calzo dos hostias,le digo, no sé si me ha entendido... y como todos somos valientes con los humildes y cobardes con los señores de corbata me mira con cobardia y se larga sin rechistar. La chica me devuelve el cambio y una sonrisa de color carmin que vale por un mundo en esta mierda de ciudad. No sé, pensé con una galantería derogada de cincuenton en ciernes, quien poblara los poemas que leas a escondidas, pero sí que sé que hoy te dejaré ser protagonista de los mios.
Y así bosteza perezosa la ciudad de un dia cualquiera, cuando el buitre de los horarios laborales entre tazas, tostadas y periódicos nos obliga a poner nuestro dedo para el control de la jornada de trabajo (todo ahora tan controlado como descontrolados nuestros sueños). ¿Quien fuera Montero para tener aun telefonos en tinta azul a quien llamar escritos en el reverso del carnet de conducir? Vivo en paz, como de lo que gano y solo aspiro a ser ciudadano. 
Abro las ventanas del despacho a eso de las nueve, miro la agenda: a las diez asesoría, a las doce revisión del plan de acción, a la una canapé con los del ayuntamiento y te llamo por si quieres comer conmigo y hacer las paces por mi mala contestación de ayer.

viernes, 31 de mayo de 2019

Si no existiera mayo.


Imaginaos, aunque solo fuera por escribir de algo, que no existiera mayo, ni sus jodidas flores a porfía, ni sus flores a María que madre nuestra es. Imaginaos que mayo no fuera cuando aprieta la calor, ni cuando los trigos encañan y están los campos en flor. Imaginaos que Bebe nunca hubiera cantado con Pastor esa preciosidad de canción donde se va el tren y también el barco y se esconde un mayo en el bolsillo de futuros inciertos besando estatuas de sal.
Yo no podría vivir sin mayo. Sin ese preludio de estío, sin que el verano se agazape disfrazado de primavera, sin que tenga treinta y un larguísimos días contados uno a uno en un descuento lento hasta ver el mar. En mayo se preparan exámenes, se agotan las noches que empiezan a prolongarse, se mira por la ventana en las madrugadas templadas y promiscuas cuando a penas sin ropa, se escucha la radio mientras se memorizan lecciones por aprender.
Aquel mayo del 86 entré por primera vez en una discoteca, me sentí al mismo tiempo raro y aprendiz; mayor y minúsculo; feliz e incompleto (ósea adolescente). Un poco por hacer, un poco fuera de sitio y al mismo tiempo siendo con la intensidad de saberme yo mismo. Llevaba un calendario en la cartera donde subrayaba fechas significativas que aun guardo. Y empecé a escribir con la imperfección y la naturalidad de un chaval de segundo de BUP un diario de ilusiones y versos sin pulir.
Buscaba por allí a alguna chica a la que hoy negaría tres veces (incluso más) y me largaba a casa con una mezcla de envidia y agradecimiento a quienes me habían invitado a ir. Recuerdo, y me podéis llamar blando, aquellos atardeceres añiles desde mi sitio en clase junto al ventanal, donde soñaba besos y nostalgias que se me hacían imposibles, mientras el profesor recitaba para nadie la clase de inglés.
El mayo del 88 también fue especial. No hice ningún examen fin de curso, me daba igual la selectividad, andaba sobrado, no tenía nota de cierre para lo que quería estudiar y ya sabía la farsa que era el rollete de tanto examen final.
Me recuerdo tomando el sol en una piscina en un camping de playa llena y vacía a un tiempo, como están las piscinas recién abiertas a finales de mayo. Era un camping nuevo, nada conocía de él y soñaba y soñaba en la desidia perezosa de las tardes sin quehacer. Imaginé veranos futuros que por esa casualidad del destino, coincidieron con lo que fue, Y poco a poco en aquellos veranos imaginados fui construyendo mi mayoría de edad.

Luego vinieron muchos mayos más: el de París de la recopa, el de 2014 que me marché a Disney con mi mujer y mis hijos a ver juntos los fuegos más bonitos que haya visto jamás. El del 16 nos fuimos a Florencia a aquella casa perdida en los jardines de Bobolí donde hacíamos el amor respirando tibieza, belleza y soledad.
Me hice un hueco en la memoria entre las columnas listadas de la catedral de Siena y nos perdíamos por carreteras secundarias de la Toscana y el Chianti imaginando futuros recuerdos por contar.

