lunes, 13 de febrero de 2017

El vano ayer de Isaac Rosa Opinión Gracita Morales o las torturas.

Creo que lo que mas le jode a Isaac Rosa es que para mucha gente el franquismo de los años 60 siga siendo Gracita Morales, las narraciones impostadas del No-Do y las victorias “amañadas” del Madrid. Un franquismo campechano y costumbrista; seiscientos, periquito y suegra; una tele, la nuestra, con dos canales y una mentalidad; el domingo a misa, el sabado casquete y luego la querida con un pisito en zona residencial.

“El vano ayer” es un libro que me ha gustado. Ganó el Romulo Gallegos que es uno de los pocos premios en los que confío. Este premio venezolano tiene en la actualidad la rémora que tiene todo lo bolivariano, es decir, que se entiende embadurnado de política de chandal. Y ciertamente es un libro militante, pero no por ello malo. Estaría en la linea de Gopegui, a mi modo de ver mejor que ella, es decir de hacer política desde la descripción de lo cotidiano.

Entonces, si decimos que el libro va sobre el tardofranquismo y que el escritor es indisimuladamente militante, (de hecho escribe en el diario.es) los que habitamos más a la diestra que a la siniestra deberíamos de ponerle el RIP en la página tres sin ir más lejos, pero no es así. Es un buen libro.

El libro va de metaliteratura. No se horripilen, ya saben mi animadversión hacia Vila-matas y el bolañismo campante. Es metaliteratura pero no empalagosa ni intensa. El autor nos habla del proceso creativo de la propia novela, de cómo se va gestando la viviencia de dos personajes que sirven de conductores (o de excusa) para lo que nos quiere contar.

Empieza en la anécdota, porque quizá sobre ello también vaya la novela. ¿Recordais la broma de Kundera? (si no la habéis leído ya tardáis) pues Rosa nos mete en un acontecimiento superfluo como una carga policial, una revuelta estudiantil y los datos difusos de dos personajes un profesor y un alumno que se encuentran quien sabe si por azar allí. A partir de este hecho el escritor, que nos habla con voz cruzada de autor y personaje, empieza a investigar, a suponer, o quizás a inventarse la vida de los dos.

En un principio se nos podría venir a la cabeza el salamino Cercas, pero a nada que seguís leyendo os dais cuenta de que no tiene nada que ver. Aquí se toma partido, no es un narrador-investigador neutro. Y como decía al principio, el autor tiene el objetivo claro de hacernos cambiar nuestra forma de ver el franquismo setentero como una comedieta de cine de barrio. Nos muestra torturas y disidencia; tristeza y crueldad, vidas privadas y vidas perdidas  en el régimen o precisamente por el regimen.

Juega con voces distintas, a veces narra, a veces traslada notas de prensa, a veces entrevista a personajes, a veces diatriba con descaro. Se encasquilla en varios capítulos, (la gracia es que el mismo lo reconoce y lo pone). En otros puntos se empalaga, en algunos pierde la pinza totalmente… pero siempre dejando ver los rasgos de una novela trabajada y no como pudiera parecer falsamente una novela de impulso. Todo tiene lógica, todo encaja al final y acierta en un final cerrado perfectamente bajo la apariencia de un final abierto.

El autor quiere desarmar la imagen del franquismo Light de los últimos años, en esa idea, ahora de muchos, de hacer ver que la transición no es el trasunto desde una dictablanda a la democracia, sino la legitimación de unas elites franquistas dirigentes que se inventan la transición para consolidarse y dar el relevo a sus hijos (algún día hablaremos de Bourdieu).
Yo discrepo. Quizá la explicación esté en la poco compartida diferencia entre régimen totalitario y autoritario que expone con la maestría que le caracterizaba el profesor Ramírez (España 1939-1975. régimen político e ideología) pero eso son digresiones que nos desviarían del objetivo que nos convoca hoy que es la apostilla de un buen libro: El vano ayer de Isaac Rosa.

