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lunes, 18 de agosto de 2014

El olvido que seremos de Abad Faciolince Opinión o el reverso de La virgen de los sicarios

Lo más probable es que uno invente el padre que le hubiera gustado tener, para parecerse al hijo que le hubiera gustado ser. Abad Faciolince habla de su padre, y lucha desde la primera línea contra el olvido que seremos a fuerza de construir el recuerdo que quiere que tengamos de él. Por tanto, si has comprado (o robado) este libro pensando en leer una biografía o un relato de historia, mejor búscate otro libro. Tened claro que tenéis en la mano una novela, una recreación personal de la vida de su familia y que no tiene que corresponder necesariamente con la realidad.el olvido
Y dicho esto, y aunque pueda parecer contradictorio con lo anterior, El olvido que seremos rebosa realidad por todos los lados. Una realidad contada en primera persona, desde sus recuerdos y de una manera suelta y amena que ha logrado poner a este escritor en la nómina de mis favoritos americanos desde ya mismo.
Aunque no digo mucho en mi favor a Hector Abad ya lo conocía, topé con él hace unos años, por un cuento erótico en El Pais llamado Grito Ciego y que siempre retomo en mi cabeza durante el sexo silencioso. Me gustó tanto, que me compre dos libros (este y el de El amanecer de un marido) aunque a decir verdad no me los leí y los dejé dormir durante un tiempo en las baldas de mi biblioteca esperando que llegara un beso de príncipe azul (o un casquete de plebeyo verde) que los despertara.
Decía que Abad Faciolince es para mí todo un descubrimiento. Retoma esa virtud de los buenos cuentistas colombianos que logran llevarnos de la mano por historias de palabras dulces y contenido de guerra y que sin darnos cuenta nos sumergen en un universo distinto, el suyo, al otro lado del espejo. Y es que creo, que no es que los escritores colombianos postureen con un lenguaje tierno, sino que sencillamente es su idioma y que su lucha, al contrario, consiste en no resultar demasiado merengones para los lectores en español de este lado. Y esta lucha es lo mejor del libro: relatar la historia de su padre en Medellín sin caer en lo lacrimoso y al mismo tiempo dándole la fuerza de una historia interesante, con mucho de filosofía y el aderezo justo de melosidad.
El libro me lo recomendó el Sr Ro, médico pensante más que recetante, y buen conocedor de Colombia, diciéndome que era un libro indispensable. Y claro, es que el libro se degusta mejor cuando se reúnen esas tres características. Pensar, pensar mucho sobre la educación y la sociedad; ser médico como lo son el protagonista y el Sr Ro (más si se entiende la medicina desde lo social) y también implicándose en la Colombia de los ochenta (o antes).
Y llegamos al nudo del libro, la guerra civil en ese pais: Medellín, Antioquía, Colombia y el encontronazo de la violencia frente a la intelectualidad. No nos engañemos, ni el autor ni su padre son gente pobre que luchan contra los ricos (que es una manera de ver un conflicto social) más bien son el librepensamiento de casabien contra la intransigencia y el integrismo que habita tanto en una clase como en la otra. De esto, del Medellín de los ochenta, ya había hablado Fernando Vallejo en La virgen de los Sicarios de una manera descarnada y sencillamente magistral (ya hice reseña de La virgen de los Sicarios con mucho entusiasmo).
Esta novela es una forma de reverso de aquello. Cada uno vive la muerte y el país abierto en carne viva a su manera, distinta pero igual. Vallejo desde el Sicario, Abad desde el defensor de los derechos humanos; Vallejo desde la relación homosexual con el mal, Abad desde la familia de casa bien; Vallejo desde la diatriba, Abad desde el relato dulce con traje de biografía de su padre y del niño que fue y los dos, porque no decirlo, desde la elite social y económica de la ciudad. A mi es que me encantó La virgen de los sicarios, este también, bueno, un poco menos.
No voy a hacerme el entendido por haber estado un par de veces en Colombia, para ello ya están nuestros periodistas de trinchera que tertulean de Latinoamérica por haber estado una semana en un resort en Punta Cana, únicamente puedo decir que regresé con una imagen distinta, muy distinta a la que nos venden y sin duda para mejor, y por supuesto mucho mejor del momento que cuenta el libro.
Es cierto que yo fui de señorito y que estuve al final de la década pasada, cuando las cosas empezaban a ir por otro camino (…que aun queda  por recorrer). Los libros de Abad Faciolince y de Vallejo hablan son de la etapa de guerra civil y es una manera realista de conocer lo que fueron aquellos años. Ambos autores fueron amigos, luego se discutieron por prometerse no regresar a España mientras obligáramos visado (…y uno de ellos incumplirlo). Pero vamos que va de sí en los grandes latinoamericanos estirarse de los pelos. Vargas Llosa y García Marquez o Plinio Apuleyo Mendoza y Galeano… así que tampoco le echaremos cuenta. Leed El olvido que seremos y si no lo habéis hecho, leed también La virgen de los sicarios.
Bueno y si queréis volver a la prehistoria de este blog yo también escribí un cuento sobre Colombia a mi manera.

