Decía el gran filosofo Hommer en
un capítulo en el que comió un pescado mortal que su hijo debía aprender tres frases:
“no he sido yo”; “ya estaba así cuando llegué” y sobre todo “qué gran idea,
jefe.” Y aunque decía Butanito “que el alago debilita”, seamos sinceros, siempre
se prefiere un beso baboso antes que una crítica constructiva. Y si no que se
lo digan a Pedrito que ahora quiere cerrar el grifo a tanto meme de tanto memo
carente de mimo con él.
Parece ser que la preclara mente que nos gobierna ha descubierto, tras cinco días de profunda reflexión, que la internet no le es favorable y a pesar de que, como buen tiranillo de vodevil, se rodea de acólitos que le pelotillean, últimamente cuando entona cual Maléfica el “espejito, espejito ¿quién es el más guapo?” La maquinita le dice que la historia le va a recordar como un personaje mediocre y grotesco y no como el héroe que pretende ser... y eso, claro, para un personaje con vocación de transcendencia, debe joder un poco. Siempre me acuerdo de la anécdota que cuenta el bueno de Maxim Huerta de que cuando le enseñó la puerta de salida por una presunta “optimización tributaria”y nuestro “pequeño superman” lo único que le preguntó fue que cómo creía que le recordaría la historia.
Tanto en la política
como en la vida cotidiana, hay personajes que cuesta mucho comprender como el
devenir de las cosas les ha llevado tan alto. Personajes caracterizados por la incapacidad para
darle al magín, nulo sentido de la empatía y arrogancia característica lindante con la mala
educación. En su entorno hay un silencio becerril que los retroalimenta. De vez en cuando estaría bueno recordarles aquello de "que no te lleve la contraria no significa que te dé la razón". Y es que, en muchas organizaciones se prefiere a
un jefe malo que satisfaga mis intereses individuales durante unos años que luego ya vendrá
uno bueno que me amargue la existencia. Así que mejor calladicos.
Marx (el menos gracioso de los dos) en su
libro 18 de Brumario creía que lejos de denostar, las críticas a un
dictadorcillo le favorecían y le daban importancia. Decía respecto a las aceradas
invectivas personales de Víctor Hugo a Napoleon (le petit) que lo que hacía con
ellas era engrandecer a este individuo en vez de empequeñecerlo, al atribuirle
un poder personal de iniciativa que no tenía. Es decir atribuir a la maldad inteligente lo que justifica mejor la psicopatía palurda.
Dados a pensar, uno se pregunta como siendo tan nefasto el tipo en cuestión, como serán los de enfrente que no le saben ganar y entonces se cae en un pesimismo que aboca a la apatía política y la desesperación.
Y todo esto viene por el afán de varios políticos de acallar las voces críticas tuiteras/blogueras y achacarlas a una confabulación judeo-masónica (léase fascista, fachosfera, léase bolivariana) para arrebatarles el liderazgo. Que no diré yo que no las haya, pero eso de poner bozal a la gente se está convirtiendo en insana costumbre antes atribuida tan solo a chinos y generales y ahora ejercida por estos tipejos iletrados con ínfulas de capataz chusquero.
Otros post sobre mi amigo Pedrito: El centro derecha y el rey del bukake





