domingo, 16 de octubre de 2022

Hay pocos bancos en el parque del buen humor


Quienes no sabemos tocar la guitarra, nos damos cuenta de que a veces, por alguna extraña razón desconocida, rasgamos un acorde que sin sonar bien, enlaza con el siguiente y de vuelta al primero aparenta como si de verdad supieras tocar. También pasa lo mismo al escribir, las frases sueltas que quedarían descolgadas como los dias grises de febrero, de repente se suceden con algo parecido a la cadencia y al ritmo y se juntan sin saberlo formando parrafos que releidos toman algún sentido. 

Esta mañana, mientras agotaba el sol ya cansino de octubre y una jarrita de cerveza en un bar de chinos, he pillado el colornote del movil y casi al azar he encadenado aquello que se me ocurría:

Decia Ford que “el modo como se nos escapan nuestras vidas es nuestra vida” y el maestro Castilla del Pino que hay errores en la vida y vidas erradas. Berne y Steiner hablaron de guiones y cada dia en este mundo mas que liquido, etereo, la identidad toma protagonismo, buscando inviduos genuinos, diferentes y diferenciables en los que el peso de su existencia reflexionada les muestre como autenticos en nuestra sociedad de avatares ficticios y virtuales.Me dijo un dia el alcalde de Bucaramanga que hay tipos que piden u obligan a que se les tenga respeto y otros q se lo ganan. La potestas de tarjeta y la autoritas de carisma. En eso ocupo mi empeño con exito desigual.
 
De un tiempo a esta parte, la complejidad en lo social conlleva un reencuentro con lo propio y deja desnudos a gente sin peso que se hace aire y nube y despues nada. Ser alguien entre idiotas e indiferentes (que no sé qué es peor). Porque el malo sabe que lo es pero el indiferente cree con ignorancia culpable que lo que pasa no va con él o le es inevitable.
 
Leo, pienso, escribo intento ser solido entre lo liquido y corporeo entre lo gaseoso. Duradero frente a lo efimero, continuo frente a lo eventual.
 
Uso todo lo que puedo del autoengaño que es una herramienta de nuestro cerebro tan inutilizada como valiosa y muchas veces menospreciada. Y procuro no atosigar a la gente contandoles como soy para, al menos, provocar interés en que lo descubran. "Es que yo soy..." suele ser precedente de quien no es nada.
 
Defiendo a la gente que recostruye su existencia inventando una narracion propia que les permita seguir viviendo, a quienes hablan consigo mismos con palabras expresadas, escritas vividas o recreadas y es que, como dice el gran Rojas Marcos hablarse en positivo facilita pensarse en positivo. Detesto a quienes para construirse sus mentiras implican a los demás o les echan la culpa.
 
Trabajo con sueños y por eso cada día me afectan mas los fracasos. La intuicion esta sobrevalorada y los sueños sin reflexion y sin recursos acaban con la sonrisa. Que otra cosa buscamos sino sonreir. La sonrisa, el buen humor, fuerza a nuestro modo de pensar a seguirle, o al menos eso creo. La gente con cara de mala hostia se genera mala hostia y la genera a los demás. Hay que estar enfurruñado nada más que lo imprescindible. Un poco de vez en cuando sí.
 
Resumiendo: Identidad, atribuir a los demas la menos causalidad posible en nuestros problemas, tener proyectos alcanzables no solo soñables y pensar la filosofia desde el hacer como nos dijo Vicente Ferrer en Anantapur. Capacidad de encaje y relacionarse, darse muchos besos, si terminan en polvo mejor. La mejor manera de sobrevivir es relativizar para no darnos demasiada importancia.
Amen
 
PS-. Qué pocos bancos y que poca gente hay en el parque del buen humor.

jueves, 13 de octubre de 2022

Puta ansiedad que atruena

A veces me imagino vulnerable, incierto, inseguro. El mañana que pensaba que sería como hoy no tiene garantías de serlo y al mismo tiempo me imagino a quienes no tienen nada y a quienes poco tienen que perder. Ellos tienen la seguridad de su pobreza y me da vergüenza mi incertidumbre, una vergüenza de propietario mimado, de vida entre algodones, de saltar siempre con red. Inseguridad del que tiene frente a la seguridad de la pobreza.

El bienestar es la droga de los favorecidos. Dedicamos nuestras ciencias a definirlo, nuestras encuestas a constatarlo, nuestras autoayudas a buscarlo, nuestras medicinas a encapsularlo por 15 euros la gragea. Una vida sin incidentes, unas relaciones sin tiranías, una salud a prueba de tarjeta de DKV. No somos capaces de abrir el sobre del diagnóstico, la inspección de Hacienda, el impago pendiente por cobrar.

Que mierda de tiranía la de nuestro cerebro cuando entra en bucle. La recursividad. El enlace de nuestras neuronas que se llama a si mismas al definirse. La autollamada sin contestación. Ya no caben puertas ni ventanas somos nosotros en nuestro cuarto oscuro. Y fuera el barrio que bulle, y fuera el campo que crece y fuera tantos paisajes sin mí.

Que estimulante el placer de no pensar en nada, que suave tarde sin respirar, dormir, mirar el mar. Escribir frases, verbalizar un estado que no comprendo y que hace funambulismo entre la ansiedad, la dejadez y la depresión. Qué difícil reencuentro leerse.