jueves, 14 de agosto de 2014

Pólvora negra de Montero Glez. Opinión tras una relectura sin sacarla

He acabado Polvora negra de Montero Glez, y al llegar justo al final, después de “Aprieta el calor en Madrid y de las cloacas sube un tufo tan intenso como para marear a un perro,” he vuelto a empezar por el principio. Así, sin sacarla, de una sola tirada, como la cerveza que enlaza trompas y retoma en un domingo de resaca la borrachera del día anterior. Y he vuelto a la primera página para, de golpe y a tirón llegar de nuevo hasta la 60 y luego otra y otra y mucho más hasta que me he tenido que parar para no leerlo otra vez entero.

Y es en esa relectura imprevista, cuando me he encontrado con otro Montero Glez: con el currante, con la costurera que hilvana detalles, con las frases hechas más a golpe de neurona que de cadera, con un argumento más de orfebre que de escritor testicular; como si me echara la culpa de haber sido por un momento un pasapáginas que hablara de él con esa condescendencia de describirlo solo desde lo rudo, lo característico y lo castizo de su verbo. Es que parece que muchos, al hablar de como escribe, dijéramos que lo que hace fuera sencillo, como si todo fuera el resultado automático de un atracón de güisqui añoso sin participación del trabajo minucioso y el talento previo…polvora-negra

Del día que conocí a Montero Glez ya hablé cuando me topé con Cuando la noche obliga ,luego me he leído Sed de champan con su memorable comienzo que no repito para no gastarlo, y desde entonces los voy dosificando como esas noches salvajes veraniegas sin madrugada ni acto de contrición que de vez en cuando dan argumentos a nuestros inviernos. (Recordar que a Montero Glez me lo tomé por prescripción del Dr NaN)

Pólvora negra bebe de la historia, pero se recrea en ese lenguaje propio de Montero Glez. Nace de aquel intento de magnicidio a Alfonso Trece, bisabuelo del actual Felipe uvepalito, cometido por un anarquista niñopijo de Sabadell de nombre Mateo Morral. Pero eso es solo el marco, porque sobre el lienzo, se va pintando con brocha fina y en ese lenguaje que abre en canal cuerpos dormidos y entrepiernas de ursulinas, un oleo de personajes encarnados en el Madrid más profundo de principio del siglo XX. Son la Chelo, el teniente Beltrán, el Cojo, que como el Charolito o Luisardo ya son históricos entre los seguidores de la prelatura personal de Glez, (Quienes, sea dicho de paso, andamos buscamos milagros ya para su beatificación literaria).

Es verdad que a Montero Glez se le da mejor en este libro describir la villanía que la nobleza, mejor las calles gusaneras y de lenocinio de Madrid  que los palacios y las chorreras (no por ello menos alcahuetas), pero al final todo está traducido al mismo idioma, a su idioma, quizá porque la hijoputez y los cuerpos encamados tanto da que sean de reyes que de villanos (En el recuerdo mi profe de político que nos decía aquello de ”a Isabel II la revolución le pilló en Sansebastian pero a la reina la pillaba cualquiera en cualquier parte”.

Ya os dije que a Montero Glez hay que leerlo despacio palabra a palabra, ahora además añado que está bien releerlo, porque el tapiz no tiene hilo suelto ni evento fuera de argumento. Cada personaje va y vuelve en su momento justo, y es normal que, arrastrado por la torrentera de palabras y metáforas abiertas, dejes escapar matices que descubres al regurgitar otra vez lo digerido, en una segunda lectura. 

Bueno pues, ya veis que estoy totalmente enganchado a este hombre (además leo por ahí que prefiere antes a Fernando Vallejo que a Bolaño lo que para mi, luchador contra el bolañismo, ya es lo más) Leeros este libro pero antes iniciaros. Yo empezaría por Sed de Champan o por Cuando la noche Obliga y seguiría por este. Ahora me estoy leyendo en paralelo (ya sabéis mi costumbre de leer varios libros a la vez) un libro de artículos de futbol de Montero Glez “El gol mas lindo del mundo” que también me está encantando. (Este requiere la premisa de ser futbolero advance para saber de quienes habla, con beginner no basta).

