lunes, 21 de septiembre de 2026

¿Hay alguien ahí? estoy de vuelta

Me asomo a la ventana. Desde fuera la luz juega con las sombras de la mañana y un resol madrugador despierta el día. Primero pongo las manos en el alfeizar, asomo el flequillo ¿Hay alguien ahí?

Después, poco a poco, saco la mirada en esa sensación tan habitual en la vida en la que pensamos que no te ven porque no les ves y me quedo avergonzando, como si volver fuera no haber estado nunca.

Parece que no hay nadie, lo último escrito se remonta al mes de marzo que hacía frontera con un mes de abril sin aguas mil, ni versos achubascados. Todo desprende una sensación de casa solariega abandonada, una recurrente sensación de desapego y un ansia mal disimulada de levedad.

Sopla un viento sin nombre, o mejor, de nombre desconocido porque todos los vientos tienen un nombre con el que reiniciar un escrito. Me encantan los nombres de cualquier aire: garbí, mistral, cierzo, marinada que parecen llevarnos a mares lejanos en un sur imaginario. Me encantan los nombres de los vientos y los olores como en los paisajes costeros, sugerentes y sedentarios de los libros de Pla. Hoy, por ejemplo, huele a septiembre, con ese viento terral postrero que entibia amaneceres en las playas desiertas antes que desperece la hojarasca que todo lo embrutece.

Duelen, todavía duelen, las cicatrices blandas de los arañazos del desasosiego, los insomnios sangrantes y fríos, la espiral hacia lo oscuro de antesdeayer; la ausencia de palabras, lo que se va sin dar tregua como lo hace el tiempo. Qué virtud la de no darse importancia, la dulce irrelevancia de la intrascendencia, qué virtud la del olvido sin rencor; qué miedo, sin embargo, dan las nubes tras la tormenta.

Me asomo a la ventana ya con la cabeza fuera, respirando fuerte ¿hay alguien ahí? y abro el cajón donde se acumulan papeles no publicados, cuentos sin personajes,  narraciones sin final, y me doy cuenta de que no han sido meses sin palabras sino de palabras expectantes en una espera acomplejada y escondida. Un semestre en el que el reinicio se ha pospuesto como se procrastinan las visitas desconocidas en el zaguan de espera cuando andas cansado. Leer solo leer de manera bulímica, leer para irse, leer para volar, leer para ocupar, leer para olvidar.

La premura en confusión con la importancia, los cuadernos de trabajo salteados de versos en los ladillos, las pantallas que se tragan los bosquejos a lápiz y una estúpida creencia de que dando mil vueltas salen mejores versos. Escribir tan solo escribir, una vez más como boya en mares inciertos. ¿Hay alguien ahí?


 

martes, 31 de marzo de 2026

Reinicio

Cada inicio es una vista atrás, cada tiempo de nieves deja atrás otoños y primaveras; los años que gotean, los días de frío y niebla que nos recuerdan todos los febreros vividos. 

Un cierto aire de novedad, con más movimiento que cambio y al final las palabras, esas palabras domesticadas que hacen de sumidero para las tormentas que me desbordan como ayer, como hoy, como siempre.

Que largos se hacen los periodos de silencio, qué gratificante volver a coger el lápiz, sin programa, sin propósito y jugar con frases y versos; moldear metáforas que suenan al mismo tiempo iguales y distintas. Que olvidado el placer de dejarse ir en inverso. 

Quizás reiniciar no sea otra cosa que seguir siendo y las etapas como las fronteras, ilusiones que permiten conllevar los tiempos y las distancias. Lo relativo que hace asumible lo infinito, lo temporal que nos evita pensar en lo eterno, las patrias que delimitan al viajero en su itinerancia. Las fases que como ciclos recurrentes prometen términos cuando en realidad no son sino principios en este continuo de ir viviendo, en este barco de Teseo en el que todo cambia para ser lo mismo.

 

Ya sabéis mi devoción por Mayte Martín aquí con Alba Molina
 

miércoles, 18 de febrero de 2026

Un cuento. Un poeta argentino llamado Juarroz

 

Las historias no siempre se eligen. Era un martes de febrero de esos martes en el que los grises se hacen gama en una multitud de tonos e intensidades como los estados de la melancolía; y es que en mi ciudad los febreros se repiten año a año con sus fríos (los más) y sus entretiempos (los menos) alternados con aires y olores aplazados tras las bufandas entibiadas de los paseantes.

