miércoles, 30 de septiembre de 2015

Cosas que pasan a los cuarenta y pico.

Anoche me hablaron de Armando. No sé por qué hacia tiempo que había desaparecido de mi memoria. Quizá no tanto desaparecido como diluido en otra vida. Ahora desde aquí parece que fuera otra  pero en realidad era una vida lejana, divertida y despreocupada donde los protagonistas ya no somos nosotros sino personajes ajenos, esbozados y desdibujados del pasado. Por entonces se nos hacían poco las tres o las cuatro de la madrugada de un martes cualquiera tan solo hablando y hablando. Sin darnos cuenta pasábamos de la hora en la que se llega tarde a la que ya se llega demasiado temprano: porros trompeteros, humo denso, música cansina y enlazar una cerveza con la siguiente hasta que las palabras se embarullaban en forma de frases en bucle y pensamientos reiterados.

Armando siempre venía con nosotros. No pegaba mucho la verdad, era correcto, tranquilo, demasiado tranquilo. No quiero decir que no bebiera, ni que fuera un plasta. Era un tio divertido, pero divertido a su manera. Recuerdo el día en casa de PIli en el que yo me pillé a la prima flaca de Elena; al rato ella me estaba cabalgando desencajada como esos esqueletos que se cuelgan del retrovisor de los coches y se mueven desacompasados y allí tenía a Armando detrás haciendo el pavo, braceando como si fuera un muñeco de guiñol y yo que no podía contener la risa y la prima a lo suyo, hasta que se percató, se vistió rapidamente y nos mandó a los dos a la mierda. “Sois unos inmaduros” nos dijo como si eso fuera un demerito.

"Estudiar Derecho no es fácil, decía con su sorna habitual; ¿donde se ha visto una bar que tenga facultad y que las niñas pijas sean más faciles que el derecho romano?". Era un tío apuesto, yo diría que incluso guapo, vamos que había muchas que se hubieran ido con él encantadas a echar un comodato. Pero cuando llegamos a cuarto, cayó en un pozo oscuro, profundo e inexplicable para nosotros. Seguía viniendo de juerga, pero realmente ya no estaba. Nunca supimos que le pasó esos dos o tres años. Quedábamos con él en ese deseo de los buenos amigos de que uno empiece a contar sus problemas sin que los demás le pregunten nada.Silencio. Al principio echábamos la culpa a una tipa espectacular más mayor que nosotros con la que se enrolló en una apertura paralela. Se fue a vivir enseguida con ella a un piso de estudiantes y convivieron durante algunos meses. Pero no, no fue era por ella, al revés incluso, yo creo que ella lo pasó bastante mal porque veía que no podía hacer nada por él.

Acabó la carrera dos años después que nosotros y eso hizo que aunque nos seguíamos viendo con cierta habitualidad ya no fuéramos al mismo ritmo. Luis se marchó a Alemanía, yo empecé las oposiciones y el tiempo se achicaba sin dejar resquicio a otra cosa que ir viviendo y empujar la vida hacia delante. Creo que fue Maria (puffffff), sí seguro, la que coincidió con él en el despacho de Ortiz de Zarate. Por entonces volvía a ser una persona normal y aunque María nunca lo ha contado estoy seguro de que hubo algo entre ellos. (La envidia se me come). Después se metió en un banco y le fueron destinando de ciudad en ciudad hasta que consiguió acercarse a Zaragoza, pero por entonces ya no estábamos los demás.

