"En esta tierra (en este blog) mentimos para ser felices.Pero ninguno de nosotros confunde la mentira con el engaño"
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jueves, 5 de noviembre de 2015
jueves, 8 de octubre de 2015
Escribir en lápiz
Escribir en
lápiz, es convertir ideas pretenciosas en efímeras y dependientes. Todo pierde
su enjundia al escribirlo en lápiz. Yo al menos lo veo como si en cada línea se
sintiera la amenaza de ser borrado en cualquier momento y cada lista pudiera
recibir la orden de renumerarse hasta volver a ser un número impar.
Hace mucho que
escribo en lápiz, tengo distintos portaminas que guardo con cariño y afecto
hasta que el vértigo del día a día les hace caer de punta y morir para siempre.
Ese día rabio como un perro, pero como los amores efímeros el dolor decae con
el siguiente enamoramiento.
Escribir en
lápiz aminora la culpa de desvirgar libros con subrayados y ladillos. “Bueno
vale, sé que estoy mancillando tu limpieza con mis rayas pero solo un poquito,
sólo por ahora, la puntita nada más, si eso ya vuelvo luego y las quito.” pero
por supuesto nunca se quitan, y el significado se va diluyendo en claridad
hasta que resultan casi ilegibles con el tiempo.
Hacer
fotocopias de un esquema en lápiz requiere presteza y diligencia. No basta con
darle al botón verde y ¡hala! que el automático reproduzca en mil tus
estrujamientos de magín. La fotocopia de un folio en lápiz tiene algo de
artesanía, si es demasiado fuerte se embarra el folio, si es demasiado claro se
hace imperceptible, y es por eso que requiere el punto exacto de luz y de contraste.
El lápiz
impide la firma, desoficializa el garabato y queda un esbozo de subsecretario
sin corbata. La firma en lápiz es menos firma, pero para mi, sin embargo,
significa la verdad de reconocerla como mía. “Disculpe me presta su boli, es
que yo solo tengo lápiz” dices a la vecina alardeando de una rareza fingida.
Otras veces, por contra, la guapa muchacha de al lado te lo pide para
cumplimentar formularios y tu se lo prestas solícito; la miras de reojo, la ves
vaga y torpe, de pronto ella te mira de soslayo insatisfecha como si hubieras
tenido un gatillazo en la primera cita ¿Pero a donde vas con ese aparato
inútil? parece decirte. Y tú alzas la cabeza digna, “muñeca no sabes lo que te
pierdes por no esforzarte”.
Tengo amores (digo
lápices) que recuerdo de manera indeleble como el staedtler 925 25 07, duró
mucho tiempo a mi lado y cuando se perdía buscaba otro igual o similar como
quien busca una chica igual a la novia que te ha dejado plantado. Era pesado,
de cintura rugosa y lo sentías en la mano como esas mujeres rotundas de caderas
anfitrionas y tetas envolventes que te estrujan la noche como si no fuera a
quedar luna.
Ahora sin
embargo estoy enganchado a un Faber Castell pijo y liviano de casa bien. A
penas se siente cuando lo abrazas, como si escribiera susurrando. Ya sé que estáis
pensando que escribir con él es escribir en lánguido, pero no es así. Es… ¿cómo
os diría? como abrazar a Cristina Rosenvinge después de que hubiera mandado a
la mierda a Ray Loriga. Vale, bien, igual quedo intenso, pero no me negareis que
el símil es tentador.
La gente que
me quiere me regala portaminas de todo tipo: mis hijos, mi mujer saben que si estoy de luto
por la muerte súbita de mi escribidor, lo mejor que pueden hacer es enjuagar
mis lágrimas con uno nuevo brillante y reluciente que se convierta de nuevo en
mi escudero. Lo llevo de habitual junto al corazón, jodiendo camisas y
taladrando los bolsillos de la americana hasta hacer un agujero que comunique
mi apariencia de caravista con la entretela de falsedad de mis interiores… pero
bueno amigos para saber a dónde conducen los agujeros de los bolsillos haría
falta otro relato y ahora tengo sueño. Ante cualquier duda ya sabeis, escribidme
un comentario… a poder ser en lápiz.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Cosas que pasan a los cuarenta y pico.