Esta tarde no era distinta, tenía que devolver dos libros a la biblioteca uno de Delphine de Vigan Las gratitudes y otro un poemario de un escritor argentino llamado Juarroz que me había recomendado un amigo del blog y que no sé por qué extraña razón se me había pegado en la imaginación junto a Claros del bosque de Maria Zambrano. La vi salir a todo correr, hablaba por el móvil, y no sé quién atropelló a quien: si ella a la bicicleta o la bicicleta a ella.

El chaval llevaba una caja amarilla a la espalda, sueños pegados a su historia y pintas de haber llegado no hace mucho de algún país con selva. Ella era rubia pecotosa, quizás un poco altiva en la mirada, quizás con un blanco de nieve en la piel que la hacía distante y atractiva a un tiempo. “Podías mirar por donde vas" le dijo él “podías ir a una velocidad normal y me hubieras visto” le contesto ella. Y la cosa se fue abruscando con esa falsa confianza que da creer tener la razón y ese turbio enojo que confiere no estar seguro de tenerla.

Como en las parejas cansadas de serlo, él le reprochó mentiras que intuía y ella le espetó palabras como lanzas. Que si tu no tienes ni idea de lo que es tener que trabajar-dijo él; que tú que mierdas te sabes de lo que hago yo y me vas a pagar el móvil que me acabas de joder, dijo ella. Y como de habitual la discusión anduvo desde lo que me has hecho a lo que eres y de la lluvia fina del suceso al chaparrón de la afrenta personal.

“La palabra es el único pájaro que puede ser igual a su ausencia” decía Juarroz. La palabra se le escondía a la abuela de Las gratitudes detrás del ripio confuso y triste de sus desvaríos. Hay que “detener la palabra un poco antes del labio” pero los chicos seguían desbordando torrentes que sonaban como chirridos de tranvía cuando el tren de la vida en común está a punto de descarrilar y se empeñaban en llenar las frases de palabras sobrantes que son bonitas en las despedidas de septiembre pero son demasía en la discusión y el desasosiego de invierno.

De repente callaron, me miraron “Existe un alfabeto del silencio, pero no nos han enseñado a deletrearlo” y quedo el silencio como en esas tardes cansinas de domingo en las que ya queda poco por decirse. Este señor lo ha visto todo, dijo la chica en esa supuesta solidaridad de piel que me debía inclinar a ponerme a su lado. "Si lo ha visto sabrá que has salido como una loca de la biblioteca y me has arrollado", comentó el joven.

 ¿Tienes que repartir mucho más? Le pregunté al chico. "No, ya he terminado por hoy volvía a base" me contestó. ¿Y tú tienes que volver a la biblio? No, realmente me da igual, me acaban de comunicar que retrasan la convocatoria una vez más, lo voy a dejar. ¿Qué estudias? Le pregunté “Judicaturas” pufff “Valiente juez vas a ser tú si no sabes ni por donde andas”. ¿Te he preguntado a ti algo? Le acuchilló con su preciosa mirada rubia como un navajazo a destiempo. Venga os invito a una caña si dejáis de discutir. El que me la niegue declaro en su contra cuando venga el guardia. Se rieron sabiendo que la policía local nunca llegaría, como de costumbre.

La tarde se acodaba solitaria en la barra como lo hacía yo los últimos días desde que ella me dijo que aceptaba el divorcio. Pedí una jarra a una camarera cincuentona que contenía un catálogo de peligros en la mirada; ellos pidieron una caña, bueno mejor me pone también una jarra si no le importa dijo la joven, a ti te pido otra no vengas con tonterías le dije al chico. Por cierto, cómo os llamáis. Waldo dijo él; Carolina dijo ella.

Pagué la consumición mientras él le preguntaba ¿de verdad se te ha roto el móvil? Era una de esas preguntas que llevan implícito un "lo siento". ¿De donde eres, ecuatoriano? Dijo ella buscando un claro de bosque para descansar ¿Tú has visto pocos ecuatorianos, no? sonrió, soy de Bucaramanga, en Colombia. Que nombre más chulo parece de una novela caribeña de Garcia Marquez. Qué va, es una ciudad del interior pero muy bonita y así la conversación les llevó de los problemas cercanos a los países lejanos. Él se veía regresando dentro de algunos años a su tierra y ella se pensó trabajando por allí en algún grupo de cooperación donde olvidar esa mierda de oposiciones que le habían robado un trozo de vida.

