lunes, 14 de enero de 2019

Libros 2018. Otra forma de ver la segunda república.


Cuando pasa el tiempo, lo importante no es tanto los libros que has leído sino más bien el recuerdo de los libros que has leído. Por eso, el resumen lector del año 2018 lo voy a hacer sin revisión y sin papeles, solo de lo que recuerde y me venga a la cabeza y ya si eso luego, lo completaré mirando la lista y abriendo algún libro o post para complementar.

Andaría avanzado el mes de junio, cuando saqué de la biblioteca el libro de Santos Julia La transición. Es un libro denso y repleto de personajes que lejos de quedarse en el feliz retrato del 75, se remonta hasta el final de la guerra civil para enumerar las veces que, desde entonces, se han propuesto soluciones transaccionales a las dos Españas enfrentadas. Lo primero es que esta visión frentista de la república ha sido precisamente alimentada por el autor toda su vida (al alimón con Javier Tusell y los demás llamados hispanistas británicos) vendiendo la idea de la segunda republica como el planteamiento de dos Españas una democrática y republicana y la otra totalitaria y fascista que nos condujo a la guerra civil. Este es un planteamiento que me resulta simplista y sin matices y del que ya hace tiempo que me llevaba rondando por la cabeza dedicar un rato de lectura (y escritura). Y fue este verano largo y de padre soltero por el pirineo (mi santa se quedó de rodriguez dizque trabajando) que utilicé para cumplimentar mis deseos.

A mi entender es muy complicado explicar muchas cosas del primer tercio del siglo XX en España sin leer algo de ese siglo XIX español al que se pasa bastante por encima en la escuela. El siglo XIX español me resulta como esas chicas sugerentes que quedan en un segundo plano del grupo, y cuya verdadera belleza solo descubres cuando quedas al día siguiente para tomar un carajillo tranquilo de media tarde. El siglo XIX ni es tan anodino, ni es tan sencillo y además explica mucho de lo que viene después. Es difícil querer estudiar la segunda republica sin tener un conocimiento al menos básico de lo que sucedió en España en el siglo anterior. Y en eso fue a lo primero que me dediqué haciéndome esquemas para ordenar precedentes. Interesante el baile de generales isabelinos, Prim y el sexenio democrático, la primera república y el turnismo útil y falsario de la restauración. Muy interesante conocer la vida del duque de Montpensier, nieto, hijo, cuñado, suegro y abuelo de reyes que siempre quiso serlo él de España y nunca pudo. O los juegos de cama de la reina Isabel palito palito a quien, como decía mi profe de político: “la revolución le pilló en sansebastian, pero a la reina la pillaba casi cualquiera en cualquier sitio”.

Entre todos los mitos que de la república se han construido, es el de Azaña el más bello, épico y al mismo tiempo el más falso de todos. Es cierto que Alfonso XIII es el más nefasto entre los reyes españoles (y mira que los hemos tenido variados), pero, por mucho que diga la ortodoxia, los dos presidentes republicanos que le sustituyeron tras el golpe de estado del 31 (don Niceto y don Manuel), heredaron de él sus perores artes en el borboneo y el sectarismo caprichoso, sazonados además de un odio recíproco y una erudición petulante y despreciativa hacia todos los demás, que explican muchas de las decisiones erradas que tomaron y nos encaminaron al desastre.
Ya sé, ya sé que os llama la atención que al sacrosanto advenimiento republicano del 14 abril del 31 yo lo tilde de golpe de estado, pero es que esto de la nomenclatura partidista para definir golpes y revoluciones españolas según filias y fobias se las trae. En España en este periodo hubo cinco intentos o golpes de estado: el intento de Galan y Hernandez, el del 14 de abril que obligo al rey a irse, el del 32 de Sanjurjo, el intento del 34 de Asturias y Cataluña y el golpe de estado del 36. Ni lo del 36 fue un alzamiento nacional, ni lo del 34 fue una revolución, ni lo de galán fue una sublevación; lo del 32 por supuesto que no fue una sarjurjada graciosa y sevillana, pero sobre todo el 31 fue un golpe de estado en toda regla, que igual tenía vocación positiva y plausible, puede ser, pero nos pongamos como nos pongamos, un golpe de estado como los demás.