El cuadro es de Pepe Cerda. Tan austero, siempre tan genial.

miércoles, 5 de octubre de 2022

No fue. (Un cuento en mil caracteres)

Ultimamente, andaba a diario por el parque dando mordiscos al otoño, aspiraba más fuerte que antes el aire de la tarde para llenarse de ocres y rojizos. Miraba ensimismado los arboles ralentizando la caida de las hojas para encontrarse entre tanto ruido, se recitaba versos de poetas desconocidos que descubría a veces entre los rincones de las bibliotecas y hacía esquemas mentales de tres y cinco puntos para eludir el encuentro con esa bola de borla y polvo que le manchaba el pensar como la brea que mancha la orilla.

Le vino a la cabeza Bartleby y su empeño en no hacerlo, el terrible Funes que nada olvidaba y la canción de Victor manuel de que no hay mejor defensa que cruzar los brazos. Nada le era suficiente cuando todo le era demasiado, nada le desaguaba cuando todo le desbordaba y comenzó a recitar filósofos franceses del siglo XX: Bourdieu, Foucault, Morin, Lourau y Lapassade. Memorizar como la palanquita del diferencial que todo lo desconecta.

Cuantos mares rayados con singladuras aleatorias en estos cincuenta años, cuantos rios vadeados para descubrir que al otro lado de la orilla había lo mismo que en éste; cuantos horizontes alcanzados pensando que tras el más allá habría algo distinto al más acá. Cuantas renuncias pensando en recompensas. El sacrificio es el arma del cristianismo para jodernos la vida. “El modo como se nos escapan nuestras vidas es nuestra vida”,decía Ford en el Día de la independencia.

Respiró más fuerte el enverado del anochecer y se recreó en la madurez del primer octubre. Dudaba.

Se hicieron las nueve de la noche y no fue.

jueves, 22 de septiembre de 2022

Un año y tres meses. Garcia Montero Aprendiendo a vivir sin ella (Opinión y crítica)

Luis García Montero renuncia a las metáforas para expresar su tristeza, prefiere recortes de vida en común en esos últimos días en los que la intensidad se acumula en cada vivencia para subrayarla y retenerla en los matices con billete de regreso a espacios ya imposibles. El paseo mirando el mar, la imagen que devuelve el espejo, las madrugadas de trasiego desbordadas de insomnio, la regurgitación de años de convivencia. Y sobre todo el silencio, el silencio que habla a raudales cuando se ha vivido tanto en común que se presiente al otro con solo mirarlo y saberlo. La enfermedad que todo lo mordisquea para dejarlo raido.

Duele cuando en “Los cuidados” describe como los ruidos cotidianos ahora se traducen a otro idioma de inquietud y desasosiego. ¿Cómo puede el mundo seguir corriendo? llegar guasaps de risas, hacer listas de la compra, el suspenso en religión del niño y la reunión de dirección del martes (digo del lunes con secreto) cuando sientes que todo se para y se debiera parar como en el precioso poema de Auden para contemplar tu sentimiento de dolor. (Me acuerdo de Savater en La peor parte).

La enfermedad de la persona querida en su tramo final que hace asomarte al otro lado de la nube donde todo es gris y agua; que ve al avión por la noche como un almacén de cadáveres, (muchas veces he masticado esa imagen porque no hay nada más deshumano que un avión de noche con despojos de seres dormidos arrojados y alejados de la vida y de la tierra). “Que todo esté en su sitio es el mayor desorden que pueda imaginarse”

Una forma distinta de estar vivo a partir de ahora; y luego el vacío, un vacío lleno de recuerdos,   “supongo que este modo de sentirse definitivamente hundido es una forma mia de estar enamorado”. Cuando ya ha pasado el momento de la muerte el problema es la convivencia con la ausencia, yo soy yo y nuestros futuros pendientes; yo soy yo y el largo espacio en el que tú no estás. Un dialogo que de repente se convierte en monólogo y una silla vacia. Qué bien lo describe don Luis en “animal doméstico” y la muerte desnuda de metáforas, seca en su soledad, sin cielos ni supersticiones. ¿Qué mierda es el cielo si no estás tú? “vengo de vomitar una tarde de whisky”.

Y cuando esperas que el mundo se vaya de tu lado y lo cotidiano sean pecios del pasado, te llama la secretaria del notario para repartir legados, te escribe tu jefe dándote el pésame pero diciéndote que te echa de menos, y el señor de Vodafone preguntándote por qué no te cambias de compañía tu que estas en la absoluta soledad.

Tras la enfermedad y la muerte, la tercera parte empieza con una frase de Margarit, el orfebre de la tristeza, dando paso al poema Un año y tres meses como título y epitafio de 25 poemas de lágrimas encuadernadas que te afectan incluso para los que nunca nos ha gustado en demasía Almudena.

Pero, es que yo no soy objetivo, a mí de García Montero me gusta todo menos sus politiqueces. Si soy sincero, este no me parece su mejor libro, a veces pierde el tono habitual de frase trabajada pero la carga de sentimiento compensa con mucho las arritmias de sus versos. A partir de La intimidad de la serpiente García Montero se ha quedado cansado (no solo en la vista) que no agotado pero es que debe ser muy pesado verse siempre requerido de la frase perfecta. A Montero hay que leerle tambien la prosa (Una forma de resistencia por ejemplo) porque allí la genialidad salta de pronto sin serle tan esperada como en la concreción de los poemas

En resumen, leedlo, es un García Montero distinto pero de una extremada sinceridad, casi sin impostura.