Anoche me hablaron de Armando. No sé por qué hacia tiempo que había
desaparecido de mi memoria. Quizá no tanto desaparecido como diluido en
otra vida. Ahora desde aquí parece que fuera otra pero en realidad
era una vida lejana, divertida y despreocupada donde los protagonistas
ya no somos nosotros sino personajes ajenos, esbozados y desdibujados del pasado. Por entonces se nos hacían poco las tres o
las cuatro de la madrugada de un martes cualquiera tan solo hablando y
hablando. Sin darnos cuenta pasábamos de la hora en la
que se llega tarde a la que ya se llega demasiado temprano: porros
trompeteros, humo denso, música cansina y enlazar una cerveza con la
siguiente hasta que las palabras se embarullaban en forma de frases en
bucle y pensamientos reiterados.
Armando siempre venía con nosotros. No pegaba mucho la verdad, era correcto, tranquilo, demasiado tranquilo. No quiero decir que no bebiera, ni que fuera un plasta. Era un tio divertido, pero divertido a su manera. Recuerdo el día en casa de PIli en el que yo me pillé a la prima flaca de Elena; al rato ella me estaba cabalgando desencajada como esos esqueletos que se cuelgan del retrovisor de los coches y se mueven desacompasados y allí tenía a Armando detrás haciendo el pavo, braceando como si fuera un muñeco de guiñol y yo que no podía contener la risa y la prima a lo suyo, hasta que se percató, se vistió rapidamente y nos mandó a los dos a la mierda. “Sois unos inmaduros” nos dijo como si eso fuera un demerito.
"Estudiar Derecho no es fácil, decía con su sorna habitual; ¿donde se ha visto una bar que tenga facultad y que las niñas pijas sean más faciles que el derecho romano?". Era un tío apuesto, yo diría que incluso guapo, vamos que había muchas que se hubieran ido con él encantadas a echar un comodato. Pero cuando llegamos a cuarto, cayó en un pozo oscuro, profundo e inexplicable para nosotros. Seguía viniendo de juerga, pero realmente ya no estaba. Nunca supimos que le pasó esos dos o tres años. Quedábamos con él en ese deseo de los buenos amigos de que uno empiece a contar sus problemas sin que los demás le pregunten nada.Silencio. Al principio echábamos la culpa a una tipa espectacular más mayor que nosotros con la que se enrolló en una apertura paralela. Se fue a vivir enseguida con ella a un piso de estudiantes y convivieron durante algunos meses. Pero no, no fue era por ella, al revés incluso, yo creo que ella lo pasó bastante mal porque veía que no podía hacer nada por él.
Acabó la carrera dos años después que nosotros y eso hizo que aunque nos seguíamos viendo con cierta habitualidad ya no fuéramos al mismo ritmo. Luis se marchó a Alemanía, yo empecé las oposiciones y el tiempo se achicaba sin dejar resquicio a otra cosa que ir viviendo y empujar la vida hacia delante. Creo que fue Maria (puffffff), sí seguro, la que coincidió con él en el despacho de Ortiz de Zarate. Por entonces volvía a ser una persona normal y aunque María nunca lo ha contado estoy seguro de que hubo algo entre ellos. (La envidia se me come). Después se metió en un banco y le fueron destinando de ciudad en ciudad hasta que consiguió acercarse a Zaragoza, pero por entonces ya no estábamos los demás.
Pues todo esto venía a que ayer alguien de la pandilla sacó el tema de que lo había visto y que había hablado con él. Se había casado con una muchacha adinerada y habían tenido un par de críos. Joder, pues resulta que llevaba ya un porrón de años casado, la vida hecha, curraba en un banco en un puesto intermedio de esos en los que no te molestan los de abajo ni te dan por el culo los de arriba, y de repente se había encoñado con una chavala de treinta y pocos y lo había dejado todo. Él mismo lo reconocía, “empecé tontamente por internet, tu ya sabes, con las bobadas de los blogs y los tuiteres y los faisbuks de las narices y se me hacían las tantas escribiendo y ganando intimidad. Esa suerte de intimidad complice y anónima que me gustaba y que nunca habia tenido". "Y un día fui a Porriño por un tema del banco y con la escusa de que estaba allí me zampé los doscientos kilómetros hasta Mondoñedo para conocerla. No sé realmente por qué lo hice, fue como caer al vacío, como dejarme llevar, como esos dos años, no sé si os acordais, en los que anduve perdido cuando estábamos en la facultad. De aquello no he terminado nunca de salir hasta ahora, -confesó Armando- nunca supe porqué me pasó.”