Claro, con estas premisas subjetivas, iconoclastas y críticas ponerse a leer, una vez más, la ortodoxia de la segunda república española según Juliá, Tusell y Preston conlleva el riesgo de caer en el cabreo absoluto o en el sueño más tedioso. Para leer lo mismo que llevamos leyendo desde la transición, siempre hay tiempo y por eso me lie todo el verano a buscar y leer autores proscritos. Es cierto: parciales, críticos, revisionistas pero al menos son historiadores que dan una visión distinta a la tradicional con la que estoy tan en desacuerdo. Excluí de entrada al terrorista Pio Moa y al predicador Cesar Vidal (que para escuchar música sureña está bien pero como historiador deja mucho que desear). A Federico ya le había leído La ultima salida de Manuel Azaña, así que buscando buscando caí en los brazos revisionistas, derechones y paternales de Ricardo de la Cierva. Ya sabía que no era objetivo, lo elegí yo, nadie me engañó. Pero me lo he pasado de miedo zampándome uno a uno sus Episodios históricos de España: desde El mito de Azaña (25) hasta Ante el Alzamiento (33) cuyos “objetivos títulos” ya os pueden dar una idea de por donde van los tiros. Me paré en julio del 36.

Lo primero que hay que decir es que Ricardo de la Cierva escribe muy, pero que muy bien y lo segundo que no engaña a nadie. Es cierto que mezcla sin muchas contemplaciones hechos históricos con opiniones más que discutibles y que las opiniones siempre van por el mismo lado, pero ya íbamos advertidos: El advenimiento de la república fue ilegitimo, la constitución del 31 fue una imposición partidaria, en las elecciones republicanas especialmente en las del 36 hubo pucherazo, Azaña fue un minoritario ensalzado por los historiadores, la llamada revolución del 34 fue un golpe socialista que condujo a la guerra; el falangismo y el comunismo eran residuales, tras las elecciones del 36 llegó la primavera trágica cuyo desgobierno y permisividad con los movimientos anarquistas llevaron a un punto de desorden que avocó a los patriotas militares a alzarse en movimiento militar y ciudadano ante el riesgo de un golpismo comunista. Lo que más me ha gustado es el orden y tensión narrativa como si fuera una novela y también como va dibujando los perfiles de los protagonistas desde su punto de vista. Estas lecturas me han llevado a un segundo y tercer grupo de lecturas que os paso a contar. 

Tras los episodios partidarios de De la cierva ha sido obligado acudir a las fuentes y a una visión directa de los protagonistas. ¿Dónde se encuentra esto? En las biografías y memorias de los distintos presidentes y miembros de los gobiernos republicanos y ahí he caído en el consumismo más indiscriminado gracias (por culpa) a Iberlibro (este verano el concepto de compra por impulso tiene mi nombre). Me he comprado en papel Así cayó Alfonso XIII de Miguel Maura, las memorias de Martínez Barrio, las de Chaparieta. La paz no fue posible de GilRobles y alguno más que ahora se me olvida. Saqué de la biblio las nefastas memorias de Alcala Zamora, los interesantes diarios de Azaña y pesque por la red a La pasionaria y Las memorias de Lerroux donde se dedica básicamente a poner de chupa de domine a don Niceto. Todo a la vez, todo en un barullo mientras cogía notas en mis cuadernos de colores, y una cosa me iba llevando a la otra y así de entretenido que me he pegado el verano y su continuación.

Pero mi cabeza se hipertexta y se dispersa cuando lee (bueno se dispersa siempre) y de repente van saltando sobre, o en paralelo a la narración acontecimientos, historias, periodistas que me llaman la atención y nombres de los que poco sé y quiero saber. Me leo La revolución de Asturias de Chaves nogales y me lleva a sus libros de viajes, me leo el Advenimiento de la república de Josep Pla y me lleva a su magistral Cuaderno gris traducido por Ridruejo (una obra maestra quequiero paladear lentamente); Ortega y Gasset y sus filosofías, la historia de amor de la Duquesa de Villahermosa y Jose Antonio Primo de Rivera. Me reencuentro con AlvarezJunco (historiador que me tiene enganchado) y paso a su estudio sobre el origen del anarquismo y a su análisis del populismo lerrouxista, descubro a Fernando del Rey y Ruiz Manjón de los que no tenía ni idea. No sé que libro acabo ni cual empiezo, tomo apuntes voy y vuelvo y solo sé que me lo paso estupendamente y eso me basta…

