viernes, 26 de junio de 2020

Truena fuera. Llueve a rafagas.

Hay una cosa peor que solo saber escribir y es no saber escribir. Como los autores del No del Barltleby de Vila matas, caer en la renuncia, esconderse bajo la almohada. Palabras, muchas palabras, todas las palabras y al final ninguna en este bisilabo de año que se dobla y me agotará la decada no tardando. 
No hay noche, porque la ha robado el alba, y los versos resuenan como poemas de Lorca con ese tono de copla facil, siempre en lo mismo: la luna, el filo, el tiempo, la guitarra, el caballo, el sueño, el alba. En cada repaso borro dos versos que siempre están de más y se convierte todo en una intensidad falsa e inoportuna como una llamada mientras follas queriéndote vender trozos de mar.
Y escribo por escribir y recuerdo los libros del año: a los indiecitos del Entenado de Saer que un dia al año rompian su rutina en una orgia de violencia y sexo con todos y entre todos: recuerdo a Kevin tan borracho de egoismo y sangre, a sus padres al otro lado del muro que es la adolescencia y más aun del espejo que nos enseña lo absurdo de nosotros mismos. Recuerdo las frases largas y encebolladas de Marias en mañana en la batalla, las frases cortas y absurdas de Goytisolo en los paisajes tras esta en ese escenario de mentira y corchopan que es el Paris de los libros y los poemas. A veces somos fotografía, a veces caricatura a veces personajes de nuestras propias novelas. Un  Huellebecq al que queremos asesinar si encontráramos un artista para pintarnos o un escritor para hacernos protagonistas. No sé si esta incertidumbre en la que vivo es mapa o territorio.
Truena fuera. Llueve a rafagas.



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