Hoy, en la cena de parejas, ha salido el tema de Armando y he contado la historia y casi me crucifican. Primero mi mujer, que me ha dicho que era normal porque eso de los blogs os vuelve lelos; otros me han guasapeado por lo bajinis insultándome por pardillo y despertar las dudas en el enemigo, el sector divorciadas/os lo ha defendido a ultranza apostolando por la libertad para hacer lo que cada uno le dé la gana (la misma que detestaban en sus años de casados), e incluso alguna que yo me sé, ha mirado el guguelmaps de soslayo para ver si Porriño estaba cerca o lejos de Zaragoza.
Pues nada, que estás son las historias del cuarentismo que nos llevan por callejones y recovecos difíciles de evaluar y que hace que el ir viviendo asuma nuevas emociones y riesgos.
Armando siempre venía con nosotros. No pegaba mucho la verdad, era correcto, tranquilo, demasiado tranquilo. No quiero decir que no bebiera, ni que fuera un plasta. Era un tio divertido, pero divertido a su manera. Recuerdo el día en casa de PIli en el que yo me pillé a la prima flaca de Elena; al rato ella me estaba cabalgando desencajada como esos esqueletos que se cuelgan del retrovisor de los coches y se mueven desacompasados y allí tenía a Armando detrás haciendo el pavo, braceando como si fuera un muñeco de guiñol y yo que no podía contener la risa y la prima a lo suyo, hasta que se percató, se vistió rapidamente y nos mandó a los dos a la mierda. “Sois unos inmaduros” nos dijo como si eso fuera un demerito.
"Estudiar Derecho no es fácil, decía con su sorna habitual; ¿donde se ha visto una bar que tenga facultad y que las niñas pijas sean más faciles que el derecho romano?". Era un tío apuesto, yo diría que incluso guapo, vamos que había muchas que se hubieran ido con él encantadas a echar un comodato. Pero cuando llegamos a cuarto, cayó en un pozo oscuro, profundo e inexplicable para nosotros. Seguía viniendo de juerga, pero realmente ya no estaba. Nunca supimos que le pasó esos dos o tres años. Quedábamos con él en ese deseo de los buenos amigos de que uno empiece a contar sus problemas sin que los demás le pregunten nada.Silencio. Al principio echábamos la culpa a una tipa espectacular más mayor que nosotros con la que se enrolló en una apertura paralela. Se fue a vivir enseguida con ella a un piso de estudiantes y convivieron durante algunos meses. Pero no, no fue era por ella, al revés incluso, yo creo que ella lo pasó bastante mal porque veía que no podía hacer nada por él.
Acabó la carrera dos años después que nosotros y eso hizo que aunque nos seguíamos viendo con cierta habitualidad ya no fuéramos al mismo ritmo. Luis se marchó a Alemanía, yo empecé las oposiciones y el tiempo se achicaba sin dejar resquicio a otra cosa que ir viviendo y empujar la vida hacia delante. Creo que fue Maria (puffffff), sí seguro, la que coincidió con él en el despacho de Ortiz de Zarate. Por entonces volvía a ser una persona normal y aunque María nunca lo ha contado estoy seguro de que hubo algo entre ellos. (La envidia se me come). Después se metió en un banco y le fueron destinando de ciudad en ciudad hasta que consiguió acercarse a Zaragoza, pero por entonces ya no estábamos los demás.
