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martes, 11 de noviembre de 2025

Llámame pingüina Elena Laseca. Opinión y crítica: Aquellos inviernos de cada verano

Parece ser que los pingüinos recurren con frecuencia a la monogamia, encontrándose con la misma pareja cada temporada reproductiva. Sin embargo, pueden tener relaciones con otros durante el periodo entre temporadas o incluso en la misma temporada reproductiva. Es decir, lo que hemos hecho toda la vida pingüinos o no, los meses de verano con el rollico estival y las distintas concurrencias colaterales. Y esa es la ocurrente idea que ha encontrado Elena Laseca para escribir dos libros en uno: el de la pingüina estival y el de la pingüina de invierno que intenta con dificultad ser la misma.

Había unos veranos, esto lo cuento yo de mi mismo, en los que el discurrir del tiempo tomaba su propia vida: eran veranos inmensos, intensos e interminables, como si entre uno y el siguiente no hubiera invierno, como si el paréntesis perteneciera a otra vida. Y sin embargo en aquellos veranos, nos inventábamos entretiempos que hacían de nexo a nuestras superficiales vidas adolescentes.

Los veranos contados, por su parte a nuestros amigos de invierno, no eran verdad, por supuesto, no tenían por qué ser verdad, eran una identidad soñada, imaginada que tan solo podíamos envolver en realidad en aquellas conversaciones tibias y nocturnas a la orilla del mar engalanadas con salitre, brisas y miradas. Era una verdad incierta, sin duda, que se recreaba ajena a lo que pudiéramos saber los unos de los otros, un relato sin validación posible que representaba un baile entre tules sugerentes y enigmáticos.

Ese juego de medias verdades entre el verano y el invierno hace también de mundillo al juego de bolillos con el que nos entretiene Elena Laseca. La vida es contada verano a verano (o más bien invierno a invierno) a saltos de año. Por una parte, los veranos en Conil de la frontera junto al tal Ian, personaje nefasto del que luego hablaremos o no, y de otra los inviernos madrileños como una crónica personal e interesante primero de los ochenta y que va avanzando llegando al 2000.

Elena jalona los años invernales con episodios de la transición que recuerdo con una década de desfase (yo soy del 70 y por entonces tendría apenas siete o diez años) y lo sazona con recortes de periódico de la época mezcla de lo social y lo político. Es un relato un poco Cuéntame, no he visto ni un solo episodio de la serie, más bien diría This is us, aquí he visto todos pero es americana; También Los añosnuevos de mi querido Sorogoyen, y un poquito de It´s a sin; esto lo digo así de resbalón sin ganas de espoilear como hizo el premio de las letras aragonesas en la peor presentación de un libro que he visto en mi vida y que me ha obligado a retrasar la lectura hasta que he logrado olvidarme de todos los spoilers que contó para presentar la novela.

Como os decía, Llámame pingüina no es un libro sino dos: el uno interesante, invernal, lleno de recuerdos recreados y personajes reconocibles de los ochenta a través de una historia familiar en ese proceso de emancipación (y ya que hablamos de pajaricos: del intento de salir del nido). El otro el estival, en mi opinión perfectamente prescindible con independencia del gracioso símil de los pingüinos y su retorno recurrente al parejo follamigo a tiempo parcial (más bien fijo discontinuo).

El libro se me ha quedado escaso y excesivo a un tiempo. Excesivo en lo que afecta a Ian, tan intenso, tan misterioso, tan sobrante… en fin que le he pillado bastante manía. La edición no ayuda en esa necesidad de paginear constantemente con una letra tan grande y tan espaciada que hace de una hoja tres y que en su parte de Conil he ido empujando, a duras penas, para reencontrarme lo más pronto posible con el personaje de Candela en Madrid que sí que me ha atrapado.

Me encanta la manera de crear personajes de Elena, lo hace en La hija del italiano, lo hace en la colección de postales de Ropa tendida y lo hace aquí. Y digo que aquí se me hace escaso porque algunos personajes son a la vez apasionantes pero efímeros. Personajes que entran y se escapan a medio hacer. Me fastidia el tiempo que gasta en el pingüinismo del Kiwi y su vida presuntamente apasionante mientras demora un montón de hilos con los que podía seguir tejiendo el interesante relato de invierno.

