A veces se lee por entretenimiento, otras por curiosidad y otras porque te topas con libros por sorpresa que inicias sin saberlo, sin embargo hay veces que se lee por necesidad, para frenar la ansiedad, para distraer la cabeza como me ha pasado a mi este año. Hay quien es incapaz de leer cuando llegan días grises, en mi caso es lo contrario, han sido 55 libros a los que doy gracias por empujarme hacia delante este 2024. Os recopilo reseñas a medio terminar, incorporo notas y añado apuntes con opiniones:
El embrujo de Shanghái es un
libro de recuerdos y de sueños, si no de qué otra cosa esta hecha la vida.
Recuerdos que dan raíz a lo que somos y sueños que hacen llevadero el malvivir.
Porque la realidad es apariencia y la verdad un mito que entorpece los deseos;
la verdad humilde reconstruida con vidas recreadas en otra parte, países lejanos,
Shangháis imaginarios, mares del sur.
La palabra de Marsé engalana, como siempre, las frases en un español sutil, con acento de subsuelo, afilado y peligroso como
daga en la pernera. La postguerra sin héroes posibles, con el olor pútrido a
gas que queda tras la derrota, la Barcelona de los cuarenta, la España de
siempre.
Allí se dan cita pícaros y
muertos de hambre, guerrilleros con todas sus banderas rotas; hijosdeputa a los
que les da igual en el lado de la lucha en el que se encuentren porque siempre
serán unos hijosdeputa y en general, un sentimiento resignado de revancha
pendiente y disconformidad. La locura que linda con lo visionario y el relato
hiperrealista que linda con lo onírico dibujado en la pobreza seca y hambrienta
que hace medianil con la falsaria historia de este país desmemoriado.
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Dos mil veinticuatro ha sido un
año privado, del verbo desposeído, que me ha puesto en el alfeizar de la
intimidad y del desaliento. Lo laboral sin cobijo con tan solo el refugio de
lecturas largas, lentas e intimas que me han permitido que la palabra leída sea
el antídoto ante lo incomprensible en este teatrillo de actores mediocres e histriónicos
a los que regalo dedicación. A veces dan ganas de compartir todo lo que lees y
otras veces tienes un sentimiento de no ser capaz de hacer participes a los
demás de tus grandes lecturas. Así me ha pasado con
El cuaderno gris de Plá
traducido por Ridruejo en un español impecable, sensorial y cotidiano a un
tiempo, sensacional de sensaciones, olores, tibiezas y sonidos que hacen de la
descripción de una tarde de domingo la aventura más audaz. El cuaderno gris es
uno de esos libros grandes, de esos que sobrepasan el concepto de obra maestra
para pasar al de mito. Leedlo sin prisa, releedlo sin vergüenza, pero siempre
leedlo. Lo mismo con Plinio Apuleyo Mendoza en
La llama y el hielo que cuando
escribe bien, escribe tan bien que emparenta con su colega Garcia
Marquez, nada menos. Leedlo, aunque ya os advierto de que sus libros se han convertido en
tesoro de rastro.
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Los intermedios se llenan de
cuentos y poemas. Ráfagas que a veces te ametrallan el corazón y otras pasan de
largo. Entre los buenos, los cuentos del primer Pamiés (
Infección, por ejemplo que me recomendó
la Molinos de pago), buenos también las joyas de Montero Glez en
Polvo en los labios y
La vida
secreta de Roberto Bolaño; sin embargo un poco peores esta vez los relatos de Ernesto Calabuig,
Todo
tan fugaz, leeros de él Frágiles humanos que está mucho mejor.
Me da rabia leer obras completas
de poetas porque pago por magra lo que me dan de hueso, así Karmelo C.
Iribarren que me lo habían puesto muy bien y se me he quedado en la simple simpleza. También he leído, casi al final, uno de los libros primeros de García Montero Luna en el sur que tiene el atractivo de los textos iniciales encontrados entre lo viejo.
Este año, en el que la resaca
de tristeza me ha colonizado por el adiós de uno de mis mejores amigos, Miguel, me ha llevado a darle demasiadas
vueltas a la muerte, y sobre la muerte va el último de Pedro Andreu; autor que falleció
recientemente de ELA y que me honraba paseando de vez en cuando por este lagar
de desvaríos. Poeta de minorías del que tengo y releo en papel todos sus
libros. De sus poemarios el mejor sin duda es Laura y el sistema. Seguro que seguiré
colgando versos suyos por aquí y por allá. DEP
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Ya sabéis que he leído a clásicos
contemporáneos como el póstumo de Garcia Marquez,
En agosto nos vemos, que no
es por nada pero me gustó mucho. También me gustó
Boquitas pintadas de Puig. No tanto la presunta despedida de Bascombe en
Sé mia (creo que Ford seguirá), el de Muñoz Molina
No te veré morir (que por cierto, es mi post más leído del año) y el anual de Murakami (este año con
Kafka en la orilla) que
sin ser malos me dejaron a medio placer como polvo apresurao. Hablando de polvos,
no puedo dejar de reseñar el libro
Mujeres que follan de Adaia Teruel. No es un
gran libro, pero sí es una interesante sorpresa; mujeres que cuentan su vida
sexual de manera abierta y que quizás por esta querencia al boyeurismo de celosía
que imputo a mi vida colegial con sanjosemaria, me ha sorprendido para bien. Cuenta muy bien la
autora no solo polvos, sino vidas sexuales que, disculpen mi misionerismo, me
resultan tan tentadoras e improbables en mi praxis, como estimulantes en lo literario.