Pues todo esto venía a que ayer alguien de la pandilla sacó el tema de que lo había visto y que había hablado con él. Se había casado con una muchacha adinerada y habían tenido un par de críos. Joder, pues resulta que llevaba ya un porrón de años casado, la vida hecha, curraba en un banco en un puesto intermedio de esos en los que no te molestan los de abajo ni te dan por el culo los de arriba, y de repente se había encoñado con una chavala de treinta y pocos y lo había dejado todo. Él mismo lo reconocía, “empecé tontamente por internet, tu ya sabes, con las bobadas de los blogs y los tuiteres y los faisbuks de las narices y se me hacían las tantas escribiendo y ganando intimidad. Esa suerte de intimidad complice y anónima que me gustaba y que nunca habia tenido". "Y un día fui a Porriño por un tema del banco y con la escusa de que estaba allí me zampé los doscientos kilómetros hasta Mondoñedo para conocerla. No sé realmente por qué lo hice, fue como caer al vacío, como dejarme llevar, como esos dos años, no sé si os acordais, en los que anduve perdido cuando estábamos en la facultad. De aquello no he terminado nunca de salir hasta ahora, -confesó Armando- nunca supe porqué me pasó.”
Hoy, en la cena de parejas, ha salido el tema de Armando y he contado la historia y casi me crucifican. Primero mi mujer, que me ha dicho que era normal porque eso de los blogs os vuelve lelos; otros me han guasapeado por lo bajinis insultándome por pardillo y despertar las dudas en el enemigo, el sector divorciadas/os lo ha defendido a ultranza apostolando por la libertad para hacer lo que cada uno le dé la gana (la misma que detestaban en sus años de casados), e incluso alguna que yo me sé, ha mirado el guguelmaps de soslayo para ver si Porriño estaba cerca o lejos de Zaragoza.
Pues nada, que estás son las historias del cuarentismo que nos llevan por callejones y recovecos difíciles de evaluar y que hace que el ir viviendo asuma nuevas emociones y riesgos.
martes, 22 de septiembre de 2015
Tiempos hilvanados.
Vivimos en unos tiempos hilvanados, cogidos por alfileres, en los que con el mínimo movimiento descontrolado se abren las costuras y te quedas en porretas dejando las vergüenzas al aire. Todo es provisional, por ahora, hasta que pase todo esto, dicen. Y mientras tanto, el tiempo pasa y pasa y nos perdemos el hoy esperando un mañana que nunca llega.
Vivimos entre paréntesis, como si los versos de ahora ya no nos aportaran significado a la frase. Como esos curriculums en los que al leerlos ves un hueco de ocho años de los que no se dice nada. O esas largas relaciones de pareja que se eluden pero que se recuerdan todavía más a fuerza de querer olvidarlas.
Por si fuera poco esta vida de lo eventual, encima nos toca este año de constante preelectoralidad. El mercado de trabajo lleno de subsecretarios en desempleo que quieren regresar a la silla que dejaron hace cuatro años, (o a alguna mejor…) porque claro ellos tienen que “poner en valor la experiencia atesorada en lo publico monetizando en el marco de lo privado las sinergias generadas y la valorización de las propias competencias ”.
Y mientras esperamos a que unos se vayan, los que entran nos hacen esperar porque hasta pasados tres meses no saben ni donde está el tippex. Demandan paciencia y por supuesto, cien días de paréntesis hasta que pillen el mullido al sillón. Entre tanto, nosotros, seguimos esperando a que unos se vayan y los otros lleguen, tened un poco de paciencia que esto se soluciona enseguida, dicen. Y los que tenemos la mala costumbre de guardar las tarjetas nos damos cuenta de que es todo una patraña y que los nombramientos revolucionarios consisten en rescatar a los mismos que estaban hace cuatro años, o sea que mejor no tiro las tarjetas de los que se van ahora, ya que tendré que volverlas a rescatar dentro de otros cuatro.
Y me cabrea sobremanera el mar de noticias fugaces que inundan los periódicos, “mañana se resolverá el sorteo de cuartos”, las encuestas de esta semana vaticinan la victoria de los amarillos, contradiciendo a las de la semana pasada…. “Nosotros opinamos (de que) son solo encuestas provisionales y no hay que tenerlas en cuenta” ¿entonces para que llenas portadas y tertulias con algo que tiene una vida tan efimera?.Los periódicos nacen muertos. Y mientras a esperar, a ver si pasa no sé qué, para que luego llegue no se qué (que por supuesto no termina de llegar).