Candela es un personaje entrañable, escrito en el estilo directo de Elena con pocas concesiones al barroquismo y muchas a la historia interior en el contexto de una época todavía por discutir. Leo desde hace tiempo un cierto ajuste de cuentas con la movida madrileña, no tanto un desprecio, como reconocer un desajuste entre los Almodovar con perricas en Panama y los que abandonaron este mundo con el brazo banderillado de heroína y el cerebro reseco para siempre. Y es que igual la movida y el sobrevalorado Tierno no fueron tan guays y los ochenta no fueron tan nuestros.

Aparece de nuevo, como en La hija del Italiano, el personaje de la tía, riquísima en matices aprovechables, en contraposición a los padres y hermanas en una vida media de clase media no por ello menos interesante. Candela se hace mayor a través de los desencantos como una transición no solo política sino también personal. Una transición al mismo tiempo prometedora y dolorosa como aquellos ochenta que yo viví entre algodones y la protagonista y otros en un funambulismo vital sin red.

Elena Laseca trae una vez más en Llamame pingüina una reivindicación de la mujer que crece y se va haciendo; una mujer que reivindica su libertad en un contexto poco favorable lejos de un idealismo  ochentero. Cerca de la lucha agridulce cotidiana de la mujer y lejos de la autofelación pinturera de la movida promovida por el ayuntamiento.

A mi entender, a Llámame pingüina le sobran páginas. Ian aporta poco y la maquetación menos. (Señores Imperium porfa, vuelvan al formato de la Hija). Sin embargo, es una lectura placentera que recuerda agradablemente a su anterior novela que tanto me gustó. No es ningún secreto decir que Elena Laseca es ya un referente en las letras aragonesas de los últimos años y que aunque en está novela hay cosas que me han gustado menos sigo considerándola una escritora a seguir.

Por cierto no os perdáis la banda sonora que alimenta toda la novela, está en spotify; (de la inclusión de la canción de Quique Gonzalez me siento orgullosamente un poco culpable pero no se lo digáis a nadie), os la pongo.

 


Otros posts que he escrito de libros de Elena Laseca:

Ropa Tendida

La hija del italiano

sábado, 11 de enero de 2025

¿Por qué leo y escribo reseñas? Listas, listos y listados de libros.


Para escribir una reseña de libros se tienen que dar dos cosas: la causa y la circunstancia. Disculpen la intensidad. El mejor libro no siempre es causa para el mejor post si no acompaña la circunstancia para el que lo escribe. La inspiración, el reflujo placentero y doloroso del burbon sin rebajes, del libro recién bebido, digo leído. Recordar, recordar como si lo que hubieras leído se convirtiera en vivido. Lo que lees te instruye y te construye, te hace distinto siendo el mismo o igual te consolida como el mismo aunque aparentes ser otro en ese barco de Teseo al que nos enfrenta la edad.

Los libros tienen vocación de regreso como la mujer que te dejo hace treinta años y de repente la reencuentras en la parada del bus trayéndote al presente con nostalgia todos los polvos que dejasteis por echar. Los libros son intemporales, sueños distintos que al final se hacen uno y se mezclan como sombras en la neblina de una tarde de febrero. Para eso sirven las listas para ubicar en el trasiego, para identificar en la mezcolanza como los montoncitos de piedras en el camino de regreso. 

Los libros se convierten en hitos y referentes que deslindan el pasado. Quien era entonces cuando me encontré con Gabo, cuando leí de tirón de una tarde y una noche entera El amor en los tiempos de colera mientras los apuntes de jueces esperaban en su magnitud indigesta un preludio de fracaso. ¿Qué parte de aquel día con Juvenal y su puto loro me han hecho lo que soy? ¿cuántas palabras me regaló Garcia Marquez para traducir lo que me pasaba y me pasa por dentro?

Muchas veces, cuando te haces cotidiano de algún autor recuerdas con añoranza el primer encuentro, aquel momento en el que virgen e inexperto te enfrentaste por vez primera a su manera de contar y de decir. Cuando te adentraste temeroso en el bosque oscuro de sus palabras que ahora reconoces como la palma de tu mano. La tia Julia en el primer Vargas Llosa, el primer Montero Glez Cuando la noche obliga o el primer Sepúlveda de La sombra de lo que fuimos. Y ahora tan cotidianos, tan normales en las palabras que usas prestadas de sus libros en el día a día escritor.