Lo dicho a disfrutar del verano.

domingo, 13 de julio de 2014

Peores maneras de morir. González Ledesma Esto no es una opinión es una pasión.

Leedlo, leedlo, leedlo, índice
leed una tras otra todas, las once.
Vengo de acabar esta, la última,
que ojala no sea la ultima
y estoy entusiasmado,
borracho de literatura.
Es el gran maestro.
es quien ha conseguido hacer del folletín un genero grande.
No busquéis lógicas en los argumentos,
las balas se ralentizarán cuando se disparen
los golpes sonarán con onomatopeyas de TBO
los personajes coincidirán sorprendentemente
como si Barcelona fueran cuatro calles y todas confluyeran en el Rabal
y cuando menos esperéis, saldrán sin esperarlos de detrás de las cortinas
héroes y villanos que darán la vuelta al cuento.
Pero hacedme caso y dejaros llevar por Mendez
dejadle levantar las faldas a las señoritingas de clase alta
dejadle despeinar y quitarles la gomina
a empresarios corruptos con curriculums de corchopán
porque él nos conoce, porque él ve las casas desde los patios traseros
no desde los caravistas;
el mira esta sociedad oculto tras los visillos del piso de al lado,
nos ve quitarnos los calzones gastados
bajo nuestros trajes relucientes,
observa nuestros gatillazos
con amantes de pago,
y ve a nuestras mujeres engañarnos
con el lechero,
mientras nosotros presumimos de cuenta bancaria
en el club de golf .

Yo me he leído todas, las once, una tras otra
y me cuesta darme cuenta de que es posible
que ya no pueda leerle más,
Tengo la esperanza de, que ya hace unas cuantas,
que me he despedido de Mendez
con un “hasta siempre”
y a los años nos reencontramos
(y espero que siga siendo así)

Empezad por el pecado,
luego por la Dama de cachemira, seguid por Crónica sentimental
o en fin, por esta que comento y me ha mantenido hoy enganchado, disfrutando hasta las cinco de la madrugada
y ha arrebatado el juicio al autor de este blog.
Amen.

Os enlazo a la wikipedia por si queréis saber más de Francisco González Ledesma que por cierto,es el papa de Enric Gonzalez (yo sé que ya por eso os gustará a muchos); vivió algunos años por Zaragoza, que también influye (seguro)  jejeje (de hecho conozco a alguno de sus parientes) y bueno ha escrito con muchos seudónimos novelas de polis, de vaqueros y de casi todos os géneros. Su personaje más famoso es Ricardo Mendez que junto con Plinio de Garcia Pavón son mis polis favoritos.

martes, 10 de junio de 2014

Lorenzo Silva, Los Cuerpos extraños: Opinión y trucos para entretener.

No se desvela argumento

Ya sé que Tamarit y David Copperfield tienen truco y que realmente no hacen desaparecer jirafas del escenario ni se sacan una carta de la oreja, pero que queréis que os cuente, a mi me encantan sus espectáculos y no dejo de verlos con la boca abierta y la sonrisa en los labios. Pues igualico con Lorenzo Silva y su última novela Los cuerpos extraños.

Es cierto que Bevilacqua se está haciendo mayor, quizá un poco tabarras en las descripciones y en tanta lección de moralina barata que no le hemos pedido, por no hablar de sus soflamas laudatorias empalagosas a la Guardia Civil… pero al mismo tiempo nos tiene pillada la mano, y él lo sabe; sabe jugar con nosotros, nos enseña el dos de copas, el tres de oros y tiene en el bolsillo la carta del cuatro de bastos que nos saca de detrás de la oreja sin que nos demos cuenta cuando hemos estado todo el rato con la mirada fija en sus manos.los cuerpos extraños

Lorenzo Silva, por ejemplo, juega una y otra vez con el viejo truco de “tengo una historia de la leche pero se lo cuento después de la publicidad”. Bueno, él lo hace de otra manera más sutil pero el truco es el mismo: “Brigada ya hemos abierto los ficheros, le dice Salgado por teléfono, siéntese que se va a morir cuando los vea. Tranquila Salgado tengo que interrogar a un malo ya si eso me lo desvela en el capitulo que viene.” y ahí estamos sus fieles espectadores comiéndonos las páginas a dos carrillos hasta el capitulo siguiente para saber lo qué narices contienen esos ficheros.