6 comentarios:

  1. Uno de derechas que se reconoce como tal!!! Guau.

    Pero sigues sin saber usar la palabra "intenso".

    di

    PS: Te dejo con una cita de ese q no te gusta, lo explica todo:

    “Escogía La Metamorfosis en lugar de El Proceso, escogía Bartleby en lugar de Moby Dick, escogía Un corazón simple en lugar de Bouvard y Pécuchet, y Un cuento de Navidad en lugar de Historia de dos ciudades o de El Club Pickwick. Qué triste paradoja, pensó Amalfitano. Ya ni los farmacéuticos ilustrados se atreven con las grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren camino en lo desconocido. Escogen los ejercicios perfectos de los grandes maestros. O lo que es lo mismo: quieren ver a los grandes maestros en sesiones de esgrima de entrenamiento, pero no quieren saber nada de los combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra aquello, ese aquello que nos atemoriza a todos, ese aquello que acoquina y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez”.

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    Respuestas
    1. Hooooooooola doctora. ¿Cómo va lal vida?
      que nos tenemos reciprocamente olvidadillos ultimamente!!

      estoy madurando un post con el atractivo titulo de ¿Por qué no podemos decir que somos de derechas?
      No sé si te has leido el libro de Lakoff de No pienses en un elefante?? Por ahí van las cosas
      Besos MIl.

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  2. Respuestas
    1. A mi me pasó lo mismo. Leí varios articulos del autor que me gustaron en el diario.es y después descubrí que habia ganado el romulo gallegos. Y un dia que andaba por la biblio buscando algun libro de sepulveda que me quedara por admirar, me topé con él y lo pillé.
      El tema del guerra civilismo es tan cansino y la literatura de trinchera tan prolija que efectivamente tira para atrás; pero mira sin ser un libro grandioso se deja leer y te regala alguna idea brillante.

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  3. De Culturamas:

    LA OBRA DE ROBERTO BOLAÑO ES INDÓMITA Y SOLITARIA. ¿Acaso puede ser de otra manera? Su única salida la labró con la penuria remarcada en la montura de las gafas y el humo de los impenitentes cigarrillos que nublaba los cristales mientras montaba el revólver de su palabra incandescente. The New York Times señala que es “uno de los más grandes e influyentes escritores contemporáneos”. La certeza en la apreciación del influyente periódico norteamericano se diluye ante el robusto pensamiento del autor, “Yo no me siento el mejor narrador chileno, ni siquiera me preocupa eso. A mí lo único que me interesa en el momento de escribir es hacerlo con una mínima decencia, que no me avergüence al cabo de un tiempo de lo que he escrito, no lanzar palabras al vacío”.

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  4. Quizá no tenga la culpa el escritor de las gafas de pasta. El que dedicó su tiemmpo y sus humos en contar historias de poetas viejos. Quizás no tenga la culpa de abrir argumentos que nunca cierre, entretejer historias con honradez y sin vergüenza. La culpa la tienen los semanales buscando mitos, digo construyendo y casi insultando al que difiere.
    Quizás es que veo lo intenso como darse demasiada importantcia, la enfermedad de la intensidad que todo lo envuelve, incluso a mi mismo, haciendo cada cosa trascendente, el metapensamiento como un soniquete que desvela las mañana y entumece los sueños.
    Morir de literatura como el mal de Montano. El lector que roba la obra al poeta para rehacerla suya, sacar cuentos que el escritor no penso, constituir grupos de debate en su entorno, que deshagan las ideas de tanto pensarlas.
    Y es que quizá lo que de verdad me joda es que no me gusten. Y contra eso hay poco que hacer. Porque eso de lo que diatribo es precisamentede de lo que escribo. Quizás es que deba hacerme viejo o sabio o las dos cosas a la vez para leer lo que apalacé.
    Quizásea que habito el momento en el que se me olvidan la mitad de las cosas que he vivido y he pasado al pais de lo imposible la mitad de los sueños que pensaba conseguir.

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