Es complicado traducir una novela a una película (o a una serie de ocho capítulos). En la serie Crematorio, la opción que se elige es la más visual, no necesariamente la más fácil: convertir la novela en un thriller en donde los malos sean esencialmente malos, y lo dinámico y lo truculento priorice ante lo reflexivo de las cosas y de la historia biográfica de cada personaje.
El resultado es una serie brillante, estéticamente cuidada y con unas actuaciones sencillamente excepcionales de Pepe Sancho, Alicia Borrachero y Juana Acosta (en especial la del primero). Ahora bien, los personajes siendo similares a los de la novela, son radicalmente otros en la serie.
El Ruben de la novela es más cínico que malvado, se cree y se sabe por encima de la mediocridad que le rodea y a ello atribuye que las cosas le hayan ido bien. El Ruben de la novela vive en una constante contraposición con su hermano: ideólogo desde su comodidad a la sombra del poder, el hermano que es niño mimado de la mami, el tio ideal de las sobrinas, superficialidad a fin de cuentas. En la serie tan apenas aparece el tio, como no aparece el amigo de la infancia, el escritor homosexual en continua lucha contra su biografía. Biografía en la que, el yerno de Ruben, sea dicho de paso, centra su tesis de catedrático. Otro personaje aniquilado en la serie.
A mi, el Ruben de la novela, me cayó bien contra todo pronóstico. De acuerdo, es un poco hijo puta, vale que se identifica con la construcción en la costa sin corazón y no elude la inmoralidad para obtener sus logros… pero también es un tipo culto, reflexivo que mira con un escepticismo a la progresía de boquilla de su hija y de su hermano recién fallecido. Que alecciona a sus trabajadores (trepas todos ellos a mas no poder) sobre el hecho de que trabajar con la mierda no les obliga a meterse la mierda. Ruben no comete el error de caer en drogas o enamorarse de putas como Collado. Ruben no fuerza ni engaña a Mónica para casarse con él; ella es plenamente consciente de dónde se mete y así lo asume. En la serie, a ella, se le da un papel más allá de ser solo una frívola; pero en el libro tampoco en mi opinión es una frívola sino alguien que, habiendo vivido regular, opta por inmersionarse en la riqueza con todos sus riesgos.En la serie desaparece el padre que, en contraposición con la madre de Rubén, representa la felicidad acomodada sin alharacas, sin pretensiones y es un espejo que Rubén, a su manera elije, frente a la madre. Bueno la serie elije la política corrupta y el juego sexual como atractivo visual, me parece bien. Pero yo creo que no le hace justicia a un personaje de Alicia Borrachero mucho más rico en la serie y a mi entender despreciable en el libro, tan despreciable al menos como el del padre. En la novela su amante, es solo un desahogo, como son las personas a las que utiliza su padre, nada de amor, nada de cariño, ni siquiera un encharcamiento.
Si hay un mensaje a mi entender es que ni el hermano, ni el amigo, ni la hija son mejores que Ruben. Le dan bolilla a la nieta que en el libro no deja de ser una niña pija y que en la serie construyen una relación de tensión con la madre, que me ha gustado. La profesión marca al personaje (Ford en el recuerdo) mientras en el libro es restauradora de arte (nada innovador, nada arriesgado, nada creativo) en la serie es marchante que de alguna manera se acerca más a lo que es la construcción y la especulación.
Tanto libro como serie el argumento es una narración apasionante de personajes, pero de personajes distintos aunque tengan el mismo nombre. El libro está en los listados de mejores novelas de este siglo, la serie en el de mejores series españolas, pero hay que rascar para ver que lo son de distinta manera.
No es obligatorio pronunciarse por uno u otra.
El libro me parece más intenso, los personajes tienen más perfiles, más riqueza en su profundidad. Rubén es un personaje riquísimo y me parece una idiotez propia de quien lo juzga frívolamente resumirlo a un especulador, es mucho más: convivir con su pasado; sobrevivir a su presente y como todos querer ser alguien rico entre lo superficial de estos tiempos convulsos. En la serie, Pepe Sancho hace un papel excepcional, pero distinto al libro; entra y protagoniza la historia en toda su intensidad, se vacía, se hace menos y superficial, pero tampoco queda como dicen las crónicas en un personaje superficial. También reivindica su historia, su yo pensante, frente a la imagen que le asigna el simplismo corífero: Simplificando a un especulador sin escrúpulos que tiene que morir.
No soy un forofo de Chirbes lo reconozco, sin embargo lo soy menos de los que quieren utilizar (digo manipular) los personajes de Chirbes para adoctrinar en sus ortodoxias. Los personajes del libro son tan complejos, tan poliédricos que provocan dudas. En la serie en paralelo, se simplifican, se hacen esclavos de la tiranía audiovisual pero al mismo tiempo aportan, se ven, colapsan entre el lujo y el sexo.
Y es que, en general, los funerales desnudan a los presentes en los velatorios en esa excelsa imagen de la belleza y la tristeza regateando en un palmo de baldosa; contraponen la frustración y la herencia; y reivindican el pasado del muerto, el futuro del vivo y a fin de cuentas ese angosto embudo al que nos aboca la inexistencia. Cuando los muertos se amortizan renacen los sobrevivientes, esos que son tan miserables que critican desde la moral de hoy a sus padres pero se aprovechan de su nombre y su cartera.
Ved la serie, leed el libro.

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