Bueno y aquí me quedo, primer arranque de recuerdos lectores del 2018. No es que me haya ido por las ramas es que casi no vuelvo 

En el próximo capitulo la filosofía rupturista de Byung Chul Han que me recomendó Rorschach. Y así seguimos con esta serie de “ponga un post ladrillo en su vida” que estoy marcandome este 2019.

miércoles, 9 de enero de 2019

El populismo español en 10 puntos. Vox y Podemos


Si algo hay que agradecer a Laclau es que hiciera un análisis técnico del populismo y prescindiera de la demonización a priori del termino populista. De esta manera se puede dar una opinión de este movimiento sin ligarlo necesariamente a la visión peyorativa, cuando no despreciativa, que hacen libros como El estallido del populismo de los varguitas llosa y sus amigos. Ellos no analizan el populismo, sino que defienden su (legítima) posición liberal contra su mayor enemigo en latinoamerica que han sido los movimientos populistas antiliberales procubanos y del ALBA.
Lo segundo a destacar es que nos hemos pegado siete años (el 15 M fue en 2011) pensando en que el populismo solo podía ser de izquierdas (léase con toda prudencia el concepto izquierdas) y nos hemos despertado de pronto topándonos con un populismo radical unido a Vox del que ni siquiera teníamos noticia. Y es que olvidamos la historia y nos hemos tragado sin pestañear la interpretación dicotómica y oficialista de la segunda república de los Tusell y Juliá sin ni siquiera tener conocimiento de la existencia exitosa del populismo radical que capitalizó la oposición y gobernó casi ininterrumpidamente del 33 a casi 36. En fin como si no hubiera existido. (Recomiendo la lectura de alguien poco sospechoso como Álvarez Junco sobre Lerroux). El origen del populismo radical español y su nexo posterior con los militares golpistas del 36 lo dejamos para otro momento.
Tercero y último. Si no queremos caer en un grave error es mejor analizar con frialdad el origen social de Vox sin caer en el simplismo de catalogarlo simplemente como un partido de la ultraderecha neofranquista. Una cosa es que los franquistas hayan encontrado allí cobijo y otra es que ese partido sea neofranquista. Pasemos a analizar el populismo como origen de Vox y sus similitudes con los populismos podemitas que hasta ahora conocíamos. (A partir de ahora entiéndase todo “es” como “mi opinión es”)
1-     Lo que define a Vox es lo mismo que define a Podemos: el populismo entendido como el pueblo contra la clase política y sus satélites. No nos representan. El pueblo contra la casta política, las puertas giratorias, los representantes con dudosa representatividad de cualquier grupo de interés, todos son los mismos con distintos collares sean del partido que sean y del sector periodístico o económico que sean. Así piensan ambos.
2-     Para Podemos ha representado un problema interno su conceptualización como partido de clase, pero también lo es para el populismo en general (véase Debates y Combates de Laclau contra Zizeck) La ruptura de podemos se basa precisamente en el deseo de quitarse el estigma de partido de clase como quería el laclausista Errejon. Este problema lo sufre también Vox con la confesionalidad católica que lo amordaza en muchas de sus posiciones para hacerlo partido confesional. El último movimiento populista radical español (no considero como tal al falso falangismo franquista) fue el de Lerroux y consiguió liberarse del yugo de la cruz, ya que no solo era aconfesional sino manifiestamente anticlerical con Lerrroux al frente queriendo “levantar los hábitos a las novicias para elevarlas a la categoría de mujeres”. Por tanto un partido populista no es un partido de clase ni un partido confesional. Para eso ya están el PCE, la CEDA o el PP.
3-     Según parece ser opinión más o menos pacífica, todo populismo, además del ya comentado “no nos representan” debe tener una serie de características: un elemento aglutinador, un enemigo al que enfrentarse y un líder carismático con capacidad de atracción. Eso, en el fenómeno Trump, se ve con mucha claridad, sin embargo, en el modelo español si bien se dan las dos primeras características, la tercera del líder carismático queda a años luz para generar la fuerza centrípeta necesaria. En este sentido ni Iglesias, ni Abascal dan de lejos ni la talla ni el perfil. Igual Carmena o Anguita por un lado o Jimenez Losantos por otro daría ese perfil. (Pero éste último gana tanto siendo azote de la casta que ha terminado viviendo (dependiendo) de ellos).
4-     En el movimiento populista radical de Vox el elemento aglutinador que le da origen es el del nacionalismo español sobre todo en su vertiente anticatalanista y en esa especie de xenofobia light no tanto del “fuera extranjeros” sino del “españoles primero” tanto en el trabajo como en las prestaciones sociales básicas: educación y sanidad. Que permite que personas no xenófobas compartan sin problema los principios radicales de vox. Este anticatalanismo (mejor antinacionalismo catalán) ya era el signo identitario de los radicales republicanos de principio de siglo XX y lo sigue siendo ahora. (remito de nuevo a Alvarez Junco)
5-     La segunda característica del populismo es dibujarse un enemigo contra el que luchar y en el que se personalicen todos los males. Trump ha elegido la inmigración, Lerroux eligió anticlericalismo, antinacionalismo catalán y antisindicalismo y optó por el republicanismo (entendido como anti casta y camarilla monárquica). Chavez y en general los populismos latinos tiene de ogro al americanismo usa. En mi opinión el enemigo que ha elegido Vox es el de “la progresía” igual que podemos eligió la “casta”. Cada uno que le dé el nombre que quiera: mi amigo G. habla de postmodernidad, mi amigo N. de lo políticamente correcto (ninguno de ellos son derechones mas bien lo contrario) y yo no puedo evitar ponerle la cara de julia otero. Ese zapaterismo ideológico buenista, vacuo, barnizado de falso tecnicismo universitario y excluido (excluyente) de todo debate (so pena de tildarte de facha o machista) ha logrado construir un enemigo ideal contra el que dice luchar Vox.
