miércoles, 12 de junio de 2019

El gordito Andy y los líderes de cristal. Un post de Boxeo y Filosofía



Cuenta Carol S Dweck en su libro Mindset, como determinados jóvenes atribuyen a cualidades innatas sus triunfos y sus fracasos; mientras que otros creen que un examen evalúa y encomienda más bien la capacidad de esfuerzo y mejora. Mientras los logros de unos reciben un continuo elogio a su inteligencia: “eres muy inteligente”, para otros el elogio suele ser: “has trabajado muy duro o deberías de haber trabajado más”.
El problema de ser un triunfador temprano es que no desarrollas las habilidades defensivas ante el fracaso. El peligro de acostumbrarse al éxito sin aprender a recibir reveses conlleva convertirte en un líder de cristal. Mientras tanto quienes reciben alternativamente fracasos y logros en su infancia desarrollan la capacidad de aprendizaje ante las adversidades. Estos desarrollan una confianza en las propias capacidades y en la posibilidad, aun remota, de lograr algo para lo que se les suponía negados. Hay quienes de tanto recibir desencantos han encallecido y saben que el logro no siempre es un reporte a las capacidades sino también a la resistencia y el aprendizaje en la derrota.

Joshua es un boxeador británico, con un palmarés envidiable de 22-0, mide 1,98 y 115 kilos de peso y una musculatura estilizada y admirable. Tras los doce años de reinado en el peso pesado del ucraniano Vladímir Klichkó y su hermanico mayor, se ha ersin discusión en el nuevo rey mundial de los pesos pesados de todas las organizaciones. También os quiero presentar a otro boxeador Andy Ruiz, nacido en trumpilandia pero mexicano de origen, lengua y pensamiento. Es… como os diría, lo más parecido al gordito de Up. Dice él de sí mismo que es chaparro (según como se mire ya que mide 1,88) y pesa 125 kilos aunque dice haber llegado a los 170.