“No se trata de hablar, ni tampoco de callar: se trata de abrir algo entre la palabra y el silencio” He visto lo que ha pasado me dijo la camarera, estos jóvenes abrevian tanto los tiempos que pasan del odio al amor en dos segundos, no como nosotros que llenamos la vida de rencores y cosas por hacer. Le regalé una sonrisa tan cansada que enseguida descubrió que era un disfraz de tristeza. Te ofrecería otra ronda al cerrar, me dijo, pero intuyo que debes llamar a alguien. Acertó.

¡Ostras los libros!. Me habían cerrado la biblioteca. Ellos seguían hablando. Llamé. “Hemos amado juntos tantas cosas que es difícil amarlas separados” le dije por teléfono agradeciéndole la frase a un poeta argentino.

Todos mis cuentos

lunes, 19 de enero de 2026

Peor sería el silencio

Las transiciones y las concurrencias

lo que muere y renace

las delimitaciones de las cosas y las fronteras

el cielo y la vida

las figuras y las sombras

el verbo y el silencio

la tendencia hacia el infinito

la eternidad de los puntos de fuga.

"Hoy construyendo futuros recuerdos".

El balcón y el cuarto de atrás

las ventanas y los muros

lo trascendente sin dios

las cosas y su reflejo

el sueño, la vigilia y el despertar

"el claro en el bosque"

"la poesía vertical"

el halo de amor que rodea tu cuerpo

mi deseo liquido y gaseoso

el viaje y el destino.

"La muerte el día menos pensado 

 ese en el que pienso siempre"

Lo que flota mientras cae.

los aromas del tacto, el gusto de tu mirada

la flor marchita, la promesa en decadencia

la cordura y el delirio de quererte

la abulia tras la fiesta

el azar tras la promesa

las mañanas de domingo, los lunes sin poema

La madrugada sin alba

la noche que ilumina tus fronteras

el yo y el tu indefinido cuando nos besamos

los fantasmas de tu ausencia.

El exilio de tu patria.

los nombres tras las esencias

Todo pasa, aunque todo queda

el barco de Teseo

el país de la memoria y la región del olvido 

el pueblo sin comarca. 

El mar y la orilla

los barcos sin calafate, las jarcias en ventolera

plegar el folio sin sobre ni remite

los versos que se quedan sin poema 

el sombrero sin cabeza, el gabán en el olvido

"el corazón partido"

"el mes de abril robado a mis primaveras"

la añoranza y el regreso

"no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió"

tu historia y mi presente

el verano desde mi septiembre 

"cuando tu seas tu ausencia y yo mi melancolía" 

las noches rotas por las lágrimas

la intensidad de tu orgasmo bajo mi tristeza.

El envés del cara vista, la vertiente del terrado 

"els ulls plens de paraules" 

 la musica que desocupa la algarabía

los viernes sin semana

el mapa de lo que pienso cuando me extravío

la ubicación de tu roce en mi cerebro cuando me recreo

la ciudad de las calles gusaneras, el lado profundo de las avenidas

el rebose que derraman mis jadeos, tus ojos cerrados que me miran

El deslinde del erial de tu lejanía

el medianil traslucido de tu presencia

los vientos que soplan del norte

el relente de mis insomnios y mis madrugadas

el tibio despertar de domingo entre tus sábanas

el café recalentado que inspira adverbios.

Lo sumatorio y el listado que elude lo complejo

lo sucesivo, lo recursivo y lo recurrente

lo oculto y la emergencia. 

La oración sin vírgenes ni santos 

"la imaginación sin razón que genera monstruos"

recordar donde dejé el reloj y la cartera en el destiempo de mi resaca. 

"el alud que difumina el reflejo de tu cara antes de la avalancha" 

el claroscuro que intuye tus caderas iluminadas por las luces de neón del anuncio de enfrente

la habitación fiel de nuestro pecado, 

la piscina en lo más alto del rascacielos

perderse en los pasillos silenciosos de tu subsuelo.

el bar del hotel de nuestras madrugadas hablando

quedarse toda la noche mirando tus sueños. 