6-     Y finalmente la última característica es la fuerza centrípeta del liderazgo carismático Es decir la capacidad de atracción del populismo respecto a otros movimientos que si bien esencialmente difieren de sus ideas es el único marco en el que ven que pueden defenderlas. Colectivos de hombres divorciados, antiabortistas o determinados intereses de empresarios autónomos ignorados cuando no despreciados han sido cautivados por el canto de sirenas voxista. No olvidemos que el primer Podemos, sobre todo en el marco municipalista, lo hicieron excelentemente en este punto y se atrajeron a feministas militantes o no, a un nacionalismo de izquierda moderado (en mi pueblo conocido como chunterismo), a movimientos sociales de barrio y otros muchos grupos progresistas que sin ser de los círculos encontró su cauce de expresión en ellos. (Luego el nivel de desengaño actual que te cuentan es en algunos casos proporcional a la ilusión de entonces. Pero eso es otro tema).
7-     Vox no debiera huir del concepto populista tan ultrajado en los últimos años y debiera aprender de las cosas que ha hecho bien Podemos y sobre todo escaparse de sus meteduras de pata que les está llevando a ser en la actualidad una versión reloaded de lo que quiso ser (y no pudo) la izquierda unida de mi apreciado y discrepado Anguita. Entre las meteduras de pata más sobresalientes está a mi entender el adanismo petulante y dicotómico de Iglesias. Es decir ese mensaje en que no solo renuevan sino que van a fundar un estado entero desde cero (la segunda república de nuevo en el recuerdo): fuera la transición, fuera la constitución, fuera Europa porque nosotros somos los representantes de la nueva sociedad y los guardianes de las esencias democráticas todos los demás o son liberales al servicio del capital o son fachas.
8-     El populismo nunca nace por casualidad. Es cierto que pilla generalmente a contrapie a los políticos tradicionales y profesionales, pero es el resultado de un resentimiento popular contra ellos que se va consolidando durante un largo periodo de tiempo. El “no nos representan” es el origen de ambos populismos, luego ya son fechas y causas para el estallido (El 15 M hizo nacer a Podemos) pero la historia viene de lejos. Generalmente se habla de que con las revueltas secesionistas nace (más bien se cohesiona) un sentimiento nacionalista español al margen de la política tradicional. Pero es en mi opinión, cuando a ese sentimiento nacionalista se le une la saturación de tanto progresismo sin repregunta y políticamente correcto, cuando el populismo radical (de siempre tan indefinido en sus fronteras) se pone del lado de Vox. Hay un sector de la población que no se siente xenófoba, españolista, machista ni facha pero no está de acuerdo con las soluciones legislativas pactadas por los políticos (unos y otros) para esos temas y que al mismo tiempo no puede expresarlo porque de hacerlo sería significado como extremista. El marco conceptual del que hablaba Lakoff en No pienses en un elefante.
9-     Mención aparte merece el marketing político de ambos movimientos populistas. (Recomiendo el libro “Metodo Podemos Marketing marxista para partidos no marxistas” de David Alvaroy Enrique A. Fonseca). El titulo lo dice todo. Ya no consiste en fidelizar a los partidarios sino en vincular a quienes no siendo partidarios podrían serlo. Unir la fuerza atractiva del líder con una estrategia de marketing adecuada a los fines. El populismo renegaba en un principio de los cauces habituales de los medios de comunicación ya que, para ellos, son también miembros de la casta. (Independientemente si es verdad o no, ésta es una opción peligrosa que ha herido a Podemos y de la que Vox debiera aprender). Ayer en una entrevista a un dirigente de Vox en el “moderado” programa El cascabel de Trece la única vez que saltaron a la yugular los “variados” contertulios fue cuando se metió con los medios tradicionales de comunicación. El representante del quebrado Mundo sacó solo en ese momento sus colmillos afilados. En fin, ha sido un error de Podemos menospreciar la fuerza del enemigo. Los grandes grupos mediáticos son difícilmente vencibles en la prensa nacional y más en la local y cuanto antes se dé uno cuenta de eso mejor, la única esperanza es que se despedacen entre ellos, si pactan no hay nada que hacer. El campo de las redes sociales es una potente alternativa, pero peligroso. El riesgo en mi opinión no es tanto que te tiroteen como que pongan en tu boca y la de los tuyos cosas que no han dicho para así ponerte la etiqueta de estalinista o fascista según el caso. Por más que nos vendan la mano invisible de los rusos, las redes son difíciles como medios de socialización controlada.
10-  Y es precisamente esta, una de las tareas de los populismos. Por una parte, quitar la acepción peyorativa del concepto de populismo y acercarlo a la crisis de representación y por otra huir del etiquetaje, o como bien decía esta mañana mi admirado Ruben Amón, “huir del frikismo y aportar prestigio técnico a sus propuestas”. El arma más cruel de los partidos tradicionales es la de la esperpentización del populismo sea del lado que sea. El mensaje es que los populistas son partidos tradicionales como los de siempre pero extremistas antisitema. Ellos, los populistas, son frikis, nosotros, los tradicionales, somos gestores técnicos que sabemos de qué hablamos.