Joshua es un ganador nato ha mandado a soñar a 22 tipos con recetas de cloroformo desde su atalaya de casi dos metros; se guarece bien, le entran pocos golpes y martillea con unos jab directos y secos que al mismo tiempo le sirven para marcar distancias con el contrario hasta que acierta con su técnicamente impecable croché; no ha necesitado de muchos golpes para ganar y eso como decíamos al principio es bueno y malo. Joshua ha encajado poco, muy poco, y con sus gacheto brazos a veces golpea desde su casa como decían de Foreman. Siendo pequeño, o eres un temerario tipo el torete Frazier (que medía 1,82) o es imposible llegarles, y claro como te descuides te mandan a la lona en el segundo asalto como le pasó a mi adorado smoke en Jamaica.
La cosa es que Joshua va defendiendo sus títulos. Los actuales aspirantes naturales (Fury y Wilder) son dos boxeadores duros del tipo cantamañanas lo que no significa que sean malos. Cualquiera de ellos retaba al campeón pero, por estas extrañas cosas del boxeo, su manager el tal Earn prefirió una pelea amable previa (yo creo que para ir haciendo caja). Le encuentran contrincante pero va y le pillan dopado y no le dejan pelear ¿Qué sucede? Que recurren a ese gordito mexicano con más pinta de bebedor de cervezas que de boxeador para que haga de sparring al british elegante y le aguante algún asalto.
Algo tendríamos que habernos temido de lo que iba a pasar viendo la pelea del 2017 Joshua vs Klichkó que justo echaron y vi en Gol hace poco. En ella el ex campeón ucraniano, ya mayorcete fue a la lona, se levantó pero le encajo un golpe, solo uno, que dejo fumao al inglés durante dos asaltos. Solo le salvo que Klichkó no supo rematar y que nunca ha sido un buen encajador (Sanders y Brewster en el recuerdo) y no aguantó un combate largo.
Volvamos. Nuestro amigo el gordito salió al ring más contento que si a un infantil le dejan jugar en el Wanda. La pinta era de: “amigos me la suda el mundo y estoy más contento que chupillas solo de estar aquí, así que voy a disfrutar”. Twitter quemaba con comentarios burlones de todo tipo contra él, pero este hombre lleva toda su vida siendo el gordo comerrosquillas del que todos se reian y sufriendo todo tipo de vejaciones, sabía que solo siendo inteligente podía aspirar a algo y que lo normal era que ni aun así aguantara cuatro asaltos.
El combate empezó con dos asaltos de tanteo y en el tercero Joshua unió una combinación de dos golpes secos al mentón que mandaron al gordito al suelo de culo. La gente tiene mala memoria y empezó a recoger las cazadoras olvidando el combate que os he dicho antes. Andy Ruiz se levantó con esa cara de bonachón y de que no pasa nada, que más golpes da la vida. Joshua que pensaba optimista que ya había ganado el combate, en mi opinión se acercó más de lo debido, y de repente le llovieron en ese mismo asalto, una serie de golpes desaforaos del cervecero concluidos por unos guantazos que podríamos describir de “hostia orejera” tan falta de técnica como llena de efectividad. Un poco como los guantazos a mano abierta de Bud Spencer y que mandaron al inglés a la lona.
Así es el boxeo amigos, el 2.10 del tercero se pensaba ganador en el 1.50 se había comido las primeras que le llevaron a la lona y en el 55 y en el 10 estaba soñando con los angelitos solo salvado por la campana ya en el suelo. Yo creo que en ese momento se le representó el fantasma del ucraniano resucitado. Dicen los cronistas sabios que bajó la guardia desafiante, pero yo creo que en ese momento igual que en 2017 se le cayeron los brazos y se le nubló la vista. Y nuestro amigo el lorcitas, vio delante una cara como una luna o como una rosquilla y se la comió.
Los siguientes asaltos no fueron de control como dicen. Ruiz demostró que un ganador también se hace encajando y se comió sin rechistar varios golpes del gigante ya cansado que bien le pudieron mandar a rezar. Pero no fue así y llegamos al séptimo con el campeón en una de sus clamorosas pájaras que le hacen descolgar los brazos y boquear cual barbo de riachuelo. Y en el 2.30 le llovieron en serie variada de las heterodoxas hostias voladoras del mexicano que le pusieron las neuronas de gorro y las orejas del revés. Es curioso porque la mano que golpea va muy por arriba suyo pero le da, claro que le da. Y con eso y un par de rectos lo mandó a merendar El resto fue la lucha contra la evidencia. Joshua con menos aire que el pulmón de Calamardo le pidió al árbitro que parara un ratico a ver si revivía. Pero amigos en el boxeo eso no cabe y el de largo y pajarita dio la cosa por concluida y a nuestro amigo como campeón.

Y de esa manera el hombre que no tuvo ocasión de aprender a perder, perdió y el que poco a poco aprendió a ganar, ganó. No fue suerte, no fue una mano suelta como aquella con la que Marquez le marco la bandera de mexico en la jeta al  prepotente de Pacquiao, aquí había oficio y  en frente, es cierto, un líder con la mandíbula de cristal. En las entrevistas a Andy se le ve más feliz que una perdiz. Durara lo que dure, parece pensar, pero que me quiten lo bailao.


Os dejo Enlace al video del combate
Otro al libro muy interesante de  Carol S Dweck: Mindset
Y finalmente a la teoría de la atribucion causal 

Otros post de Boxeo Filosófico. El gran Frazier

2 comentarios:

  1. Me encanta esta historia. Pero aún me gusta más la referencia a los tortazos con mano abierta de Bud Spencer, esas escenas son mitiquísimas jajajaja

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  2. Las hostias a mano abierta de Bud te vendrían muy bien como alternativa B a tus superpoderes ;)

    El gordito andy parece un tipo genial. Yo me alegré mucho, porque ultimamente en esta categoría solo hay figurines y bocazas.
    Esta decada de triunfos de los ucranianos ha sido soporifera, nada que ver con los ochenteros Tyson o Hollyfield, ni que decir con los setenteros Foreman, Ali, Frazier.

    Besicos.

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