Y es que los personajes se convierten en compañeros cuando aparecen y reaparecen libro tras libro en las sagas policíacas. Cómo echo de menos a Chamorro y sus dudas, a Bevilacqua y sus homilías dominicales, a los secundarios que Silva tiene secuestrados para novelas pendientes. Dónde esconderá Muñoz Molina el cadáver de Lorencito Quesada el de los misterios de Madrid. Los viste novicios, a medio hacer y ahora son tipos hechos y derechos que te miran desde el final de su historia como Bascombe en la tarde de san Valentín, como la hija de tu mejor amigo que tuviste en brazos y ahora te hace un like desnuda y aparente en las fotos de Instagram.

Por el contrario, hay libros como islas en la corriente que cantaba Dolly y el barbitas, libros que aparentan únicos en la inmensidad de las hojas impresas, libros que piden a gritos la relectura antes de acometer nuevos retos como el Camino de Sirga de Moncada, como La habana para un infante difunto del infante cabrera como El cuaderno gris.

Y ahora que recopilo tantas causas, tantos libros, me topo con las circunstancia del hoy y el ahora en este cuaderno de reseñas a mitad de camino como obra inconclusa que se ve en el polígono desde la autovía, como ese café pendiente entre tu y yo que nos permita el examen de reválida como Fiorella y Sacristán.

Antes del blog solo está la infancia lectora, la adolescencia, los locos veinte, los idealizados treintaytantos los años nuevos de Sorogoyen que saltan a la memoria con la elipsis del tiempo intermedio, como el sexo confuso de entonces sin personalizar. Aunque solo fuera por darme excusa para ir recopilando por escrito lo que leo ya tendría sentido este vicio infantil y solipista, de autofelación sin costilla flotante que son los blogs.

Por todo esto me he embarcado este principio de año en actualizar mis listas de lecturas que estaban ancladas en tiempos prepandemia como el casco del barco herroso que muere en la costa y no se puede desencallar.

De momento os pongo dos:

Las de las reseñas (94 nada menos) que he escrito en el blog, me parece increíble

y los 542 libros desde 2010 puntuados del 1 al 5

Después ya subiré los autores más leídos, los libros mejor puntuados, las más de 100 policíacas que ya tengo casi terminadas. En fin, este arte de procastinar sin utilidad o con la utilidad que solo veo yo.

Feliz año y feliz lectura

jueves, 9 de enero de 2025

Mis 94 reseñas de libros escritas desde que tengo el blog

A

H. Abad Faciolince

El olvido que seremos (Abad Faciolince)

 

Pedro Andreu

El secadero de Iguanas (Pedro Andreu)

 

 

Datrebil (Pedro Andreu) 

 

Fernando Aramburu

Patria (Fernando Aramburu)

 

 

 

B

Andres Barba

Agosto,Octubre (Andres Barba)

 

Roberto Bolaño

2666 (Bolaño)

 

 

LOS DETECTIVES SALVAJES Roberto Bolaño.

 

 

 

C

Andrea Camilleri

La paciencia de la araña (Andrea Camilleri)

 

Albert Camús

El extranjero Albert Camus

 

Carrere Emmanuel

El Reino (Emmanuel Carrère)

 

Carlos Castán

Frio de Vivir (Carlos Castán)

 

 

La mala luz (Carllos Castán)

 

Cela Camilo José

El camaleón soltero (Camilo José Cela) 

 

Chandler

El sueño eterno. Chandler

 

Coetzee

Verano (Coetze)

 

 

Desgracia (Coetzee)

 

Conde Jose Antonio

Palabras Rotas Jose Antonio Conde.

 

Boris Cyrulnik

Los patitos feos (Cyrulnik)

 

 

 

D

Patricia de Blas

Sostika Patricia de Blas

 

Sergio del Molino

La hora violeta (Sergio del Molino)

 

 

La Mirada de los peces Sergio del Molino

 

Juan M. de Prada

Me hallara la muerte (Juan M. de Prada)

 

 

Lucia en la noche (Juan manuel de Prada)

 

 

 

 

Elifio Feliz de Vargas

El viaje del anarquista. Elifio Feliz de vargas

F

Marta Fernandez

Te regalaré el mundo (Marta Fernandez)

 

Richard Ford

El periodista deportivo (Richard Ford)

 

 

El dia de la  Independencia Richard Ford

 

 

Acción de gracias (Richard Ford)

 

 

Sé mía. Richard Ford.

 

Espiro freire

Mileuristas (E.Freire)

 

 

 

G

Garcia Pavón

Cuentos de amor vagamente (F. Garcia Pavón)

 

García Montero

Un año y tres meses. Garcia Montero

 

Gimenez Bartlett

Hombres desnudos (A. Gimenez Bartlett)

 

 

Un barco cargado de arroz (A. Gimenez Bartlett)

 

Gonzalez Ledesma

Peores Maneras de morir (Gonzalez Ledesma)

 

Belen Gopegui

El padre de Blancanieves Gopegui.