Recuerdo el mayo del 17, aquel viaje a Badajoz y Portugal con aquel desasosiego laboral tan intenso del que aun hoy me cuesta escapar. Un viaje como un fado tan perfecto e hiriente, tan bello y tan triste; con esos abrazos de cobijo ante un desconsuelo tan ridículo, pero tan profundo, con aquel sentimiento de gatillazo vital.
Después ya se va yendo la gente con otros mayos, los amigos, los padres, los abuelos y te reconoces como un ser con fecha de caducidad. Me recuerdo andando por Triana en la mañana de domingo que como una alegoría de ir viviendo regalaba postales sin saber lo que vendrá.
Imaginaos, aunque solo fuera por escribir de algo, que no existiera mayo, ni sus jodidas flores a porfía, ni sus flores a María que madre nuestra es.

martes, 28 de mayo de 2019

Lucía en la noche. Juan Manuel de Prada. Buena cerveza pero con mucha espuma

Juan Manuel de Prada rebusca siempre la palabra menos usada, la que permite burbujear a la frase, la que hace añadirle un tono impostado y que… no se lo digáis a nadie, pero que a mí me gusta. Siempre pone espuma a la cerveza, a veces tanta espuma que parece que está mal tirada y es que quienes amamos la cerveza sabemos que la espuma es necesaria, pero en demasía rebosa y requiere asiento.
Lucia en la noche, recupera a Alejandro Ballesteros el personaje ditirámbico, excesivo y relamido que ya nos acompañó en La Tempestad y en Mirlo Blanco, Cisne negro. Es lo de menos, no hagáis el pardillo como yo y os releáis el libro anterior intentando recordar quien cojones era Rosario Tena y quien era Cifuentes, hacedme caso, da lo mismo.
Alejandro Ballesteros es un escritor afamado que en ambos libros se desplaza entre el novelista delicado y el tertuliano pajillero de mire usted. Pero hay una diferencia en Mirlo blanco el burbujeo, si bien atrayente, carecía de historia detrás y en Lucia, sin embargo, el argumento está más trabajado y nos permite ir de la mano sin escaparnos por el proceloso mundo de las frases ensortijadas de de Prada.
Alejandro Ballesteros está como aquel que dice hasta los güebos de haber optado por frecuentar tertulias televisivas en lugar de escribir preciosas y refinadas novelas; de preferir ganarse el garbanzo en la telebasura que en la literatura (como si fuera menos basura) y de repente conoce a una chica que le cambia la vida. ¿Quién es esa chica? ¿A qué se dedica? ¿Cuáles son las razones de enrollarse con Ballesteros? ¿Conocemos verdaderamente a las personas de quienes nos enamoramos? Esa es la cuestión que nos cuenta la película. Y digo la película porque durante todo el libro me dio pinta de perfecto guión adaptado para miniserie de Telecinco.
A mi, qué queréis que os diga, me ha gustado. No optará al mejor libro del año, no figurará en las listas de novelas que debes leer antes de morirte, pero me ha gustado. Yo creo que el efecto me durara más que Mirlo blanco que en principio me gustó pero luego se fue desvaneciendo como pompa de jabón. Personajes más trabajados, argumento más hilado, no cae (cosa frecuente en Juanma) en su metaforismo etílico y aunque en ocasiones se enreda en sus habituales onanismos argumentales  digamos que lleva la cosa con bastante dignidad. (salvo el epílogo)
Como digo siempre, de Prada tiene la virtud de causar repelús en una gran parte de la población, da igual lo que escriba o le que diga; su pinta causa repelús y ya está. Eso es sentimental y no se puede discutir. Pero sin embargo, domina el español como pocos, regala palabras por estrenar y frases cuya estructura ensortijada no empece para una elegancia indiscutible.
A mi de las tres o cuatro novelas con pretensiones históricas no me ha gustado ninguna, es más de casi ninguna he logrado pasar del tercer capítulo y de Me hallará la muerte que lo logré, me sigo arrepintiendo y me retorna en forma de pesadilla somnífera (disculpad el oxímoron). Sin embargo, las que aportan un punto más personal sí que me gustan. La vida invisible me encantó, incluso la planetaria La Tempestad que a la gente le repele a mi no me pareció mal.
Bueno, lo dicho si, como yo, eres de los que Juan Manuel de Prada no te produce repelús puedes lanzarte a leer esta novela y te gustará; si eres de la mayoría que os saca de vuestras casillas ni lo intentéis porque el tono es ese relamido que justificaría vuestra agresión física al autor. A mi me gusta, incluso me deja un cierto retronasal que pinturrajea lo que ahora escribo con ese tonillo a gafotillas de tercero de la ESO. Incluso me he comprado en el rastro por 3,50 Las mascaras del héroe en papel que dicen que es el mejor libro del heterónimo de Alejandro Ballesteros.

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