Ahora, que con el tema de las elecciones andaluzas se ha abierto el debate ¿Hasta donde debe llevar el populismo su repulsa a las instituciones y los partidos que las han venido representando? ¿Deben pactar con los tradicionales o debe negarse como en su día hizo Podemos al pacto psoe-ciudadanos? ¿Deben aceptar poltronas envenenadas como hizo Podemos en los ayuntamientos o excluirse del juego caiga quien caiga y se mantenga quien se mantenga? Hasta el nacionalismo radical batasuno tan trasversal,fanático y populista terminó llevando a sus diputados al parlamento y sentando a sus alcaldes con el apoyo de los tradicionales (hasta tuvo un diputado del opus que ya es decir). La disyuntiva envenenada es dejamos mandar pero les controlamos o es mejor mandar aunque nos controlen.

Por mi parte contemplo con incertidumbre y espectación el paisaje. Y sé que lo más facil es opinar cuando no se milita. Nunca me han gustado los populismos, nada los nacionalismos (aqui no puedo decir nunca) y absolutamente nada ty nunca toda verdad absoluta (por muy buenista que sea) que no admita repreguntas. Me da miedo que el populismo radical o de izquierdas se una con descerebrados violentos como pasó en el 36 y me da miedo que viejos renegados expulsados de sus partidos (PP o PCE) sean ahora los que quieran salvarme como líderes de los movimientos populares; ya lo dije en post me da miedo Jesús Gil, Trump y Ruiz Mateos (aunque a todos ellos los eligieron o elegimos) y me da miedo el falseamiento democrático bipartidista que soporta a una clase directiva que pocas veces coincide con las elites intelectuales y profesionales. Me da miedo el amateurismo peligroso, petulante e inconsciente de algunos mesías del cambio, casi tanto como aquellos que dicen eso de que “esto lo arreglo yo en dos patadas”. Aun y con eso, prefiero las urnas a cualquier movimiento de masas al margen de la representación. Porque creo que esa cosa etérea y peligrosa a la que se quiere llamar pueblo está siempre cargada con varios kilos de goma2.