martes, 6 de abril de 2021

Pausa, punto y seguido, salto de párrafo.

No sé si es pausa o punto y seguido. De repente respirar. Quitarle importancia al trasiego que nos empapa. Dejar correr el tiempo vacio. Tocarse para saberse en este pleamar virtual de noticias y desasosiegos. No sé si es parentesis o salto de carro; no se si es cambiar de tamaño o cansancio de esta new roman de mierda que hace que todo parezca semejante negro sobre blanco.

Pausa hasta para leer, también para escribir, tan solo respirar hondo, pensar fuerte, recordar lo mejor de lo vivido escrito en mis cuadernos de anillas. Tragarse cuarenta capítulos de golpe de una serie blandita a medio camino entre autopista hacia el cielo y treinta y tantos. Tranquila, cotidiana, con la belleza de los personajes amables y  bien construidos y las imagenes de postal.

Pasar un día con amigos de la infancia haciendo costillas en casa, pasear de pareja por las montañas tan solo hablando, comer, recrearse comiendo; beber recrearse bebiendo una cerveza tras otra hasta exprimir la tarde de abril en una soledad rosacea y ebria como el cielo de primavera. Las calles vacias, empedradas, querentes de niños que las griten en esta prorroga del silencio de pandemia.

Olvidar la trivialidad del ruido, aprovechar la importancia de dejar pasar el dia, todos los dias durante esta semana sin saetas ni discursos. Empiezo a pensar que ya es tiempo de ir soltando amarras, navegar tranquilo sin pretensiones mar adentro.











 


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