¿Chamorro qué te pasa que estas cariacontecida y derrotada bordeando la muerte? le pregunta Vila compungido, ella se azora, rompe a llorar, le mira tierna bajo la luz tenue y nos hace pensar que le habían diagnosticado un cáncer mortal, que la había preñado un policía local o que por fin iba a meterse en su cama diciéndole hágame suya mi Brigada que no puedo vivir con esta desazón. Tranquila chiquilla, si eso, me lo cuentas al final de la novela que ahora tenemos misterios que descubrir. Y luego nos va premiando capitulo a capitulo con la evolución psicoemocional de la mona picoleta cuarentona, poniéndonos la miel en los labios, pero demorando la resolución y aguantando con temple la embestida hasta el final.

Y vosotros, mis queridos y amados lectores, (a quienes tan abandonados os tengo en estos meses), diréis: mira el de la Consuelo como está despellejando a Silva como hizo con La estrategia del agua, pues NO, negativo, os equivocáis de cabo a rabo, más bien todo lo contrario. El arte no está tanto en saber que es un truco, saber que se me está metiendo en el bolsillo con humor, que me dice que mire la pelotita de goma cuando en la otra mano tiene la paloma… el arte está en aun sabiendo que tiene truco, tenerme encandilado con una prosa rápida y sobre todo con unos diálogos e interrogatorios para quitarse el sombrero.

Y esto si me permitís es lo que más me gusta de esta novela: Lorenzo Silva ha llegado a encontrar su máxima brillantez en los interrogatorios y diálogos. Muchas veces se han destacado las duras conversaciones de Hammett en El halcón maltés; pero perdonad la iconoclastia a mi me parecían excesivas, lejanas, irreales como si solo las pudiera pronunciar Bogart en el papel de Spade, pero no mi adorado Samuel Esparta (Bordaberri para los amigos) en Getxo. En Silva son interrogatorios de aquí, creíbles, entretenidos, sueltos con un poquito de altivez sin llegar a lo presuntuoso, y con un humor acido pero respetuoso la mayoría de las veces. Y os lo voy a confesar siento una profunda admiración, no carente de envidia por ello, ya que las veces que he intentado infructuosamente escribir un cuento policiaco, siempre me he encasquillado en los diálogos.

Todos los lectores de policiacas sabemos que un buen argumento se puede caer por unos diálogos desgajados y lentos y si no leed El buen padre de Esteban Navarro como novela que se muere en las manos por falta de ritmo en las conversaciones. (Los fresones Rojos del mismo autor está infinitamente mejor).Si mi idolatrado González Ledesma tiene como virtud la acción y el folletín en su mejor sentido y García Pavón lo tiene en el dominio de un lenguaje propio de orfebrería, Silva, en mi opinión, se está haciendo el amo del interrogatorio y el dialogo.

No esperéis por lo demás grandes sorpresas en cuanto a la estructura y el planteamiento si ya habéis leído las novelas anteriores. Los Cuerpos extraños sigue el esquema que ya nos suena de anteriores aventuras de Vila y Chamorro y que Lorenzo Silva se nota que ya tiene muy trabajado: Breve introducción melancólica sobre la vida del poli, muerto sobre la mesa, los jefes que se pelean con los políticos, y los chicos que se van de viaje esta vez a Valencia en un caso donde sexo, corrupción y política se dan cita. La tensión Sexual no resuelta entre los protagonistas a lo Luz de luna y los comunes clásicos de Vila con jueces estrictos, compañera guripa local jamona (os dejo con la duda si pasa lo mismo que en La Niebla y la Doncella) y Vila enseñando a sus chicos (y a nosotros) la ética de la vida y del ser con un tono, la verdad, muy cercano a la monserga dominical. Luego presentamos a personajes de tal manera que todos pueden ser culpables y a partir de ahí a jugar y a interrogar mientras se mezclan escuchas, correos, nuevas tecnologías y cintas de video.

Vamos que si habéis leído las anteriores casi todo os sonará. Pero ¿si lo repetido es divertido y se hace bien, por qué no se va a seguir haciendo?, me pregunto, si a la gente nos gusta y lo compramos pues mucho rato ¿no? Por mi parte no os miento a mi me ha encantado la novela, nada nuevo bajo el sol pero me ha encantado. Las tres S que me gustan: Critica social, tensión sexual y suspense. Chamorro pierde papel y ya no es el “Don Lotario” de otras veces y sin embargo lo gana la cabo Salgado que tiene un papelón y cada vez está más cerca del Oscar al papel secundario. Venga Don Lorenzo si hasta Plinio cayó en el pecado, déjele a Vila una aventurilla con Salgado y que el zagal se desfogue un poco que lo veo un poco apagadete.