Por supuesto que todos queremos que escampe y que se seque el campo
mañana, pero si hay que jugar hoy con el campo embarrado, jugaremos, que
no esperen que vayamos a quedar en una esquina esperando
indefinidamente. Pues nada hermanos os dejo con esta reflexión facilona de trasnoche. Y en fin, echad hoy el polvete que podais porque cuando te atrapa el cuarentismo “polvo que pasa polvo que pierdes” y ya no se recuperan ni se compensan por más que esperes o te quieran hacer esperar.
viernes, 11 de septiembre de 2015
Vacanze a Settembre o el placer de disfrutar fuera de fecha.
Nos atropellan los tiempos y los insultos; depravaciones mentales convertidas en ideologias baratas. Nos aplazan para luego los ratos de risas porque ahora hace feo, como si tuvieras que guardarte para dentro los pedos en misa. Pero luego, el luego no llega y el periodo de carencia no sirve sino para hacer más larga la espera.
Reivindico cerrar los ojos un rato, tirar pa lante sin reflexión ni plan de empresa, porque sí, porque me da la gana y dejar de asistir a la reunión del cole, a la boda de la prima que se casa en segundas nupcias con el más putero del pueblo; dejar para el lunes lo que puedas hacer hoy y ponerse una canción que sin saber lo que diga, te arrranque una sonrisa a dientes llenos. Una sonrisa de esas que insultan al jefe cuando te mira porque cree que echaste anoche el polvo con el que lleva soñando toda su vida (aunque sea mentira y ayer tu mujer se marchara con su amante simulando de nuevo un campeonato de padel y tu te la menearas mirando el cangrejas).
Ya sé que todo no da igual, pero a veces hay que simular y parecerlo. Que me quiten lo bailao. Borron y cuenta nueva. Nadie se ha muerto por ir sin dormir una noche al currelo que cantaba Sabina. Hay más pecados en nuestras frustraciones que en los catecismos y demasiadas frases que empiezan por "se debe" y "no se puede" y se empeñan en tipificar versos de amor a monjitas de corchopán.
La colección de canciones minoritarias que os pongo este viernes van por ese camino, por el de abrir un parentesis a la cordura por un rato, hacer el payaso, cantar a voz en grito "Vacaciones en septiembre"; soñar que vuelves treinta años atras cuando tu unico problema era encontrar condones a deshora o veinte pa lante cuando ya te importe un guebo encontrarlos o no.
Las dos primeras son de Fitness Forever, la tercera es En otro pais de Cola Jet Set y finalmente Al amanecer de Los fresones rebeldes. Si os gustan tengo una lista entera en el spoty con este tipo de música que cuando empieza a tronar pongo a todo volumen y me descojono del mundo.
Reivindico cerrar los ojos un rato, tirar pa lante sin reflexión ni plan de empresa, porque sí, porque me da la gana y dejar de asistir a la reunión del cole, a la boda de la prima que se casa en segundas nupcias con el más putero del pueblo; dejar para el lunes lo que puedas hacer hoy y ponerse una canción que sin saber lo que diga, te arrranque una sonrisa a dientes llenos. Una sonrisa de esas que insultan al jefe cuando te mira porque cree que echaste anoche el polvo con el que lleva soñando toda su vida (aunque sea mentira y ayer tu mujer se marchara con su amante simulando de nuevo un campeonato de padel y tu te la menearas mirando el cangrejas).
Ya sé que todo no da igual, pero a veces hay que simular y parecerlo. Que me quiten lo bailao. Borron y cuenta nueva. Nadie se ha muerto por ir sin dormir una noche al currelo que cantaba Sabina. Hay más pecados en nuestras frustraciones que en los catecismos y demasiadas frases que empiezan por "se debe" y "no se puede" y se empeñan en tipificar versos de amor a monjitas de corchopán.
La colección de canciones minoritarias que os pongo este viernes van por ese camino, por el de abrir un parentesis a la cordura por un rato, hacer el payaso, cantar a voz en grito "Vacaciones en septiembre"; soñar que vuelves treinta años atras cuando tu unico problema era encontrar condones a deshora o veinte pa lante cuando ya te importe un guebo encontrarlos o no.
Las dos primeras son de Fitness Forever, la tercera es En otro pais de Cola Jet Set y finalmente Al amanecer de Los fresones rebeldes. Si os gustan tengo una lista entera en el spoty con este tipo de música que cuando empieza a tronar pongo a todo volumen y me descojono del mundo.
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