...en fin, el regalo de pintar la contradicción con palabras que no nombran

el lugar inhóspito donde habitan los poemas que no se escriben

saber si lo que pienso es sueño y lo que sueño no es otra cosa

que el desvarío de lo que pienso, pero...

peor sería el silencio.

 



lunes, 17 de noviembre de 2025

No soy Enrique Vila-Matas... ni falta que hace. Un libro de Montero glez. Opinión y Crítica.

 

Así de repente (bueno la verdad es que mandé un sutil guasap como que había salido este libro a mi grupo familiar también llamado de "regaladores de libros") como digo "de repente" ha aparecido sobre mi mesilla la nueva y sensacional recopilación de artículos de mi idolatrado Montero Glez seleccionada, editada e indexada con maestría por Papelillo Editorial, recopilación que tiene el sugerente título (tocapelotas) de "No soy Enrique Vila-Matas" incidiendo una vez más en el desacato que le presta (mos) tanto don Roberto "el bueno" como un servidor a la petulante prelatura personal de Vila-Matas coincidente en muchas ocasiones con el terrible bolañismo de Roberto "el malo"  referente del intensismo impostado y babeliano en grado supremo. (De la reciente lista de los mejores cincuenta de los últimos cincuenta de El pais ya hablaremos).


Es un libro falsamente pequeño, (no voy a hablar en centímetros, por si la aclaración cuantitativa de lo pequeño pueda resultar ofensiva para algún sensible masculino) pero la cosa es que pequeño es. Y digo que es falsamente pequeño porque sin embargo es grandísimo y además expansivo, me explico: son cincuenta y cuatro artículos como si la dosis prescrita fuera uno por semana y no zamparselo de una sentada como estoy haciendo yo, pero el libro crece a través de sus citas y notas. 

Es una recopilación de artículos culturetas de Montero Glez. Músicas, películas referentes ochenteros, hagiografias de los santos a los que Montero presta adoración y una acumulación de referentes a la cara b de la movida madrileña que ya nos anticipó en La imagen secreta. Lo flamenco, versión ketamera, Pata negra, Raimundo amador y cosas así; todo ello aderezado con los orígenes del rock y el jazz extranjero. También imágenes con constantes referencias a Garcia-Alix como proveedor de rostros y recuerdos de una época y el cine quincarra no solo del sepia añejo sino del neo quinqui actual con joyas como Criando ratas de Carlos Salado que me he visto sin respirar.

Pero lo más importante, es que esta recopilación da una imagen de unidad que pocas veces logran los patchwords de artículos de cualquier autor. A pesar de jugar con una cierta nostalgia, es una fotografía general, poco idílica eso sí, de la época en donde muchos de los que practicaron el funambulismo como diversión  descubrieron al caer que no había red. No soy Enrique Vila-matas es un libro de historia a través de las historias de distintos personajes setenteros y ochenteros pero sobre todo es un libro muy bien escrito. Con la narración abierta en canal que solo algunos pueden convertir en estética como Montero (o el poeta tristemente recordado por mi, Pedro Andreu). Una recarga constante de adjetivos e imágenes que engalanan paradojicamente la pobreza que describe.

Hay que reconocer el trabajo de edición de Papelillo editorial. La selección que intuyo mano a mano con el escritor, pero también la indexación por nombres y referentes, el formato cómodo y manejable, la tipografía limpia que confiere el placer al leer. Igual yo hubiera añadido fotos o caratulas, pero imagino que el mercadillo de los derechos impide demasiado alarde, qué le vamos a hacer.

Leedlo, leedlo con un cuaderno aparte para tomar notas, con el spoty enchufado para oir discos desconocidos; con el flixole (a pesar de la súbita subida no os guardo rencor) y el yutuf en modo búsqueda y con la cabeza libre de prejuicios. Montero tiene su orientación política, lo sabemos y no la oculta, pero eso no convierte a sus artículos en panfletos, serian como mucho  alegatos libertarios contra toda verdad precocinada y la movida promovida como producto de marketing y en eso, también los que nos ubicamos a la derecha de Glez, estamos de acuerdo con él.

Leed este entretenimiento como leísteis El almanaque incendiario o La imagen secreta para disfrutar de la lectura y aprender de la historia (revisada y revisionista) que es la mejor manera de no volver a joderla.

 


 

Otras reseñas mías a libros de Montero Glez

Cuando la noche obliga

Polvora Negra

Carne de sirena

El carmin y la sangre

La vida secreta de Roberto Bolaño