Entre las buenas de la serie. Imprescindible para los seguidores de Vila y para aquellos que quieran entretenerse con una policiaca.

Actualizo

Os dejo artículo en El Pais cuya critica coincide en destacar los diálogos de Silva como hice yo.

Pero mirad que majete el autor que reconoce en twitter que yo lo dije primero en este post. ego ego ego ego ego ego.

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viernes, 4 de abril de 2014

Pedro Zarraluki “Te espero dentro” Cuentos entre paréntesis

Con Pedro Zarraluki me pasan cosas extrañas como pensar que me he leído muchos libros suyos cuando solo me he leído uno: “La historia del silencio”. Sus libros me gustan mucho y así quedan en mi recuerdo, pero sus argumentos se desvanecen como pompas de jabón nada más terminarlos y soy incapaz de contar más de dos líneas de lo leído. “Te espero dentro” me ha encantado, me han encantado sus once cuentos urbanos, cuentos que quiero recordar más fuerte antes que se diluyan de nuevo como sus libros anteriores (perdón como el único libro que leí).imgonixplanetadelibroscomusuarislibrosfotos118original117692_te-espero-dentro_9788423347803-500x500

Los cuentos de “Te espero dentro” hablan sin hablar de un tiempo intermedio, de un tiempo elíptico entre el hoy que cuenta y el entonces al que alude; del tiempo que ha pasado entre que te fuiste y tu regreso. No me veas ahora en la tristeza de lo que soy, si soy así, es porque entre tanto he sido otra cosa. No te voy a contar del todo este paréntesis, basta que te dé una idea de lo que soy y de quien era entonces.

La vida ha corrido desde que te fuiste papa, ya no soy aquella niña. La distancia entre la foto y la anciana que soy ahora; Papa vuelvo a casa le he mandado a la mierda, no sé que he estado haciendo todo este tiempo con él ¿Te acuerdas cuando trabajé aquí hace unos años, te acuerdas cuando me marché? El tiempo que hemos estado hablando de ti cuando tú te has ido del bar.

Me han gustado los personajes en bajada de cada cuento, pero no os quiero confundir, los personajes de Zarraluki no son personajes desesperados, son personajes consecuentes, que dan un paso adelante, a veces hacia el vacío, es cierto, pero a veces también hacia una nueva vida. Zarraluki nos cuenta que ese trozo intermedio que solo hemos adivinado entre los visillos de la insinuación les ha hecho tan vulnerables como los ves, pero al mismo tiempo tan fuertes como quisieran ser.

Leedlo.

martes, 14 de enero de 2014

Luis Sepúlveda: Del Viejo que leía novelas a Patagonia Express (Seis libros en un mes)