Pues todo esto venía a que ayer alguien de la pandilla sacó el tema de que lo había visto y que había hablado con él. Se había casado con una muchacha adinerada y habían tenido un par de críos. Joder, pues resulta que llevaba ya un porrón de años casado, la vida hecha, curraba en un banco en un puesto intermedio de esos en los que no te molestan los de abajo ni te dan por el culo los de arriba, y de repente se había encoñado con una chavala de treinta y pocos y lo había dejado todo. Él mismo lo reconocía, “empecé tontamente por internet, tu ya sabes, con las bobadas de los blogs y los tuiteres y los faisbuks de las narices y se me hacían las tantas escribiendo y ganando intimidad. Esa suerte de intimidad complice y anónima que me gustaba y que nunca habia tenido". "Y un día fui a Porriño por un tema del banco y con la escusa de que estaba allí me zampé los doscientos kilómetros hasta Mondoñedo para conocerla. No sé realmente por qué lo hice, fue como caer al vacío, como dejarme llevar, como esos dos años, no sé si os acordais, en los que anduve perdido cuando estábamos en la facultad. De aquello no he terminado nunca de salir hasta ahora, -confesó Armando- nunca supe porqué me pasó.”

Hoy, en la cena de parejas, ha salido el tema de Armando y he contado la historia y casi me crucifican. Primero mi mujer, que me ha dicho que era normal porque eso de los blogs os vuelve lelos; otros me han guasapeado por lo bajinis insultándome por pardillo y despertar las dudas en el enemigo, el sector divorciadas/os lo ha defendido a ultranza apostolando por la libertad para hacer lo que cada uno le dé la gana (la misma que detestaban en sus años de casados), e incluso alguna que yo me sé, ha mirado el guguelmaps de soslayo para ver si Porriño estaba cerca o lejos de Zaragoza.

Pues nada, que estás son las historias del cuarentismo que nos llevan por callejones y recovecos difíciles de evaluar y que hace que el ir viviendo asuma nuevas emociones y riesgos.

martes, 22 de septiembre de 2015

Tiempos hilvanados.

Vivimos en unos tiempos hilvanados, cogidos por alfileres, en los que con el mínimo movimiento descontrolado se abren las costuras y te quedas en porretas dejando las vergüenzas al aire. Todo es provisional, por ahora, hasta que pase todo esto, dicen. Y mientras tanto, el tiempo pasa y pasa y nos perdemos el hoy esperando un mañana que nunca llega.
Vivimos entre paréntesis, como si los versos de ahora ya no nos aportaran significado a la frase. Como esos curriculums en los que al leerlos ves un hueco de ocho años de los que no se dice nada. O esas largas relaciones de pareja que se eluden pero que se recuerdan todavía más a fuerza de querer olvidarlas.
Por si fuera poco esta vida de lo eventual, encima nos toca este año de constante preelectoralidad. El mercado de trabajo lleno de subsecretarios en desempleo que quieren regresar a la silla que dejaron hace cuatro años, (o a alguna mejor…) porque claro ellos tienen que “poner en valor la experiencia atesorada en lo publico monetizando en el marco de lo privado las sinergias generadas y la valorización de las propias competencias ”.
Y mientras esperamos a que unos se vayan, los que entran nos hacen esperar porque hasta pasados  tres meses no saben ni donde está el tippex. Demandan paciencia y por supuesto, cien días de paréntesis hasta que pillen el mullido al sillón. Entre tanto, nosotros, seguimos esperando a que unos se vayan y los otros lleguen, tened un poco de paciencia que esto se soluciona enseguida, dicen. Y los que tenemos la mala costumbre de guardar las tarjetas nos damos cuenta de que es todo una patraña y que  los nombramientos revolucionarios consisten en rescatar a los mismos que estaban hace cuatro años, o sea que mejor no tiro las tarjetas de los que se van ahora, ya que tendré que volverlas a rescatar dentro de otros cuatro.
Y me cabrea sobremanera el mar de noticias fugaces que inundan los periódicos, “mañana se resolverá el sorteo de cuartos”, las encuestas de esta semana vaticinan la victoria de los amarillos, contradiciendo a las de  la semana pasada…. “Nosotros opinamos (de que) son solo encuestas provisionales y no hay que tenerlas en cuenta” ¿entonces para que llenas portadas y tertulias con algo que tiene una vida tan efimera?.Los periódicos nacen muertos. Y mientras a esperar, a ver si pasa no sé qué, para que luego llegue no se qué (que por supuesto no termina de llegar).
Por supuesto que todos queremos que escampe y que se seque el campo mañana, pero si hay que jugar hoy con el campo embarrado, jugaremos, que no esperen que vayamos a quedar en una esquina esperando indefinidamente. Pues nada hermanos os dejo con esta reflexión facilona de trasnoche. Y en fin, echad hoy el polvete que podais porque cuando te atrapa el cuarentismo “polvo que pasa polvo que pierdes” y ya no se recuperan ni se compensan por más que esperes o te quieran hacer esperar.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Vacanze a Settembre o el placer de disfrutar fuera de fecha.