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Os regalo la recomendación de dos
pequeñas joyas: una de la autora del infinito Infinito en un Junco (libro que
se me hace bola solo de pensarlo) Irene Vallejo y que sin embargo en pequeñas dosis
alcanza la genialidad como en
El futuro recordado que me he leído este año. Le
he puesto la máxima nota en mi clasificación, no os digo más. La segunda joya
se la damos a
Manuel Alcantara, poeta malagueño amigo de Garci del que os
recomiendo la lectura de
su prensa y su prosa tanto como de
sus poemas.
Hablando de
Garci (sabéis de mi admiración) leed la colección de relatos
Football days te lleva al Nueva York
al que ya tengo asumido que no veré (solo soñaré). Don Jose Luis relata magistralmente sus
vivencias en el mundial de futbol de los 90 con Michel y señora y Luis angel (gooool
de señor) de la Casa en EEUU. Describe cada rincón con sus realidades y sus
eruditos entreverados cinéfilos e históricos. Como decía Umbral de Jose Luis
Garci “no es que escriba bien, sino que es escritor y de los mejores” Después
ya se lía con el futbol franquista sesentero que a mi modo de ver es un poco coñazo.
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Y es que a
Umbral siempre hay que hacerle
caso y entre tanto, leer sus maravillas como la
Leyenda del Cesar visionario a
medio camino entre libro de historia y novela de orfebre que ubica a
Umbral entre mis escritores favoritos. Sigo leyendo mucha historia de la segunda
república, pero ya, modestia aparte, con concreciones y finuras gafotas. Le he
dado un repaso al mundo ácrata y revolucionario de principios del siglo XX en
España, lo que, teniendo en cuenta mi sobrecarga de bilis este año contra lo
institucional, me ha puesto a medio segundo de echar mano del amigo Orsini para
arreglar cuentas.
Angel Pestaña, por Diaz Herrera; la biografía de
Maurín de Clavería
y sobre todo el repaso a los autores de Talión (revista revolucionaria oscense,
disculpen el oxímoron de mis vecinos del norte) que realiza mi excelente profe
José Domingo Dueñas y que me ha permitido conocer el origen altoaragonés de
varios jabalís, cachorros del león de Graus.
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Vamos concluyendo con lo policíaco.
Lorenzo Silva y Noemi Trujillo han iniciado (ya llevan tres que he leido) una serie de una poli nacional, Manuela Mauri, que sin
estar mal no me llega al corazón (los que somos chamorristas no admitimos la entrada de otra señora en Lorencilandia) Por su parte Eduardo Mendoza es un genio
escriba de lo que escriba pero últimamente se dedica a cumplir encargos de editorial
que no están ni de lejos a la altura de sus mejores (Tres enigmas para la organización) . Ambos libros, el de Silva y
el de Mendoza, son estupendos para comprar en la librería de aeropuerto en
salidas, leerlos con avidez y dejarlos al terminar en la tienda de camisetas y souvenirs de las llegadas.
Hacen su papel, entretienen el viaje, que no es poco, pero sin más.

Me da rabia despachar con un simple
párrafo el descubrimiento de Gomez Escribano. Tengo preparado un boceto de post
laudatorio dedicado a él pero no me ha dado tiempo a revisarlo. Me he leído, nada menos que cuatro
libros suyos en 2024: Narcopiso, Después de la derrota , Cuando gritan los
muertos y Lumpen toreado al alimón con el maestro Gutierrez Maluenda.
Sus
personajes de bar dimiten desde el principio de su papel de protagonistas y asumen a la perfección
su rol de secundarios, son como los grandes secundarios del cine español: Zahera,
Ciges, Alexandre... gente de barrio que luchan contra un destino hijoputa de
cartas marcadas en el que los perdedores se intuyen desde la primera línea y
los ganadores no existen. Novela negra, negrísima, de metaliteratura negra y
reflexiones iconoclastas (negras también) contra esta sociedad de corchopán que nos emborracha. Todo
lo que me gusta muy bien escrito (en un lenguaje propio suburbano, claro): critica social,
tensión argumental y una convivencia con el delito, el sexo y la vida en el sur
del sur. Leedlo.
Pues así se ha ido el año lector en
este año cabrón y bisiesto, en el que como todos los bisiestos he sacado a
pasear a mi Cocodrilo Manuel, pero eso ya os lo contaré otro día.
Para la lista completa con sus valoraciones de los 55 le echáis un ojo a este enlace
Muuuuuaks.