¿Cómo hablar de un amor a destiempo que te arrasa? ¿Cómo hablar con objetividad de una pasión que te atropella por sorpresa en plena edad tardía? ¿Cómo contar las horas como si fueran minutos y los libros enteros como si fueran días? Así me ha pillado Luis Sepulveda, con la guardia baja, con ese arrebato inesperado de un enamoramiento ilegítimo, si es que cabe algún enamoramiento sujeto a ley.
Me ha atrapado como la conversación lenta con una desconocida en un bar de carretera de la que al principio desconfías y que poco a poco se va haciendo larga y profunda mientras te hundes en sus ojos y te incluyes en su pasado como ella lo hace en el tuyo. Los hoteles de ciudades lejanas debieran cerrar sus bares de noche, prohibir que desconocidos se cuenten historias cargadas de alcohol y vías muertas, añorosas de futuros imaginados sin billete de regreso.
Quizá no recordaba nada parecido desde El amor en los tiempos de cólera. Aquel día de juventud veinteañera en el que me lo bebí a trago, de tirón, una página tras otra, haciendo de la tarde noche y de la noche madrugada sin intermedio, queriendo protestar del día que empieza porque te impide seguir leyendo en silencio. Juvenal Urbino y su puto loro, Florentino Ariza y Fermina Daza con ese amor tierno e indeleble que dura toda una vida. No digo que sea igual, que no lo es. Gabo siempre es Gabo y se puntúa aparte, en otro rango. Digo que me ha pasado algo parecido.
Primero fue el viejo que leía novelas de amor, después a penas sin salirme El mundo del fin del mundo y como el cigarrillo breve que aspira el sobrealiento tras el amor, vino la gaviota y el gato. Mucho más tarde, ósea un día más tarde, me cautivaron sin solución de continuidad La sombra de lo que fuimos, Hot line y el Killer Sentimental y enlazando a penas el ultimo jadeo con el primer beso Patagonia Express que he terminado hace unos minutos.
Exhausto de belleza, borracho de cuentos Luis Sepulveda me ha ido llevando de viaje por mis recuerdos de la America de abajo: galpones en el fin del mundo bajo cielos inacabables, los reflejos en verde acerado del Lago Argentino, el silencio que se hizo en el barco ante el reflejo azul del hielo, el calor del fuego de mediodía a la espera de un cordero asado y el dulce embriagamiento de sobremesa que se va alargando en horas inciertas. Son esos momentos en los que las palabras ebrias van atardeciendo perezosas a cobijo del frío y se ven envueltas en elipsis y sobreentendidos, generando sin saberlo deseos callados, miradas esquivadas delante de la hoguera, mientras escuchamos atentos como nos contamos los unos a los otros bellas mentiras sobre países propios, más bien lugares recreados que los otros sueñan con conocer.
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Luis Sepulveda habla de política, quizá, porque en la América de abajo todo suena a política y a antimperialismo y suena a resaca mal llevada de dictador, porque las torturas y el dolor dejan, aunque no lo quieran los asesinos, huecos que no puede rellenar el olvido ni el perdón. También suenan a desencanto de unos ideales ajados que nos proyectan “la sombra de lo que fuimos” y la realidad de lo que somos. Sepulveda juega en sus libros a venganza dulce, a la satisfacción de poderse cebar con los malos en su territorio, porque en sus libros manda él y puede pintar a los malos como le dé la gana que para eso es su libro y matarlos o insultarlos a su antojo.
Sepulveda hace reivindicación en poesía, y hace pensar a sus personajes sobre sí mismos y sobre su historia, sospecho que hay mucho de autobiográfico y que no son sino antifaces del autor. Los hace vivir en territorios vírgenes, tampoco idílicos, que le sirven de excusa para hablar de activismo ecologista: más evidente en Mundo del fin del mundo o en Historia de una gaviota, pero presentes en todos ellos aunque sea novela policiaca véase Yacaré por ejemplo.
Y hablando de novela policiaca, Sepúlveda borda dos novelas breves del género que tanto me gusta: Hot line y La sombra de lo que fuimos, son sencillamente sensacionales. Diario de un Killer sentimental y Yacaré, aun habiéndome gustado quedan un paso atrás. Luego escribe cuentos de moraleja y consigue para mi sorpresa que no queden pastelones: tanto El viejo que leía novelas de amor como La historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar podrían haber caído en la merengosidad y sin embargo quizá por la habilidad de hacerlas cortas, se nos presentan como historias deliciosas construidas con una prosa impecable. comprometida pero delicada con retronasal a garcía marquez.
Y aquí estaría escribiendo lindezas de este hombre hasta que se hiciera de día, pero hay que acostarse en algún momento. y es por ello que me voy a la cama con la sonrisa en la boca cual adolescente tras rollo de verano. Pliego Patagonia Express, lo pongo en torreta junto a los demás para llevarlos a la biblio mañana y me hago la lista para comprarlos de inmediato y poderlos tener en casa. “Hijo mio desde que tienes el Kindle te compras el doble de libros en papel, yo es que no te entiendo” Lanueradelaconsuelo dixit.
No sé si recomendároslo porque escribo atrapado por un enamoramiento súbito y eso es irracional e intransferible, haced lo que queráis.
En fin espero que hoy mis sueños sepan a selva amazónica brasileña, a los lençois maranhenses, a sabor a guarapo junto al rio Fonce colombiano, a cordero asado en Perito Moreno, al hielo azul, a tertulia política con los sandinistas de León Nicaragua, a librerías de la calle Corrientes; a asado en el mercado del puerto en Montevideo o a cerveza fria en la noche de Ipanema. Daré gracias por haber podido estar allí, y rezaré a los muñecos quitapenas por esa nuestra América de abajo que irremediablemente nos conquista, para que se libre de imperios y dictadores que la devastan.


PS-.Gracias a Pseudo, Tita y Sesé que me metieron el gusanillo.
PS-.Las fotos son mías.
PS-.La frase que ahora encabeza mi blog es de Patagonía Express

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