Nos atropellan los tiempos y los insultos; depravaciones mentales convertidas en ideologias baratas. Nos aplazan para luego los ratos de risas porque ahora hace feo, como si tuvieras que guardarte para dentro los pedos en misa. Pero luego, el luego no llega  y el periodo de carencia no sirve sino para hacer más larga la espera.
Reivindico cerrar los ojos un rato, tirar pa lante sin reflexión ni plan de empresa, porque sí, porque me da la gana y dejar de asistir a la reunión del cole, a la boda de la prima que se casa en segundas nupcias con el más putero del pueblo; dejar para el lunes lo que puedas hacer hoy y ponerse una canción que sin saber lo que diga, te arrranque una sonrisa a dientes llenos. Una sonrisa de esas que insultan al jefe cuando te mira porque cree que echaste anoche el polvo con el que lleva soñando toda su vida (aunque sea mentira y ayer tu mujer se marchara con su amante simulando de nuevo un campeonato de padel y tu te la menearas mirando el cangrejas).
Ya sé que todo no da igual, pero a veces hay que simular y parecerlo. Que me quiten lo bailao. Borron y cuenta nueva. Nadie se ha muerto por ir sin dormir una noche al currelo que cantaba Sabina. Hay más pecados en nuestras frustraciones que en los catecismos y demasiadas frases que empiezan por "se debe" y "no se puede"  y se empeñan en tipificar versos de amor a monjitas de corchopán.
La colección de canciones minoritarias que os pongo este viernes van por ese camino, por el de abrir un parentesis a la cordura por un rato, hacer el payaso, cantar a voz en grito "Vacaciones en septiembre"; soñar que vuelves treinta años atras cuando tu unico problema era encontrar condones a deshora o veinte pa lante cuando ya  te importe un guebo encontrarlos o no.
Las dos primeras son de Fitness Forever, la tercera es En otro pais de Cola Jet Set y finalmente Al amanecer de Los fresones rebeldes. Si os gustan tengo una lista entera en el spoty con este tipo de música que cuando empieza a tronar pongo a todo volumen y me descojono del mundo.






viernes, 4 de septiembre de 2015

Música Minoritaria: Liuba Maria Hevia A tres por Cuatro

A veces el azar tiene nombre de canción, te lleva de la mano como un niño a oscuras al que quiere dar una sorpresa. En ocasiones te descubre en un bar al cobijo de una conversación lenta, otras aparece de pronto tras una despedida en septiembre cuando ya solo queda del verano, recuerdos de los besos tras las barcas. 
Pero en estos tiempos en los que el sol rojizo ya solo se pone tras los carteles de ofertas inmobiliarias y los guardias te multan por dejar la barca en la arena, aunque sea como posible refugio para náufragos nocturnos y amores de despertar, ahora solo queda esperar sorpresas del internet cuyas palabras también huelen a mar: navegar, bitácora, redes y sobre todo porque nos guarda en el fondo de su anonimato los pecios hundidos de nuestro naufragio cotidiano.
Y así fue como descubrí este verano a Liuba Maria Hevia, dejando sonar el yutuf en aleatorio, no se si queriendo o por azar y llevándome a esta preciosidad de canción que huele a insularidad, a playa turquesa, a Guajira de tierra adentro. Una delicia de voz cubana que desconocía y de la que me he hecho seguidor incondicional. A tres por cuatro. Os la recomiendo.




