miércoles, 4 de septiembre de 2019

Concurso: Elige tu canción de marisol

Creo que la ociosidad esta minusvalorada en estos tiempos en los que es necesario rellenar los dias con eventos inservibles como de trastos un desván. Por eso y para mi suerte, en este verano que acaba, he utilizado tres dias en el arte complejo de no hacer nada. Solo en la playa sin zagales, sin esposa, sin nada. No nada que no me guste, no nada para leer sino nada de nada. A tal punto llego mi inerte diversión que una noche tuve el accidente de darle al mando a distancia y fui incapaz de apagar la tele o de cambiar de canal engulliendome un adorable programa de la adorable marisol.
Ya de vuelta a casa, me rete a un concurso conmigo mismo consistente en ver cuantas canciones era capaz de recordar de marisol para hacer una lista de spotify y ya puesto en el proceso de licuación cereblal me rete a elegir el top tres de canciones marisoleñas que más me gustaban. Hay que decir que en mi infancia me vi muchas pelis de la rubita ñoñita en mis maratones televisivos sabáticos. Eran aquellos tiempos de dictadura televisiva opresora en los que no teniamos la suerte de poder elegir como en la actual democracia televisiva entre "el sexo me llevó a urgencias" , "desastres estéticos" o "el telediario de la primera", programas, los tres, ejemplo del alto nivel y exigencia del homo pantallosis que somos.
Pues os pongo el resultado de mi top tres agravado con el apartado tan abandonado en este blog de Comparaciones odiosas con otras versiones para que podais elegir libremente.
Es que aunque ya no lo lea nadie este sigue siendo Un blog de nivel.

3-.Bossa nova para ti (versión Marisol y versión El consorcio)



2-.Ola, ola, ola (versión Mary Santpere y versión Marisol)



1-.Estando contigo (Version marisol y versión Conchita Bautista)




Venga a manifestaros. Yo os digo que la versión de El Consorcio de la de Bossa nova me encanta.


jueves, 29 de agosto de 2019

El misionerismo blogueril en el que me encuentro.

Copio un comentario que he dejado en el sensacional blog de Hermosa Decadencia (abstenerse tiquismiquis y suscríbanse amantes de Bukowski y Montero Glez) al que no solo sigo sino que en ocasiones como hoy le agradezco enormemente que me haga despertar de la apatía escritora en la que me encuentro con la irresistible atracción de sumarle un comentario. Le doy gracias. 
La foto no pega pero me apetece colgarla como bonita postal estival que os envío desde mi paréntesis.



" Nos están convenciendo de que somos seres líquidos, contingentes, sustituibles por otro clon igual a nosotros que no aporta singularidad. En general molesta lo específico porque hace inservible el procedimiento general y requiere el trabajo de la consideración particular. Preferimos islas de segregación donde aparcar lo anómalo o simplemente raro o distinto. En mi opinión trascendencia no es ser portada del periódico aunque determinados delincuentes optan por el delito precisamente para eso, sino ser significativos, distintos, peculiares en nuestra vida normal y escribir es un camino hacia ello aunque solo nos lean diez seguidores. 
 Hay una secta de un tipo llamado Escrivá que propuso la santidad en la vida ordinaria. Es una secta en muchos casos tan perniciosa que apuesta por la abstinencia en lugar de por el polvo salvaje (ni siquiera por el misionero) pero hay que reconocer que esa idea de reivindicación de la excelencia en la normalidad me resulta altamente atractiva, joder si me tienes que echar un misionero échalo pero al menos que te recuerden como el misionero que me hizo encoger los meñiques y robo el estomago por segundos, no como el polvo más aburrido del mundo. Textos como este tuyo, me reconcilia con el mundo del post en este misionerismo blogueril en el que estoy inmerso por culpa de mi desidia. Mil abrazos."

lunes, 15 de julio de 2019

El aroma del tiempo.


El tren me llevaba a toda velocidad, sin opción, sin salirse de sus railes como por otra parte parece lo lógico en este tiempo sin alternativas. A los lados, los pueblos se convertían en líneas fugaces, todas iguales, como si la prisa diluyera los matices ente ellos; como si las ansias de llegar adormecieran los tiempos intermedios, como si ya no hubiera traqueteo sino solo el espacio justo para tomar aliento.
Los pasajeros entretenían la hora como se entretienen las esperas en las zonas neutras de los aeropuertos: unos jugaban partidas de marcianos, los otros repasaban power points rellenos de obviedades y los más, cabeceaban en un estado entre el tedio y la somnolencia mandando guasaps de tres palabras y un emoticono sin ninguna frase.
Cuando nos acercamos a Madrid, el tren redujo la velocidad, apuntaba ya la madrugada y las casas que bordeaban las vías fueron recobrando sus contornos, sus miradas propias y sus vidas privadas. Dentro las personas desperezaban y encendían las luces con desgana a la vez que encendían las radios de forma rutinaria para escuchar tertulias con noticias caducas de ayer. Una mañana más, una mañana de más bastante semejante a la del día anterior.
           Pensé que en eso habíamos convertido nuestros días: en rutina por una parte y en entretener el tiempo que resta para llegar a lugares a donde no nos importa llegar. Tiempo desaprovechado, a fin de cuentas. Tiempo sin aroma, tiempo sin llenar.
           Llamé a Ahmed. Era la señal para decirle que ya estábamos en la estación. Conté hacia atrás segundo a segundo; quedaba poco tiempo y después de ese poco tiempo ya no habría más tiempo.