 

 

 

H

Eduardo Halfon

El boxeador polaco. Eduardo Halfon

 

Helene Hanff

84 Charing Cross Road (Helene Hanff)

 

 

 

J

David Jimenez

El Director

 

 

 

L

Miguel Labordeta

Obra Completa (Miguel Labordeta)

 

Elena Laseca

LA HIJA DEL ITALIANO Elena Laseca

 

 

Ropa tendida. Elena Laseca.

 

Donna Leon

Sin Brunetti y Muerte en la Fenice (Donna Leon)

 

 

 

M

Sandor Marai

El último encuentro (Sandor Marai)

 

Jesús Marchamalo

Tocar los libros (Jesús marchamalo)

 

Javier Marias

Corazón tan Blanco (Javier Marias)

 

Luis Mateo Diez

 LA FUENTE DE LA EDAD. Mateo Diez

 

Mishima

El rumor del oleaje (Mishima)

 

Melville

Moby Dick (E.Melville)

 

Eduardo Mendoza

Tres vidas de santos (Eduardo Mendoza)

 

 

El rey recibé. Eduardo Mendoza.

 

Jesus Moncada

Camino de Sirga (Jesus Moncada)

 

Montero Glez

Cuando la noche obliga (Montero Glez)

 

 

Polvora negra (Montero Glez)

 

 

El Carmín y la sangre Montero Glez

 

 

Montero Glez, Carne de sirena

 

 

Montero Glez "La vida secreta de Roberto Bolaño"

 

JR Moehringer

El bar de las grandes esperanzas (JR Moehringer)

 

Jorge Moruno

La fábrica del emprendedor (Jorge Moruno)

 

A. Muñoz Molina

Todo lo que era solido (A. Muñoz Molina)

 

 

El Jinete Polaco de Muñoz Molina.

 

 

No te veré morir. Muñoz Molina. Opinión y crítica

 

Murakami Haruki

¿Pero qué cojones os pasa con Murakami?

 

 

Kafka en la orilla.  Murakami

 

 

After Dark (Murakami)

 

 

 

N

Justo Navarro

El alma del controlador aereo (J.Navarro)

 

 

 

O

Amos Oz

La caja negra (Amos Oz)

 

Antonio Orejudo

Un momento de descanso (A.Orejudo)

 

 

 

P

Sergi Pamiés

Si te comes un limon sin hacer muecas S.Pámies)

 

Ramiro Pinilla

Solo un muerto más (Ramiro Pinilla)

 

 

 

R

D. Ray Pollock

Knockemstiff (Donald Ray Pollock)

 

Ana Ribera (Molinos)

Los dias Iguales de Ana Ribera 

 

Mario Rodriguez (Rorschach)

El soldado que siguió más allá del rio Ganges.

 

Philip Roth

El animal moribundo (Philip Roth)

 

Isaac Rosa

El vano ayer (Isaac Rosa)

 

 

 

S

Luis Sepulveda

La sombra de lo que fuimos (Luis Sepulveda)

 

 

Desencuentros e Historias de aquí y de allá

 

John Steinbeck

Cannery Row (John Steinbeck)

 

Lorenzo Silva

Donde los escorpiones (Lorenzo Silva)

 

 

Los cuerpos extraños (Lorenzo Silva)

 

 

La estrategia del agua (Lorenzo Silva)

 

 

La marca del meridiano (Lorenzo Silva)

 

 

Música para Feos (Lorenzo Silva)

 

 

Carta Blanca Lorenzo Silva

 

 

Lejos del Corazón Lorenzo Silva

 

 

El mal de Corcira.

 

 

La llama de Focea.  Lorenzo Silva

 

Silva y Trujillo

La innombrable Lorenzo Silva y Noemí Trujillo

 

 

 

T

Mara Torres

La vida imaginaria (Mara Torres)

 

 

 

V

Fernando Vallejo

La virgen de los sicarios (Fernando Vallejo)

 

Domingo Villar

La playa de los ahogados y Ojos de Agua (D. Villar)

 

Vargas llosa

Cinco esquinas (Vargas Llosa)

 

 

 

Z

Pedro Zarraluqui

Te espero dentro (Pedro Zarraluki)

 

Zweig

El mundo de ayer de Zweig