Si queréis ver la entrevista entera de Cubavisión os pongo enlace.
He pillado la canción por ahí, como siempre si la cantante ve problema en que la comparta que lo diga  y la quitamos para enlazarla al spotify.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Necesito escribir de nuevo a manos llenas

Vuelvo a casa, necesito escribir, volver a escribir a manos llenas. Necesito rellenar con palabras renglones que tengo desde hace más de un año sin terminar. Miro las suelas gastadas de mis zapatos estos meses, recuento el largo camino recorrido y sin embargo veo las hojas de mi dietario lánguidas e impares, vacías como si nada hubiera pasado. Quiero volver a escribir de nuevo como sea. Quizá os tenga que vender como versos, ripios recosidos; quizás os empalague con prosas dengues y retazos de realidades inventadas; otros días me veréis vestido de surrealismo para no contar en claro pecados veniales reconocibles por quienes los leen, pero quiero escribir, escribir otra vez sin pausa, pase lo que pase.

Puede que construya canciones con los mares que llevo dentro, que amase el aire que no inhalo y que haga crecer nubes de lluvia que embarren el marjal de desidia y aburrimiento que me atenaza; pero lo que no quiero, bajo ningún concepto, es volver a esconderme y esconder las palabras y los recuerdos bajo montones de tierra sucia. Eso no. Plagiaré si es necesario versos irreverentes de poetas argentinos, subiré si hace falta caminos de sirga río arriba, copiaré canciones melosas de trovadoras cubanas o tomaré como mías, diatribas en la orilla de narradores resentidos todavía de cuerpo presente; pero os prometo desde ya, que no guardaré nunca más en carpetas azules bosquejos añosos de la realidad que se va.

Tras la hojarasca que se ha llevado todo, necesito volver a desaguar, escuchar el traqueteo de mi teclado como el tren que llegaba envuelto en calor y polvo sucio a la estación vacía de los cuentos de Gabo. Yo también recuerdo todavía como él, los andenes llenos de vida, los señores con copete que negociaban paños de importación, niños cursis relamidos jugando con pantaloncitos picajosos de perlé o esposas jóvenes con falda almidonada soñando con adulterios improbables con guapos comerciantes de paso. Ahora sin embargo, veo los gallinazos esconderse en la oscuridad, me molesta el ruido de su aleteo torpe y desganado por los mismos pasillos que antes brillaban luminosos. Veo con asco a los sicarios antes presuntuosos y ahora sumisos, plegando banderas viejas empujadas al fondo de las baldas como si fueran harapos que les pudieran comprometer. Veo de noche a las secretarias hacer fuego a escondidas con los libros de actas que les recuerden las meretrices de postín que quisieron y que nunca pudieron ser. 

No quiero repintar en rosa la historia del pueblo viejo antes de que lo inundaran las aguas para siempre. Quiero impedir que nadie idealice la memoria cuando solo sea el recuerdo de un tiempo amortajado por telarañas de niebla, quiero impedir que nadie se atreva a reformular con mentiras interesadas la guerra que perdí y mucho menos las torturas que me infringieron en las bodegas de sus cuarteles. No quiero una ley del olvido y del punto final, no quiero. 

Cuando crujieron al fin las vigas traveseras, las jácenas se vinieron abajo y los muros se agrietaron como hojas rasgadas de papel, ya hacía mucho tiempo que los causantes tenían firmadas sus últimas voluntades y asegurada su salida. Se habían cuidado muy mucho de no preterir a sus hijos ilegítimos, de repartir a su antojo legados generosos entre familiares y amigos y asegurar el futuro de sus queridas de metisaca con pisitos amueblados a la orilla del mar. Ahora que tengo la absurda encomienda de ser escribano de los nuevos tiempos, juglar viejo, notario titular, cronista de lo que pasa, la única dignidad que me queda es que no se olvide ya nada de lo que estoy viviendo, de lo que vivi. 

Y al final cuando también yo deje el pueblo, que será más pronto que tarde, que quede constancia por estas líneas de las hazañas miserables que proferimos y nos castigue con un presente vergonzoso hilvanado de futuros recuerdos.


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